El Arte de la Historia

5 diciembre 2010

San Nicasio, obispo y mártir

San Nicasio en la catedral de Reims

En Leganés, con la llegada de octubre llegan las fiestas de San Nicasio que celebramos con regocijo y alborozo en honor de nuestro santo patrón, pero a buen seguro que muchos también lo celebramos con desconocimiento de quién era este buen hombre. Pues a pesar de tratarse del santo patrón de Leganés desde tiempos inmemoriales es muy poco conocido en general; y aunque cuenta con una Hermandad desde hace más de quinientos años y es venerado por muchos lugareños tiene un escaso arraigo popular, como demuestra que en España existan apenas 3.300 personas que porten ese nombre. Y todo ello, empero de tratarse de un santo muy milagrero, pues según un documento del archivo de la iglesia de Regnes nada más y nada menos que “cura la desintería, calenturas, romatismos, miembros rotos, da abla a mudos, postemas, fluxo de sangre, sangre lluvia y resucita muertos (el subrayado es mío).

Para empezar hay dos San Nicasio con vidas muy similares, los dos son venerados en Francia, los dos fueron obispos, uno, de Rouen (el de Leganés) y otro de Reims, ciudades, además, muy cercanas entre sí, los dos murieron decapitados, los dos hicieron “cosas inverosímiles” después de perder la cabeza, los dos fueron martirizados conjuntamente con fieles seguidores,… En definitiva, muchas coincidencias que hacen pensar en un mismo mito caído en desuso y revitalizado más tarde por la imaginería cristiana. Incluso san Dionisio (Saint Denis, patrón de París) tuvo una vida y muerte muy parecida a estos “San Nicasio”. Las grandes diferencias entre el San Nicasio de Rouen y el de Reims radican en el origen: el de Rouen era griego, ateniense para más señas, y el otro era galo; la época: el “nuestro” anduvo en este terrenal mundo por el siglo I, y el segundo en el V; y en sus verdugos: así, al primero lo mataron los romanos y al segundo los vándalos o los hunos (en esto, como en el año, hay discrepancia). Pero la diferencia más clara es que el San Nicasio de Rouen se celebra el 11 de octubre y el de Reims el 14 de diciembre.

Nicasio es un nombre griego derivado del nombre de la diosa helena de la victoria: Niké (Νίκη). Y su significado es “El Victorioso”, “El Triunfante”. Comparte etimología con Nicanores, Nicetos, Nicandros, Nicomedes y Nicolases y significado con Victores y Vicentes. Según algunos autores San Nicasio era discípulo de Dionisio de Areopagita convertido al cristianismo por San Pablo y que para muchos erróneamente era el mismo San Dionisio obispo de París y que antes lo fue de Atenas y que murió decapitado en Montmartre junto con sus discípulos San Rústico y San Eleuterio, lo que no parece que sea lo más acertado.

Todo indica que Nicasio era un seguidor de los areopagitas atenienses pero que no conoció a San Pablo y que viajara a Roma a finales del siglo I y desde allí el papa San Clemente le enviara a predicar la buena nueva a la Galia como obispo de Rouan, entonces unas de las ciudades más prósperas de esa provincia romana. La tradición católica le hace peregrinar por gran parte de Francia en dirección a Rouan, adonde, por cierto, nunca llegará. En el camino es incontable el número de conversos que va haciendo a su paso y de los grandes milagros que obra. Entre estos destaca la victoria sobre un dragón (como haría después, en el siglo IV, San Jorge; que también murió decapitado, por cierto) que tenía aterrorizados y subyugados a los habitantes de la región de Pontoise, al norte de la actual París, o la expulsión de una caterva de demonios que moraban en una caverna en esa misma zona normanda.

El caso fue que las andanzas de Nicasio y de sus fieles discípulos Escubículo y Quirino, dieron que hablar y el gobernador romano de Lutecia los mandó apresar. Después de negarse los santos varones a venerar a Marte fueron martirizados hasta que finalmente se ordenó su muerte por decapitación en la ciudad de Écos. Lo más curiosos de la historia y lo verdaderamente inusual se produjo tras este suceso, pues cuenta la tradición católica que Nicasio una vez que perdió la cabeza se agachó, la cogió con sus propias manos y se lanzó a la carrera como si fuera el zaguero de la selección francesa de rugby. Atravesó sembrados, ascendió colinas y cruzó ríos, hasta que llegó a Gasny situada a una decena de kilómetros, donde, no sabemos si como fruto de la pérdida de la cabeza, por puro agotamiento o porque creyó llegar a la línea de ensayo, cayó al suelo y exhausto depositó su cabeza en el lugar donde después se alzaría un templo en su honor y memoria.

