El Arte de la Historia

16 junio 2014

El patrocinio artístico femenino en la edad moderna a través del caso de Dª Policena Spínola (1600-1638), marquesa de Leganés.


El patrocinio artístico femenino en la edad moderna a través del caso de Dª Policena Spínola (1600-1638), marquesa de Leganés.

 


Comunicación presentada en la XIII Reunión Científica de la FEHM, celebrada e Sevilla, 4 a 6 de junio de 2014.



Resumen:

El papel subordinado de la mujer en las sociedades modernas no impidió la existencia de casos de patrocinio artístico y cultural en el ámbito de la nobleza española. Con doña Policena Spínola, I marquesa de Leganés, nos encontramos frente a uno de ellos. Esta mujer, hija Ambrosio Spínola, formada en Italia, se casó en 1627 con Diego Messía Felípez de Guzmán, marqués de Leganés y creador de una de las mayores colecciones de arte de Europa. El recién creado marquesado de Leganés utilizó la cultura y sus manifestaciones artísticas para engrandecer y amplificar socialmente su nuevo linaje; pues bien, en esta tarea de patrocinio y mecenazgo artístico es destacable el papel activo que asumió Policena Spínola. Debido a las prolongadas ausencias de la Corte de su marido, asumió con brillantez la gestión y administración de los palacios y de las obras de arte suntuario que contenían, contribuyendo, a través del «arte cotidiano», a la definición de la estética barroca. Además, destacó con iniciativas propias que iban desde patronatos píos hasta el patrocinio de obras literarias: entre las cuales encontramos hagiografías de hombres piadosos junto con otras de carácter mucho más mundano, fruto del ingenio de Alonso Jerónimo de Salas.
Abstract:
The subordinate role of the women in the modern society does not prevent the existence of artistic and cultural sponsorship within the limits of Spanish Nobility. Mrs. Policena Spínola, I Marquise of Leganés, is one of these cases. This woman, daughter of Ambrosio Spínola, was educated in Italy and later got married in 1627 with Diego Messía Felípez de Guzmán, Marquis of Leganés and the creator of one of the greatest art collections in Europe. The newly created Marquisate of Leganés used culture and its artistic expressions in order to enlarge and amplify his new lineage socially. Well, then this task of artistic sponsorship and patronage actively assumed by Policena Spínola was remarkable. Due to the lengthy absences from the Court of her husband, she assumed brilliantly the administration and management of the palaces and the exquisite works of art that it contained, contributing through “daily art” in the definition of the baroque style. In addition, she stood out with her own initiatives that ranged from devout patronage to the patronage of literary work: among which was hagiography’s of merciful men together with others much more the worldly brainchild of Alonso Jerónimo de Salas.


Comunicación

la mujer y el patrocinio artístico

Es de sobra conocido que en las sociedades modernas a la mujer le toco vivir un papel subordinado respecto al hombre; ahora bien, esto no impidió la existencia de casos de patrocinio artístico y cultural en el ámbito de la nobleza española. Con esta comunicación lo que pretendo es acercarme a uno de ellos: concretamente al protagonizado por doña Policena Spínola, I marquesa de Leganés.

Como veremos, el recién creado marquesado de Leganés va a utilizar la cultura y sus manifestaciones artísticas para engrandecer y amplificar socialmente su nuevo linaje; pues bien, dentro de esta tarea de patrocinio y mecenazgo artístico queremos destacar el papel que alcanzó Policena Spínola. Se trata de una mujer que tuvo que asumir (lo que hizo, además, con brillantez) la gestión y la administración de la Casa nobiliaria; incluyendo, evidentemente, los palacios y las obras de arte suntuario que estos contenían, contribuyendo, a través de este «arte doméstico o cotidiano», a la definición de la estética y de la iconografía barroca.

Sin olvidar, además, que se trata de una mujer que destacó con iniciativas propias que iban desde patronatos píos hasta el patrocinio de obras literarias.

La cultura como medio de promoción social

Lograr, mantener y agrandar el reconocimiento social se convirtió en todo un reto para la aristocracia moderna española, y a este fin destinaron ingentes recursos, entre los cuales el patrocinio artístico y cultural fue uno de los más relevantes.

Marqués Leganés Rubens

Rubens, Retrato del marqués de Leganés, ca. 1630-35. colección Rudolf August Oetker Bielefeld, Alemania

Evidentemente, los primeros marqueses de Leganés participaron plenamente en esta estrategia, cuya meta era lograr el reconocimiento social de su «status» estamental. A este fin utilizaron todas las herramientas a su alcance, desde el patrocinio de entidades religiosas, hasta la plasmación gráfica de los hechos más reseñables de su linaje a través de las representaciones directas o simbólicas. Es precisamente éste, el origen de la faceta cultural más conocida del marqués de Leganés: su amplísima colección de arte, que alcanzó la cifra de 1.333 obras.

Siendo el marqués de Leganés un caso paradigmático de la aplicación de las manifestaciones culturales para magnificar y exaltar su figura y la de su linaje, en este artículo hemos querido fijar nuestra atención en el papel que en esta política de enaltecimiento jugó su primera mujer, Dª Policena Spínola, y en qué grado su experiencia pudiera ser extensible a la investigación de la mujer en la sociedad barroca española.

Con la nueva Corte que se genera con el reinado de Felipe III, también se crea un nuevo estilo cortesano y un nuevo espacio cultural que ofrecía a los autores de renombre la posibilidad de dedicar y ofrendar sus obras a cambio de algo más que dinero.

Efectivamente, más allá del interés económico, el patronazgo se convierte en un sistema de intercambio social de mutuo beneficio entre el artista y el patrocinador; el artista, por un lado, pretendía ingresar en un círculo clientelar y el patrono, por otro, un medio para mejorar su proyección social. El mecenazgo se convierte, así, en una expresión más del sistema escalonado de relaciones sociales basado en el clientelismo.

¿Exisitió la mujer mecenas?

Ahora bien, dentro de este componente social del mecenazgo, cabe preguntarnos cuál fue el papel de la mujer como mecenas, si verdaderamente existió, qué mujeres lo ejercieron, en qué condiciones, y si podemos hablar de un modelo diferenciado.

La minusvaloración social e intelectual hacia la mujer que se aprecia en los tratados de educación femenina de la época, así como en multitud de manifestaciones literarias, tiene su correspondencia en el ordenamiento jurídico. En este sentido, las leyes de Toro de 1505 indican en las leyes 54 y 55 expresa y taxativamente las limitaciones jurídicas y económico-administrativas que se imponían a la mujer casada.

Coleción archiduqe leopoldo_Teniers

David Teniers el Joven (1610 – 1690) Archiduque Leopoldo Guillermo en su galería en Bruselas, ca. 1653. Conde Harrach, colección familiar

A pesar de todo, la extendida creencia de la dependencia absoluta de la mujer casada respecto al marido se está empezando a cuestionar en estudios que sitúan a la mujer aristócrata con una mayor capacidad de actuación y de decisión. Evidentemente, la autonomía a la hora de disponer y de acordar es un aspecto fundamental para esclarecer el patrocinio femenino. Hasta el momento, en los estudios de la mujer y su relación con la cultura en el Siglo de Oro apenas se ha tratado a ésta como promotora artística, si exceptuamos a contadas singularidades como Isabella d’Este, Margarita de Austria o Isabel la Católica.

Anthony van Dyck. Lady with a Fan, c. 1628. National Gallery of Art , Washington DC.

Noelia García Pérez ha señalado acertadamente las interrogantes que nos acercarán a descubrir la interacción de la mujer-mecenas con el artista:

  • «¿Existe una estética femenina?
  • De existir: ¿Qué factores influyeron en su formación?
  • ¿Cuáles fueron los principales campos de actuación de estas patronas?
  • ¿Hasta qué punto se veían condicionadas por las figuras masculinas al ejercer su patronazgo?
  • ¿Demandaban un estilo o iconografía determinada?
  • Y de ser así, ¿qué repercusiones tuvo este gusto en la demanda contemporánea y en la evolución de la historia del arte?»

Repuestas a las que, modestamente, queremos aproximarnos.

Policena Spínola dentro de la estrategia de promoción cultural de los marqueses de Leganés

Además de la colección de arte ya indicada, dentro de la estrategia de promoción cultural del marqués de Leganés no faltó el típico patronato conventual, concretamente el de San Basilio el Magno de Madrid. En este caso, quiero resaltar la intervención directa de Policena Espínola, ya que se debió a un mandato de su testamento; demostrando, así, su influencia en la estrategia de enaltecimiento del joven marquesado.

Ahora bien, ¿contaba esta mujer con los recursos y con criterio suficiente para poder ejercer el patrocinio artístico de forma independiente? A nuestro entender, estimamos que sí. Hablamos de la que fue la segunda hija de Ambrosio Spínola, I marqués de los Balbases, que había nacido en Génova en 1600 y que fue educada desde niña en el convento de San Leonardo de esa ciudad. Gabriel de Aranda, (biógrafo del cardenal Agustín Spínola, que era su hermano), refleja en su persona los valores que constituían el ideal de vida modesta y recatada de la casada cristiana, destacando su afición a la lectura de libros espirituales y devotos.

Policena Spínola se casó en 1627 con Diego Messía de Guzmán, primo y protegido de Olivares y, en esos días, recién titulado como marqués de Leganés. En este sentido hay que destacar la importancia económica de la dote matrimonial, que significará prácticamente la mitad de los bienes que en 1630 se vincularán al mayorazgo que crean los marqueses de Leganés y en el cual ya se refleja el alcance que las manifestaciones culturales van a tener en el devenir de este matrimonio. Sin olvidar, por último el papel activo que va a tener que asumir en la gestión y administración de los bienes de la casa nobiliaria.

En cualquier caso, la primera muestra de patrocinio que encontramos de esta mujer no concuerda con la descripción de los gustos literarios que hemos visto: así, en 1623, recién llegada a la Corte madrileña, Salas Barbadillo le dedica su obra Don Diego de noche.

Don diegoDebido al desarrollo argumental de Don Diego de noche, que se mueve entre lo picaresco y lo folclórico, no parece que sea la obra más apropiada para dedicársela a una dama de honor de la reina; pero también es cierto que la mayoría de las aventuras acaban con el valor tan católico del arrepentimiento. A pesar de todo, existen dos versiones de la primera edición de la obra. En la que parece dirigida a Policena la portada es distinta, destacándose la personalidad a quien se dedica la obra; y se han sustituido dos episodios de un cierto contenido sexual por otros más recatados. Sin duda, la obra buscaba el amparo del padre de Policena, Ambrosio Spinola, a quien el autor le dedica una silva laudatoria al final del libro.

La segunda obra dedicada a Policena Spínola sí se adecúa a lo que nos contaba Gabriel Aranda sobre su persona. Se trata de una hagiografía sobre la vida de Bernardino de Obregón (fundador de la congregación de los Hermanos Enfermeros Pobres) escrita por Francisco de Herrera y publicada en 1633. Del autor sabemos que fue un prolífico autor que destacó en la traducción de obras de autores clásicos y renacentistas. En la dedicatoria (redactada por Gracián de la Madre de Dios, hermano mayor de la congregación) se destacan las virtudes piadosas y la extrema caridad de la destinataria y de sus más allegados: su padre, su hermano y su marido.

Apoderamiento de Policena Spínola

Ya hemos señalado las leyes que limitaban la capacidad de actuar de las mujeres casadas, pero en el mismo ordenamiento de Toro, en la ley 56, se regula la licencia marital, que era el mecanismo por el cual la mujer podía ejercer con plena potestad las prohibiciones señaladas.

A pesar de que el marqués de Leganés contó con personal de confianza a quienes otorgaba poderes especiales para actuar en su nombre, ninguno fue tan especial como el que le «otorgó» a su mujer el 15 de febrero de 1630, justo en el instante anterior de la creación del mayorazgo ya referido, lo que evidencia su interrelación.
Se trata de un poder casi absoluto que autorizaba a Policena Spínola para que pudiera actuar como soltera y a realizar, en el nombre del marqués de Leganés y en el suyo propio, cualquier tipo de operación económica o judicial; incluso a ejercer la potestad jurisdiccional en las posesiones señoriales. Tan solo se reservaba el marqués la potestad de testar.

Este poder lo ejerció Policena en asuntos de suma importancia como fue, por ejemplo, la compra, en 1634, de numerosas tierras en Morata de Tajuña (donde tenían un suntuoso palacio). Lo que nos lleva a pensar que, igualmente, lo debió ejercer en las tareas de administración de su casa y en la adquisición de la infinidad de objetos suntuarios que acumularon y cuyo fin era la ostentación pública de riqueza y poder.

La impronta femenina en la estética barroca

Policena murió en 1639 tras apenas 12 años de matrimonio. En esos años las ausencias de su marido de la Corte sumaron más de siete años: viajes a Bruselas, pasaje del cardenal-infante, gobierno de Milán,… Son años en los cuales se consolidó, en todos los sentidos, la recién creada Casa de Leganés. La poca correspondencia que nos ha llegado de la gestión doméstica de las propiedades del marqués de Leganés en sus ausencias nos habla del importante papel que tuvo su primera esposa. Y si bien, con toda seguridad, las adquisiciones más notorias de su colección de arte se debieron a la decisión directa del marqués de Leganés, sin duda las pinturas más “ordinarias”: la galería familiar, los cuadros ornamentales y decorativos que tiene la colección, etc., contarían con la participación de la marquesa de Leganés, tanto en la contratación como en la elección de los motivos, contribuyendo así en lo que se ha venido a llamar la estética femenina del barroco.

Dyck, Antonio van, Policena Spínola, marquesa de Leganés, ca. 1627.  Museo del Prado de Madrid

Dyck, Antonio van, Policena Spínola,
marquesa de Leganés, ca. 1627.
Museo del Prado de Madrid

En cuanto a los objetos de arte suntuario, su atesoramiento casi desmedido, queda perfectamente reflejado en el inventario de bienes que dejó el marqués tras su muerte. La relación de bienes libres y vinculados al mayorazgo encierra verdaderos tesoros de este tipo de arte, en el cual es fácil colegir que la marquesa de Leganés tuviera una decisiva participación, tanto en la adquisición como en el encargo de muchos de ellos. Se trata, en definitiva, de una infinidad de artículos que conformaban una buena muestra del arte cotidiano y que entonces definía en gran medida el gusto y la estética barroca; pues en esos momentos la producción era, casi en su totalidad, artesanal, e incluso las piezas de taller se adaptaban a la demanda.

Las características de las mujeres patronas

Todo parece indicar que en muchos casos el papel de la mujer casada quedó oculto por la gran dependencia que tenia respecto al marido, lo que nos obliga, para obtener conclusiones, a movernos en terreno pantanoso, entre la especulación y el sentido común, más que en la constatación documental a la que estamos obligados.

En nuestro caso queda patente que hablamos de una mujer de una elevada posición y de una gran proyección social, con destacada presencia cortesana, poseedora de un importante bagaje cultural y de un inmenso poder económico. Características que la convierten en una clara candidata al patrocinio cultural.

Con los apuntes señalados podemos aventurar (a la espera de estudios más definitivos) que la cultura y sus manifestaciones artísticas sirvieron a la mujer con capacidad para ejercer el patrocinio, al igual que a los hombres, para mostrar su relevancia social y su riqueza. La principal diferencia estribó en que, mientras las grandes colecciones y obras de arte que tenían una mayor proyección pública eran patrimonio masculino, el ámbito de decisión femenina dentro de la promoción artística se limitó, en la mayoría de los casos, al ámbito doméstico, privado y religioso. También podemos colegir que si reconducimos la mirada y nos alejamos de las grandes y reputadas obras de arte para acercarnos mucho más al arte cotidiano, descubriremos que las mujeres patronas contribuyeron a la conformación de una iconografía y de una estética determinada a través de sus encargos y patrocinios.

© Francisco Arroyo Martín. 2014

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco, El patrocinio artístico femenino en la edad moderna a través del caso de Dª Policena Spínola (1600-1638), marquesa de Leganés, (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2014/06/16/el-patrocinio-artistico-femenino-en-la-edad-moderna-a-traves-del-caso-de-da-policena-spinola-1600-1638-marquesa-de-leganes/). 2014

 

16 diciembre 2012

Charla sobre Leganés en la Edad Moderna dentro del ciclo de Los Jueves de EL ZOCO


El pasado mes de octubre tuve el honor y la satisfacción de participar en el ciclo de conferencias que bajo el título “Leganés y su Historia” ha organizado la Asociación Cultural EL ZOCO dentro de su actividad “Los Jueves de EL ZOCO”.

En mi caso analizamos el periodo histórico de la Edad Moderna, en el cual vimos la evolución de la localidad durante los siglos XVII y XVIII, años en lo cuales la aldea pasó a ser villa cabecera de señorío y en los que, además,  se acometieron importantes edificios monumentales como son la iglesia de San Salvador, la ermita de San Nicasio o el cuartel de las guardias valonas, con una charla titulada:

Leganés: Edad Moderna: huertas, marqueses, curas y soldados

Quiero agradecer a los compañeros y amigos de EL ZOCO su invitación a participar y en especial a todos aquellos amigos que pudieron acompañarme ese día.

A continuación os dejo el vídeo de la presentación que realicé y que amablemente la AC EL ZOCO ha publicado en su perfil de youtube:

Web de EL ZOCO

31 mayo 2011

Leganés según las respuestas del Catastro de Ensenada


Extracto del trabajo del libro El catastro de Ensenada en Leganés (1751-1754), de Carlos José López de la Cruz y Francisco Arroyo Martín.

En 1749, Fernando VI ordenó a su ministro de Hacienda, el marques de la Ensenada, la elaboración de un catastro que pretendía conocer la riqueza de las poblaciones de la Coronade Castilla que permitiera el establecimiento de un único impuesto, la Única Contribución, con lo se quería hacer más justo el sistema tributario de entonces. Este trabajo administrativo conel paso del tiempo se convirtió en un documento histórico de primer orden paras conocer cómo eran las ciudades y aldeas castellanas del siglo XVIII.

Las Respuestas Generales que en 1751 ofreció Leganés a las 40 preguntas del Interrogatorio del Catastro y las Notas de comprobación realizadas tres años después por el contador provincial Martín de Abarrategui, que verifican o corrigen los datos aportados por los vecinos y autoridades locales, son una fuente historiográfica fundamental para el estudio de la localidad en el siglo XVIII. Pues, como dice la introducción del cuestionario, su objeto es la evaluación de sus frutos y demás comercios, granjerías, ocupaciones y utilidades que se usan en el pueblo; a través de estas informaciones se pueden reconstruir importantes aspectos de la vida económica y política de Leganés, así como del quehacer cotidiano de las gentes que lo habitaron en ese tiempo. Las conclusiones que se desprenden de estos dos documentos por su extensión e importancia histórica merecen un monográfico en algún próximo número de esta revista, pero sirva este artículo como un pequeño avance.

Lo primero que destaca son las discrepancias que aparecen entre ambos documentos en relación al valor de las rentas y de los beneficios de oficios y propiedades –de un 30 %-; que demuestran el claro intento del vecindario y autoridades locales por ocultar parte de la riqueza de la localidad. Unas omisiones u ocultamientos que se comprueban en todos los sectores de la actividad económica local. Las autoridades de la villa de Leganés que participaron en la redacción del cuestionario fueron los dos alcaldes y los cuatro regidores del municipio, un procurador del Común y una serie de vecinos labradores y hortelanos de más edad en calidad de peritos inteligentes y prácticos en el suelo y tierras del término.

La población rondaría los 1.700 habitantes que se distribuían en unas 400 casas casi todas muy humildes. Cifras que nos hablan de un cierto estancamiento del crecimiento de la población en relación a datos de fuentes históricas anteriores y posteriores.

En cuanto a la configuración de la población existían pocos nobles; apenas una docena de hidalgos, aunque tres casas tituladas tenían una fuerte presencia en la villa: por un lado el marqués de Leganés que era el señor de la villa y cuyo mayorazgo estaba por entonces agregado a la casa de Altamira; y el marqués de San Vicente del Barco y el conde de Torrubia. También existía un importante grupo de población de dicado a actividades mercantiles y de servicios, si bien la mayoría eran agricultores y hortelanos. Resulta destacable que la principal actividad económica relacionada con la ganadería sea el elevado número de palomares que existían en Leganés.

Señalar que había pocos clérigos y que un 10 % de la población se declaraba como pobre, sin duda esta cifra elevada se debía a la existencia en la localidad de dos hospitales dedicados a la atención de los pobres enfermos de esta villa (y de Villaverde) y viandantes. El hospital más importante era el de la Santísima Trinidad fundado en 1623 de acuerdo a las disposiciones testamentarias de Juan Muñoz, miembro de una de las familias leganenses principales.

En resumen, Leganés en estos años del siglo XVIII se conforma como una villa señorial que basa su riqueza en el sector agrícola, y en concreto en el regadío, pues aunque sólo el ocho por ciento de la superficie cultivada es ocupada por huertas, éstas contribuyen en dos terceras partes del total de la producción agrícola con una significativa presencia de pequeños propietarios y una prosperidad que alcanza a diversos sectores y reduce el número de pobres; estos beneficios del campo posibilitan la existencia de otras actividades y oficios urbanos que generan un incipiente mercantilismo siempre vinculado a la demanda de productos de Madrid.

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 14, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2011

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Leganés según las respuestas del Catastro de Ensenada. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2011/05/31/leganes-segun-las-respuestas-del-catastro-de-ensenada/). 2010

25 abril 2011

La Tierra plana

Filed under: Edad Moderna,Historia,Personajes,Siglo XIX,Siglo XX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 10:40 pm
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La Tierra plana en el Océano mítico

Cuando escarbas un poco por la red son innumerables los temas curiosos que florecen. Sin ir más lejos, el otro día me encontré una página de una sociedad que defiende y argumenta que la tierra es… ¡plana! Hace tiempo que quería escribir una nota sobre este tema; en relación a la falsa creencia, muy extendida, de que hasta que Cristóbal Colón descubriera América se pensaba que la Tierra era plana.

