El Arte de la Historia

4 Septiembre 2009

La Historia en el siglo XIX

Archivado en: Ciencia, Historia, Historiografía, Temas — Francisco Arroyo Martín @ 5:53 pm
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El joven estudiante Carlos Marx

El joven estudiante Carlos Marx

Hace un tiempo, para vendernos unos coleccionables de Historia el lema era algo parecido a esto: “Para comprender la Historia del siglo XX se necesita conocer a los historiadores del siglo XIX”.

Dejando a un lado que los libros tenían una edición horrorosa que convertían su lectura en un suplicio, si es cierto que las corrientes historiográficas del siglo pasado se forjaron y tuvieron sus orígenes en el XIX. Fue este un siglo que significó el triunfo social y económico de una clase social emergente y su sistema económico y político: la burguesía, el capitalismo y la democracia, respectivamente. Sus mayores exponentes los encontramos en la revolución francesa -como momento más trasgresor-, en el parlamentarismo inglés, -que a falta de una revolución que defender se dedicaron a conservan lo que había- y en la independencia norteamericana -que tomaron de allí y de allá. Este movimiento social y político, fructificó en la historiografía liberal que interpreta la historia desde la óptica de la burguesía triunfante. Guizot, Macaulay, Tocqueville o Thierry son algunos de los autores más importantes. La historia política, la de gobiernos y gobernantes, que gozó y goza de una amplísima difusión, bebe en las fuentes de este primer liberalismo. De alguna manera en estos momentos estamos viviendo un resurgir de esta corriente historiográfica con Francis Fukuyama -”El fin de la Historia”- y los neocon.

Pero frente a la revolución surgieron los contrarrevolucionarios que añoraban el Antiguo Régimen de reyes absolutistas que poco a poco derivaron en nacionalismos que se afanaban en buscar en el pasado elementos conformadores de una comunidad que les dotara de una identidad propia como pueblo y nación. Este movimiento político por momentos fue de la mano de otro movimiento mas estético e intelectual: el romanticismo; si bien este se ramificó en múltiples visiones y matices políticas. De esta gran corriente política surgieron dos historiografías. Por un lado el positivismo que pretendía una historia académica en la cual solo la recuperación de los hechos históricos y su ordenación explicarían el devenir de la Historia. Al positivismo, hoy totalmente desprestigiado, debemos las academias nacionales y la entrada de la historia en las universidades; siendo sin lugar a dudas los forjadores de la actual Historia como disciplina científica. En sus trabajos predomina una visión conservadora, pues con su pretendida objetividad dejaron en manos del poder la interpretación de los hechos históricos. Algunos nombres: Ranke, Niebuhr, Michelet, Taine,… La otra corriente historiográfica que surgió frente al liberalismo fue el idealismo histórico. Nace del pensamiento de Kant y Hegel y pretende hacer una historia del alma colectiva de los pueblos. El estado, la nación, se convierte en el objeto de la Historia. Herder, Fichte y el mismo Hegel son los mejores exponentes de esta corriente historiográfica que tendrá una amplia repercusión en la siguiente centuria con la historia del pensamiento y de las civilizaciones.

Pero frente a revolucionarios liberales y contrarrevolucionarios conservadores -que poco a poco se irán acomodando entre sí- surge el socialismo como un nuevo movimiento político que desarrollará y diversificará durante todo el siglo XIX, y que tiene en los pensamientos filosóficos de Marx y Engels a sus principales valedores intelectuales. Se trata de la expresión política y social de la nueva clase que surge con la revolución industrial: el proletariado. Como no podía ser de otra forma, este movimiento creará una nueva corriente historiográfica que tendrá larga trascendencia y que, de una u otra forma, perdura aún con fuerza: el materialismo histórico. Parte de la idea según la cual los hombres dependen de unas relaciones de producción independientes de su voluntad y que corresponden a un grado de desarrollo de las fuerzas productivas, que son las que determinan las estructuras políticas, sociales y económicas. Así las circunstancias materiales en las que se desenvuelve la vida de las sociedades humanas condicionan su organización política e intelectual y tienden a crear una conciencia social y una concepción del mundo coherentes. Existe una visión economicista del materialismo histórico, que derivará en la historia económica; otra más dogmática que se plasmará en la historia social; y otra más globalizadora e integradora que tendrá su mejor exponente en la corriente histórica que se representa en los «Annales».

En fin, que razón no le faltaba al slogan de los coleccionables.

[Por cierto, ¿se han fijado lo guaperas que era Carlitos Marx de joven?]

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La Historia en el siglo XIX. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/09/04/la-historia-en-el-siglo-xix. 2009

Enlace de la imagen: http://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:Marx2.jpg&limit=250#filehistory

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23 Agosto 2009

El problema de la objetividad en la Historia

Archivado en: Ciencia, Cultura, Historia, Historiografía, Sociedad, Temas — Francisco Arroyo Martín @ 10:49 am
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Mapa Mundi Beato de Liébana (manuscrito de Saint Severn)

Mapa Mundi Beato de Liébana (manuscrito de Saint Severn)

Se trata de uno de los problemas más controvertidos en relación a la calificación de la Historia como un verdadero conocimiento científico. Actualmente está comúnmente aceptado que es imposible estudiar el hecho histórico desde un formalismo meramente objetivo y se impone una visión relativista que se genera en el conflicto entre la propia visión del pasado del historiador, basada siempre en su conocimiento y experiencia propia, y el cuadro ofrecido por el método científico de acercamiento al conocimiento histórico.

Desde el inicio del método científico el historiador tiene la obligación de intervenir “subjetivamente” en el proceso, pues tras elaborar la hipótesis de partida, necesita seleccionar los hechos históricos que son relevantes para su finalidad. Después tiene que someterlos a un análisis y a una… ¡interpretación! de los mismos. A partir de entonces establecer las causalidades y las posibles conclusiones que corroborarán o no las hipótesis de partida. Con la mera descripción del proceso y con los elementos experimentales que posee el historiador se comprende que siempre existirá esa subjetividad.

Evidentemente los resultados del proceso cognoscitivo van a depender de una serie de condicionantes del investigador, de los cuales se pueden señalar como determinantes los siguientes:

  • La posición social del historiador, que conllevará una ideología social o política, el grado de religiosidad, etc.
  • Los valores de referencia del historiador, que determinaran opiniones propias frente a los resultados de la investigación
  • Los conocimientos generales del historiador, que serán claves para establecer los criterios de selección y ordenación de los hechos del pasado cuando los dote de valor histórico.
  • Y, por último, la personalidad del historiador, que inevitablemente se plasmará en todo el proceso de investigación y en particular en la interpretación de los hechos y en la redacción de los resultados.

En conclusión puede afirmarse que es imposible encontrar verdades absolutas ni leyes inmutables que puedan explicar el devenir de la Historia. Y su valor como Ciencia hay que buscarlo en el rigor y en la honradez del historiador en aplicar el método científico en su investigación, siendo consciente que su resultado estará siempre sometido a revisión. Parafraseando a Edward H. Carr se puede afirmar que: La Historia es un diálogo continuo entre el pasado y el presente, entre los hechos históricos y el historiador

Por esta razón me gusta tanto la frase del historiador francés Anatole France y que es el origen del título de este blog: La Historia no es una Ciencia, es un Arte; en sus aciertos siempre interviene la imaginación.

¿Será esto lo que la haga tan apasionante?

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. El problema de la objetividad en la Historia. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/08/23/el-problema-de…en-la-historia/). 2009

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