Iglesia de San Nicasio de Rouem

Evidentemente existe otra versión más racional pero menos lírica. Con toda seguridad los restos de los santos decapitados fueron arrojados como alimentos de fieras y alimañas para mayor escarnio y advertencia para los que negaran la religión oficial de Roma. Parece ser que algunos cristianos capitaneados por una joven llamada Pience y por un sacerdote pagano convertido al cristianismo llamado Clair de Beauvais, robaron los despojos y los enterraron en lugar seguro, donde con el paso del tiempo se construyó un templo y el priorato benedictino de San Nicasio que alcanzó un gran apogeo económico fruto de la tradición que nos dice que San Nicasio siguió obrando milagros después de su muerte. Así, en siglo XI aparecieron los que algunos decían que eran restos del santo, para comprobar su santidad se decidió quemarlos, y milagrosamente no sólo no ardieron las reliquias,… ni tan siquiera se chamuscó el paño que las envolvía. En el siglo siguiente el santo se las ingenió para poner en evidencia al noble del lugar que había suspendido el derecho que la iglesia de San Nicasio en Gasny tenía en el mercado local y además no había cumplido varias promesas con la parroquia, y, así, impidió que sus restos se sacasen en rogativa a pesar de utilizar para ello las fuerza de veinte hombre y otras tantas bestias, hasta que el conde del lugar pidió perdón y subsanó sus tropelías con la iglesia del santo.

A partir de aquí fue un no parar: curó de calenturas cuartanas (paludismo) a un joven belga; a otra mujer la curo de una hemiplejía con tan sólo el roce de las reliquias; un anciano ciego recuperó la vista; a otro joven le sanó los huesos rotos de brazos y piernas; llegó incluso a curar a un niño que había nacido ciego, sordo y mudo. Pero el milagro más sonado fue el que realizó con una joven llamada Elena que cayó muerta de repente en la iglesia, allí quedó su cuerpo para recibir sepultura y el párroco dirigió una oración pidiendo auxilio a los santos mártires; cuando volvieron a enterrar el cuerpo de la joven asombrados descubrieron que estaba vivita y coleando y dando gracias a San Nicasio que se le había aparecido y “después de mostrado el lugar lleno de delicias, le mandó que se bolbiesse a la casa de sus padres”. De todas formas el santo no estaba para bromas, pues se cuenta el caso de que después de curar a una niña de una inflamación en los pies que le impedía andar, sus padres no cumplieron con la ofrenda anual que le prometieron al santo y este no se cortó y la inflamación volvió a los pies de la niña en el doble de su tamaño, tras el arrepentimiento de los padres el santo repitió el milagro; parece que ya nunca se les olvidó el voto.

Se trata de un caso evidente de propaganda milagrera que busca que los fieles depositen sus esperanzas y sus ofrendas en el santo local y contribuyan así al engrandecimiento de la parroquia. No les debió de ir mal a los benedictinos si la fama de este santo llegó a Leganés, entonces una pequeña aldea castellana de labriegos y hortelanos que pusieron su fe en este santo con la confianza de que les protegería de las fiebres e infecciones tan frecuentes en un lugar tan legamoso. No sabemos a ciencia cierta el momento de la advocación a este santo si bien la primera referencia documental aparece en las Relaciones de Lorenzana, en 1580, donde se dice que el lugar “tiene voto de guardar el día de señor San Nicasio que votaron los antiguos de él por la pestilencia que un tiempo dicen haber habido”, lo que si está confirmado que desde inicios del siglo XVII existe una Cofradía en el lugar encargada de mantener el voto al santo.

La imagen del santo que se pasea en procesión por Leganés tiene poco que ver con la iconografía tradicional que nos presenta a este santo decapitado y sujetando su propia cabeza, representación que se repite con varios santos lo que seguramente ha llevado a algunos a confundir al Sant Denis representado en al catedral de París con nuestro San Nicasio. De todas formas, el santo, de alguna manera se sale con la suya, al esconder la cabeza cuando pasa por debajo de la vía, en el “puente de Simago”, en su anual paseo por las calles de Leganés.

Pero en esto de estatuas,… ¿Qué decir Sobre la que realizó Miguel Zapata en honor de San Nicasio y que está situada en la cercanía de la iglesia? Está más cerca de la imagen de un fiero guerrero de la antigüedad que de un benévolo obispo; la capa magna parece una pesada adarga, el báculo obispal una amenazadora pica, y la mitra… ¿es o no es clavadita a un casco de guerra griego? Yo la llamo “Nicasiator”.

 

San Nicasio de Miguel Zapata ("Nicasiator")

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 11, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. San Nicasio, obispo y mártir. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/12/05/san-nicasio-obispo-y-martir//). 2010

28 diciembre 2009

Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis (o Habidis)

Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis (o Habidis)

Todos los países y sociedades, en general, han buscado unos orígenes históricos que contribuyeran a conformar su espíritu colectivo, su idiosincrasia particular. Estos orígenes en muchos casos son reales, pero en otros muchos son ficticios; entonces leyendas y mitos seculares se mezclan con cuentos y tramas directamente inventados para la ocasión. El caso español no podía ser una excepción y es algo que se está generando desde la Edad Media y que perdura hasta nuestros días, si bien ahora con un objeto disgregador en vez de unificador: así, muchas regiones, naciones o nacionalidades (territorios quizás sea el término más políticamente correcto) de esta nuestra piel de toro buscan afanosamente sus mitos, crean sus leyendas, transforman sus hechos, disfrazan sus personajes,… o, cuando no, directamente se inventan su pasado histórico a medida de sus presentes intereses.