La verdad es que la esfericidad de la Tierra no se ponía en entredicho por nadie del mundo del conocimiento de la época de los Descubrimeintos; otra cosa bien distinta era la imaginería popular, donde la idea de un planeta plano sí se mantuvo durante mucho tiempo. Incluso se llegó a decir que lo del “huevo de Colón” era un intento desesperado del genovés de sacar del error a los consejeros de los reyes católicos (que no fueron monjes de la Inquisición como se puede leer por ahí). Lo cierto es que las objeciones que los pensadores e intelectuales castellanos le pusieron a Colón cuando expuso su viaje a Cipango (Japón) por el oeste, eran razones científicas, mensurables y de gran rigor intelectual; fundamentalmente basadas en los cálculos de Eratóstenes y que demostraban el error de Colón al considerar el tamaño de la Tierra mucho más reducido del real: Colon creía que Cipango estaba a 5.000 km, mientras que los geógrafos castellanos afirmaban que estaba a 10.000 (distancia entre Cádiz y Tokio 11.260 km). Y todas se demostraron ciertas y hubieran significado la perdida de la expedición en el Océano de no haber hallado Colón en su camino las islas caribeñas. Además, en ningún escrito de Cristóbal Colón se alude a que hubiera tenido que convencer a nadie de que la Tierra era redonda

La esfericidad de la Tierra estaba planteada ya por los filósofos griegos y está plenamente definida en el siglo II con la obra de Tolomeo que establece ya sistemas de coordenadas de latitud y longitud con 360 grados. Y Eratóstenes ya midió la circunferencia de la tierra en el siglo III, obteniendo unos resultados que aún hoy asombran por su grado de certeza a pesar de los rudimentarios sistema de medición (la sombra proyectada por un testigo de igual altura a la misma hora en dos lugares diferentes); eso sí, el proceso lógico matemático que le permite definir el experimento es de la máxima brillantez y agudeza intelectual (y merece una entrada ex professo). Incluso uno de los grandes padres de la Iglesia, San Agustín en el siglo V, no concebía otra forma de la Tierra nada más que la esférica, si bien negaba la posibilidad de que existiesen los “antípodas” o habitantes del “otro hemisferio”. Aunque no faltaron pensadores clásicos y cristianos que afirmaron la idea de una Tierra plana: Lactancio, San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo, Cosmas Indicopleustes, etc, la escasez de referencias a estos pensadores en las cosmografías y topografías medievales hacen pensar en su nula influencia.

Moneda del emperador Leoncio (705) portando el globus cruciger

Portada del Sphaera Mundi

Como evidencia tangible de la concepción en la antigüedad de la Tierra como una esfera, reseñar que existe un símbolo cristiano medieval (si bien de origen pagano) que simboliza el poder de Cristo en el mundo, en el cual la Tierra se representa como una esfera. Se trata del llamado Orbe (globus cruciger), que se utiliza al menos desde el Imperio bizantino y que luego se repitió profusamente en la Edad Media y aún hoy lo vemos como parte de la mayoría de las coronas egregias europeas. En fin, el manual de astronomía de las universidades europeas del fin del medievo se titulaba,… tachín, tachán: ¡De Sphera Mundi!, obra de Juan de Sacrobosco, cuya primera edición data de 1472.

Bueno, pues a pesar de todo esto, es muy frecuente encontrar a gente que cree que en la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana. La creencia surge de publicaciones norteamericanas (en concreto: «La vida y viajes de Cristóbal Colón», de Washington Irving ―autor entre otros relatos de «La leyenda de Sleepy Hollow», que seguro que nos suena por la peli de Tim Burton―, en 1828) que quisieron dotar a Colón de una clarividencia ajena a su tiempo y de un halo romántico del cual carecía, mostrándonos a este marino como casi un enviado de Dios para descubrir el continente americano. Cuando, bien al contrario, Colón murió negando que su descubrimiento fuera ningún nuevo continente; incluso cuando pisó las costas continentales (en la actual Venezuela) pensaba que se trataba de una nueva isla y acusaba de falsarios a los que afirmaban que era un nuevo continente. Pero esta idea arraigo en el mundo anglosajón y aún hoy se puede leer en libros de texto que en la Edad Media se creía que la Tierra era plana.

Imagen del libro Astronomía Zetética: la Tierra no es un globo de Samuel Rowbotham

Sin duda este ambiente propició que en el siglo XIX surgiera en la vieja Inglaterra una corriente seudocientífica que pretendía poner en valor “la verdad” revelada por Dios en la Biblia frente a los avances científicos de este siglo que la ponían en entredicho. Como parte de esta corriente surgió la figura de Samuel Birley Rowbotham (1816-1884), que bajo el pseudónimo de “Parallax” estableció lo que el llamó Astronomía Zetética (termino filosófico griego que significa búsqueda, inspección, investigación,…) y que define la tierra como un disco plano cuyo centro es el polo norte y sus bordes los forma un muro de hielo que correspondería con la Antártida. Sus seguidores formaron la Sociedad Zetética Universal que llegó a publicar una revista donde exponían sus experimentos y polemizaban con todo aquel que opinara de diferente forma. Este movimiento fue progresivamente decayendo hasta caer en el olvido. A principios del siglo XX esta cosmografía, junto con la corriente creacionista, se revitalizaron gracias al auge de las sectas cristianas en Estados Unidos. En particular fue muy importante la Iglesia Católica Cristiana fundada por John Alexander Dowie y continuada por Wilbur Glenn Voliva que mantuvieron viva esta idea hasta mediados de siglo en Zión (Illinois) donde se fundó una ciudad teocrática.

Pero hubo que esperar a que Samuel Shenton creara la International Flat Earth Society en 1956 como heredera de la astronomía zetética, para que se revitalizara esta idea. A partir de que el mundo entrara en lo que entonces se llamó como era espacial, esta corriente, curiosamente, obtuvo un cierto auge. El 24 de diciembre de 1968, la tripulación de la nave Apolo 8 tomó una foto conocida como “el amanecer de la Tierra” desde la órbita lunar en la cual por primera vez se fotografía a la Tierra completa. Los viajes espaciales dejaron claras e irrefutables evidencias de la esfericidad de la Tierra, que dejó de ser una verdad lógica para convertirse en una verdad empírica apreciable incluso por un niño; pero estas evidencias no arredraron el ánimo de estos visionarios sino que como los toros bravos se crecieron con el castigo y comenzaron a desarrollar una febril actividad que se extendió por la casi totalidad el mundo: en cualquier parte que se hablara de la carrera espacial ahí estaban ellos para poner el contrapunto y generar el debate.

El amanecer de la Tierra

La International Flat Earth Society catalogó esa imagen (y todas las demás de los programas Apolo, Soyuz, etc.) como falsa y como parte de una conspiración universal de agencias espaciales, gobiernos y científicos. También fue esta sociedad la primera que puso en cuestión la verosimilitud del alunizaje televisado mundialmente del Apolo XI en 1969, diciendo que se trataba de un montaje de las autoridades y que fue una grabación cinematográfica dirigida por Arthur C. Clarke (autor del relato y del guión «2001 Odisea en el espacio» en 1968), lo que aún hoy es un tema extendidísimo por la red y una certeza para millones de estadounidenses y para otros muchos millones de personas (entre las cuales se encontraba mi madre). Y como mejor prueban dicen que las históricas palabras del astronauta Neil Armstrong: “Un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la Humanidad”, solo pueden ser fruto de un avispado guionista de cine. Cosas como estas han convertido a esta sociedad en uno de los principales soportes de las teorías conspirativas globales (¡Huy!, perdón,… mejor: discales).

Shenton murió en 1971 y el relevo al frente de esta sociedad lo cogió el norteamericano Charles Kenneth Johnson quien, acompañado de su mujer Marjory, continuó la frenética actividad de su antecesor, hasta que en 1995 se incendiara su casa (y sede de la sociedad) de Lancaster, California. Con el fuego se destruyeron la casi totalidad de los archivos y documentos de la sociedad que llegó a contar con más de 3.000 miembros. Este suceso y la avanzada edad del matrimonio Johnson hicieron que la sociedad volviera a declinar, hasta prácticamente desaparecer, tras la muerte de su presidente en 2001 a los 76 años.

En estos momentos la International Flat Earth Society sigue existiendo formalmente, si bien su actividad ha disminuido notablemente, después de que fuera “resucitada” en 2004 por Daniel Shenton (sin relación familiar con Samuel Shenton). La sociedad, que admite miembros desde octubre de 2009, la integran 238 personas, según su propia relación de socios. La sede de la sociedad ahora es más virtual que física y puede encontrarse en la dirección web: http://theflatearthsociety.org/.

El actual presidente de la sociedad es un joven virginiano de 34 años que vive en Londres y su inspiración para refundar la sociedad le llegó tras escuchar en el 2004 el LP de Thomas Dolby The Flat Earth, disco que había sido editado veinte años atrás (aquí el video de la canción). Fruto de esta inspiración, el socio nº 1 y de honor de la International Flat Earth Society es el propio Thomas Dolby. En una entrevista publicada por El País el 19 de marzo de 2010, Daniel Shenton, tras decir que su trabajo no se trata de ninguna broma, afirma que el problema no está en la ciencia, sino “en la aceptación ciega de sus postulados sin preocuparse por investigarlos”. De todas formas, dice que acepta otras teorías muy cuestionadas por los apologéticos bíblicos como son la de la evolución de las especies de Darwin o el cambio climático.

Los principios programáticos de esta sociedad son: observar cuidadosamente, pensar libremente, redescubrir hechos olvidados y oponerse a asunciones teóricas dogmáticas, ayudar a establecer los Estados Unidos del Mundo en esta Tierra plana y reemplazar la religión de la ciencia… ¡por cordura! (Chapeau)

El disco terráqueo

El último modelo del mundo propagado por la sociedad sostiene que los humanos vivimos en un disco de unos 40.000 km de diámetro, con el Polo Norte en su centro y un inaccesible cordón glacial de 45 metros de alto como límite exterior, que se correspondería con el que comúnmente se conoce como continente antártico (en consecuencia también niegan las expediciones trasantárticas y afirman que las exploraciones se limitaron a recorrer un espacio dentro del borde de hielo). En este modelo, la Luna sólo tiene 51 km de diámetro (3.456, según los astrónomos) y dista de la tierra unos 400 km (en vez de 380.000). El Sol es ligeramente mayor que la Luna, 52 km de diámetro, y se encuentra a 500 km de nosotros (nada que ver con los 1.392.000 km de diámetro y los 150 millones de distancia de la astronomía científica). Estos astros, conjuntamente con las estrellas, rotan teniendo el centro del disco terráqueo como eje. Además, la Luna emite luz propia y el disco terráqueo flota sobre el agua bíblica. De todas formas, en algunos aspectos son menos intransigentes, y así aceptan la tectónica de placas y que una serie de cataclismos rompieron la masa única de tierra original dando lugar a la configuración actual de continentes e islas. Pero, incluso dentro del colectivo que defiende esta cosmología hay opiniones diferentes, así para algunos la Tierra además de ser plana es… ¡horizontalmente infinita! y se estira horizontalmente sin cesar.

La Tierra plana

Emblema ONU

Lo curioso es que la representación gráfica de la cosmología de las teorías de la Tierra plana ofrece un mapa que recuerda indudablemente al símbolo de las Naciones Unidas, hecho que Charles K. Johnson citaba como prueba de sus afirmaciones: “el símbolo es así porque ellos saben que la Tierra es realmente así”. Lo cierto es que el símbolo de las naciones Unidas (aprobado en 1946) se trata de una proyección de la Tierra equidistante acimutal centrada en el Polo Norte que se extiende hasta los 60 grados de latitud sur y cuyo centro corresponde al meridiano 0 (en la primera versión el meridiano central era el 90, quedando Estados Unidos en el Centro, pero resultaba demasiado escandaloso).

Ningún científico (que merezca esa denominación) ni tan siquiera algún grupo religioso de cierta implantación (si bien existen corrientes musulmanas que aceptan el mito) defiende los postulados de la Tierra plana, lo que ha llevado a esta sociedad a convertirse en un referente a la hora de referirse al pensamiento dogmático y la adherencia irracional a las tradiciones. En este sentido, el término “Flat-Earther” (trad. libremente como Tierraplanista) se usa en inglés para referirse a una persona que repudia los avances basados en el consenso científico y que, por extensión, vive anclada en la tradición acientífica.

Charles K. Johnson

Para terminar algunas afirmaciones que Charles K. Johnson escribió en sus boletines:

Nosotros afirmamos que la llamada ‘Ciencia’ actual y los ‘científicos’ consisten en la misma vieja banda de doctores brujos, magos, cuentistas, los ‘Clérigos-Actores’ para la gente común. La ‘ciencia’ consiste en un extraño potaje oculto de basura teorico-teológica… sin relación con el mundo real de los hechos, la tecnología y la invención, de altos edificios y veloces coches, aeroplanos y otras cosas Buenas y Reales de la vida; la tecnología no tiene ninguna relación con la red de estúpidas teorías científicas. TODOS los inventores han estado en contra de la ciencia. Los hermanos Wright dijeron: “La teoría científica nos reprimió durante años. Cuando abandonamos toda ciencia, empezamos desde un experimento y experimentamos, entonces inventamos el aeroplano.” Por cierto, todos los aeroplanos vuelan a nivel en esta Tierra Plana.

Curioso, ¿verdad? Pero esto no es lo más raro, pues buscando información para este artículo he encontrado que existe un buen número de gente que afirma que la Tierra es una esfera… ¡HUECA! Merece otro post.

Referencias en la red:

© Francisco Arroyo Martín. 2011

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La Tierra plana. http://elartedelahistoria.wordpress.com. 2011

7 diciembre 2009

La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés


Reseña biográfica del marqués de Leganés

El Marqués de Leganés de Rubens

El I marqués de Leganés se llamaba Diego Messía y Guzmán y era el cuarto hijo del conde de Uceda [ojo no confundir con el duque del mismo nombre]. Este personaje tuvo la suerte de ser primo del conde duque de Olivares, todopoderoso valido de Felipe IV; y gracias a este parentesco, e imagino que alguna valía suya, pudo ascender en el escalafón militar, social y económico de su época. Llegó a ser general de los ejércitos del rey católico en Flandes, Portugal, Alemania y Cataluña; gobernador de Milán, presidente del Consejo de Flandes, y bastantes más cosas. Tuvo algunos éxitos sonados en su azarosa vida militar, destacando la victoria sobre los suecos en Nördlinguer (1634) o el victorioso socorro de Lérida de 1647; junto con otros sonoros fracasos: en Lérida en 1642 o en la toma de la fortaleza de Casale (1639).

Siendo apenas un adolescente viajó a la corte de Bruselas, en calidad de menino de la infanta Clara Isabel de Austria (hermana de Felipe III); con breves estancias en Madrid, pasaría veinte años en la capital belga, donde pudo medrar en esta corte y alcanzar una cierta notoriedad y riqueza. Fama y fortuna que se multiplicaron cuando su primo el conde duque de Olivares alcanzó la privanza del joven Felipe IV.

Este auge social le permitió la compra de los derechos señoriales de la entonces aldea de Leganés (que desde ese momento pasó a ser villa), allá por 1626, por unos 20.000 ducados [una verdadera fortuna] y convertirse así en señor de vasallos, requisito imprescindible para poder gozar de un título nobiliario. En estas, al año siguiente, el rey Felipe IV le otorgó el título de Marqués de Leganés, título con el que alcanzaría la Grandeza de España en 1641; en tan sólo catorce años pasó de ser un simple caballero de Santiago a Grande de España, algo no muy habitual en la época. Una vez titulado se cambió el nombre y pasó a llamarse Diego Felípez de Guzmán, en honor a sus benefactores.

En su vida se le acusó de aprovecharse de sus cargos y de enriquecerse ilícitamente; tras la muerte de su protector (Olivares, en 1643), sufrió un duro proceso judicial en que le acusaron de ladrón y de cobarde en el sitio de Lérida de 1642, pero de este juicio salió absuelto y volvió a dirigir los ejércitos de Felipe IV en la guerra franco-catalana y portuguesa en los años siguientes.

Murió en 1655 en su espléndido palacio que se situaba entre las actuales calles de San Bernardo, Flor Alta, Libreros y Marqués de Leganés de Madrid. Aparte de este palacio tuvo otra grandiosa casa en Morata de Tajuña (los herederos al marquesado de Leganés son marqueses de Morata) y en nuestra ciudad una casa de campo, a la que se referían como la “Huerta de Leganés” en la vega del arroyo de Butarque. En estas viviendas estaba diseminada su magnífica colección de pinturas, que llegó a contar con 1.333 obras en el momento de su muerte, siendo una de las mayores colecciones privadas de arte de su época, no sólo de España sino de toda Europa.

La línea del marquesado quedó sin sucesión directa tras la muerte sin descendencia del nieto del primer marqués en 1711, así el título familiar pasó a engrosar la ya gruesa lista de títulos de la Casa de Altamira que llegó a tener acumuladas ¡14 Grandezas de España! Actualmente el título de marqués de Leganés (el XIV) lo posee Gonzalo Barón y Gavito (que es también duque de Sessa, de Atrisco y conde de Altamira entre otros títulos) y parece que vive en México D.F.

El coleccionismo de arte en el siglo XVII

La Vista de Jan Breughel y Rubens

En el siglo XVII hubo una verdadera fiebre por el coleccionismo; por cualquier serie de artilugios u objetos que alguien pueda imaginar: calaveras enanas, relojes, autómatas, fósiles, ídolos aztecas que se traían de América o los finos y delicados cristales de Murano, conchas marinas, estatuas romanas,…; cualquier cosa podía ser objeto de colección de los espíritus caprichosos y asombradizos de la nobleza de la época. Las colecciones se acumulaban en las lujosas cámaras de sus mansiones y ellos competían orgullosos por mostrarlas a todo el mundo. Tal fue su profusión que se llegaron dividir y clasificar de sugerentes maneras; así a las colecciones de artilugios originados por el ingenio humano las llamaban “artificialias”, y “naturalias” a las que producía la naturaleza.

La nobleza no hacía con esta costumbre otra cosa que copiar a los reyes, que eran los primeros en acumular objetos y artefactos para su distracción, solaz y deleite. Y el arte pictórico (en todas sus manifestaciones: lienzo, tabla, tapiz, grabado, etc.) no podía ser menos. En la España del siglo XVII destaca la figura de Felipe IV, que atesoró una innumerable colección de pinturas. Tres razones influyeron en este afán real: el propio gusto personal del monarca, la presencia de Velázquez como primer pintor real y la ornamentación del palacio del Buen Retiro como obra arquitectónica más señalada de la época. Pero de todas formas, no hacía otra cosa que seguir el modelo de su abuelo, Felipe II, a quien, por su pasión por los libros y códices antiguos, debemos que España posea la más completa biblioteca medieval del mundo en El Escorial.

Las salas del palacio del Buen Retiro de Felipe IV albergaron la mejor y más completa pinacoteca de su época, con cuadros de todas las escuelas y géneros pictóricos, que además era uno de los primeros ejemplos de una colección organizada con algún criterio específico: sala de paisajes, sala de retratos, sala de bufones, sala de las batallas, etc.

En este ambiente no es raro que las colecciones se prodigarán entre la nobleza española del siglo XVII. Destacando las colecciones del duque de Monterrey, marqués de Leganés, conde de Benavente, marqués de la Torre, Jerónimo Villafuerte Zapata, Juan de Velasco, Juan de Lastosa, Jerónimo Funes Muñoz, Suero de Quiñones o Juan de Espina, entre otras muchas dignas de reconocimiento. La visita, admiración y elogio, en su caso, de las colecciones era actividad obligada en la sociedad de la época; muchos grandes literatos nos dejaron glosas de las mismas: entre otros, Gracián, Carducho o el mismo Quevedo.

Por referir algunas de las colecciones más curiosas, citaré la de Juan de Velasco que se componía de curiosidades de la naturaleza y de multitud de autómatas. O la de Juan de Lastosa, en Huesca, que reunía una serie de autómatas que representaban a los más diversos animales salvajes, reales o ficticios: dragones, leones, leopardos, grifos, elefantes, rinocerontes, camellos, panteras, tigres,… O la colección de primorosos instrumentos musicales que, entro otras muchas series singulares, poseía el enigmático madrileño Juan de Espina, quien ordenó en su testamento la destrucción de una colección de figuras humanas de damas y galanes que tenía dispuestas por los corredores de su casa en fingidas fiestas (¿y bacanales?).

El marqués de Leganés es un fiel exponente de esta costumbre, que en su caso casi se convirtió en una obsesión. Es asombroso el número de artilugios que atesoraba en sus casas según se desprende del inventario que se hizo de sus bienes tras su muerte: relojes [algunos con autómatas, como en la plaza Mayor de Leganés; ¡Cuántas vueltas da el mundo!], espadas, piezas de artillería, estatuas (entre ellas una veintena de bustos de bronce de emperadores romanos), espejos,… Vicente Carducho, en sus Diálogos de la pintura (Madrid, 1633), destaca de la colección del marqués de Leganés, además de sus cuadros, su “muchedumbre” de ricos muebles y sus “espejos singulares“, así como sus “relojes extraordinarios“. En verdad, un sin fin de objetos, pero lo verdaderamente asombroso era su colección de pinturas: ¡más de 1.300 pinturas poseía el buen señor! Tan sólo por el número ya sería extraordinaria [el palacio del Buen Retiro tenía unos 800 cuadros], pero lo verdaderamente importante era la calidad de gran parte de las obras que contenía. Pero no fue el único potentado enamorado del arte, también eran notables las colecciones de pinturas del conde de Monterrey, del marqués de Castel Rodrigo, del almirante de Castilla, del duque del infantado o la del protonotario Jerónimo de Villanueva; y no sólo los nobles acumulaban pinturas, sirva como ejemplo que Las Hilanderas de Velázquez pertenecía a la esplendida colección del “plebeyo” Juan de Arce.

La colección de arte del marqués de Leganés. Inventario de la colección

El marqués de Leganés fue uno de los principales coleccionista de arte de la España del barroco, e incluso de toda Europa; poseyó obras de autores españoles, italianos y, sobre todo, flamencos. Aparte de su gusto por las obras pictóricas, Leganés contó con dos grandes ventajas para desarrollar su pasión por los cuadros, primero una fortuna personal que le permitió adquirir obras de los pintores de mayor renombre, y, en segundo lugar, una actividad diplomática, militar y política que le permitió viajar por Europa y acceder a los más prestigiosos artistas de su época, en particular debieron de ser muy fructíferas sus prolongadas estancias en los Países Bajos e Italia.

El Marqués de Leganés. Antón van Dyck

El Marqués de Leganés de Antón van Dyck

La colección de don Diego Felípez de Guzmán, incluía en 1655, año en que muere el marqués, 1.333 obras, reunidas a lo largo de toda su vida, especialmente en los años en que tuvo mayor auge su carrera política y militar. La mayor parte de las obras eran de pintura flamenca de su época, con cuadros de Rubens, van Dyck, Jordaens, Snyders, Paul de Vos, Gaspar de Crayer, Daniel Seghers, Frans Zinder, Clara Peeters, Alexander van Adrianssen, Frans Ykens, Paul Bril, Jan Brueghel de Velours, Joost de Romper, Jan Wildens,…; con muchos de estos pintores mantuvo incluso un trató personal en diversas ocasiones. En particular debió ser muy cercana su relación con Rubens, a quien conoció en su estancia juvenil en Flandes; tanto, que cuando este pintor estuvo en Madrid en los años 1628 y 1629 (curiosamente para una misión diplomática: negociar, por orden de Felipe IV, un tratado de paz con Inglaterra) se hospedó en la casa del marqués, para quien realizó varios cuadros, entre los que destaca el de “Inmaculada Concepción” (museo del Prado); cuadro que el marqués regalaría a Felipe IV. Rubens alabó el juicio artístico del marqués de Leganés con estas palabras: Se puede contar entre los más grandes conocedores del arte de la pintura que hay en el mundo. La colección se completaba con un buen número de obras de los más afamados pintores flamencos de los siglos XV y XVI: Jan van Eyck, Roger van der Weyden, El Bosco, Patinar, Metsys, Mabuse, Antonio Moro y Quintin Massys.

También era muy importante la presencia de los artistas italianos en la colección, ya que contaba con obras de los principales pintores del Renacimiento, como Rafael, Veronés, Tiziano, Correggio, Palma el Viejo, Perugino, Andrea del Sarto, Giorgio di Castelfranco, Giorgione, los Bassano,… La serie de pintores italianos se completaba con un buen número de cuadros de autores pertenecientes al manierismo y al barroco italiano: Bronzino, Giovanni Battista Crespi, Lodovico Cigoli, Guido Reni, Francesco del Cairo, Gaudenzio Ferrari, Giovanna Garçoni, Paris Bordone, Rosso Florentino o Scipione Gaetano.

En comparación con la presencia de cuadros flamencos, las obras de la escuela española era mucho menos importante en el conjunto de la colección, pero de todas formas no faltaban cuadros de las mejores figuras de su época, incluyendo obras de Velázquez, José de Ribera, Juan van der Hamen, Francisco Collantes o Juan Fernández “el Labrador”. La serie española se completaba con cuadros de artistas de finales del siglo XVI, como Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Juan Fernández de Navarrete “el Mudo” o el Greco. Finalmente había un extenso complemento de retratos de familia, escudos de armas y paisajes de autores anónimos.

Esta magnífica colección de obras de arte se mantuvo prácticamente intacta durante los siglos XVII y XVIII. En la propia Casa de Leganés hasta 1711, año en el que muere el III marqués de Leganés sin descendencia directa. Tras esta muerte, el mayorazgo, el título y la colección de pinturas del marqués de Leganés pasaron a engrosar los bienes de la Casa de Altamira, donde la colección permaneció prácticamente indivisa hasta que la ruina económica de esta Casa nobiliaria a principios del siglo XIX, llevó a que gran parte de esta colección se subastara públicamente el almoneda en 1833; uno de los principales compradores fue el marqués de Salamanca, quien a su vez se vio obligado a subastar al menos otros cuarenta cuadros en París en 1867. De esta forma se produjo la dispersión absoluta de la colección ante la indiferencia de un estado español que entonces no alcanzó a comprender el expolio cultural que se estaba produciendo. Hoy sus cuadros identificados (ni de lejos lo están todos) aparecen diseminados por todo el mundo en los más importantes museos y en las mejores colecciones privadas de arte (Prado, Rubenshuis, Palacio de Viana, National Galery of Washington, Cerralbo, Castres, Museum of Fine Arts, Kaiser Friedrich, Royaux des Beaux-Arts de Belgique, Graphische Sammlung Albertina, Paul Getty, Várez-Fisa, Naseiro, marqueses de Ayamonte, Banco Central,…)

Algunas de las pinturas de la colección del marqués de Leganés que pueden verse en el museo del Prado

Son numerosas las obras pertenecientes al museo del Prado que en su momento formaron parte de la colección de pinturas del marqués de Leganés, muchas de las cuales no se encuentran en la exposición permanente del museo y esperan en sus depósitos una oportunidad para que puedan ser admiradas.

Como un pequeño botón de muestra en este artículo quiero presentar media docena de estos cuadros que integran la exposición permanente del museo y otro más que inexplicablemente se oculta ordinariamente a los visitantes. Me refiero a La Inmaculada Concepción de Rubens; sirva también este artículo como instancia a quien corresponda y pueda para que se incluya a ser posible en la exposición permanente del prado.

Vieja mesándose los cabellos de Quintin Massys

Vieja mesándose los cabellos de Quintin Massys (¤ Lovaina, 1465; † Amberes, 1530), después de 1501, óleo, 55 cm x 40 cm [cat. Prado 3074; inventario marqués Leganés nº 33]

Se trata de la representación de una figura femenina de medio cuerpo que sobre un fondo negro aparece en una posición muy forzada y mesándose los cabellos. Sobre el valor simbólico de la obra se ha pensado que pueda tratarse de una alegoría sobre la Envidia o la Ira, que solían representarse con gestos grotescos y estrambóticos. Los estudios pictóricos que trataba de representar los gestos exagerados con escorzos casi imposibles fueron muy habituales en los pintores renacentistas.

Quintín Massys es el máximo exponente de la escuela de Amberes y fue un pintor que conoció y trató con Erasmo y Tomás Moro y puso el arte pictórico al servicio del humanismo.

 

 

 

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Federico Gonzaga, duque de Mantua de Tiziano

Federico Gonzaga, duque de Mantua de Tiziano Vecellio (¤ Pieve di Cadore, h. 1485; † Venecia, 1576), 1529,óleo sobre tabla, 125 cm x 99 cm, [cat. Prado 408; inventario marqués Leganés nº 14]

Es el retrato de Federico Gonzaga (1500-1540), duque de Mantua. El príncipe italiano aparece vestido con un elegante jubón de seda azul, y se destaca en la composición el rosario que le cuelga del pecho y el perro maltés que acaricia con la mano derecha mientras con la izquierda sujeta la espada. Todos estos elementos no se deben al azar, sino que obedecen a una simbología muy concreta: se trata de un cuadro destinado a copiarse y distribuirse por las cortes europeas para buscar esposa; el perro significa la fidelidad conyugal y el rosario el arrepentimiento de la vida disoluta que había llevado. Toda una declaración de intenciones.

Tiziano es uno de los más versátiles pintores del renacimiento italiano y destacó por la maestría en el uso del color, siempre luminoso y radiante.

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Acto de devoción de Rodolfo I de Habsburgo de Rubens

Acto de devoción de Rodolfo I de Habsburgo de Pedro Pablo Rubens (¤ Siegen, 1577; † Amberes, 1640) y Jan Wildens (¤ Amberes, 1586; † Amberes, 1653), antes de 1630, óleo, 198 cm x 283 cm, [cat. Prado 1645; inventario marqués Leganés nº 105]

La escena narra un episodio de la vida de Rodolfo I, fundador de la dinastía de los Habsburgo.

Según la tradición familiar Rodolfo estaba de caza con su escudero, Regulo de Kyburg, cuando se encontró con un sacerdote y un sacristán que llevaban la eucaristía a un moribundo. Ni corto ni perezoso, Rodolfo cedió sus cabalgaduras a los religiosos para que acudieran prestos a salvar el alma del moribundo, demostrando así su devoción por el sagrado sacramento. Es curioso que lo que no pasa de una anécdota, para los Austrias fuera un hecho clave para su bagaje familiar y dinástico. El paisaje es obra de Wildens y las figuras de Rubens.

Jan Wildens era un pintor flamenco que trabajó en el taller de Rubens, especializándose en la representación de coloridos y equilibrado paisajes, como el de esta obra.

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La visión de San Huberto de Rubens y Jan Brueghel ‘el Viejo

La visión de San Huberto de Rubens y Jan Brueghel ‘el Viejo’ (¤ Bruselas, 1568; † Amberes, 1625), entre 1615-1620, óleo sobre tabla, 63 cm x 100 cm, [cat. Prado 1411; inventario marqués Leganés nº 38]

La escena narra el momento de la conversión de san Huberto. El santo se encontró a un magnífico ejemplar de ciervo cuando participaba en una batida de caza. Justo cuando se disponía a asaetarle contempló la aparición de una cruz entre las astas del animal, momento en el que se produjo su conversión al cristianismo. Este santo vivió en Lieja, en los Países Bajos, y su conversión fue ampliamente representada por los pintores flamencos.

El cuadro es fruto de la colaboración entre Rubens y Brueghel; de la mano del primero son los personajes del santo y el magnífico caballo y del segundo el esplendió paisaje que enmarca la escena.

Jan Brueghel ‘el Viejo’ fue un prolífico pintor flamenco que se especializó en naturalezas muertas, paisajes y marcos de flores; género muy apreciado por el gusto de la época.

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La muerte de Séneca de Rubens

La muerte de Séneca de Rubens, 1636, óleo, 184 cm x 155 cm, [cat. Prado 3048; inventario marqués Leganés nº 882]

El pintor nos presenta al anciano filósofo desnudo, introduciendo los pies en una bacía, donde parece esperar su muerte. Tras él vemos a un anciano abriéndose las venas (lo mismo que hará el filósofo por orden de Nerón) y un joven tomando nota de las últimas palabras del sabio, acompañado de dos soldados que contemplan la escena.

De este cuadro hay que significar que no existen referencias ambientales, pues las figuras ocupan todo el espacio compositivo, surgiendo a la luz de la absoluta oscuridad, lo que aporta una sensación de ahogo y de angustia que aumenta el dramatismo de la escena. Sensación que se agrava con los escorzos de los personajes, en particular el del mismo Séneca que parece agacharse para entrar en el cuadro. Muchos críticos han querido ver en este cuadro un homenaje de Rubens a Miguel Ángel en la figura del filósofo y a Caravaggio en el uso del contraluz.

Parece que se trata de una obra del taller de Rubens, si bien no existe consenso sobre las partes que fueron pintadas por el genial pintor; tan sólo hay acuerdo en atribuirle la cabeza del filósofo, mientras que el resto está en discusión

Rubens se considera como el representante más genuino y completo del estilo barroco en la pintura de Europa del Norte. Su influencia en la pintura europea fue muy grande gracias a su amplia producción y a la difusión que tuvo su obra por el uso del grabado.

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Retrato de enano de Juan van der Hamen y León

Retrato de enano de Juan van der Hamen y León (¤ Madrid, 1596; † Madrid, 1631), hacia 1616, óleo, 122 cm x 87 cm, [cat. Prado 7065; inventario marqués Leganés nº 541]

El cuadro es de un enano ricamente vestido y armado, que sostiene un bastón de mando en la mano derecha. Este atributo de poder militar solo al alcance de los capitanes generales, no correspondía al retratado. Con seguridad se trata de uno de los bufones que pululaban por la Corte de Felipe IV, a quienes se les vestía con lujo y ostentación al modo de grandes personajes.

En el inventario del marqués de Leganés se le nombra como retrato del “enano del conde de Olivares”, denominación que posiblemente se debía al parecido con el valido del rey. El cuadro formaba parte de una serie de ocho retratos de bufones muy conocidos de la Corte (dos de ellos pintados por Velázquez, según el inventario) que se ubicaban en la casa de campo que el marqués tenía en Leganés. Se trata de un retrato de una factura extraordinaria en el que destaca el delicado detallismo con el que está tratado el terno y especialmente la fuerza expresiva del retratado.

Juan van der Hamen es un pintor español de origen flamenco que es conocido sobre todo como un excelente pintor de bodegones, aunque también realizó pintura religiosa y retratos, como este, de gran calidad.


La inmaculada Concepción de Rubens

La inmaculada Concepción de Rubens, entre 1628 y 1629, óleo, 198 cm x 134 cm, [cat. Prado 1627]

Se trata de uno de las mejores representaciones de la Virgen, que viste una túnica roja bajo un manto azul. Siguiendo la iconografía clásica de este tipo de representación católica, la Virgen se representa coronada de estrellas y pisando la serpiente que porta la manzana del Pecado, significando la victoria de la madre de Dios sobre le pecado original. Este triunfo también se representa en las palmas y laureles que portan los ángeles que la acompañan. El arrebato de los ropajes deja entrever una composición muy “escultórica” que resalta las formas y los volúmenes del cuerpo de la Virgen.

Este cuadro pintado durante la estancia del pintor en Madrid en 1628, refleja las características del más puro estilo de Rubens, combinando el dinamismo compositivo propio del barroco con el ideal de belleza sereno y clásico que refleja el rostro de la Virgen.

El cuadro está pintado para el marqués de Leganés, quien, a buen seguro que con dolor, se lo regala a Felipe IV, quien lo destinó al oratorio del monasterio de El Escorial. Debido a un añadido que se hizo al original que modificó sus dimensiones, durante muchos años la Inmaculada de Rubens estuvo “perdida”, mientras que en los inventarios de las colecciones reales el cuadro pasó por ser obra de Erasmus Quellinus. Fue Matías Díaz Padrón, en 1966, quien desentramó el equívoco y el cuadro recupero su autoría verdadera.

Sin ningún género de dudas, se trata de una obra de arte de primerísimo orden que merece formar parte de la colección permanente del Prado junto al resto de las obras maestras del autor.

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Bibliografía

Fuentes primarias:

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  • Collection de Documents sur les anciennes Assemblées Nationales de Belgique. Editado por GACHARD, Louis-Prospère, Vol. I y II. Bruselas: Deltombe, 1853.
  • LONCHAY, Henri, CUVELIER, Joseph, LEFEVRE, Joseph. Correspondence de la cour d’Espagne sur les affaires des Pays-Bas au XVIIº siècle. vol. I-V. Bruselas: Marcel Hayez, 1923-1937.
  • Inventario de los bienes del marqués de Leganés, Archivo Provincial de Protocolos de Madrid.
  • RUBENS, Peter Paul. Correspondance de P.P. Rubens. París: G. Grès & Cie, 1927.

Fuentes secundarias

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  • AA.VV. Juan van der Hamen y León y la Corte de Madrid. Madrid: Patrimonio Nacional, 2006.
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  • BENNASSAR, M.B. La España del siglo de oro. Barcelona: Crítica, 1983.
  • BROWN, Jonathan. Felipe IV, Carlos I y la cultura del coleccionismo en dos Cortes del siglo diecisiete. En: AA.VV. «La España del Conde Duque de Olivares». Valladolid: Universidad de Valladolid, 1990.
  • BROWN, Jonathan; ELLIOTT, John H. Un Palacio para el rey. El Buen Retiro y la corte de Felipe IV. Madrid: Revista de Occidente, 1981.
  • BURKE, Marcus B. Private Collections of Italian Art in 17th Century Spain. Tesis doctoral. Nueva Cork: New York University, 1984.
  • CALVO SERRALER, Francisco. Teoría de la pintura del Siglo de Oro. Madrid: Cátedra, 1981.
  • CRUZADA VILLAMIL, Gregorio. Rubens diplomático español: Sus viajes a España y noticias de sus cuadros. Madrid: Imprenta Biblioteca de Instrucción y Recreo, 1874.
  • DÍAZ PADRÓN, Matías. El siglo de Rubens en el Museo del Prado. Catálogo razonado de pintura flamenca del siglo XVII. Barcelona: Prensa Ibérica, 1996.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias. Madrid: Alianza Editorial, 1983.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. La sociedad española en el siglo XVII. Granada: CSIC – Universidad de Granada, 1992.
  • ELLIOTT, John H. El Conde-Duque de Olivares. Barcelona: Crítica, 1991.
  • ELLIOTT, John H., PEÑA, José F. de la. Memoriales y cartas del conde duque de Olivares. tt. I y II. Madrid : Alfaguara, 1978.
  • LÓPEZ NAVÍO, José Luis. La gran colección de pinturas del marqués de Leganés. En Analecta Calsanctiana, Madrid, 1962.
  • LUCA DE TENA, Consuelo, MENA, Manuela. Guía del Prado. Madrid: Silex, 1988.
  • MARAÑÓN, Gregorio. El conde-duque de Olivares. La pasión de Mandar. Madrid: Espasa-Calpe, 1952.
  • POLERÓ, Vicente. Colección de pinturas que reunió en su palacio el marqués de Leganés don Diego Felipe de Guzmán (siglo XVII). En Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, VI, Madrid, 1898-1899.
  • SÁNCHEZ BELÉN, Juan Antonio. Los Austrias Menores. La Monarquía española en el siglo XVII. En Historia 16, serie Historia de España, nº 16, 1996.
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  • Trésor de l’Art Belge en XVII.e siécle. Memorial de l’Exposition d’Art Ancien a Bruxelles en 1910. Bruselas: S.E. Buschmann, 1912-1913.
  • VOLK, Mary Crawford. New Light on a Seventeenth Century Collector: The Marquis of Leganés. En The Art Bulletin, Nueva York, 1980.

URL

Museo del Prado: http://www.museodelprado.es/bienvenido/

Biblioteca Nacional de Madrid: http://www.bne.es/

Ministerio de Cultura, museos: http://www.mcu.es/museos/index.html

La Ciudad de la Pintura: http://pintura.aut.org/

Wikipedia: http://www.wikipedia.org/

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Artículo publicado por el autor en el número 2 de la Revista Cultural EL ZOCO.

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés.http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/12/07/la-coleccion-de-pinturas-del-i-marques-de-leganes/. 2009.

30 julio 2009

Brujería en la España del siglo XVII. El proceso de Zagarramurdi


Brujería en la España del siglo XVII

El proceso de Zagarramurdi

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La Brujería

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII en muchos lugares de Europa y Norteamérica se produjeron las “cazas de brujas” que acabaron con miles de mujeres (los brujos fueron minoría) en la hoguera o degolladas, siendo especialmente diligentes en este aspecto los calvinistas y los luteranos [Lutero llegó a afirmar que los diablos habitaban en "los loros y en las cotorras, en los monos y macacos, para que ellos puedan así imitar a los hombres"]. En España, en ninguno de los territorios que conformaban la monarquía hispánica, se dio este fenómeno con la virulencia que tuvo en estos lugares, donde algunos autores hablan de centenares de miles de condenados a muerte. Esta realidad parece desilusionar a algunos autores y eruditos que hubieran preferidos procesos escandalosos para aumentar la venta de libros, artículos, documentales, etc., pero como lo que se sabe es que aquí se actuó “racionalmente” en comparación con las atrocidades que se dieron más allá de los Pirineos, parece que no es tan llamativo.

Pentagrama

Pentagrama

Este hecho diferenciador hispano (positivo en este caso) tiene varias explicaciones que tan sólo apuntaré. En primer lugar los teólogos hispanos habían sido los principales artífices intelectuales de la contrarreforma católica que culminó en Trento y, por lo tanto, centraron sus esfuerzos en parar las herejías que podían derivar en el protestantismo, aparte de su acoso a los criptojudíos. Por otro lado, la Inquisición española alcanzó tal grado de eficacia que le llevó a desarrollar una profunda reglamentación y metodología en los procesos judiciales que se tradujo por extensión en garantías procesales para los inculpados; claro que hablar de garantías en procesos que admitían la tortura como sistema probatorio es cuanto menos arriesgado, pero en comparación con otros tribunales europeos de la época (tanto eclesiásticos como civiles) sí puede realizarse tal afirmación. Hay que indicar que este fenómeno se produjo en todos los reinos y provincias de la monarquía hispánica a pesar de que cada uno de ellos contaba con tribunales propios y cuerpos legislativos diferentes. Y esto se debe a que la “Suprema” era el único tribunal que tenía jurisdicción en todos los territorios hispánicos, de ahí que los procesos fueran muy similares en todos los lugares al entrar esta práctica dentro de sus atribuciones desde que las Cortes de 1598 acordaran que los delitos de maleficios eran casos privativos de la Inquisición y que las demás autoridades judiciales se debían abstener de intervenir en ellos.

Por último, sin querer agotar las causas, conviene señalar la cotidianeidad de la magia y de lo exotérico en la sociedad española del siglo XVII a todos los niveles: reyes que consultaban astrólogos; validos que hacían conjuros para engendrar; alcahuetas que creaban virginidades y curaban impotencias;… [Nada nuevo: son los mismos temas con los que hoy nos fríen los "spam"]. Incluso Felipe II (el rey Prudente que le llamaban) reunió en su biblioteca numerosos libros con temas que hoy definiríamos como paranormales y sobrenaturales; el propio palacio del Escorial está construido bajo arcanos mágicos de la época; incluso un presidente de la Inquisición recurrió a un niño que se decía que podía hablar con Lucifer para que le preguntara sobre el mal que acechaba a Carlos II (El Hechizado, por cierto). Esta realidad social contribuyó, sin duda, a relativizar las prácticas de la brujería y ajustar mejor su trascendencia.

Esta peculiaridad ha derivado en atribuir a la sociedad intelectual española de la edad moderna una característica denominada “racionalismo hispano”, en la que se basaría su actuación y que se fundamentaba en la negación de la brujería como herejía. De todas formas, los procesos judiciales contra la brujería se sucedieron durante todo el siglo XVII; siendo la gravedad de las penas el verdadero elemento diferenciador, pues estas fueron casi siempre de rango menor y orientadas más a reconducir conductas morales y sociales que a la erradicación de actividades heréticas (que hubieran sido mucho más graves).

El proceso de Zagarramurdi

El Aquelarre o El gran Cabrón. Francisco de Goya

El Aquelarre o El gran Cabrón. Francisco de Goya

Esta tendencia intelectual se plasmó de forma nítida en un hecho histórico que tendría como consecuencia más inmediata que a partir de entonces jamás se produjeran en España juicios multitudinarios y masivos por brujería como los que se produjeron en Europa (en algunos lugares de centro Europa hasta incluso entrado el siglo XIX). Me estoy refiriendo al proceso de brujas de Zagarramurdi.

La historia comenzó en la zona del País Vasco francés de Labourd, adonde se había enviado al juez Pierre de Lencre, consejero y parlamentario de Burdeos de origen vasco (se apellidaba Arostegui) a eliminar los numeroso brotes de brujería que se estaban denunciando en la zona desde hacía unos años. Según este personaje la brujas mataban niños, destruían cosechas, practicaban aquelarres lascivos, misas negras, etc. Este juez con veleidades místicas inició una gran represión que generó un pánico en toda la zona que se extendió a las comunidades vecinas de Navarra, País Vasco y La Rioja

Una joven bruja arrepentida de origen francés inició la espiral de delaciones y acusaciones. Se presentó ante el vicario de Zagarramurdi y denunció a sus cómplices, entre los que se incluían sus propios padres que habían participado en su ritual de iniciación. De esta acusación salieron unos imputados capitales dándose traslado del caso al Consejo provincial de la Inquisición en Logroño, que rápidamente comenzó la investigación. Así los inquisidores titulares, don Alonso Becerra Holguín y don Juan de Valle Alvarado, escribieron, el 13 de febrero de 1609, al Consejo de la General Inquisición de Madrid sobre el proceso que habían instruido contra seis brujas y brujos que así lo habían confesado ante el vicario de Zagarramurdi como brujos y apóstatas. Se trataba de Miguel de Goyburu, “rey de los Brujos”, su esposa Graciana de Barrenechea, “reina del aquelarre”, y las dos hijas y yernos de esta.