Pero eso no es algo nuevo, es tan viejo como la misma Historia, y es curioso que hasta bien entrado el siglo XIX los tratados generales de Historia comenzaban con la descripción geográfica de la península y una serie de reyes míticos que servían para prefigurar en carácter propio y genuino de “España” frente al resto del mundo (que a su vez hacía lo mismo): incluso Modesto Lafuente en su Historia General de España hace referencia a estos mitos, si bien para evidenciar su falsedad; pero el mismo hecho de que hay que argumentar su falsedad nos pone bajo la pista de lo extendidas que estaban estas fabulaciones. En este artículo pretendo resumir la visión que de este pasado mítico recogen los historiadores Juan de Mariana en su obra Historia General de España publicada en latín en 1592, y traducida por él mismo al castellano en 1601 y Florián de Ocampo en su obra Crónica General de España, publicada en 1541.

En primer lugar hay que indicar que Juan de Mariana, en un ímprobo esfuerzo de erudición, intenta justificar sus afirmaciones con fuentes y citas de autores clásicos, eclesiásticos o bíblicos, que las más de las veces queda en eso,… en un intento. De todas formas es destacable que su espíritu crítico le lleve a incluir distintas versiones de un mismo asunto, dejando al lector la libertad de escoger aquella que más le satisfaga; o que pongan en duda en numerosas ocasiones las afirmaciones que recoge de otros autores, sobre todos de sus contemporáneos, llegando en algún momento a ridiculizarlas:

Lo que acontece sin duda muchas veces a los que describen regiones no conocidas y apartadas de nuestro comercio, que pintan en ellas montes inaccesibles, lagos sin término (…); demás de esto ponen y pintan en aquellas sus cartas o mapas  para deleite de los que los miran varias figuras de peces, fieras y aves, hábitos extraños de hombres, rostros y visajes extravagantes; lo cual hacen con tanta mayor seguridad que saben que no hay quien pueda convencerlo de mentira. Lo mismo me parece ha acontecido a muchos historiadores, así de los nuestros como de los extraños: los cuales donde faltaba la luz de la historia y la ignorancia de la antigüedad ponía uno como velo a los ojos para no saber cosas tan viejas y olvidadas, ellos con deseo de ilustrar y ennoblecer las gentes cuyos hechos escribían y para mayor gracia de su escrito, y más en particular por no dejar interpolado, como con lagunas, el cuento de los tiempos antes esmaltados con la luz y lustre de grandes cosas y hazañas, por si mismo inventaron muchas hablillas y fábulas.

Florian de Ocampo es mucho más crédulo y toma como cierta la historia de la península inventada por Annio de Viterbo. Tras Viterbo había un fraile dominico llamado Giovanni Nanni que vivió en la Italia del siglo XV y que publicó y comentó una historia de la península ibérica basado en un supuesto libro de un sacerdote caldeo del siglo III llamado Beroso, en el cual se establece que la repoblación en la península ibérica tras el diluvio universal se debió a un nieto de Noe. Si bien hay que decir en descargo de Viterbo que lo que hace es refundir en un relato lineal el amalgama disperso de todas las referencias clásicas y medievales sobre la Historia de España. Pues hay que indicar que el historiador judío Flavio Josefo ya afirmó lo mismo en el siglo I, dando comienzo a la tradición de identificar a Túbal con España, lo que repetirán entre otros Eusebio de Cesarea, San Jerónimo, San Isidoro o la misma Crónica General de Alfonso X. Juan de Mariana dice directamente de libro de Beroso que fue ocasión de hacer tropezar y errar a muchos: libro, digo, compuesto de fábulas y mentiras.

La Historia fabulosa de “la tierra y provincia de España” que recoge el padre Juan de Mariana aúna las dos tradiciones que forman nuestra cultura occidental, la judeocristiana y la grecolatina y a través de ellas no pocos elementos más orientales. Así, la cosa empieza por Tubal, nieto de Noe, y quinto hijo de Jafet, que en el año 131 después del Diluvio y tras el fiasco en la construcción de la torre de Babel, fue enviado a lo postrero de las tierras donde el sol se pone a repoblarla, y donde gobernó un imperio con justicia y templanza por largos años fundando unas cuantas ciudades: Setubal, Tafalla, Tudela, Tarragona o Sagunto. Pero incluso hay autores que nos hablan de que el mismo Noé estuvo repoblando España y fundó Noela y Noega en Galicia y Asturias, en una visita que hizo a su nieto para ver cómo llevaba el asunto de la repoblación: vino, repobló y se marchó. Muerto Tubal, reinó su hijo Íbero, de quien tomo su nombre España llamándose Iberia y también el río Ebro. Después reinaría su nieto Idúbeda que dio nombre al monte Idúbeda (el sistema ibérico). Después llegó Brigo, hijo de este último, y durante su reinado fue tan grande el esplendor de España, que pudo enviar colonias a diversas partes del mundo, entre ellas una a Irlanda y otra a Brigia (Frigia) donde se situará la ciudad de Troya, (ya se empieza a mezclar la tradición judaica con la clásica) evidentemente todas (o casi) las ciudades acabadas en –briga fueron fundaciones suyas: Segóbriga o Miróbriga (Capilla, Badajoz),…, hay infinidad, incluso algunas dedicadas a emperadores romanos (Cesarobriga, Talavera de la Reina de Toledo; Augustobriga, Talavera de la Vieja en Cáceres; Flaviobriga, Castro Urdiales, Cantabria). Después llegó el rey Tago, a quien evidentemente debemos el nombre del Tajo. Después reinó su hijo Beto que dio nombre a la Bética, donde según Estrabón estaban los Campos Elíseos, morada idílica de los bienaventurados y hombres virtuosos. Hasta aquí, según Mariana, los reyes “fingidos y fabulosos de España”, de los cuales nadie encontrará noticia en los “escritores aprobados”.