23209367Lo curioso fue que estos imputados habían acudido a Logroño a pedir justicia y a acogerse a la gracia que existía para los que voluntariamente se presentaban ante la Inquisición; negaron ante los inquisidores lo que habían afirmado en Zagarramurdi, alegando que fueron forzados a hacer su autoinculpación y que fueron sus vecinos los que levantaron los falsos testimonios sobre ellos. Pero precisamente el vecino que les acompañó como guía afirmó sin vacilar que efectivamente eran brujos al ser interrogado al respecto.

El Consejo de Madrid contestó el 11 de marzo de 1609 señalando el interrogatorio al que se debían someter los inculpados:

Preguntas que se han de hacer a los reos y testigos en materia de bruxas.

1º En qué días tenían las juntas y quanto tiempo estavan en ellas y a qué hora yvan y bolvían y si estando allá o yendo o viniendo oyan relox, campanas o perros o gallos del lugar más cercano y quánto estava el lugar más cercano de la parte donde se juntaban.

2º Si sabían los días y horas en que se havían de juntar; o, si havía alguna persona que las avesava y llamava y quien era.

3º Si tenían maridos, o mugeres, padres o madres, parientes y criados y si dormían en un mesmo aposento y si las hechavan menos alguna vez o vezes o qué es la causa porqué no las hechavan menos o si alguno de los susodichos las han reñido por esto.

4º Si criavan de leche y si llevavan las criaturas consigo, o; a quién las dexavan encomendadas o qué es lo que hazían de ellas.

5º Si y van vestidas o desnudas y dónde dexavan los vestidos y si los hallavan en la misma parte donde, o, en otra.

6º Quánto tiempo tardavan en ir desde sus casas al lugar de las juntas y qué espaçio y trecho ay hasta alla y si topavan a yda o buelta algunas personas y si yvan a prisa, o, despaçio, por sus pies o en pies ajenos, cada una por si, muchas de compañía a la yda y a la buelta; y si estando en las juntas vieron pasar o atravesar por la parte donde se hazían algunos caminantes pastores o otras personas

7º Si yendo o viniendo a las dichas juntas o estando en ellas por nombrar el nombre de I.H.S o por otra causa se han deshecho las juntas o quedadose en el camino sin poder el demonio darles más ayuda.

8º Si se juntan para yr a las dichas juntas y en qué parte, y si dizen algunas palabras y quáles y con qué unguento, y de qué se haze, y quién la haze, y si tienen el unguento o las cosas de qué se haze; y diziendo que la tienen, la haran buscar; y hallado lo muestren a médicos y boticarios para que declaren la confectión de que está hecha y los effectos que naturalmente pueden obrar.

9º Si para yr era necesario que se untasen o si fueron alguna vez y podian yr sin untarse.

10º Si entre junta y junta se communicavan unos con otros tratando de lo que havía pasado en la junta o juntas y de quándo havía de haver otra junta o de otras cosas tocantes a esto.

11º Si se confesavan en ese tiempo y si confesavan estas cosas a sus confesores y quántas vezes las confesaron, y si rescivían el Sanctísimo Sacramento y quántas vezes lo hizieron, y si dizían oraçiones de xrianos y quáles.

12º Si tenían por cierto que ban corporalmente a las dichas juntas o si con el dicho unguento se adormiesen y se les imprimen las dichas cosas en la imaginación o fantasía.

13º Si resultare muertes de niños o de otras personas, o, haver sacado los coraçones a los niños, se procure verificar estos delictos y actos con testigos

14º Quando examinaren algún testigo o reo le pregunten los cómplices y a cada uno de los complices le pregunten lo mismo para ber si contestan en los actos y delictos y en la complicidad, para que mejor se pueda averiguar y aclarar la verdad

El Auto de Fe de Logroño

El tribunal comenzó inmediatamente a realizar las investigaciones que la situación aconsejaba, en el transcurso de las cuales más de 300 personas fueron inculpadas. Los que intervinieron en el proceso de Logroño fueron: el licenciado don Juan del Valle Alvarado, don Alonso Becerra Olguín, de la orden de Santiago, y el licenciado don Alonso de Salazar y Frías, en calidad de inquisidores apostólicos del reino de Navarra y su distrito. También participaron el ordinario del obispado y cuatro consultores, como se desprende de las numerosas actuaciones inquisitoriales que concluirían con un auto de fe celebrado en Logroño los días 7 y 8 del mes de noviembre de 1610. En este auto de fe del total de inculpados salieron 53 sentenciados: 21 con insignias de penitentes; 21 con sambenitos con aspas de reconciliados; 5 estatuas de difuntos; y 6 con sambenitos y corozas de relajados.

webnohuboremedio24Si hacemos caso a la relación del auto de fe [ver más abajo] que imprimió Juan de Mongaston, de los 53 condenados, tan sólo 29 lo fueron por delitos de brujería: los once relajados y 18 de los reconciliados. El resto fueron condenados por otras causas, los penitenciados, que en general llevaron penas de destierro, pecuniarias y en algunos casos galeras, lo fueron por prácticas judaizantes, proposiciones heréticas, blasfemia o por suplantar ministros del Santo Oficio. Los reconciliados fueron por practicar en secreto otra religión diferente a la católica: un judío, un mahometano y un luterano; el resto por brujos. Su pena, en general: sambenito y cárcel de por vida. Los once relajados lo fueron todos por brujos, cinco en efigie por estar ya muertos, y su pena la muerte en la hoguera; todos ellos con asesinatos a su cargo según el tribunal.

En las sentencias de cada uno, se decían cosas horribles: que mataban niños, que chupaban su sangre, que obligaban a ritos horrendos, antropofagia, sodomía, incesto,… Lo cierto es que la lectura de la relación que se adjunta [y que recomiendo] está teñida de tintes tragicómicos; pues, junto a prácticas macabras como puede ser el desenterrar cadáveres para comerlos en el aquelarre, también se cuenta como los brujos y brujas trasformados en animales (gatos, perros, mulas, etc.) se dedicaba a asustar a los solitarios caminantes, o como tenían un sapo vestido que les recordaba las citas de los aquelarres, o encantamientos que los ocultaba de los que no fueran brujos, etc. Destacar, también, los parentescos que en muchos casos los unían: padres e hijos, hermanos, matrimonios, etc.

El Aquelarre. Francisco de Goya

El Aquelarre. Francisco de Goya

Para poder condenar por brujería era necesario que se dieran tres hechos acumulativos: Primero que se hubiera realizado un pacto con el diablo; segundo haber participado en aquelarres o “sabbat” donde se hubiera adjurado de la fe cristiana; y tercero haber usado de poderes sobrenaturales como volar, hacer maleficios, etc. Por eso la relación de delitos es exhaustiva y pormenorizada, tanto que para los once inculpados a muerte dura todo un día y otro para el resto. En algunos casos el número de asesinatos es elevadísimo: a Graciana Berrenechea, “reina del aquelarre”, se le acusó de más de 20 muertes; a las hermanas “María Joanto y María Presoná”, además de otros asesinatos, se les acusó de haber matado a petición del diablo cada una a un hijo de la otra; a María de Iriarte de matar a trece personas de las cuales nueve eran niños;…

La sentencia de Logroño era, sin duda, muy dura, pero consecuente con el “ambiente de la época” en medidas represivas destinadas a eliminar prácticas que pudieran socavar las ortodoxia religiosa; y la invocación y adoración al diablo no dejaban de serlo. Igualmente sus actuaciones son similares y parejas a las utilizadas en otros procesos y todo de acuerdo con el Malleus maleficarum, que fue el manual del juez de delitos de brujería en toda Europa.

Hay que señalar que entre el criterio de Alonso Salazar y los restantes inquisidores desde el momento inicial se produjeron evidentes discrepancias, ya que frente al criterio duro y riguroso de Alonso de Becerra y Juan del Valle, que creen ciegamente en la existencia de brujas y consideran deben ser castigadas de forma rigurosa, existe una oposición por parte de Salazar y Frías, que no admite su existencia y considera que son necesarias unas mayores pruebas, no aceptando la mayoría de los hechos denunciados o dando escaso valor a las declaraciones testificadas.

El informe de Alonso Salazar y Frías

webbrujasAlonso Salazar y Frías, que era un sacerdote más jurista que teólogo, una vez aprobada la sentencia transmitió sus objeciones y sus votos al consejo Supremo de la Inquisición rechazando el poder maléfico de la brujería e incluso la existencia misma de las brujas, ya que pensaba que estas prácticas eran obras del engaño y del fraude, merced a la ignorancia e ingenuidad de las gentes más simples, que a la intervención de Satanás. En esto coincidía con un prestigioso teólogo español, Pedro de Valencia, que veía en estas creencias una farsa con el sólo objeto de dar rienda suelta a las más bajas pasiones. En conclusión, un problema moral y social debido en gran parte a la ingenuidad de las gentes.

La Suprema encargó a Salazar una revisión sobre el proceso de Zagarramurdi. Este buen hombre realizó un minucioso estudio que le llevó a recorrer con un edicto de gracia en mano, los pueblos de la cuenca del río Ezcurra, los del valle del Baztán, los de las Cinco Villas y otros situados en el norte de Navarra. Existen en su estudio más de 1.800 interrogatorios a brujos y brujas confesas y arrepentidas, que se plasman en un grueso volumen de más de cinco mil páginas. Además analiza pacientemente las informaciones sobre los vuelos nocturnos, aquelarres, relaciones carnales con el diablo, etc. Llegando a demostrar la falsedad de muchas de las declaraciones de los propios imputados; así varias jóvenes que dijeron haber mantenido relaciones sexuales en los aquelarres con el diablo y otros brujos resultaron ser vírgenes tras el análisis de los médicos; los brebajes inocuos; los vuelos inventados, etc.

A medida que fue observando los casos, su criterio fue perfilándose más, hasta que llegó a dar como falsas la mayoría de las actuaciones atribuidas a los brujos al no existir pruebas suficientes, claras y concretas que revelen la realidad de los hechos y que, por tanto, las denuncias como las acusaciones en su gran mayoría eran producto de la imaginación.

Las cuatro brujas. Alberto Durero

Las cuatro brujas. Alberto Durero

Así lo escribió en el exhaustivo informe que remitió al Consejo de la Inquisición. Y así lo creyó la Suprema, que el 31 de agosto de 1614 dictó una instrucción acerca de los asuntos de brujería, en que se recogían casi todas las ideas de Salazar, destacando la conclusión de que las confesiones más graves fueron fruto del engaño y de la tortura. Las acciones que se adoptaron para atajar estos casos como norma general fueron desde entonces muy suaves: el envío de predicadores instruidos al objeto de volver a evangelizar a la población o el edificar ermitas y capillas en los lugares habituales de los aquelarres; y a los condenados en su gran mayoría no pasaron de impartirles castigos físicos menores o penas pecuniarias [hubo proceso de brujería con condenas de muerte, pero en estos casos siempre el tribunal "probó" que lo reos habían cometido crímenes con resultado de muerte].

El “racionalismo hispano”

Como bien afirman algunos historiadores, entre ellos Caro Baroja o K. Baschwitz, nos encontramos ante el hecho infrecuente y por eso muy destacable de la “victoria de la razón” frente a la habitual barbarie religiosa de estos siglos. Por esta razón el “proceso de Logroño a la brujas de Zagarramurdi” tendrá una gran repercusión posterior, pues gracias al trabajo de Salazar, entre otros, se llegaría a la Constitución Omnipotentis del papa Gregorio XV, publicada en 1623, en la cual se suavizan los procesos contra la brujería, y en particular en la parte en que se decreta que los brujos y hechiceros sólo serán entregados al brazo secular [que así se denominaba el traslado a los tribunales civiles para que fueran estos quienes ejecutaran la pena de muerte, pues la Iglesia tiene prohibido matar, según sus mandamientos] en los supuestos de que hubiera pacto con el diablo seguido de asesinato.

WebsueñoLa Inquisición Española, tan deleznable en otros casos, actuó en este de modo ejemplar y tras estos sucesos de Zagarramurdi y su proceso de Logroño pocos juicios de brujería figuran en los archivos inquisitoriales peninsulares con condenas capitales. Así, cabe resaltar un hecho indiscutible: si en España y sus colonias no se llegaron a quemar brujas al nivel de otros lugares de Europa fue básicamente gracias al Santo Oficio, que en multitud de ocasiones frenó iniciativas de tribunales civiles (señoriales, municipales, o reales) que hubieran acabado fatalmente en la quema de mujeres inocentes y en su gran mayoría incautas y simples.

Pues la ignorancia y la necedad unidas a la picaresca eran en verdad lo que se escondía (y se esconde) tras el mundo del “sabbat” con sus fiestas nocturnas convocadas al son de un cuerno soplado por el diablo a las que acudían volando los brujos y brujas sobre el palo de la escoba.

Relación del Auto de Fe de Logroño de 1610

Relación de las personas que salieron al Auto de Fe que los señores don Alonso Becerra Holguín, del hábito de Alcántara, licenciado Juan Valle Alvarado, y licenciado Alonso de Salazar y Frías, inquisidores apostólicos del reino de Navarra y su distrito, celebraron en la ciudad de Logroño en 7 y 8 días del mes de noviembre de 1610 años, y de las cosas y delitos por que fueron castigadas. [S.l]: Juan de Mongaston, 1611. [Signatura de la publicación en la Biblioteca Nacional de Madrid: VC/248/71]

Auto de Fe. Francisco Ricci

Auto de Fe. Francisco Ricci

Transcripción:

Auto de Fe

Relación de las personas que salieron al Auto de Fe que los señores don Alonso Becerra Holguín, del hábito de Alcántara, licenciado Juan Valle Alvarado, y licenciado Alonso de Salazar y Frías, inquisidores apostólicos del reino de Navarra y su distrito, celebraron en la ciudad de Logroño en 7 y 8 días del mes de noviembre de 1610 años, y de las cosas y delitos por que fueron castigadas.

Aprobación

Por comisión del señor doctor Vergara de Porres, chantre y catedrático de la colegial de la ciudad de Logroño, vicario por el señor obispo de Calahorra: yo fray Gaspar de Palencia, guardián del convento de San Francisco de la dicha ciudad de Logroño, y consultor del santo Oficio, vi y examiné una relación de los procesos y sentencias que se relataron en el Auto que celebraron los señores inquisidores en la dicha ciudad en 7 y 8 días del mes de noviembre de 1610 años, y hallo ser toda muy conforme a lo que se relató en dicho Auto, y ninguna cosa de la dicha sumaria relación es contra nuestra santa fe católica y buenas costumbres cristianas antes muy verdadera, y necesario que venga a noticia de todos los fieles para desengaño de los engaños de Satanás. Fecha en San Francisco de Logroño en 6 de enero de 1611. Fray Gaspar de Palencia.

Licencia

Nos el doctor Vergara de Porres, chantre y canónigo de la colegial de Nuestra Señora de la Redonda de esta ciudad de Logroño, y vicario en todo este arciprestazgo de la dicha ciudad por don Pedro Manso, obispo de Calahorra y la Calzada, del consejo del rey nuestro señor etc. Por las presentes y su tenor damos licencia a Juan de Mongaston, impresor, vecino de esta dicha ciudad, para que pueda imprimir esta sumaria relación del Auto de Fe que se ha celebrado en esta dicha ciudad en 7 y 8 días del mes de noviembre del año de 1610, sin incurrir en pena ni censura alguna; atento a no haber en ella cosa contra nuestra santa fe católica y buenas costumbres.

Dada en Logroño, a 7 de enero de 1611 años. El doctor Vergara de Porres. Por su mandato, Cristóbal de Enciso, notario.

Juan de Mongaston, impresor, al lector

Esta relación ha llegado a mis manos, y por ser tan sustancial, y que en breves razones comprende con gran verdad y puntualidad los puntos y cosas más esenciales que se refirieron en las sentencias de los reconciliados y condenados por la demoniaca seta de los brujos, he querido imprimirla, para que todos en general y en particular puedan tener noticia de las grandes maldades que se cometen en ella, y les sirva de advertencia para el cuidado con que todo cristiano ha de velar sobre su casa y familia.

Impresa con licencia en la muy noble y muy leal ciudad de Logroño, en este año de 1611 años.

AUTO

Este Auto de la Fe es de las cosas más notables que se han visto en muchos años, porque a él concurrió gran multitud de gente de todas partes de España y de otros reinos.

El sábado 6 días del mes de noviembre, se comenzó el Auto con una muy lucida y devotísima procesión, en que iban: lo primero, siguiendo un rico pendón de la cofradía del Santo Oficio, muy lucidos y bien puestos, todos con sus pendientes de oro y cruces en los pechos. Después iba gran multitud de religiosos de las órdenes de Santo Domingo, San Francisco, la Merced, la Santísima Trinidad y la Compañía de Jesús, de los cuales hay conventos en la dicha ciudad. Y para ver el dicho Auto, de todos los monasterios de la comarca había acudido tanta multitud de religiosos, que vino a ser tan célebre y devota esta procesión como jamás se ha visto. Al cabo de ella iba la Santa Cruz verde, insignia de la Inquisición, que la llevaba en hombros el guardián de San Francisco, que es calificador del Santo Oficio; y delante iba la música de cantores y ministriles. Y cerraban la procesión dos dignidades de la Iglesia colegial y el alguacil del santo Oficio con su vara, y otros comisarios y personas graves, ministros del santo Oficio; que todos en muy buen orden llevaron a plantar la Santa Cruz en lo más alto de un gran cadalso de ochenta y cuatro pies en largo y otros tantos en ancho, que estaba prevenido para el Auto, y con vistosos faroles y familiares de guarda estuvo toda la noche, hasta que el día siguiente, luego que amaneció, salieron de la Inquisición.

webSAMBENITOLo primero, cincuenta y tres personas que fueron sacadas al Auto en esta forma: veinte y un hombres y mujeres que iban en forma y con insignias de penitentes, descubiertas las cabezas, sin cinto y con una vela de cera en las manos; y los seis de ellos con sogas a la garganta, con lo cual se significa que habían de ser azotados. Luego se seguían otras veinte y una personas con sus sambenitos y grandes corozas con aspas de reconciliados, que también llevaban sus velas en las manos, y algunos sogas a la garganta. Luego iban cinco estatuas de personas difuntas con sambenitos de relajados, y otros cinco ataúdes con los huesos de las personas que se significaban por aquellas estatuas. Y las últimas iban seis personas con sambenito y corozas de relajados. Y cada una de las dichas cincuenta y tres personas, entre dos alguaciles de la Inquisición, con tan buen orden y lucidos trajes los de los penitentes, que era cosa muy de ver.

Tras ellos iba, entre cuatro secretarios de la Inquisición en muy lucidos caballos, una acémila, que en un cofre guarnecido de terciopelo llevaba las sentencias. Y en lo último iban a caballo los señores inquisidores doctor Alonso Becerra Holguín, licenciado Juan de Valle Alvarado, y licenciado Alonso Salazar y Frías, llevando en medio al más antiguo, acompañados del estado eclesiástico al lado derecho, y de la justicia y regimiento al lado izquierdo; y un poco delante iba en medio de la procesión el doctor Isidoro de San Vicente con el estandarte de la Fe, puestos en muy buen orden, que representaba todo grande autoridad y gravedad.

Llegados al cadalso los penitentes, fueron puestos en unas gradas muy altas que estaban en él, por bajo de la Santa Cruz: las once personas que habían de ser relajadas, que eran cinco hombres y seis mujeres, en la más alta grada; y luego los reconciliados; y en lo más bajo los que habían de ser penitenciados. Y de la otra parte del tablado, enfrente, se subía por once gradas al sitial donde se pusieron los señores inquisidores, teniendo el estado eclesiástico a la mano diestra, y la ciudad y caballeros a la siniestra. Y en lo más alto de la grada primera se sentó el fiscal del santo Oficio con el estandarte. Y los consultores y calificadores, y los religiosos y eclesiásticos, se acomodaron en dichas gradas, que cabrían hasta mil personas. Todo lo restante del tablado estaba lleno de caballeros y personas principales. Y en medio se levantaba un púlpito cuadrado en que se ponían los penitentes cuando se les leían las sentencias por los secretarios del santo Oficio, que para leerlas se subcedían en otros dos púlpitos que estaban en partes cómodas del tablado.

webhogueraComenzose el Auto por un sermón que predicó el prior del monasterio de los Dominicos, que es calificador del santo Oficio. Y aquel primero día se leyeron las sentencias de las once personas que fueron relajadas a la justicia seglar, que por ser tan largas y de cosas tan extraordinarias ocuparon todo el día hasta que quería anochecer, que, la dicha justicia seglar, se encargó de ellas y las llevó a quemar, seis en personas y las cinco estatuas con sus huesos, por haber sido negativas, convencidas de que eran brujas y habían cometido grandes maldades. Excepto una que se llamaba María de Zozaya, que fue confitente, y su sentencia de las más notables y espantosas de cuantas allí se leyeron; y por haber sido maestra y haber hecho brujos a gran multitud de personas, hombres y mujeres, niños y niñas, aunque fue confitente, se mandó quemar por haber sido tan famosa maestra y dogmatizadora.

El lunes siguiente, cuando amaneció, estaban ya puestos en el cadalso todos los demás penitentes, y debajo de su dosel los señores inquisidores con el estado eclesiástico y ciudad, y todo lo demás dispuesto en la forma que estuvo el día atrasado, y se volvió a proseguir el Auto por un sermón que predicó el provincial de la orden de San Francisco, que es también calificador del santo Oficio.

Y luego, comenzaron a leer las sentencias de dos famosos embusteros, que fingiendo ser ministros del santo Oficio, habían cometido grandes maldades. Uno de ellos fue desterrado de todo el distrito de la Inquisición. Y el otro que pagase y restituyese gran cantidad de dinero que había estafado con embustes y maldades que cometió so color del santo Oficio; diéronsele doscientos azotes y fue desterrado perpetuamente de todo el distrito de la Inquisición, y los cinco años a las galeras, a remo y sin sueldo.