El primer rey de España nombrado en los libros griegos y latinos es Gerión (o Deabos). Oriundo de otro lugar se enriqueció gracias al oro que había por doquier y que los naturales despreciaban como si de molestos guijarros se trataran y destacó también por ser poseedor de numeroso ganado y de ejercer su imperio de forma tiránica. Erigió dos fortalezas una en Geronda (Cádiz) y otra en Gerunda (la actual Gerona). Pero este tiránico rey sería depuesto por el primer rey egipcio, nada más y nada menos que Osiris (Dyonisios para los griegos, dicen), quien según nos cuenta Mariana, había recorrido medio mundo desde Etiopia hasta la India enseñando las técnicas agrícolas y el cultivo de la viña, lo que unido a su virtud se le hizo que se le tuviera por un dios. En el caso de España, además, le movió su odio hacia los tiranos y su amor por la libertad de las gentes. La batalla (la primera gran batalla campal de la Historia de España) tuvo lugar en Tarifa y en ella encontró la muerte el mismo Gerión que fue enterrado con honores en Barbate [la fama de Gerión fue tan grande que el mismísimo Hércules le dedicó un templo en Sicilia]. Osiris, movido de su benignidad, no castigó a los tres hijos de Gerión por los males de su padre y les permitió heredar el imperio de su padre.

A pesar de todo, los Geriones quisieron vengar la muerte de padre y promovieron una conjura para matar a Osiris, en la cual contaron con la colaboración de su hermano Tiphon. Tras dar muerte a Osiris, su hermano troceó el cuerpo para enviar a cada uno de los conjurados una parte como prueba de la muerte. Al final no triunfó la conjura y Tiphon fue muerto por su sobrino Orón a instancias de su madre Isis. Tras conocerse la instigación de los hermanos Geriones quiso emular a su padre y volvió a granjearse la amistad de las naciones del mundo y fue tenido por un dios al que algunos llamaron Apolo y otros Marte y todos Hércules. Aquí Mariana hace un apunte y deja claro que no está hablando del Hércules griego, sino del “Lybio, de cual se dice que domó los monstruos armado de una porra o maza y vestido de una piel de león”. En concreto se refería Mariana al dios egipcio Herishef. Pues en estas, este Hércules egipciano formó un potente ejército y desembarcó en Cádiz en busca de los Geriones. Una vez que se topó con ellos y se aprestaron a la batalla, Hércules que quería evitar la muerte segura de miles de soldados de una y otra parte, retó a los tres hermanos a un combate personal con la condición de que fueran uno a uno. De la lucha acabaron degollados los tres Geriones y enterrados en la isla gaditana de Erytrea. En Gibraltar levantó dos grandes montes uno a este lado del estrecho: Calpe; y otro en África: Abila, que vinieron a llamarse desde entonces “Las Columnas de Hércules” (si bien otros autores hablan que eran dos grandes fortalezas de piedra).

Tras esta victoria Hércules pasó algunos años por España, fundando, entre otras ciudades, Sagunto, antes de pasar a Italia. Dejó como gobernador a uno de sus capitanes llamado Híspalo, si bien existen crónicas que afirman que se trataba de un hijo del mismo Herishef. Lo que sí parece claro es que de su nombre se originó el de Hispania y fue el fundador de Sevilla, si bien San Isidoro dice que ese honor se debe a Julio Cesar. Sucedió a este rey su hijo Hispano, según muchos cronistas, a quien le atribuyen nada más y nada menos que la fundación de Segovia con su acueducto y todo, y la Torre de Hércules en La Coruña [casi nada]. Ahora bien, Juan de Mariana dice que se trata de la misma persona que Híspalo con deformación del nombre y rechaza las atribuciones fantasiosas. Reinando aún Hispano tornó a volver a España Hércules el Egipciano, fundando en su camino grandes ciudades: Urgel, Tarragona y la mismísima Barcelona. Tras su muerte fue adorado como un dios y enterrado en un gran templo donde fue venerado durante siglos. Más el tiempo no quiso dejar constancia de su ubicación, así los castellanos dicen que fue en Cádiz y los aragoneses que en Barcelona.

Tanto Hércules como Hispano (o Híspalo) murieron sin descendencia, y pasó a reinar Héspero, hombre fiel a Hércules y hermano de Atlante, que era el gobernador que había dejado el egipcio en Italia. Atlante ambicionaba las riquezas de España y no aceptó de buen grado que se antepusiera a su hermano en el reino; así que ni corto ni perezoso abandonó la península itálica y se plantó en la ibérica con la intención de derrocar a su hermano; lo que logró con cierta facilidad. Héspero y sus más allegados huyeron por mar y recabaron en la Toscana, donde fueron bien recibido por los lugareños, lo que de nuevo despertó los celos de su hermano que volvió a reclutar un gran ejército para asegurar Italia, en el camino pobló Sicilia y dicen que fundó Roma (ahí queda eso).

Atlante dejó reinando en España a su hijo Sicoro, que gobernó largos años en paz (indicar que en estos años, nació Moisés en Egipto). Le siguió en la genealogía mítica su hijo Sicano, del que recogen las crónicas que guerreo en Italia, adonde acudió en ayuda de los españoles que habían marchado con su abuelo Atlante, y en particular socorrió a Roma que estaba poblada por españoles. Lo mismo tuvo que hacer con los españoles que había en Sicilia que estaban en guerra con los cíclopes. Tras volver a España murió de una grave enfermedad y le siguió en el trono su hijo Siceleo, que también estuvo guerreando y disponiendo las cosas por Italia. A este rey, que murió en Italia, le continúo su hijo Luso, que volvió a su señorío y gobernó muchos años estas tierras en paz y prosperidad. Juan de Mariana pone en duda la existencia de estos reyes de los cuales dice que no existen referencias en los autores clásico si bien lo recogen las “nuestras historias modernas”.

Por el contrario si afirma con seguridad que Sículo, hijo de Atlante, gobernó en España cuando su padre marchó a Italia y le continuó en el reinado una vez muerto, según lo dice Filisteo Siracusano. Piensa Mariana que este fue la verdadera persona al que otros autores denominaron con diferentes nombres (Sicoro, Sicano, Siceleo y Luso) y contempla en la narración de su vida y hazañas sus periplos por Italia, la intervención política que hizo entre sus tíos y primos que reinaban en Italia (Coribanto y Dárdano, siendo este último el fundador de Troya después de que Sículo lo expulsara de Italia), el enfrentamiento con los cíclopes y lestrigones, la defensa de los españoles que había en Sicilia y Roma,… Para al final de su vida retornar de nuevo a España. Para otros autores este Sículo continuó la serie de reyes después de Luso, si bien le hacen hijo, nada más y nada menos que de Neptuno. Y vuelven a narrar viajes y guerras por Italia logrando pacificar a toda la península itálica, justificando así la presencia española (aragonesa para ser exactos) en Sicilia, Cerdeña y Nápoles.

Hasta aquí la principal fuente de Juan de Mariana y de los historiadores y cronistas anteriores es Juan de Viterbo, que a su vez se basaba en dos autores egipcios: Beroso hasta Sículo, y a partir de este rey de un tal Menetón. Bueno pues ¿aclaradas? las fuentes continúa la lista el rey Testa de origen africano y del cual se desconoce si llegó a reinar por quedar el señorío sin heredero o por la fuerza. Dicen las crónicas que fundó varias ciudades en el valle del Júcar y en la costa levantina. Durante el reinado de este rey se asentaron los griegos en Sagunto. El siguiente rey fue Romo, sin saber si fue por elección, por fuerza o por herencia, pero se destaca que, entre otras cosas de mérito, fundó la ciudad de Valencia que en su inicio se llamó Roma hasta que con la llegada de los romanos se la trocó el nombre por Valencia (que según afirma Florián de Ocampo, significan lo mismo en griego y en latín: valentía, valor).

Tras la muerte de Romo heredó la dignidad real de España su hijo Palatuo o Palente, que fue el fundador de Palencia y en cuyo reinado se asentaron en Cádiz los fenicios. A este rey le depuso por la fuerza Caco (conocido en España como Licinio). La batalla se libró a píes del Moncayo, que recibió este nombre en honor de Caco. También afirman algunas crónicas que el ejército de Caco fue el primero en la Historia de España que utilizó armamento de hierro, haciéndolo los poetas hijo de Vulcano. Palatuo tuvo que huir pero no fue tan grande el desastre primero que no le permitiera al cabo de los años armar un nuevo ejército y plantarse frente a Caco para recuperar lo que era suyo. Y así ocurrió, pues en esta segunda batalla fue Caco el que quedó destrozado y tuvo que huir a Roma. Ciudad en la que encontró la muerte a manos de Hércules el tebano, a quien le había robado el ganado que llevaba (la tradición clásica dice que el gigante Caco robó en Roma a Hércules el ganado de Gerión, y que por esta causa el semidiós le estranguló con sus propias manos).