Otros seis fueron castigados por blasfemos con diversas penas. Otros ocho, por diversas proposiciones heréticas, fueron castigados con abjuración de Leví, destierro y otros castigos, conforme a la gravedad de sus delitos. Otros seis, cristianos nuevos de judíos, los cuatro de ellos porque guardaban los sábados, y en ellos se ponían camisas y cuellos limpios y mejores vestidos y hacían otras ceremonias de la ley de Moysén, abjuraron de Leví con destierro y otras penitencias; y otro porque había cantado diversas veces este cantar: “Si es venido, no es venido, El Mesías prometido”; y por otras proposiciones erróneas que había dicho, fue castigado con la misma pena. El otro, por haber sido judío judaizante por tiempo de veinte y cinco años, y haber pedido misericordia con lágrimas y demostración de arrepentimiento, fue admitido a reconciliación con sambenito y cárcel, en la casa de la penitencia del santo Oficio. Un moro, que confesó haberlo sido con apostasía, fue reconciliado con sambenito y cárcel perpetua. Otro, por haber sido luterano, creyendo y teniendo proposiciones de la secta de Lutero, fue también reconciliado con sambenito y cárcel perpetua, y se le dieron cien azotes.

Las diez y ocho personas restantes fueron reconciliadas por haber sido toda su vida de la secta de los brujos, buenas confitentes, y que con lágrimas habían pedido misericordia, y que querían volverse a la fe de los cristianos. Leyéronse en sus sentencias cosas tan horrendas y espantosas, cuales nunca se han visto; y fue tanto lo que hubo que relatar, que ocupó todo el día desde que amaneció hasta que llegó la noche, que los señores inquisidores fueron mandando cercenar muchas de las relaciones, porque se pudiesen acabar en aquel día. Con todas las dichas personas se usó de mucha misericordia, llevando consideración mucho mas al arrepentimiento de sus culpas que a la gravedad de sus delitos y al tiempo en que comenzaron a confesar; agravándoles el castigo a los que confesaban más tarde, según la rebeldía que cada cual había tenido en sus confesiones.

Auto de Fe. Francisco de Goya

Auto de Fe. Francisco de Goya

Acabado el Auto al punto que anochecía, las veinte y una personas que habían de ser reconciliadas fueron llevadas a las gradas de la parte donde estaba el dosel y tribunal del Santo Oficio, y puestos de rodillas en la grada más alta, se hizo un solemnísimo y devotísimo acto, con que fueron recibidas a reconciliación y absueltas de la excomunión en que estaban por el señor doctor Alonso Becerra y Holguín, inquisidor más antiguo; y esto se hizo con tan grande gravedad y autoridad, que toda la multitud de gente estaba admirada y suspensa con la grande devoción.

Y luego que se acabó el dicho solemne acto, el dicho señor inquisidor más antiguo quitó el sambenito a una de las brujas, que se llamaba María de Yurreteguía, diciendo que se le quitaba porque fuese ejemplo a todos la misericordia que con ella se usaba por el dolor con que había sido buena confitente, y el ánimo con que había perseverado en se defender de las grandes molestias que los brujos la habían hecho para la volver a reducir a su secta y bandera; lo que causó tan gran devoción y piedad en todos, que no cesaban de dar mil bendiciones y alabanzas a Dios y al santo Oficio, con que se acabó aquel solemne acto.

Y el chantre de la iglesia colegial llevó sobre sus hombros la Santa Cruz a la iglesia con mucho acompañamiento y música, que iban cantando el Te Deum laudamus tras todos los penitentes, que acompañados de familiares fueron vueltos a la Inquisición, y el estado eclesiástico y la ciudad volvieron también acompañando a los señores inquisidores; y se acabó todo buen rato después de haber anochecido.

webbenedettoaltaY porque se tenga noticia de las grandes maldades que se cometen en la seta de los brujos, pondré también una breve relación de algunas de las cosas más notables que apuntamos algunos curiosos, que con cuidado las íbamos escribiendo en el tablado, y son las siguientes:

El demonio, para propagar esta abominable y maldita seta, se aprovecha de los brujos más antiguos y más ancianos, que con mucho cuidado se ocupan en ser maestros y enseñadores de ella. Y a los que persuaden que sean brujos no los pueden llevar al aquelarre (que con este nombre llaman a sus ayuntamientos y conventículos, y en el vascuence suena tanto como decir prado del Cabrón; porque el demonio, que tienen por dios y señor en cada uno de los aquelarres muy ordinario se les aparece en ellos en figura de cabrón), sin que primero consientan en que serán brujos, y siendo de edad de discreción prometan que harán el reniego.

Y habiendo consentido y prometídolo así, en una de las noches que hay aquelarre, va la persona maestra que le ha enseñado y convencido a que sea brujo, a su cama o parte donde está durmiendo o despierto, como dos o tres horas antes de media noche, y habiéndole primero despertado si duerme, le unta con una agua verdinegra y hedionda las manos, sienes, pechos, partes vergonzosas y plantas de los pies, y luego le lleva consigo por el aire, sacándolos por las puertas o ventanas que les abre el demonio, o por otro cualquier agujero o resquicio de la puerta.

Sabbar des sorciersY con grande velocidad y presteza llegan al aquelarre y campo diputado para sus juntas, donde lo primero presenta al brujo novicio al demonio, que está sentado en una silla, que unas veces parece de oro, y otras de madera negra, con gran trono, majestad y gravedad, y con un rostro muy triste, feo y airado (que por entonces se representa en figura de hombre negro con una corona de cuernos pequeños y tres de ellos son muy grandes, y como si fuesen de cabrón, los dos tiene en el colodrillo y el otro en la frente, con que da luz y alumbra a todos los que están en el aquelarre, y la claridad es mayor que la que da la luna, y mucho menos que la que da el sol, y la que basta para que todas las cosas se vean y conozcan). Los ojos tiene redondos, grandes, muy abiertos, encendidos y espantosos, la barba como de cabra, el cuerpo y talle como entre hombre y cabrón, las manos y pies con dedos como de persona, mas de que son todos iguales, aguzados hacia las puntas con uñas rapantes, y las manos corvas como ave de rapiña, y los pies como si fuesen de ganso; y tiene la voz espantosa, desentonada, y cuando habla, suena como un mulo cuando rozna, mas de que la voz es baja y las palabras que habla son mal pronunciadas, que no se dejan entender claramente, y siempre habla con una voz triste, ronca, aunque con muy grande novedad y arrogancia; y su semblante es muy melancólico y parece que siempre está enojado.

webbautizoY cuando la bruja maestra le presenta el novicio le dice: Señor, este os traigo y presento; y el demonio se le muestra agradecido, y dice que le tratará bien, para que con aquel vengan muchos más. Y luego le mandan hincar de rodillas en presencia del demonio, y que reniegue en la forma y de las cosas que la bruja su maestra le lleva industriado, y diciéndole el demonio las palabras con que ha de renegar, las va repitiendo: y reniega lo primero de Dios, de la Virgen Santa María, su madre, de todos los santos y santas, del bautismo y confirmación y de ambas las crismas, y de sus padrinos y padres, de la fe y de todos los cristianos, y recibe por su dios y señor al demonio; el cual le dice que de allí adelante no ha de tener por su dios y señor al de los cristianos sino a él que es el verdadero dios y señor que le ha de salvar y llevar al paraíso.

Y luego le recibe por su dios y señor, y le adora besándole la mano izquierda, en la boca y en los pechos, encima del corazón y en las partes vergonzosas. Y luego se revuelve sobre el lado izquierdo, y levanta la cola (que es como la que tienen los asnos), y descubre aquellas partes, que son muy feas y las tiene siempre sucias y muy hediondas, y le besa también en ellas debajo de la cola. Y luego el demonio tiende la mano izquierda, y bajándosela por la cabeza hacia el hombro izquierdo o en otras diferentes partes del cuerpo (según que a él le parece), le hace una marca, hincándole una de sus uñas, con que le hace una herida, y saca sangre, que recoge en algún paño o en alguna vasija, y el novicio siente de la herida muy gran dolor, que le dura por más de un mes, y la marca y señal por toda la vida. Y después en la niñeta de los ojos con una cosa caliente, como si fuese de oro, le marca (sin dolor) un sapillo, que sirve de señal con que se conocen los brujos unos a otros. Y luego el demonio da a la maestra ciertas monedas de plata en precio y compra de aquel esclavo y un sapo vestido, que es un demonio en aquella figura, para que sirva como ángel de guarda al brujo novicio que ha renegado.

Y es cosa notable que por la mayor parte las monedas se desaparecen, que la bruja maestra no tiene provecho en ellas, mayormente si no las gastan dentro de veinte y cuatro horas después que las reciben. Y el sapo siempre persevera en poder de los brujos, teniéndole y sustentándole la maestra mucho tiempo, hasta que el demonio se lo manda entregar al brujo novicio. También es cosa notable que la marca que el demonio les hace, es de tal condición, que con ella les amortigua la parte por donde entra la uña del demonio; de manera que aunque por ella les metan una aguja o alfiler, no sienten dolor ninguno. Y en la sentencia de Joanes de Echalar, herrero, se refirió que habiendo declarado que la marca se la había puesto el demonio en la boca del estómago, los señores inquisidores le mandaron mirar, y hallando la señal, hicieron que por ella le metiesen un alfiler, y apretaron tanto, hasta que el alfiler se quedó hincado y derecho, diciendo siempre que no sentía cosa ninguna; y poniéndosele sobre otra cualquier parte de su cuerpo, luego se quejaba y sentía mucho dolor.

Acabado de hacer el reniego, el demonio y demás brujos ancianos que están presentes, advierten al novicio que no ha de nombrar el nombre de Jesús ni de la Virgen Santa María, ni se ha de persignar ni santiguar.

Y luego le mandan que se vaya a holgar y bailar con los demás brujos alrededor de unos fuegos fingidos que allí el demonio les presenta, y les dice que aquellos son los fuegos del infierno, y que entren y salgan por ellos, y verán como no queman ni dan pena ninguna; y que así pues no hay más pena que aquella en el infierno, que se huelguen y hayan placer. Y no teman de hacer cuanto mal pudieren, pues los fuegos del infierno no queman ni hacen mal ninguno: con que se animan a cometer todo género de maldades y se huelgan y entretienen bailando y danzando al son de tamborino y flauta, que en el aquelarre de Zugarramurdi (del cual eran casi todos los dichos brujos) le tañía uno que se llamaba Joanes de Goyburu, y a son de atambor, que le tañía otro que se llama Juan de Sansín, ambos primos, que fueron sacados al Auto, y reconciliados por haber sido buenos confitentes.

webEl baile de diablosY duran en las dichas danzas y bailes, haciendo fiesta al demonio (que les está mirando), hasta que es hora de cantar el gallo, después de media noche, que se vuelven todos a sus casas acompañados de sus sapos vestidos, y se deshace la junta porque no pueden estar más en ella, y en muy breve tiempo llegan a sus casas. Y el dicho Juan de Goyburu, algunas noches que venía al aquelarre desde otro lugar que estaba dos leguas de Zugarramurdi, confiesa que cuando se volvía a él, si llegaba la hora de cantar el gallo, su sapo vestido se le desaparecía y dejaba en el camino, y le proseguía a pié hasta su casa, porque no podía ir mas por el aire.

Los que se hacen brujos antes que lleguen a edad de discreción no reniegan, sino tan solamente los presentan al demonio, untándolos y llevándoselos al aquelarre, porque no quiere que renieguen hasta que lleguen a edad de discreción, en que puedan discernir y entender cómo mediante el reniego se apartan de Dios y de la fe de los cristianos, y reciben por su dios y señor al demonio.

Y es caso notable y de gran maravilla el suceso que dio principio a descubrirse estas maldades y seta de brujos en el lugar de Zugarramurdi, según que se refirió en la sentencia de María de Yurreteguia. Y es que una bruja (cuyo nombre no se declaró, mas de que era de nación francesa y se había criado en Zugarramurdi), habiendo vuelto a Francia con su padre, una mujer francesa la persuadió a que fuese con ella a un campo donde se holgaría mucho, industriándola en lo demás que había de hacer y dándola noticia de cómo había de renegar. Y habiéndola convencido la llevó al aquelarre, y puesta de rodillas en presencia del demonio y de otros muchos brujos que la tenían rodeada, renegó de Dios, y no se pudo acabar con ella que renegase de la Virgen Santa Maria su Madre, aunque renegó de las demás cosas y recibió por su dios y señor al demonio; por lo cual, todos los brujos la tomaron sobre ojos y la perseguían temiéndose de que los había de descubrir por no haberse querido allanar a renegar de nuestra Señora.

De lo cual resultó que en año y medio que fue bruja (aunque hizo todas las cosas que hacían todos los demás brujos) siempre andaba con recelo de parecerle que no podía ser dios aquel demonio a quien adoraban, y le daba algún deseo de dejar aquella vida; y llegado el tiempo de la cuaresma, en que se había de confesar, se determinó de no confesar aquellos pecados que cometía como bruja, por la vergüenza que de ello tenía y porque todos los brujos la maltrataban y la traían amenazada, diciendo que la habían de matar si los descubría. Y habiéndose confesado, al tiempo que fue a recibir el santísimo Sacramento, como no vio la forma consagrada que el sacerdote le dio, comenzó a estar muy confusa y pensar que por haberse hecho bruja y haberse apartado de la santa fe, no la merecía ver, y considerando también cómo, por mas diligencias que hacia cuando oía misa, no podía ver la hostia que el sacerdote alzaba (como la veía antes que fuese bruja) sino que en su lugar veía una como nube negra que llevaba el sacerdote entre las manos, comenzó a estar mucho más confusa.

Porque es cosa asentada y confesada por todos los brujos, que desde el punto que lo comienza a ser, dejan luego de ver el santísimo Sacramento del altar. Fue siempre por ello recibiendo mucho dolor y pena, y siempre con mas congoja, pensaba en el mal que había hecho en se apartar de la fe de los cristianos. Y tanto le apretó este pensamiento y congoja que cayó enferma y lo estuvo siete semanas, hasta llegar a punto de muerte; y propuso de se confesar luego que pudiese ir a otro lugar que estaba de allí media legua, donde estaba un sacerdote, hombre docto. Y habiéndolo cumplido, el sacerdote la dio muchos y buenos consejos y la consoló y animó, mandándola que muy de ordinario nombrase el nombre de Jesús, y dilató el darla la absolución hasta que tuvo orden para ello del obispo de Bayona. Y se confirmó mucho en su santo propósito, porque luego que se confesó y propuso salir de aquella mala seta, comenzó a ver la hostia consagrada como la veía antes que se hiciera bruja.

Libre ya la dicha moza de aquella maldita seta, nunca más los brujos la persiguieron. Y sucedió que volviendo al lugar de Zugarramurdi, donde se había criado, dijo como allí había aquelarre y junta de brujos, y que ella había ido a él dos o tres veces, y visto cómo eran brujos ciertas personas, y entre ellas la dicha María de Yurreteguia. Y habiendo venido esto a noticia de Estéban de Navalcorea, su marido, él y sus deudos le pidieron sobre ello recuesta, y ella con grandes voces y enojo afirmaba que no era bruja, y que era gran maldad y falso testimonio que le levantaba la dicha francesa, y con grandes clamores pedía al marido venganza contra ella. Por lo cual, se determinaron en volver a hablar a la dicha francesa y asegurarse más de lo que ella decía, la cual respondió que la pusiesen en presencia de ella y la convencería y haría confesar la verdad y como era bruja. Y habiéndola llevado a su casa, puesta en su presencia, le dijo muchas razones y cosas que habían pasado en el aquelarre, y la dicha María de Yurreteguia se defendía jurando y afirmando lo contrario; y tanto le supo decir la francesa, que todos se persuadieron a creer que era verdad y apretaban a la dicha María de Yurreteguia a que confesase. Y viéndose atajada y convencida, le sobrevino un sudor y grande congoja, y cayó sentada con un desmayo, y daba a entender que en la garganta tenía un grande impedimento que la estorbaba para que no pudiese decir la verdad.

Y habiendo vuelto en sí con un gran suspiro que dio, echó por la boca un aliento de muy mal olor, y luego confesó cómo era verdad todo lo que la francesa decía y que ella había sido bruja desde muy niña por enseñanza de María Chipia, su tía y hermana de su madre (que también fue sacada al Auto y reconciliada), y dijo y confesó muchas cosas que había hecho siendo bruja; por lo cual la llevaron al vicario de Zugarramurdi para que la confesase. Y habiéndola confesado le dio por consejo que pidiese perdón a sus vecinos de los males que les había hecho. Y públicamente confesó como era bruja, y les pidió perdón. Y confiesa que luego comenzó a ver la hostia consagrada en las misas que oía y que nunca hasta entonces la había visto, porque comenzó a ser bruja desde muy pequeña.

Sintiendo el demonio los grandes daños que de esta confesión le habían de resultar, consultó con sus brujos el grande sentimiento que tenia porque aquella se había salido de su bandera. Y luego comenzaron a la perseguir y a ir de noche a su casa para la sacar y la llevar al aquelarre, poniéndola miedos y amenazas si no iba. Y en una noche de aquelarre, estando el demonio y todos sus brujos con él, les dijo el grande sentimiento que tenia, y que eran menester que fuesen todos a sacar de su casa a la dicha María de Yurreteguia para la llevar al aquelarre.

Y poniéndolos a todos en distintas figuras de perros, gatos, puercos y cabras, y a Graciana de Barrenechea (que era reina del aquelarre) en figura de yegua, se fueron a la casa de María de Yurreteguia, que era de su suegro. Y habiendo entrado en la huerta de ella (dejando todos los brujos mozos en la dicha huerta), el demonio se apartó con los brujos más ancianos y, volviendo a consultar el modo que había de tener para sacarla de su casa y llevar al aquelarre, entraron en la casa por las puertas y las ventanas, abriéndoselas el demonio; y hallaron que la dicha María de Yurreteguia estaba en la cocina de la casa rodeada de mucha gente que aquella noche había convocado para que la acompañasen y guardasen por el miedo que tenían todos los de la casa de los males que las noches antes la habían hecho y porque ella les dijo que aquella era noche de aquelarre e irían a la maltratar.

webRey y reynaY el demonio y Miguel de Goyburu, rey del aquelarre, y otros brujos, se pusieron detrás de un escaño y por encima del sacaban las cabezas para mirar dónde estaba y qué hacia la dicha María de Yurreteguia, y para la llamar haciéndole señas que fuese con ellos. Y María Chipia, su maestra y tía, y otra hermana suya, se pusieron en lo alto del humero, y desde allí la llamaban con la mano, haciéndola señas para que se quisiese ir con ellos, y la amenazaban poniendo el dedo en la frente, jurándola que se la había de pagar si no se iba con ellos. Y ella se defendía dando voces y señalando dónde estaban los brujos, mas los que estaban allí no los podían ver, porque el demonio los había encantado y echádoles unas sombras para no los pudiesen ver sino la dicha María de Yurreteguia, la cual a voces decía: «dejadme, traidores, no me persigáis mas, que harto he ya seguido al diablo». Y viendo lo mucho que la apretaban para que se fuese con ellos, quitándose un rosario que tenia al cuello, levantó la cruz del en alto diciendo: «dejadme, dejadme, que no quiero servir mas al demonio; a ésta quiero y esta me ha de defender». Y santiguándose y nombrando el nombre de Jesús y de la Virgen María se desaparecieron y fueron todos haciendo un gran ruido en lo alto de la casa y en el tejado.

Y habiéndose vuelto con mucha tristeza adonde estaban los demás brujos, el demonio con gran despecho se daba unos grandes golpes con la mano izquierda en los pechos, para mostrar la grande pena y dolor que tenia por no haber podido reducir a su bandera a la dicha María. Y por vengarse de ella le arrancaron las berzas de la huerta y le rompieron y destrozaron muchos pies de manzanos.

Y luego se fueron a un molino que tenia arrendado el suegro de la dicha María de Yurreteguia, y para más se vengar de ella, le desbarataron rompiendo y quebrando el rodezno y desencajaron el husillo y le echaron en el agua, y la piedra de moler la desencajaron y echaron a una parte del molino. Y después, el demonio y otro mucho número de demonios que allí se aparecieron y todos los brujos levantaron en alto todo el molino, que estaba puesto sobre cuatro pilares, y lo llevaron a lo alto de un cerro qué estaba allí junto, donde lo tuvieron un rato con mucho regocijo y risa, por ver que habían llevado entera toda aquella máquina y porque las brujas más viejas (como trabajaban tanto para lo llevar) iban diciendo: «aquí mozas y en casa viejas». Y después volvieron todo el molino entero como lo llevaron y los demonios lo pusieron y concertaron como estaba, dejando roto el rodezno y el husillo en el agua y la piedra molar a un lado como la habían puesto. Se fueron con mucho sentimiento y despecho por no haber podido volver a su bandera a la dicha María de Yurreteguia. Y el día siguiente se hallaron hechos todos los dichos daños y llevaron oficiales que aderezaron y repararon el molino.

Porque esta María de Yurreteguia dio principio en la dicha forma a que se descubriese esta seta y complicidad, y perseveró siempre en sus confesiones; resistiendo con mucho ánimo al demonio y a los demás brujos que pretendían reducirla a su gremio. Se usó con ella de tan grande misericordia, que se le dio licencia para que pudiese volver a su tierra, para que fuese ejemplo a todos los demás brujos de la misericordia que con ella se usaba por ser buena confitente.

Cuando los maestros pretenden hacer brujos a los que han ya llegado a edad de discreción, primero se lo dicen, y si resisten y no quieren consentir en que serán brujos, no los pueden llevar al aquelarre; mas si consienten, los llevan en la forma dicha. Y para hacer brujos los que han llegado a edad de discreción (si tienen de cinco o seis años arriba), les ganan primero el consentimiento dándoles algunas manzanas, nueces o golosinas, y diciéndoles que si quieren ir a una parte donde se holgarán mucho con otros niños; y a los que resisten no los llevan contra su voluntad. Y a los que son pequeños que no pueden prestar consentimiento, sin darles ni decirles cosa ninguna, los pueden sacar de sus camas y llevarlos si sus padres, o las personas que los acostaron, no los persignaron o santiguaron, o les echaron agua bendita, o pusieron algunas reliquias, que a los tales (aunque les pueden hacer algunos males) no pueden sacarlos de su casa y llevarlos al aquelarre.

Y los brujos que no han llegado a edad de discreción para renegar y los brujos novicios que han ya renegado, siempre están debajo del amparo y tutela de sus maestros que los hicieron brujos; y no fían de ellos sus secretos y mayores maldades porque no los descubran. Y en los aquelarres los ocupan en guardar una gran manada de sapos, que los brujos (en compañía del demonio) recogen por los campos para hacer de ellos veneno y ponzoñas, dándoles para que los guarden unas varillas, y advirtiéndoles que los traten con mucho respeto y veneración; y a los que así no lo hacen los castigan cruelmente. Y porque María de Yurreteguia a un sapo que se apartó de la manada le volvió a ella careándole con el pié, y no con la varilla que para ello la habían dado, se lo acriminaron por un gran delito, y la castigaron dándole muchos azotes y pellizcos, de que le duraron los cardenales algunos días. Y todos estos brujos menores no pueden ir al aquelarre sino es en compañía de sus maestras, que todas las noches de aquelarre van por ellos a sus casas y los untan y llevan, y tienen cuidado de volverlos a sus camas.

Y los que son renegados tienen en su poder los sapos vestidos, y los sustentan y alimentan hasta tanto que están ya muy aprovechados en maldades, y entonces los admite a la dignidad de poder hacer ponzoñas echándoles para ello su bendición, que siempre el demonio comienza todas las cosas que hace de consideración con ella. Y el dicho Miguel de Goyburu y otros muchos de los dichos brujos refieren que la echa en esta manera: levanta la mano izquierda hasta la frente, los dedos hacia arriba, y entrecerrada la mano, y luego con gran presteza revuelve los dedos abajo, y juntamente el brazo y mano hasta la llegar por bajo de la cintura, y luego la va revolviendo hacia arriba, haciendo con ella unos círculos alrededor, como cuando se devana al revés. Y a los que son admitidos a esta dignidad, luego el demonio les entrega los sapos vestidos que dejó a sus maestras cuando renegaron. Y de allí adelante salen de la sujeción de sus maestras, sustentan y alimentan sus sapos, y se untan, y van por sí al aquelarre sin que tengan necesidad de padrinos, y son admitidos a mayores secretos y maldades que no se comunican a los brujos menores.

webSaposEstos sapos vestidos son demonios en figura de sapo, que acompañan y asisten a los brujos para los inducir y ayudar a que cometan siempre mayores maldades. Están vestidos de paño o de terciopelo de diferentes colores, ajustado al cuerpo con sola una abertura, que se cierra por lo bajo de la barriga, con un capirote como a manera de capillO; y nunca se les rompe, y siempre permanece en un mismo ser. Y los sapos tienen la cabeza levantada, y la cara del demonio, del mismo talle y figura que la tiene el que es señor del aquelarre, y al cuello traen cascabeles y otros dijes. Hanlos de sustentar, y les dan de comer y beber, pan, vino y de las demás cosas que tienen para su sustento, y lo comen Ilevándolo con sus manos a la boca; y si no se lo dan, se lo piden diciendo: «nuestro amo, poco me regaláis, dadme de comer». Y muchas y diversas veces hablan y comunican con ellos sus cosas.

Y el demonio les toma estrecha cuenta del cuidado que tienen en regalarlos, y los castiga y reprende gravemente cuando se han descuidado en regalarlos y darles de comer. Y Beltrana Fargue refiere que daba el pecho a su sapo, y que algunas veces desde el suelo se alargaba y extendía hasta buscar y tomarla el pecho, y otras veces en figura de muchacho se la ponía en los brazos para que ella se lo diese. Y los sapos tienen cuidado de despertar a sus amos y avisarles cuando es tiempo de ir al aquelarre. Y el demonio se los da como por ángeles de guarda, para que los sirvan y acompañen, animen y soliciten a cometer todo género de maldades, y saquen de ellos el agua con que se untan para ir al aquelarre, y a destruir los campos y frutos, y a matar y a hacer mal a las personas y ganados, y para hacer los polvos y ponzoñas con que hacen los dichos daños.

Esta agua la sacan en esta manera: después que han dado de comer al sapo, con unas varillas le azotan, y él se va enconando e hinchando, y el demonio, que se halla presente, les va diciendo: «dadle mas»; y les dice que cesen cuando le han dado cuanto es menester. Y luego le aprietan con el pie contra el suelo, o con las manos, y después el sapo se va acomodando, levantándose sobre las manos o sobre los pies, y vomita por la boca o por las partes traseras una agua verdinegra muy hedionda en una barreña que para ello le ponen, la cual recogen y guardan en una olla.

Y siempre que han de ir a los aquelarres (que son tres días de todas las semanas, lunes, miércoles y viernes, después de las nueve de la noche) se untan con la dicha agua la cara, manos, pechos, partes vergonzosas y plantas de los pies, diciendo: «señor, en tu nombre me unto; de aquí adelante yo he de ser una misma contigo, yo he de ser demonio, y no quiero tener nada con Dios». Y María de Zozaya añade que decía ciertas palabras en vascuence, que quiere decir aquí y allí.

Y su sapo vestido (que está presente cuando se untan, y tiene cuidado de los avisar cuando es hora para que vayan) los va guiando y saca de las casas por las puertas o ventanas, o resquicios de las puertas, o por otros agujeros muy pequeños que el demonio les abre para que puedan salir, aunque los brujos piensan y les parece que se hacen muy pequeños. Y así, Maria de Yurreteguia se quejaba y decía a María Chipia, su tía, que para qué la achicaba y ponía tan chiquita; y le respondía que qué se le daba a ella por eso, pues después la alargaba y volvía a poner en su estatura.

Y lo mas ordinario, se van por el aire, llevando a su lado izquierdo sus sapos vestidos, aunque otras veces se van por su pié, y los sapos van delante saltando, y muy en breve llegan al aquelarre, donde está el demonio con horrenda y muy espantosa figura. Y Graciana de Barrenechea, reina del aquelarre, dice que es de un gravísimo y malísimo olor. Y puestas de rodillas en su presencia, le adoran en la dicha forma y besan en las dichas partes; y luego se mezclan en sus bailes, danzas y corros.

Visión fantástica o Asmodea. Francisco de Goya

Visión fantástica o Asmodea. Francisco de Goya

Y a los que dejan de acudir a los aquelarres (aunque sea por precisa ocupación o por grave enfermedad) los azotan y castigan grave y cruelmente la primera vez que después vuelven al aquelarre; o lo hacen yendo a sus casas para ello en las propias noches que dejaron de ir. Y a Juana de Telechea confiesan (y ella declara) que la azotaron y maltrataron grandemente la noche de San Juan del año próximo pasado, sin más ocasión de que habiendo sido elegido su marido por rey de los moros (á usanza de aquella tierra) para se holgar y festejar la fiesta de San Juan en competencia de otro rey, que también eligen, de los cristianos, como era reina, tuvo ocupación legitima para no ir aquella noche al aquelarre. Y por esto la azotaron tan cruelmente, de manera que tuvo que fingir y dar a entender estaba con mal de corazón, para que su marido no viniese a imaginar y saber los malos tratamientos que le habían hecho (estando con ella acostado en la cama). Todo lo cual hicieron aquella misma noche, sin que el dicho marido lo pudiese sentir, porque primero le echaron sueño para que no pudiese despertar. Y en todo el día estuvo tan mala, que fue necesario publicar (para encubrir la causa de los azotes) estaba con grave enfermedad de corazón. Y refieren otros grandes castigos que se han hecho a muchas personas brujas por no acudir con mucha puntualidad a los aquelarres y juntas.

Después que los brujos salen de sus juntas o aquelarres, no osan hablar ni poner en plática las cosas que pasan en ellos, aunque estén juntos en sus casas o en partes muy secretas, por el gran miedo y respeto que tienen al demonio, que después por ello los manda azotar muy cruelmente. Y Joanes de Echalar, brujo reconciliado, confiesa (concordando con otros muchos que lo declaran del) que era verdugo en el aquelarre. Y que estaba por su cargo azotar a los muchachos que parlaban las cosas que pasaban en él, y descubrían que eran brujos, y a todos los demás que el demonio le mandaba. Y los azotaba con unos manojos de mimbres retorcidos o con unos espinos muy ásperos, que se los metían por la carne y salía sangre. Y que lo más ordinario, el demonio sacaba luego (de su oficina y botica que tiene de ungüentos, aguas y polvos) un botecito de barro colorado, en que tenía un ungüento con que luego que untaba a los azotados se les mitigaba el dolor, y se les quitaban los cardenales; aunque otras veces se iban con ellos Y llevaban en sus carnes metidas las puntas de los espinos. Y que diversas veces vio a los azotados que al sol con unos alfileres se las estaban sacando.

websacrifico de niñosY María Juanto refiere que, habiendo muchos niños declarado en la villa de Vera, donde vivían, como tres noches cada semana los llevaban al aquelarre las maestras que los habían hecho brujos, por ello en el aquelarre los castigaron y azotaron cruelmente. Y viendo los padres sus malos tratamientos, y que los niños se consumían y temblaban con los dolores, acudieron al vicario de la iglesia para que les diese remedio, y se determinaron a se los llevar a dormir a su casa, y en una sala grande de ella pusieron sus camas a más de cuarenta niños donde también dormía el dicho vicario. Y antes de se acostar por el manual de la Iglesia los bendecía y conjuraba echándoles agua bendita, por lo cual no los podían sacar de casa. Y que aquella noche, por orden del demonio, ha cían sus juntas muy cerca de la casa del dicho vicario, e iban todas las noches a ver si los podrían sacar entrando por las puertas de la calle, aunque estaban cerradas, y por la ventana haciendo ruido para poner miedo a los que estaban en casa. Y que habían tenido grandes carcajadas de risa y entretenimiento por ver el cuidado y diligencia grande con que el vicario andaba con unas sobrepelliz y estola, y un libro en la una mano y en la otra un hisopo echando agua bendita y conjurando a todos los muchachos; y que más de treinta de los brujos se subieron a lo alto del tejado, y allí hicieron mucho ruido y quebraron muchas tejas, porque por la dicha razón no pudieron sacar los dichos niños.

Y que dos noches que el vicario se descuidó en los conjurar, entendiendo que estaban ya seguros, le echaron sueño que no pudo despertar, y le sacaron los niños y llevaron al aquelarre, y los azotaron cruelmente porque habían parlado. Y que el día siguiente estuvieron todos muy malos de los majos tratamientos. Y estando un día en la escuela pasaron por junto a ella dos de las brujas que los llevaron al dicho aquelarre y salieron todos los muchachos (con grandes voces y a pedradas tras ellas) diciendo que aquellas eran las que los habían azotado; y que decían la verdad. Y las hubieran muerto si no se hubieran encerrado en su casa. Y todo estaba verificado y comprobado según que ella lo confesó.

Demás de los bailes, se huelgan cuando están en el aquelarre saliendo a espantar y hacer mal a los pasajeros en figuras diferentes, para que no puedan ser conocidos, que el demonio (al parecer) los trasforma en aquellas figuras y apariencias, y en las de puercos, cabras y ovejas, yeguas y otros animales, según que es mas a propósito para sus intentos.

Y en la dicha forma confiesan todos que salieron a espantar a Martín de Amayur, molinero, una noche que iba desde Zugarramurdi a su molino, y él se defendió con un palo que llevaba, y alcanzó un golpe a María Presoná, que se llegó muy cerca, y cuando le recibió dio un gran grito, y estuvo muy mala por algunos días. Y el dicho molinero, del grande espanto que tuvo, en llegando al molino cayó desmayado. Y refiere todo el suceso. Y todas las brujas confitentes declaran que consolando a la dicha María Presoná por el mal que había recibido del golpe del palo, le decían que ella se tenía la culpa por se haber llegado tan cerca.

Y que en la misma forma salieron al camino a tres hombres que nombraron, vecinos de Zugarramurdi, que se volvían a sus casas después de haber dejado su ganado en el campo. Y haciendo mucho ruido entre unos castaños en las hojas secas de ellos que estaban ya en el suelo, los espantaron, y resolviendo con sus espadas desenvainadas en las manos sobre los dichos brujos, que estaban en figuras de gatos y perros y otras formas de animales, se fueron retirando hasta meterse en una laguna. Y así, dichas personas no osaron pasar adelante, y se volvieron retirando, y con grande furia corrieron hasta llegar a sus casas. Y el espanto que tomaron les duró por muchos días, de que llegaron a estar muy malos.

Y refieren otros muchos males y burlas que hicieron en la dicha forma. Y como, el demonio en el aquelarre les decía las personas que no acostumbraban a echar la bendición a la mesa cuando comían y cenaban, y no daban las gracias a Dios después de comer, para que fuesen a sus casas a les hacer males y daños. Y que el demonio les iba alumbrando y les abría las puertas, y echando sueño a las personas que estaban en la casa, danzaban y bailaban en ella, quebraban platos, y hacían otros daños y males semejantes.

webmachocabrioMientras que están en el aquelarre no pueden nombrar el santo nombre de Jesús, ni de la Virgen santa María, su madre, sino es para renegar, ni pueden persignarse ni santiguarse; y de ello los advierten luego que son admitidos a la seta de los brujos. Y si algunas veces se descuidan y los nombran, les suceden muy grandes daños, y al punto se deshacen los aquelarres, y castigan gravemente a las personas que los nombraron. Y María de Iriarte y Joanes de Goyburu refieren que estando una noche bailando en el aquelarre de Zugarramurdi vino a él una moza francesa (del aquelarre de Trapaza, reino de Francia), que era grande bailadora, y en el baile daba unos saltos tan altos como son altos los tejados, y una castañetas que sonaban mucho a maravilla, y con la mucha admiración que de ello recibió la dicha María de Iriarte, dijo: «¡Jesús, qué es esto!»; y al punto todo se desapareció, quedándose ella sola y a oscuras, por lo cual fue después gravemente castigada. Y que habiendo salido una noche a espantar a dos hombres que venían de dejar su ganado en el campo, los fueron acosando y persiguiendo gran rato, hasta que con el grande espanto que recibieron, a voces llamaban el nombre de Jesús, con que no pudieron mas seguirlos, aunque del espanto cayeron y estuvieron enfermos mucho tiempo.

Y el dicho Miguel de Goyburu refiere que habiendo ido el demonio y los brujos de Zugarramurdi a visitar al demonio y brujos de otro aquelarre, Estebanía de Telechea, bruja reconciliada, viendo la grande multitud de brujos que había en él (que eran más de quinientos), maravillada de ver tanta gente, nombró el nombre de Jesús, y con grande ruido en un instante se hundió y desapareció todo, y se volvieron a sus casas, que no pudieron estar más en el aquelarre.

Y que habiendo tenido mucho deseo de ser brujo un marinero de Ezcayn, dijo a María de Ezcayn, vecina de dicho lugar, que era bruja, que le enseñase a ser brujo, y le daría un sayuelo el mas galán que se hubiese puesto en su vida. Y habiéndole ella prometido que le haría brujo, le llevó al aquelarre que hay en el dicho lugar (untándole primero con el agua que se untan), y cuando le presentó ante el señor, y él vio que era tan feo, y que le besaban debajo de la cola, admirándose de ver aquello, dijo a la dicha María: «¿este es vuestro señor?» y santiguándose, dijo: «Jesús». Y que luego, al punto, todo se hundió y de-sapareció con mayor furia y presteza que vuelan los pájaros y las palomas y el marinero se quedó a oscuras en el sitio donde estaban, sin que supiese de sí, y fue menester que la dicha María volviese después por él para le llevar por su pié a casa.

webBarcoY muchos de los brujos confitentes refieren que una noche el demonio les dijo como venían seis navíos por la mar, y que era menester que fuesen a causar tempestad y destruirlos. Y habiendo ido hacia San Juan de Luz, entraron como dos leguas por la mar adentro, y luego toparon con los navíos. El demonio, con gran ligereza, dio un salto hacia atrás; y revolviéndose sobre la mano izquierda la levantó en alto, y echó su bendición diciendo con una voz gorda y ronca: «aire, aire, aire». Y luego al punto, se levantó una temerosa tempestad y unos furiosos aires, contrarios los unos de los otros, que llevaban los navíos a que se encontrasen para se hacer pedazos; con que luego levantaron grandes clamores los que venían en ellos, arremetiendo unos a las velas y otros al reme. Y no pudiendo resistir a la tempestad, levantaron un gran clamor invocando el nombre de Jesús, y uno levantó una cruz en alto de un navío, con que no pudieron mas detenerse, y con grande ímpetu y estruendo huyeron, y se volvieron a sus casas.

Y el dicho Joanes de Echalar refiere que la primera noche que del aquelarre le llevaron por el aire a destruir los frutos y panes, los brujos levantaron un gran ruido, mayor que si cuarenta de a caballo corrieran juntos, y más espantoso que cuando truena; y admirado de aquello nombró el nombre de Jesús, y al punto se desapareció todo, y él cayó en tierra, y quedándose a oscuras en el campo como atónito, pasado un rato, oyó que daba el reloj, conque entendió estaba cerca del lugar, y a gatas, como pudo, se fue allá donde oyó que sonaba la campana. Y habiendo llegado a casa, cayó desmayado, y estuvo malo del espanto muchos días, y después le azotaron, y castigaron gravemente.

webvuelo macho cabríoY María de Echaleco refiere que habiéndola llevado la reina Graciana de Barrenechea por el aire un día después de comer a un campo donde estaba una cueva, y pasado un rato vio que la dicha Graciana y Estebanía de Telechea salieron de la cueva llevando en medio y abrazado al demonio en muy espantosa figura, y que todos tres iban hacia donde ella estaba; de que con el espanto que tuvo nombró el nombre de Jesús y luego al punto se desaparecieron. Y quedando ella sola reconoció como estaba en el prado Berroscoberro, donde acostumbraban a hacer sus juntas, y por su pié se volvió al lugar, que estaba cerca.

Y refieren otras muchas cosas y sucesos notables que han visto por haberse nombrado el santo nombre de Jesús; y que es tan espantoso para el demonio y todos los brujos, que tiemblan siempre que le oyen nombrar, y pierden la fuerza, de manera que no pueden ejecutar los males que pretenden hacer, ni detenerse en la parte que le nombran.

En las vísperas de ciertas fiestas principales del año, que son las tres Pascuas, las noches de los Reyes, de la Ascensión, Corpus Christi, Todos Santos, la Purificación, Asunción y Natividad de nuestra Señora, y la noche de San Juan Bautista, se juntan en el aquelarre a hacer solemne adoración al demonio, y todos se confiesan con él, y se acusan por pecados de las veces que han entrado en la iglesia, misas que han oído, y de todo lo demás que han hecho como cristianos, y de los males que pudiendo han dejado de hacer. Y el demonio los reprende gravemente por ello, y les dice que no han de hacer cosa ninguna de cristianos.

Y entre tanto, los criados del demonio (que son otros demonios del mismo talle y figura que el del aquelarre, aunque más pequeños, y de ordinario son seis o siete, y cuando son menester se aparecen allí muchos en gran cantidad) ponen un altar con un paño negro, viejo, feo y deslucido, por dosel; y en él unas imágenes de figuras del demonio, cáliz, hostia, misal y vinajeras; y unas vestiduras como las que usan en la iglesia para decir misa, mas de que son negras, feas y sucias; y el demonio se viste, ayudándole sus criados; y le ofician su misa cantando con unas voces bajas, roncas y desentonadas; y él la canta por un libro como misal, que parece de piedra; y les predica un sermón, en que les dice que no sean vanagloriosos en pretender otro dios, sino a él, que los ha de salvar y llevar al paraíso; y aunque en esta vida pasarán trabajos y necesidad, él les dará mucho descanso en la otra; que hagan a los cristianos todo cuanto mal pudieren.

webaquelarre2Y luego prosigue su misa, y le hacen ofertorio, sentándose para ello en una silla negra que allí ponen; y la bruja más antigua y preeminente (reina del aquelarre) se pone a su lado con un portapaz en la mano, en que está pintada la figura del demonio, y en la otra mano una bacinilla como las que usan en las iglesias con que piden para alumbrar los santos, con una cadena como de oro al cuello, que en cada uno de los dichos eslabones tiene esmaltada la figura del demonio. Y todos los brujos, comenzando por sus antigüedades y preeminencias, van a ofrecer cada uno por sí, haciendo tres reverencias al demonio con el pié izquierdo hasta llegar a hincar las rodillas en el suelo, y luego besan la figura del demonio en el portapaz, y echan en la bacinilla el dinero que llevan para ofrecer, y unos ofrecen un sos, que es media tarja, y otros tarja entera, y los más ricos y poderosos ofrecen un franco, que son tres reales, y cuando los echan en la bacinilla dicen: «esto por el honor del mundo y honra de la fiesta».

Y las mujeres también ofrecen tortas de pan, huevos y otras cosas, que lo reciben los criados del demonio, y luego se hincan de rodillas junto a él, y le besan la mano izquierda y los pechos encima del corazón, y dos brujos que hacen el oficio de caudatarios le alzan las faldas para que le besen en las partes vergonzosas, y revolviéndose el demonio sobre la mano izquierda, le alzan la cola y descubren aquellas partes que son muy sucias y hediondas, y al tiempo que le besan debajo de ella tiene prevenida (que les da) una ventosidad de muy horrible olor, lo cual por la mayor parte nace siempre que le besen en aquellas partes.

web Beso nefandoY hecha la ofrenda prosigue su misa y alza una cosa redonda como si fuera de suela de zapato, en que está pintada la figura del demonio, diciendo: «este es mi cuerpo». Y todos los brujos, puestos de rodillas, le adoran dándose golpes en los pechos, diciendo: «Aquerragoyti, Aquerrabeyti», que quiere decir: Cabrón arriba, Cabrón abajo. Y lo mismo hacen cuando alza el cáliz, que es como de madera, negro y feo. Y come la hostia y bebe lo que hay en el cáliz. Y después se ponen todos los brujos alrededor, y los va comulgando dándole a cada uno un bocado negro (en que está pintada la figura del demonio), que es muy áspero y malo de tragar, y luego les da un trago de una bebida que es muy amarga, y en tragándola les enfría mucho el corazón.

Luego que el demonio acaba su misa, los conoce a todos, hombres y mujeres, carnal y somáticamente. Y la dicha Graciana de Barrenechea, reina, iba señalando las brujas que habían de ir donde está el demonio un poquito apartado para el dicho efecto. Y Estebanía de Iriarte, su hija, era la que mas continuaba ir a los dichos actos, y luego que la dicha su madre le hacía señal para que fuese, Joanes de Goyburu, su marido, tañendo con el tamborino, y Joanes de Sansin, con el atambor, iban a la parte donde estaban las brujas, y la sacaban de entre ellas, y la llevaban a la parte donde estaba el demonio, que luego la conocía somáticamente, estándole haciendo el son el dicho su marido Joanes de Sansin.

webbaileY luego que el demonio acaba de cometer las dichas maldades, y otras muy abominables que se dejan de referir, los brujos se mezclan unos con otros, hombres con mujeres, los hombres con hombres, sin consideración a grados ni a parentescos; y el demonio los aparea y señala con cuáles se han de juntar en forma de casamiento, diciéndoles: «este es bueno para ti, y tú eres buena para este». Y en aquellos torpísimos actos se juntan en el aquelarre, y fuera de él, con torpísimas y nefandas maldades, y en sus propias casas, y en los campos, y en otras partes; de día y de noche se les aparece el demonio en espantosa figura; y a las mujeres, muy de ordinario, se les va a las camas. Y María de Zozaya refiere, que casi todas las noches le tenía en su cama, y le abrazaba, trataba, hablaba y comunicaba en la misma forma que si fuera su marido, sin haber más diferencia que si fuera hombre, mas de que siempre, de invierno y de verano, tenía las carnes frías, que aunque más hacia no se las podía calentar.