En este tiempo (entre el reinado de Romo y Palatuo) llegaron a España bastantes corsarios griegos capitaneados por Alceo Yraclia al que después llamaron Yracles y que nosotros conocemos por Hércules el tebano, a quien los poetas clásicos atribuyeron hazañas del otro Hércules primero, el egipcio (Osiris), y otros Hércules de otros pueblos. Juan de Mariana se refiere a él con el nombre de Dionisos (o Baco) el griego, hijo de Semeles y de Júpiter, diferenciándolo del primer Dionisos (que era el Osiris egipcio del que ya hemos hablado), y del Dionisos hijo de Prosepina, que fue el primero que unció los bueyes y aró la tierra. El que anduvo por aquí, fundó Nebrija, Jaca y Gibraltar (que entonces se llamó Heraclea), y limpio las maldades y tiranías que en los últimos años se habían extendido por gran des zonas de España por parte de Mirica y del hijo de este: Milico, descendientes al parecer de Sículo. Dicen algunos cronistas que Dionisos cuando se marchó de España dejó a dos gobernadores: uno en la zona de Portugal, llamado Luso y otro para el resto llamado Pan. En su retirada, Hércules pasó por Mallorca y Menorca y recaló en Roma donde tuvo el incidente relatado con Caco. Virgilio atribuye a este Hércules la muerte de Gerión “con la libertad que suelen los poetas”, según Mariana.

Pero atrás dejamos a Palatuo con el trono recuperado y gobernando en paz y armonía hasta el fin de sus días, que le llegó pero sin sucesión. De esta manera fue rey de España un tal Eritreo natural de Cádiz y posiblemente pariente de Palatuo. Pero lo más destacable de su reinado fue que aconteció la Guerra de Troya y tras finalizar esta fue innumerable el número de capitanes griegos que recalaron en las costas españolas. Uno fue Teucro que se apoderó de la región de Murcia, si bien otros hablan de incursiones marítimas en Galicia fundando Pontevedra, que entonces se llamó Helene, y Orense. Otro fue un tal Diómedes que igualmente paso el estrecho y fundó la ciudad de Tuy en Portugal. Mnesteo llegó con sus barcos a Cádiz. Incluso se afirma que el mismo Ulises alcanzó las costas portuguesas y fundó Lisboa en la desembocadura del Tajo.

El siguiente rey nos suena a todos un poco se trata de Gárgoris (por otro nombre Melícola) que entre sus notables hechos se encuentra el de ser quien introdujo la cría de abejas y las técnicas de elaboración de miel. Dicen los escritores griegos que era de origen griego (de los curetes) de aquellos que quedaron en España cuando Hércules el tebano anduvo por aquí. Los cronistas españoles lo niegan y afirman que era español por los cuatros costados y era del pueblo de los corenses, y sitúan su reino en el “bosque de los Tartesos”. Pues este gran rey, según cuentan las crónicas, mancilló su fama por la crueldad con la que trató a un nieto suyo nacido de una relación pecaminosa de su hija. La reacción del Gárgoris fue abandonar al niño en el bosque a merced de las fieras, que al contrario de lo previsto lo amantaron y cuidaron. Después le tiró a una cañada para que lo destrozasen los animales al paso de los rebaños y manadas; pero milagrosamente las bestias se apartaban cuando se acercaban al niño. Le arrojaron a una jauría de perros y puercos hambrientos, pero nada, como si oyeran llover. Finalmente le lanzaron al mar; pero en vez de engullirlo, meciéndole suavemente entre las olas le deposito en una playa donde fue recogido por una cierva que le amamantó y crió en el bosque. Allí creció fuerte y osado, convirtiéndose con el tiempo en un salteador, sin que nadie durante muchos años pudiera atraparle; lo que finalmente ocurrió. Presentado ante la justicia fue reconocido inmediatamente por su abuelo (unos dicen que por la llamada de la sangre otros por marcas que tenía en el cuerpo); y el odio de antaño se trocó en amor filial: le reconoció como nieto, y le nombró sucesor en su reino.

Muerto Gárgoris le sucedió su nieto que reinó con el nombre de Habis (merced al libro de Sánchez Dragó todos le conocemos como Habidis, pero parece que de forma incorrecta) y destacó por encima de todos los reyes antiguos de España por su afán en que los españoles, que muchos vivían de forma bárbara y asilvestrada, su juntaran en ciudades y villas. Promovió el ejercicio de las artes, de la industria y del comercio. Restituyó el uso del vino que los españoles habían olvidado con tantas tribulaciones últimas y fomentó que de nuevo se labraran y cuidaran los campos. Ordenó leyes, estableció tribunales y nombró jueces para que la gente pudiera vivir en seguridad y en paz. En definitiva de lo mejorcito que hubo (señalar que fue coetáneo del rey David de Judea)

Según los cronistas a partir de la muerte del rey Habis, España entró en un periodo de gran sequedad que destruyó los campos llegando a secarse las fuentes del Ebro y del Guadalquivir por varios años. Finalmente se perdieron las noticas de los posibles sucesores de Habis (o Habidis). La gran desolación de España originó que comenzara a llegar gentes foráneas a repoblar sus esquilmados territorios: así fueron llegando los celtas de la Galia a través de los Pirineo, los fenicios en el sur y los griegos y cartaginenses en el levante. Pero esto nos va sonando ya. De todas formas si hacen referencia a Argantonio, rey al parecer de Tartesso que frenó al ímpetu conquistador de los fenicios y que según las fuentes de Juan de Mariana reinó trescientos años según unos y ciento cincuenta tan solo según otros.