Y estas mismas maldades hacen y ejercitan en todas las noches siempre que van al aquelarre, y después muchas veces de día: después de haber comido, fingiendo que están hilando, lavando los platos, o en otros actos semejantes, o saliéndose a pasear hacia el campo, el demonio los arrebata, y llevándolos cubiertos con sus malas artes (de manera que aunque ellos ven a la gente, no pueden ser vistos), van a cierta parte que tienen señalada para se juntar y mezclar en actos torpes y deshonestos los unos con los otros, y con el demonio.

Y en sus casas, de día ni de noches, no los echan menos aunque duermen en una misma cama; porque de noche el demonio echa sueño a los maridos o a las mujeres que no son brujos de manera que no pueden despertar. Y en el lugar que desocupa el brujo cuando van al aquelarre se pone un demonio de su mismo talle y figura, que está allí representando su persona hasta que vuelven; y cuando vienen les dice las cosas que han sucedido mientras han estado ausentes. Y la dicha María de Zozaya refiere que habiéndose ido una noche al aquelarre, una vecina llamó a su puerta para pedir un pan prestado, y el demonio respondió por ella que no le tenían; y cuando volvió del aquelarre se lo dijo. Y Marijuan refiere que otra noche fueron a buscar a su casa para comprar unos huevos, y también el demonio respondió por ella por la ventana, diciendo que no los tenía. Y contándoselo cuando volvió del aquelarre, le respondió que bien se los pudiera dar, que allí estaban en la cantarera. Y que siempre que había de ir al aquelarre de día, cerraba muy bien sus puertas por de dentro, y el demonio la sacaba por la ventana, quedando otro demonio en casa, que respondía por ella. Y aunque travesaba por cima de todo el lugar, y veía y conocía a todos los que topaba ella por las malas artes del demonio, iba bien segura de que no la viesen; y cuando volvía, el demonio le daba cuenta de todas las personas que la habían buscado.

En la noche de San Juan, después de acabada su misa y las ceremonias y dichas maldades, va el demonio con todos los brujos a la iglesia, y abriéndoles las puertas se queda él fuera, y los brujos hacen muchas ofensas y ultrajes a la santa Cruz y a las imágenes de los santos.

Y Miguel de Goyburu refiere que algunas veces en el año, él y las brujas mas ancianas hacían al demonio una ofrenda que le era muy agradable; y para ello iban de noche a las iglesias, y llevaban consigo cada uno una cestilla que tenia asa, y desenterraban los cuerpos de los difuntos que ya estaban gastados, y de ellos sacaban los huesos de los menudillos de los pies, las ternillas de las narices, y todos aquellos huesecillos que hay alrededor, y los sesos hediondos (que aunque se van consumiendo con la tierra, tardan mucho en se acabar de gastar); y estas partes de los cuerpos de los difuntos (que son para el demonio bocados muy sabrosos) las recogían en las cestillas, y volvían a cubrir las sepulturas con la tierra, llevando consigo luz para ver a hacerlo, que declaran es muy oscura, sin decir de qué sea.

Y Joanes de Echalar refiere que cuando los brujos van solos sin el demonio a hacer las dichas cosas, la luz que llevan es una hacha hecha del brazo de un niño que haya muerto sin ser bautizado, todo entero, y le encienden por la parte que están los dedos, y da luz como si fuera de una hacha. Y que es de tal condición que los brujos ven con ella, y los que no lo son no pueden ver los brujos.

webcalderoY habiendo recogido los dichos huesos en sus cestillas, las meten colgándolas por el asa del brazo izquierdo, se van al aquelarre. Y puestos en presencia del demonio, formando una higa con la mano del brazo izquierdo, donde llevan pendiente la cesta, y llevándole tendido, hacen una reverencia hasta hincar en el suelo la rodilla izquierda, y habiéndose levantado andan un poco y hacen otra semejante reverencia, y acercándose más hacen otra tercera, y quedándose de redolas tendido el brazo con la higa formada, dicen: «tome, señor, esto que le ofrezco». Y el demonio muestra con ello mucho contento, y tiende la mano, y toma la cesta y la vacía en un esportón grande como de esparto, que está junto a él. Y que aquella higa llevan formada para mayor infamia, y hacer mayor burla y mofa de los cristianos, cuyos son aquellos huesos. Y que el demonio los come con unos dientes que tiene muy grandes y tan blancos como los suelen tener los negros, y los come feamente, chascando como puerco.

Y preguntado para qué come el demonio aquellos huesos, dijo que entendía que para los incitar y obligar a que también ellos los comiesen. Y que les daba de ellos, y aunque estaban muy duros, los comían muy bien, porque el demonio le daba gracia y fuerza para los poder mascar y comer. Y que cuando el demonio comía aquellos sesos hediondos, daba a entender que le sabían bien, y con esto los obligaba a que también los comiesen, y a que le rogasen les diese de ellos; y aunque eran tan asquerosos, los comían por darle contento al demonio, que mostraba recibirlo.

Muchas veces en el año, y siempre que los frutos y panes comienzan a florecer, hacen polvos y ponzoñas. Y para esto, el demonio aparta a los que ha dado poder y dignidad de hacer ponzoñas y les dice el día en que las han de hacer, y les reparte los campos para que en cuadrillas vayan a buscar las sabandijas y cosas de que se han de hacer las dichas ponzoñas. Y el día siguiente salen por la mañana (llevando consigo azadas y costales), y luego el demonio y sus criados se les aparecen, y los van acompañando a los campos y partes más lóbregas y cavernosas, y buscan y sacan gran cantidad de sapos y culebras, lagartos y lagartijas, limazos, caracoles y pedos de lobo (que son unas bolillas redondas que nacen por los campos a manera de turmas de tierra, que apretándolas echan de sí un humo de mucha cantidad de polvos pardos); y habiéndolos juntado en sus costales, los traen a sus casas.

webponzoñasY unas veces en el aquelarre y otras veces en ellas (en compañía del demonio) forjan y hacen sus ponzoñas, echando primero sobre todo su bendición el demonio, y comienzan a desollar los sapos, mordiéndolos con sus bocas por las cabezas y apretando con los dientes cortan el pellejo, del cual van tirando hasta que lo arrancan al redopelo, y le entregan al demonio, estando los sapos sacudiéndose con el dolor y dándoles golpes por los hocicos. Y después los descuartizan, y todas las demás sabandijas, mezclándolas en una olla con huesos y sesos de difuntos que sacan de las iglesias, y con el agua verde y hedionda que tienen junta de la que han sacado de los sapos vestidos; y todo lo cuecen hasta la condicionar en polvos; reservando cierta parte con que mezclan mayor cantidad de la dicha agua y hacen ungüentos ponzoñosos, que todos se los reparte el demonio, llevando cada uno a su casa la parte que le cabe.De estos polvos o ponzoñas usan para destruir los frutos, matar o hacer mal a las personas o a sus ganados. Y los que más se aventajaban en hacer mayores maldades son los más privados y estimados del demonio, con que animosamente las acometen.

Estando los panes o frutos en flor, juntos todos los brujos en aquelarre, van en compañía del demonio mudados en figuras de gatos, perros, puercos y otros diferentes animales, hasta las heredades y partes donde pretenden destruir los frutos (llevando el dicho Miguel de Goyburu la caldera del demonio, que es de cuero, donde se ha recogido gran parte de los dichos polvos para el dicho efecto), y comenzando primero el demonio con la mano izquierda va derramando polvos hacia atrás, revolviendo siempre sobre la mano izquierda, y diciendo con una voz ronca y gorda: «polvos, polvos, piérdase todo» o «piérdase la mitad», según que quiere que se haga el daño. Y todos los brujos y brujas ancianas van derramándolos y diciendo: «piérdase todo (o piérdase la mitad) y salvo sea lo mío». Mas no por eso son sus heredades de mejor condición que las demás, ya que por la mayor parte derraman los dichos polvos cuando corre un aire que en vascuence llaman egoya, que los intérpretes declaran quiere decir bochorno.

Y que con los dichos polvos es muy notable el daño que se sigue en los frutos, porque cuando los derraman sobre los castaños, los erizos se paran mustios y enferman, y no tienen castañas sino cáscaras, o una sola castaña, habiendo de tener tres cada uno. Y cuando los derraman sobre los manzanos, la flor se marchita, enferma y seca, que no llega a formarse el fruto. Y cuando los echan sobre los trigos (que es al tiempo que están espigados, antes que comiencen a granar) las espigas se quedan vanas sin que lleguen a granar sino muy poco, y los granos imperfectos; y el poco pan que echan es mal sazonado y enfermizo. Y las habas se llenan de pulgón. Y aunque pierden sus frutos huelgan mucho de hacer estos daños por el contento que dan al demonio, y por el que los brujos reciben con los majes que hacen a sus prójimos.

webpolvosA las personas hacen mal, matándolas a haciéndolas enfermar con graves enfermedades por inducción del demonio, o por vengar sus enemistades. Y cuando han recibido algún enojo o agravio de alguna persona, llevan al aquelarre de los dichos polvos o ungüentos, y alguno de los pellejos de los sapos, y dan sus quejas al demonio contándole las causas de su enojo, y venganza que pretenden hacer, y pidiéndole (para las tales personas o para sus hijos) mal de muerte, o la enfermedad que pretenden que tengan, según el apetito de su venganza; y el demonio se la concede. Y luego se va en su compañía, y otras veces lleva consigo algunas brujas de las mas ancianas en la seta, y las va alumbrando con el cuerno que tiene en la frente, que aunque trae dos en el colodrillo, solo aquel es el que da luz, y les abre las puertas y guía hasta las camas donde están durmiendo, y les hecha su bendición y sueño que no pueden despertar; y luego la bruja que pidió venganza abre la boca a la persona de quien se pretende vengar, y le mete en ella unos pocos de aquellos polvos envueltos en un pedazo de pellejo de sapo, o les unta por el pescuezo y hombro izquierdo hacia los pechos, o en otras partes de su cuerpo con el dicho ungüento, diciendo: «el señor te dé mal de muerte (o tal enfermedad por tanto tiempo)». Y luego las tales personas comienzan a estar enfermas y a padecer muy grandes dolores y trabajos, muriendo en breve tiempo y con grandes ansias los que han de morir; y padeciendo grandes enfermedades y dolores las personas contra quien pidieron venganza de enfermedad.

Y entre otras muchas muertes, males y venganzas, más de veinte que confiesa haber cometido en la dicha forma Graciana de Barrenechea, reina del aquelarre de Zugarramurdi, dice que al tiempo que ella comenzó a tener amores con el demonio y ser privada suya, cobró de ello grande envidia y celos Marijuan de Odia, bruja que también tenía amores con él, y era la más favorecida de todas; y por esta competencia comenzaron a tener entre si emulación y pesadumbres, sintiendo mucho que a la dicha bruja le pesase de que ella fuese favorecida también por el demonio; por lo cual determinó de tomar contra ella venganza. Y una noche en el aquelarre dio cuenta al demonio de sus celos y competencias, y de cómo quería vengarse de ella matándola. Y que el demonio le respondió: «pues vos lo queréis, hágase así».

Y que estando en su cama otra noche que no era de aquelarre, el demonio con otras brujas ancianas la fue a despertar, y le dijo se levantase luego porque habían de ir a ejecutar la venganza que le había pedido. Y que esto el demonio lo hizo en noche que no era de aquelarre por coger a la dicha Marijuan de Odia descuidada y dormida, porque siendo, como era, bruja no pudiera ejecutar la venganza tan cómodamente en noche que fuera de aquelarre, pues ella había de estar despierta y en él. Y habiendo ido en compañía del demonio, entraron en su casa y ejecutaron su venganza dándole un pedazo de pellejo de sapo en que iban envueltos unos pocos de los dichos polvos. Y luego estuvo mala, que dentro de tercero día murió. Y todas confiesan grande número de muertes y males que han ejecutado en la dicha forma.

Y a los niños que son pequeños los chupan por el sieso y por su natura apretando recio con las manos y chupando fuertemente les sacan y chupan la sangre; y con alfileres y agujas les pican las sienes y en lo alto de la cabeza, y por el espinazo y otras partes y miembros de sus cuerpos; y por allí les van chupando la sangre, diciéndoles el demonio: «chupa y traga eso, que es bueno para vosotras». De lo cual, mueren los niños o quedan enfermos por mucho tiempo. Y otras veces los matan luego, apretándoles con las manos y mordiéndolos por la garganta hasta que los ahogan. Y a los mayores los azotan cruelmente con unos espinos o mimbres retorcidos, sin que ellos se puedan quejar ni despertar los que están en casa, porque el demonio los tiene encantados. Y refieren gran número de personas que han muerto y hecho que tuviesen gravísimas enfermedades. Y muy gran cantidad de niños que han chupado y ahogado, declarando sus nombres y los de sus padres, y el tiempo en que cometieron estas maldades.

Y el dicho Miguel de Goyburu, entre muchas personas, hombres, mujeres y criaturas que confiesa haber muerto en la dicha forma, declara que chupó por el sieso y por la natura, hasta que le mató, un sobrino suyo, hijo de su hermana. Y la dicha María de Iriarte, que por las dichas partes chupó y ahogó, apretándolos con las manos y con la boca por la garganta, nueve criaturas; y con los dichos polvos y ponzoñas mató tres hombres y una mujer, declarando los nombres de todos ellos y los males que padecieron hasta morir dentro de pocos días; y otro gran número de niños, hombres y mujeres a quien causó diferentes males y enfermedades, refiriendo las causas de su venganza.

Y Estebanía de Iriarte, su hermana, y Graciana de Barrenechea, su madre, refieren cosas muy notables y muertes que han hecho, que por ser tantas no se declaran en particular en sus sentencias.

Y Estebanía de Telechea confiesa haber muerto una nieta suya echándole unos pocos de los polvos en las migas que le dieron a comer, solo porque habiéndola tomado en brazos se le ensució en un avental nuevo que tenia puesto. Y que a un muchacho grande porque le dijo: «¡ah, puta vieja! el pescuezo te se tuerza», le aguardó en cierta parte por donde había de pasar, y llevando la mano untada con los ungüentos ponzoñosos, trayéndosela por la cabeza y el pescuezo, como que le halagaba, le causó una grave enfermedad con que dentro de pocos días murió. Y refiere otras muchas muertes y males que de día hizo con los dichos polvos y ponzoñas, llegando como en burla a tocar con ellos a las personas que pretendía hacer los dichos males.

Y María Presoná y María Joanto, hermanas, refieren que el demonio en el aquelarre les dijo que ya había mucho tiempo que no hacían males (como acusándoles al descuido que en esto tenían), por lo cual ambas se concertaron de matar un hijo de la una y una hija de la otra, que ambos eran de edad de ocho a nueve años. Y para ello, les echaron unos pocos de los dichos polvos en unas escudillas de caldo que les dieron a comer, con que dentro de ocho días murieron ambos. Y que esto lo hicieron solo por dar contento al demonio, que después se les mostró agradecido porque los mataron.

Y el dicho Miguel de Goyburu y María de Zozaya, y otros brujos de los más ancianos, refieren que también emponzoñaban manzanas, peras, nueces y otras frutas, poniéndoles unos pocos de los polvos en las partes donde les quitaban los pezones o en algún agujero sutil y disimulado que les hacían, y las daban a las personas que querían hacer males, con que enfermaban si las comían, y padecían grandes trabajos.

Siempre que mueren algunos brujos. o los brujos han muerto algunas personas o criaturas, después de enterrados, en las primeras noches que han de ir al aquelarre, se juntan los brujos con el demonio y sus criados, y llevando consigo azadas van a las sepulturas y desentierran los tales muertos. Y quitándoles las mortajas los parientes más cercanos (con machetes que para ello llevan) los abren y sacan las tripas y los descuartizan encima de la sepultura para que lo que cayere del cuerpo todo quede en ella. Y luego lo cubren con la tierra, concertándola y poniéndola el demonio de la manera que estaba, que no se echa de ver que han andado en ella. Y luego toman acuestas al difunto los parientes más cercanos, y llevando los padres a sus hijos y los hijos a sus padres y hermanos, las mujeres a sus maridos y los maridos a sus mujeres, se van con mucho regocijo y contento al aquelarre y los despedazan en puestas, y los dividen en tres partes: una cuecen, otra asan, y la otra dejan cruda.

webAntropofagiaY sobre una mesa que tienden en el campo con unos manteles sucios y negros, y se lo comen asado, crudo y cocido, comiendo el demonio el corazón, y sus criados la parte que les cabe. Y a los sapos vestidos les dan también su parte, que la comen piafando y gruñendo entre todos. Y afirman que aunque más podridas y hediondas estén las carnes, les saben mejor que carnero, capones y gallinas, y mucho más que todo la carne de los brujos. Y que la de los hombres es mejor y más sabrosa que la de las mujeres. Y que en la misma forma desentierran y comen otras muchas personas que no son brujos y mueren de sus enfermedades; y los huesos los recogen y guardan para otra noche.

Y la dicha Graciana de Barrenechea declara que por ser ella la mas preeminente de todos los brujos y reina del aquelarre, le pertenecía toda la carne, pan y vino que sobraba en los dichos banquetes; y los recogía y llevaba a su casa, y en ella lo guardaba en un arca grande que tenia, porque su marido y una de sus hijas y el yerno (que no eran brujos) no lo viesen. Y cuando no estaban en casa, sacaban la dicha carne y la asaban y comían ella y dos de sus hijas (que eran brujas) y los dichos Miguel y Joanes de Goyburu y otros de los dichos brujos, que eran sus parientes. Y aunque la carne estaba muy hedionda, con todo eso les sabía muy bien y la comían con mucho gusto. Y refieren mucho número de personas, hombres y mujeres, niños y niñas, que comieron en la dicha forma, y las personas que los llevaron al aquelarre, y los descuartizaron y repartieron; declarando los padres que han comido a sus hijos, y los hijos a sus padres.

webvuelo en escobaY el dicho Joanes de Goyburu refiere que también las noches que no eran de aquelarre se solían juntar ciertas personas de los dichos brujos (que declaró) en su propia casa, y de ella iban a desenterrar algunos muchachos que se habían muerto, y llevándolos a su casa hacia banquetes, comiéndolos asados. Y entre otros, refiere que desenterraron y comieron su propio hijo, poniendo en los dichos banquetes el pan y vino de su casa, que después el gasto repartían entre todos, y lo pagaban a escote.

La primera vez que después vuelven al aquelarre, echan a cocer los huesos del difunto que comieron antes, y con ellos las hojas, ramas y raíces de una yerba que en vascuence llaman belarrona, que tiene virtud de ablandar los huesos y los pone como si fueran nabos cocidos. Y una parte de ellos comen, y otra el demonio y brujos más ancianos la machan en unos morteros, y los exprimen con unos paños delgados, y sacan de los dichos huesos una agua clara y amarilla que el demonio recoge en una redoma, y el cisco que queda de los huesos y los sesos de los difuntos los recogen los criados del demonio, y los guardan para hacer polvos y ponzoñas. Y de la dicha agua amarilla da el demonio una poquita a cada uno de los brujos mas privados, que tiene reservados para que cometan mayores maldades. Y es tan grande la ponzoña y fuerza de aquella mala agua, que tocando con ella cualquiera persona en cualquier parte de su cuerpo, con mucha brevedad, muere sin que haya remedio humano para ello.

Y la dicha María de Iriarte refiere que con ella mató cuatro personas; y que habiendo una vez hecho la dicha agua ponzoñosa, el demonio la persuadió a que bebiese un trago; pero que ella no la quiso beber, porque si la bebiera sabia que se había de morir luego. Y el demonio le dijo que bebiese como él bebía. Y que ella vio que aunque el demonio bebió de la dicha agua no por ello se murió; pero con todo eso no quiso ella beber, aunque más el demonio se lo rogaba. Y la dicha María de Zozaya declara que para se vengar de un hombre, habiendo puesto a asar un huevo, le tocaron con una gota de la dicha agua al tiempo que se estaba asando y de haberle comido padeció grandes trabajos y tormentos hasta que murió.

Y por dar fin a tantas y tan grandes y espantosas maldades con la burla de la caza. Entre otras cosas que refiere la dicha María de Zozaya, declara que habiendo en la villa de Rentería un clérigo cazador, muchas veces iba a caza, le decía: «señor compadre, maté muchas liebres para que nos dé lebrada a todos». Y luego se iba a casa, y habiéndose untado con el agua hedionda que se untaba para ir al aquelarre, caminaba hacia la parte donde iba el dicho clérigo, y el demonio la ponía en figura de liebre, y arremetiendo contra ella los galgos, corría por los campos haciéndoles muchas burlas y revueltas hacia todas partes; con que el clérigo y las demás personas que con él iban andaban desatinados corriendo tras los perros, porque siempre revolvía hacia donde andaban los cazadores, con que con mayores voces y furia la perseguían; y no cesaba de hacerles burlas hasta que los galgos y cazadores de cansados la dejaban; con que, burlados y sin caza ninguna, se volvían a sus casas. Y tras haber oído tantas y tan grandes maldades en dos días enteros que duró el Auto, después de gran rato de la noche nos fuimos todos santiguándonos a las nuestras.

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Brujería en la España del siglo XVII. El proceso de Zagarramurdi (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/07/30/brujeria-en-la-espana-del-siglo-xvii-el-proceso-de-zagarramurdi/). 2009

26 abril 2009

Leganés, Ciudad Cervantina


Portada de "Legané, Ciudad Cervantina"

Portada de "Legané, Ciudad Cervantina"

He publicado en bubok.com una conferencia sobre los lugares de Leganés con relación con Miguel de Cervantes o con el Quijote.
Te la puedes bajar gratis en PDF en esta dirección: Leganés, Ciudad Cervantina. Te invito a bajártela, leerla y que me digas lo que te parece.

Sinopsis:
Se trata de un recorrido por Leganés por los lugares relacionados con Cervantes o con El Quijote.
Es sorprendente las cosas que podremos descubrir en esta ciduad que rememoran la figura de Cervantes o de su personaje más universal.

Ficha

Autor: Francisco Arroyo Martín
Categoría: Ensayo
Subcategoría: Humanidades
N° de páginas: 33
Tamaño: 170×235
Estado: Público
Interior: Color

2 enero 2009

El coleccionismo de arte en el siglo XVII


La Vista de Jan Breughel y Rubens

La Vista de Jan Breughel y Rubens

En el siglo XVII hubo una verdadera fiebre por el coleccionismo; por cualquier serie de artilugios u objetos que alguien pueda imaginar: calaveras enanas, relojes, autómatas, fósiles, ídolos aztecas que se traían de América o los finos y delicados cristales de Murano, conchas marinas, estatuas romanas,…; cualquier cosa podía ser objeto de colección de los espíritus caprichosos y asombradizos de la nobleza de la época. Las colecciones se acumulaban en las lujosas cámaras de sus mansiones y ellos competían orgullosos por mostrarlas a todo el mundo. Tal fue su profusión que se llegaron dividir y clasificar de sugerentes maneras; así a las colecciones de artilugios originados por el ingenio humano las llamaban “artificialias”, y “naturalias” a las que producía la naturaleza.