Y con esto acaba la Historia de los reyes fabulosos de España tal y como la contaron Juan de Mairena y Florián de Ocampo

Aquí os adjunto la relación de los Reyes Fabulosos de España con los años de inicio de su reinado según Florián de Ocampo que lo toma de Viterbo:

1º. Tubal. 2163

2º. Íbero, 2006

3º. Idúbeda, 1972

4º. Brigo, 1905

5º. Tago, 1854

6º. Beto Turdetano, 1824

7º. Gerión (Deabo), 1793

8º. Los tres hijos de Gerión (Los Geriones), 1758

9º. Híspalo, 1716

10º. Hispán, 1699

11º. Hércules Egipciano (Orón Libio, hijo de Osiris), 1678

12º. Espero, 1648

13º. Atlante Italo, 1637

14º. Sicoro, 1627

15º. Sicano, 1581

16º. Siceleo, 1549

17º. Luso, 1505

18º. Sículo, 1474

19º. Testa Tritón, 1412

20º. Romo, 1339

21º. Hércules Tebano, 1325

22º. Palatuo, 1306-1280 y 1248-1246

23º. Licinio Caco, 1280-1248

24º. Eritreo, 1246

25º. Gárgoris, 1170

26º. Habis (o Habidis), 1105-1071

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© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/12/28/los-reyes-fabulosos-de-espana-de-tubal-a-habis-o-habidis/. 2009.

28 octubre 2009

Piramidología

Archivado en: Cultura,Edad Antigua,Egipto,Historia,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 7:22 pm
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Las trés pirámidesSobre las pirámides de Egipto se han escrito toneladas ingentes de tonterías y sandeces. De eso creo que todos somos plenamente conscientes; lo curioso, y bastante desconocido, es que este fenómeno tiene su origen en unas investigaciones de Charles Piazzi Smyth: astrónomo escocés (nacido en Nápoles, pero los escoceses ya se sabe… son como los de Bilbao y nacen donde les da la gana), científico del siglo XIX que llegó a ser Astrónomo Real de Escocia y profesor de Astronomía en la Universidad de Edimburgo.

Sus investigaciones las desarrolló en el observatorio de Calton Hill, con sede en la capital escocesa, y son destacables sus trabajos sobre la aurora polar, el espectro solar o la irradiación de la Luna. Pero quiero resaltar las observaciones astronómicas que hizo en las islas Canarias, siendo uno de los pioneros en señalar las ventajas de la observación directa en cielos con atmósferas libres. En gran parte los observatorios del Teide, en Tenerife, y el del Roque de los Muchachos, en La Palma, deben su importancia actual a las conclusiones de sus investigaciones -financiadas por el Almirantazgo Británico y la Sociedad Real para el Avance de la Ciencia Natural de Londres.

Las Pirámides en una foto del siglo XIXPues bien, este buen señor, que presenta un currículum vítae más que envidiable y que obtuvo importantes premios y reconocimientos científicos en su vida, la lió parda con el tema de las grandes pirámides de Egipto. Al calor de la obra de John Taylor La Gran Pirámide: ¿Por qué fue construida? ¿Quién la construyó?, Smyth viajó a Egipto con la intención de medir con precisión la grandes pirámides de la IV dinastía y en especial la Gran Pirámide de Keops. Su objetivo era fijar con exactitud las dimensiones de las pirámides: altura, orientación, inclinación, localización, etc., incluso realizó fotografías del interior de la misma con una novedosa técnica.

Sus investigaciones y conclusiones fueron publicadas en varios libros (entre otros: Nuestra herencia en la Gran Pirámide, publicado en 1864, y Vida y trabajo en la Gran Pirámide, en 1867) y en ellos se aprecia la fascinación que en su espíritu academicista debió producir que las medidas de la pirámide y sus interrelaciones derivaban en magnitudes planetarias e incluso astronómicas. Así, encontró que en esas relaciones y equivalencias se descubría el radio terrestre, la distancia entre la tierra y el Sol y la Luna, el número Л,… A partir de ahí pareció entrar en proceso febril y extrapolando toda la información llega a establecer patrones universales de medida: la pulgada piramidal, el sagrado codo, etc. Esto le lleva a concluir que la Gran Pirámide es obra inspirada directamente por Dios a los arquitectos y constructores, y en ella se encierran los principios básicos de la existencia y esconde en sus dimensiones un código divino que tras su correcta interpretación permitiría descubrir lo que nos tiene reservado el futuro. Evidentemente sólo el Dios de los cristianos (el único para él) pudo inspirar esa gran obra, esto le lleva a identificar a los hicsos con los hebreos y a afirmar que fueron ellos, con San Melquisedec como arquitecto, los constructores de la maravilla.

Arista de la pirámideLo cierto es que sus conclusiones pronto fueron puestas en evidencia y denostadas por los egiptólogos a partir de constatar la falta de rigor de las mismas; empezando por la identificación de los hicsos con los hebreos (algo absolutamente imposible) y terminando por los errores de bulto en las mediciones.

William Matthew Flinders Petrie, que llegó a ocupar la cátedra de Arqueología y Filología Egipcia de la Universidad College de Londres, era un admirador de Smyth, y fruto de esa devoción acudió a Egipto en 1880. Muy pronto se dio cuenta de que las conclusiones de Smyth eran totalmente desacertadas, debido, entre otras cosas, a que se basaban en mediciones erróneas. Tras una revisión exhaustiva, Petrie volvió a dimensionar “definitivamente” las pirámides poniendo en evidencia los yerros anteriores. Su meticuloso trabajo se publicó en 1883 en el libro Las pirámides y templos de Gizeh.

Las dimensiones de la Gran Pirámide según Petrie son:

  • Altura original: 146,61 m (actual: 136,86 m)
  • Pendiente media: 51º 50′ 35″
  • Longitud del lado N: 230,364 m
  • Longitud del lado E: 230,319 m
  • Longitud del lado S: 230,365 m
  • Longitud del lado O: 230,342 m
  • Longitud Media: 230,347 m
  • Desviaciones máximas sobre la media: ¡-0,028 m y +0,018!

barca solarA lo largo de la Historia todos los visitantes y viajeros se han preguntado por estas magníficas construcciones y todos han querido ver algo más que una tumba. Heródoto llega a afirmar que Keops estaba poseído por La Pirámide y que llegó a prostituir a su propia hija para recaudar fondos para la construcción; los árabes buscaron tesoros; en el siglo XVII osados exploradores se adentraron por sus angostos pasadizos; y así hasta nuestros días. Las pirámides ocultan todavía muchos secretos; sin ir muy lejos, se conoce la ubicación de otro barco solar aún por excavar y armar; lo mismo se puede decir de los canales de ventilación que se llaman así por ser esa su función actual, pero no la originaria, que se desconoce. Algo parecido pasa con la forma de su planta, que no es cuadrada contra lo que pueda pensarse, sino de estrella de cuatro puntas, merced a la ligerísima inclinación que hacia el interior presenta cada uno de sus lados; produciendo un interesante efecto lumínico en los amaneceres y en los ocasos de los equinoccios gracias a la orientación cardinal de cada una de sus aristas: durante unos minutos, una mitad de los lados Este y Oeste aparece en umbría, y la otra mitad en solana.

Su sistema de construcción sigue siendo un secreto, sin que las teorías presentadas convenzan plenamente a la comunidad científica. En el último trabajo sobre este tema (2007), el arquitecto francés Jean-Pierre Houdin lanza la teoría de que se utilizaron rampas frontales y externas hasta alcanzar la altura de 45 metros y para el resto se empleó un rampa en espiral por dentro de la propia pirámide, asegurando que los túneles interiores deben estar ahí todavía. El Consejo Superior de Antigüedades Egipcias no ha dado permiso para iniciar excavaciones en el interior de la pirámide, con lo cual una nueva hipótesis queda sin verificar; más leña al fuego.

Pirámide de Zoserpirámide romboidal DahshurDe las siete maravillas del Mundo Antiguo la pirámide de Keops es la única que queda y curiosamente es la primera que se realizó; pues el primer misterio es saber cómo una sociedad que hacía unos cinco siglos estaba aún en la edad de piedra pudo levantar este obra en 20 años allá por el2570 a. n. e., demostrando unos conocimientos matemáticos, astronómicos y técnicos en general verdaderamente asombrosos. Si bien, hasta llegar a la perfección de las pirámides de Gizeh, los egipcios hicieron varias pruebas, destacando la pirámide escalonada de Zoser y la romboidal de Dahshur.

Pero la monumentalidad de la Gran Pirámide escapa a todo entendimiento; sirva, a modo de botón de muestra, que hasta que no se terminó la Iglesia de San Nicolás en Hamburgo en 1874 la tumba de Keops fue el edifico más alto del mundo. ¡Ojo al dato!: 4444 años después. ¡Cuatro cuatros!, ¡será por números cabalísticos! Y este dato no lo he visto por ahí publicado, como lo pille un “brujístico” saca un coleccionable.

Base de la pirámide

[Para Sandra, con mi deseo de que vuelvas a Egipto y de que yo te acompañe]

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Piramidalogía. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/10/28/piramidologia. 2009

Enlaces:

Para ver la explicación de la teoría de las rampas interiores de Pierre Houdin con un espectacular gráfico en 3D y en español [Para verlo hay que bajarse el programa 3dvia player]:

[http://khufu.3ds.com/introduction/revealed/]

Puedes encontrar este video con mucha menos calidad en you tube:

How the Khufu Eqyptian Pyramid Was Built 1: [http://www.youtube.com/watch?v=Mg9mbTbNmlk]

How the Khufu Eqyptian Pyramid Was Built 2: [http://www.youtube.com/watch?v=yzqT9bNjwW4]

(OGH23H)

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