La nobleza no hacía con esta costumbre otra cosa que copiar a los reyes, que eran los primeros en acumular objetos y artefactos para su distracción, solaz y deleite. Y el arte pictórico (en todas sus manifestaciones: lienzo, tabla, tapiz, grabado, etc.) no podía ser menos. En la España del siglo XVII destaca la figura de Felipe IV, que atesoró una innumerable colección de pinturas. Tres razones influyeron en este afán real: el propio gusto personal del monarca, la presencia de Velázquez como primer pintor real y la ornamentación del palacio del Buen Retiro como obra arquitectónica más señalada de la época. Pero de todas formas, no hacía otra cosa que seguir el modelo de su abuelo, Felipe II, a quien, por su pasión por los libros y códices antiguos, debemos que España posea la más completa biblioteca medieval del mundo en El Escorial.

Las salas del palacio del Buen Retiro de Felipe IV albergaron la mejor y más completa pinacoteca de su época, con cuadros de todas las escuelas y géneros pictóricos, que además era uno de los primeros ejemplos de una colección organizada con algún criterio específico: sala de paisajes, sala de retratos, sala de bufones, sala de las batallas, etc.

En este ambiente no es raro que las colecciones se prodigarán entre la nobleza española del siglo XVII. Destacando las colecciones del duque de Monterrey, marqués de Leganés, conde de Benavente, marqués de la Torre, Jerónimo Villafuerte Zapata, Juan de Velasco, Juan de Lastosa, Jerónimo Funes Muñoz, Suero de Quiñones o Juan de Espina, entre otras muchas dignas de reconocimiento. La visita, admiración y elogio, en su caso, de las colecciones era actividad obligada en la sociedad de la época; muchos grandes literatos nos dejaron glosas de las mismas: entre otros, Gracián, Carducho o el mismo Quevedo.

Por referir algunas de las colecciones más curiosas, citaré la de Juan de Velasco que se componía de curiosidades de la naturaleza y de multitud de autómatas. O la de Juan de Lastosa, en Huesca, que reunía una serie de autómatas que representaban a los más diversos animales salvajes, reales o ficticios: dragones, leones, leopardos, grifos, elefantes, rinocerontes, camellos, panteras, tigres,… O la colección de primorosos instrumentos musicales que, entro otras muchas series singulares, poseía el enigmático madrileño Juan de Espina, quien ordenó en su testamento la destrucción de una colección de figuras humanas de damas y galanes que tenía dispuestas por los corredores de su casa en fingidas fiestas (¿y bacanales?).

El marqués de Leganés es un fiel exponente de esta costumbre, que en su caso casi se convirtió en una obsesión. Es asombroso el número de artilugios que atesoraba en sus casas según se desprende del inventario que se hizo de sus bienes tras su muerte: relojes [algunos con autómatas, como en la plaza Mayor de Leganés; ¡Cuántas vueltas da el mundo!], espadas, piezas de artillería, estatuas (entre ellas una veintena de bustos de bronce de emperadores romanos), espejos,… Vicente Carducho, en sus Diálogos de la pintura (Madrid, 1633), destaca de la colección del marqués de Leganés, además de sus cuadros, su “muchedumbre” de ricos muebles y sus “espejos singulares“, así como sus “relojes extraordinarios“. En verdad, un sin fin de objetos, pero lo verdaderamente asombroso era su colección de pinturas: ¡más de 1.300 pinturas poseía el buen señor! Tan sólo por el número ya sería extraordinaria [el palacio del Buen Retiro tenía unos 800 cuadros], pero lo verdaderamente importante era la calidad de gran parte de las obras que contenía. Pero no fue el único potentado enamorado del arte, también eran notables las colecciones de pinturas del conde de Monterrey, del marqués de Castel Rodrigo, del almirante de Castilla, del duque del infantado o la del protonotario Jerónimo de Villanueva; y no sólo los nobles acumulaban pinturas, sirva como ejemplo que Las Hilanderas de Velázquez pertenecía a la esplendida colección del “plebeyo” Juan de Arce.

Imagen: La Vista. Jan Brueghel ‘el Viejo’ y Pedro Pablo Rubens, Pedro Pablo. 1617. Óleo sobre tabla. 65 cm x 109 cm. Museo del Prado. Madrid. Ver entrada del Museo del Prado

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Extracto del artículo La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés, publicado por el autor en el número 2 de la Revista Cultural EL ZOCO. Pinchar aquí para leerlo completo

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. El coleccionismo de arte en el siglo XVII. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/01/02/el-coleccionismo-de-arte-en-el-siglo-xvii/. 2 de enero de 2009.

11 octubre 2008

El vino en el siglo XVII

Filed under: Costumbres,Cultura,Edad Moderna,Historia,Siglo XVII,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 12:39 pm
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La llegada del vino a la península ibérica debió de producirse entre los siglos VI o V a.n.e. y lo debieron traer los fenicios; después su consumo se extendió con la llegada de los romanos. Entonces los vinos eran casi siempre de cosecha (si bien ya existían técnicas de envejecimiento en barro) y al mosto fermentado se le añadían otros licores o se le endulzaba con melazas y mieles. Algún vestigio de ese tipo de vino queda aún en las mistelas, moscateles, arropes, embocados e incluso en el vino de misa.

Tras la extensión del cristianismo el consumo del vino se popularizó en toda Europa y, lo que es más importante, se incorporó como elemento fundamental de la dieta alimenticia para la población más humilde por el alto valor calorífico que poseía. Ejemplos de este empleo del vino son frecuentísimos en la literatura picaresca española, así, por ejemplo, el primer alimento que toma Lazarillo de Manzanares fueron unas sopas de vino.

Pero esta popularización del consumo del vino también vino acompañado de la descalificación moral de la embriaguez. La moral romana era muy permisiva con las borracheras, baste sólo recordar las bacanales; pero para los cristianos medievales un alcohólico podía ser incluso excomulgado, el episodio bíblico de la borrachera de Noe parece que es determinante. En el siglo XVII, llamar a alguien borracho era considerado un insulto muy grave y podía dar lugar a que se sacaran las espadas de las vainas. También era frecuente que en las normas monásticas, tanto de frailes como de monjas, se aconsejase el consumo moderado del vino en las comidas y a la vez se condenase muy gravemente al religioso ebrio.

Se trataba de un tipo de vino afrutado y denso que permitía aguarlo, por lo cual era entonces muy frecuente añadir agua al vino para rebajar la textura y la graduación; también era frecuente añadir vino al agua para purificarla y desinfectarla [Qué fácil es recordar las palabras de Jesús en las bodas de Caná: “Llenad de agua esas tinajas” Juan 2:5].

Fueron los franceses los primeros en “fabricar” el tipo de vino que hoy tomamos habitualmente. Y lo lograron conjugando la tradición mediterránea del vino con nuevas formas de fermentación, almacenamiento y comercialización, muchas provenientes de la cultura del centro de Europa. Fue en la región de Burdeos y Champaña donde se produjo esta verdadera revolución.

En el siglo XVII se conformaron todos los elementos básicos del vino actual, la recolecta y fermentación separada, la crianza en madera, la conservación y crianza en botella, el tapón de corcho, la doble maceración, el reposo en bodegas para mantener constante la temperatura y humedad, etc. Sirva como ejemplo el tapón de corcho. Este utensilio fue reincorporado a la crianza del vino [ya había sido utilizado en Roma] por un bodeguero francés que a todos nos suena, si bien solo unos pocos habrán catado su producto: estoy hablando de Pierre Perignón de Hautvillers. Gracias a este artilugio pudo dar forma a su creación más genial y genuina: el Champaña, vino carbonatado que consigue su bouquet merced a una doble fermentación en botella, solo posible gracias al tapón de corcho. Pero las innovaciones fueron muchas más y muy variadas.

A los reinos españoles las novedades llegaron rápidamente y las tradicionales regiones productores de vino (que son prácticamente las actuales) se adaptaron pronto a las novedades que venían de más allá de los pirineos. En particular fueron hábiles los riojanos que con unas condiciones bio-geográficas envidiables para la crianza de este tipo de vino gracias la edafología del terreno y a la climatología, lograron adueñarse rápidamente del mercado castellano y, lo que fue aún más importante, iniciar las exportaciones a Inglaterra una vez que Felipe II, como señor de Vizcaya, abrió el puerto de Bilbao a este producto a cambio de que los vinateros riojanos se aprovisionaran obligatoriamente en las herrerías vascas de herrajes, cinchas para la tonelería, ruedas, etc.

A partir de aquí, el desarrollo vinícola de la cuenca alta del río Ebro, con verdaderos emporios en Logroño, Haro y Calahorra, fue espectacular: se producía más de lo que se consumía, se exportaba el excedente, el viñedo se apoderó de la casi totalidad de suelo, se dispusieron medidas políticas y económicas para potenciar la venta del producto y pronto los vinateros y bodegueros se convirtieron en un “lobby” político y social; todas las instituciones, las relaciones económicas y la estratificación social giraba ya entorno al vino. Estas condiciones permitieron que a lo largo del seiscientos se consolidara un tipo de vino: el Rioja.

También en estos años del siglo XVII se comenzaron a popularizar los vinos blancos andaluces, los catalanes de alta graduación, o los suaves vinos portugueses del Duero. La colonización europea de nuevas tierras extendió igualmente el cultivo del vino por los demás continentes: del siglo XVI son las primeras plantaciones chilenas y del XVII en Sudáfrica y California.

Un incendio que se produjo en Valladolid en 1561 dejó a la luz 60 bodegas particulares en 440 casas con más de 250.000 litros almacenados, considerando que la población de esta ciudad castellana era de unos 30.000 habitantes y que la zona afectada era pequeña, la cantidad guardada para el consumo propio era tremenda. En Madrid existen algunos datos que hablan de una media de 200 litros de vino per capita en los años iniciales del siglo XVII. El vino reinaba de forma absoluta como bebida nacional ya que la cerveza entonces apenas era conocida y las pocas fábricas que existían en Madrid daban servicio a la Casa Real (desde Carlos V era frecuente en su dieta), a los embajadores europeos y a la nobleza más “snob” de entonces. Su éxito estaba por llegar. Durante este siglo todavía era frecuente el consumo del vino mezclado con agua, especias, zumos, miel, azúcar, nieve y otros aditamentos, o bien otros licores espirituosos; dando lugar a multitud de limonadas y sangrías; los “calimochos” y “rebujitos” actuales no dejan de ser herederos de esta costumbre.

Sobre la técnica de aguar el vino, todo un catedrático de la Universidad de Valladolid, el doctor Gerónimo Pardo, escribió el Tratado del vino aguado y agua envinada, sobre el aforismo 56 de la sección 7 de Hipócrates (Valladolid, Imprenta de Valdivieso, 1661). En este grueso y erudito libro el autor analiza pormenorizadamente las cantidades, proporciones, remedios, usos, etc., con citas frecuentes de los clásicos Hipócrates, Plutarco, Macrobio,… comparando la importancia alimenticia del vino con la de la leche. Para este insigne profesor el vino era un purificador de los humores; un poderoso nutriente que engendraba sangre saludable y criaba buenos colores; un ahuyentador del dolor y de la tristeza; era consuelo de la senectud, leche de los viejos; medicamento, antídoto y triaca contra todo veneno; también causa de sueño a los que estaban faltos de él; y hacía a los hombres valientes, fuertes y atrevidos; y era la mejor prueba de cuáles son los buenos y malos ingenios. Por último, lo consideraba un buen estimulante para el sexo, mucho más eficaz en las mujeres, menos atemperadas que los hombres según el sentir de entonces.

No cabe duda de que ya existían los catadores de vinos, llamados entonces (y ahora también, aunque el término está en desuso) mojones, y que ya asombraban por su capacidad para discernir por el olor, color y sabor las virtudes y características de los vinos. Y uno de ellos era, nada más y nada menos, que el bueno de Sancho Panza, que lo era además por linaje. Así se lo cuenta al escudero del Caballero del Bosque en la aventura del mismo nombre:

Don Quijote de la Mancha, II parte,

Capítulo XIII.

Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos

(…)

—Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas ni a piruétanos ni a raíces de los montes; allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no; y es tan devota mía, y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.

Y, diciendo esto, se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y, en acabando de beber, dejó caer la cabeza a un lado, y, dando un gran suspiro, dijo:

—¡O hideputa, bellaco, y cómo es católico!

—¿Veis ahí dijo el del Bosque, en oyendo el hideputa de Sancho— como habéis alabado este vino, llamándole «hideputa»?

—Digo —respondió Sancho— que confieso que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?

—¡Bravo mojón! —respondió el del Bosque—; en verdad que no es de otra parte, y que tiene algunos años de ancianidad.

—¡A mí con eso! —dijo Sancho—; no toméis menos, sino que se me fuera a mí por alto dar alcance a su conocimiento. ¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor, y la dura y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por parte de mi padre los dos mas excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha; para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré. Dieronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino; el uno lo probó con la punta de la lengua, el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro, el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia y que el tal vino no tenía adobo alguno, por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendiose el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña pendiente de una correa de cordobán. Porque vea vuestra merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer en semejantes causas.

—Por eso digo —dijo el del Bosque— que nos dejemos de andar buscando aventuras, y pues tenemos hogazas, no busquemos tortas, y volvámonos a nuestras chozas; que allí nos hallará Dios si Él quiere.

—Hasta que mi amo llegue a Zaragoza, le serviré; que después todos nos entenderemos.

Finalmente, tanto hablaron y tanto bebieron los dos buenos escuderos, que tuvo necesidad el sueño de atarles las lenguas y templarles la sed, que quitársela fuera imposible; y, así, asidos entrambos de la ya casi vacía bota, con los bocados a medio mascar en la boca, se quedaron dormidos, donde los dejaremos por ahora, por contar lo que el Caballero del Bosque pasó con el de la Triste Figura.

Imagen: La joven con la copa de vino. Jan Vermeer de Delft. 1659-1660. Óleo sobre tela. Anton Ulrich Museum

© Francisco Arroyo Martín. 2008

Para citar este artículo desde el blog:
ARROYO MARTÍN, Francisco. El vino en el siglo XVII
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2008/10/11/el-vino-en-el-siglo-xvii/
11 de octubre de 2008.

13 julio 2008

Historia y Medio Ambiente

Filed under: Historia,Siglo XVII,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 6:49 pm
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Desde la primera década del siglo XVII se publicaron obras que hablaban del aumento general de los impuestos que cobraban los príncipes, de que la vida se acortaba, de nuevas enfermedades que hasta entonces parecían desconocidas, de hambrunas, de desastres naturales, etc. Es muy cierto que el XVII fue un siglo especialmente convulso, pero en los años centrales de la centuria las revueltas sociales y las revoluciones políticas surgían por doquier. Así, los autores de la apología del conde duque de Olivares “El Nicandro”, en 1643, decían que los últimos fracasos de la monarquía española no se debían a decisiones erróneas del privado, que «no atienden a la universal providencia de las cosas, la cual en unos tiempos trasiega el mundo y lo funesta con calamidades públicas y universales, cuyas causas totalmente ignoramos».

Efectivamente, en esos años hubo guerras civiles en Inglaterra, Irlanda y Escocia; España sufrió la fragmentación territorial en Europa con la pérdida territorial del Rosellón y Portugal, la secesión de Cataluña e intentos secesionistas muy serios en Aragón y la misma Andalucía; Francia, a pesar de ser la potencia emergente, sufrió gravísimas guerras civiles que tuvieron su mayor exponente en la Fronda; en 1648 una sublevación popular en Moscú desencadenó revueltas urbanas en toda Rusia; los cosacos de Ucrania se sublevaron contra los dominadores polacos; en 1648 también, tiene lugar la revolución inglesa que acaba con el monarca Carlos II decapitado y la monarquía derrocada; Italia es un hervidero con revueltas en Nápoles, en los Estados Pontificios, en Sicilia,…; etc.

Pero no sólo Europa sufría convulsiones; en Brasil y México se produjeron sublevaciones que pudieron ser sofocadas a duras penas por los portugueses y españoles; se vio a todo un emperador turco arrastrado por las calles de Constantinopla debido a las guerras civiles que asolaron el imperio turco; también hubo guerras civiles en Persia; China fue invadida por los tártaros, que llegaron incluso al mismísimo Pekín, provocando el suicidio del emperador en 1644, originándose una guerra civil que produjo un cambio de dinastía: los Qing por los Ming (un historiador chino habla de la pérdida de un tercio de los espacios cultivados y de el mismo porcentaje de pérdida de población); Etiopia fue asolada por lo otomanos; los jefes locales de lndia no dejaron de pelear entre sí durante todo el siglo; en Japón, tras una guerra civil, cambia la familia que ostenta el Shogun y se inicia la política de aislamiento; etc. En 1652, un escritor veneciano hablaba de «terremotos de Estado»

Bien, pues para explicar estos extendidos y numerosos procesos convulsos, Geoffrey Parker señala en su estudio “La crisis mundial del siglo XVII: acontecimientos y «paradigma»”a la climatología como un elemento clave; si bien en su exposición deja claro que no quiere fijar pautas deterministas sino aportar elementos explicativos de un proceso mucho más complejo en el cual participaban las variaciones demográficas, las presiones políticas, sociales o fiscales de cada lugar, y la aparición de nuevas ideologías más radicales y líderes carismáticos que pudieron encauzar las nuevas corrientes convulsas.

El apartado más original es el que el autor denomina como «la ecología de la crisis». Al parecer entre 1636 y 1644 se unieron una continuada serie de erupciones volcánicas y una ausencia notable de manchas solares; ambas circunstancias favorecieron un enfriamiento del clima del planeta: un solo grado en el ecuador pero debido al “anormal” funcionamiento de las masas de aire provocaron efectos climatológicos extremos, fundamentalmente sequías y heladas acompañados de fuertes concentraciones de lluvias que provocaban espectaculares inundaciones y riadas. El fenómeno meteorológico conocido como el “Niño” sobre las costas pacíficas se repitió con mucha frecuencia en los años centrales del siglo.

La interesante observación de Parker nos pone de relieve que durante este periodo histórico un cambio climático global produjo unas terribles consecuencias a escala planetaria. Evidentemente las circunstancias son otras y el desarrollo de las sociedades humanas es bien diferente ahora al existente hace cuatrocientos años; pero también entonces existían voces que relativizaban el problema y llamaban alarmistas a los que se alarmaban de lo que veían. Así, Secondo Lancellotti, en 1623, escribía un libro de más de 700 páginas con el siguiente título: Hoy en día, o como el mundo no es peor ni más calamitoso que en el pasado. En este libro se esforzaba en demostrar que los “quejosos” se lamentaban sin razón, ya que los príncipes eran igual de avaros que los de antaño; las mujeres igual de vanas; la vida humana era igual de larga; no había nuevas enfermedades; y que los desastres naturales (a los que dedica la friolera de ocho capítulos) no son más ni más numeroso ni peores que los que siempre había habido. En definitiva que la vida era toda felicidad y no existían motivos para preocuparse; grave equivocación que el tiempo vino a demostrar.

Quizás sería bueno que aprendiéramos la lección y no nos deleitáramos en nuestro relativo buen nivel de vida; y diéramos mayor importancia a estos “quejosos” del momento que encienden las alarmas y nos hablan de un futuro nada grato de seguir así.

¡Ojala que no sea el tiempo el que nos saque de nuestra autocomplacencia!

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Si quieres, puedes profundizar en el tema y bajarte el artículo Historia y Medio Ambiente completo en PDF (184 KB)

© Francisco Arroyo Martín. 2008

Para citar este artículo desde el blog:
ARROYO MARTÍN, Francisco. Historia y Medio Ambiente http://elartedelahistoria.wordpress.com/2008/07/13/historia-y-medio-ambiente/
13 de julio de 2008.

7 agosto 2007

Hasekura Tsunenaga. Un samurái en la Corte de Felipe III

Filed under: Historia,Personajes,Siglo XVII — Francisco Arroyo Martín @ 4:10 pm
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Hasekura Tsunenaga. Un samurái en la Corte de Felipe III

Por Francisco Arroyo Martín

El 28 de octubre de 1613 partió de Sendai hacía España una embajada japonesa enviada por Date Masamune [en japonés: 伊達 政宗] (1567—1636), señor feudal de la provincia de Ōshū [奥州], al noroeste de Japón [en la documentación española suele aparecer escrito de diferentes formas: Boju, Boxu, Voxu, Vojuí,... actualmente la provincia se conoce más por el nombre de Mutsu (陸奥国)]. La embajada estaba encabezada por el samurái Hasekura Tsunenaga Rokuyemon [支倉六右衛門常長] (1571—1622), capitán de la guardia personal de Date Masamune y veterano de las guerras de Corea, y contaba con el aliento de un fraile sevillano, el franciscano fray Luis Sotelo (1574—1624) que llevaba en Japón desde 1602, adonde llegó proveniente de Manila. La comitiva la formaban cerca de 200 personas, de los cuales unos cincuenta eran españoles: los frailes franciscanos que tutelaban la embajada y el resto de un naufragio de una nave española de 1611; la expedición se completaba con los diplomáticos japoneses, y las tropas y personal de su servicio, junto con un buen número de comerciantes.

La primera parte del viaje se hizo en un navío japonés de 500 toneladas de nombre “San Juan Bautista” en español, y “Date Maru” en japonés, fabricado al modelo de los galeones europeos bajo la dirección del navegante y explorador Sebastián Vizcaíno (1548—1624), que había llegado a Japón en 1611, y del inglés Guillermo Adams que estaba al servicio del ministerio de guerra del sogún Tokugawa Hidetada [徳川秀忠] (1579—1632; sogún entre 1605—1623). Actualmente existe una réplica de este barco en la ciudad de Ishinomaki, puerto desde el cual zarpó la nave.

Pero antes de contaros las peripecias del viaje y la estancia en Europa de este grupo de japoneses, conviene saber que objetivos buscaba esta misión diplomática. En primer lugar hay que señalar que la presencia de misioneros cristianos en las islas del Japón se remonta, al menos, al 15 de agosto de 1549 cuando desembarcó en Kagoshima el jesuita San Francisco Javier [monje navarro que se convertiría en la mano derecha de San Ignacio de Loyola. Fundador de la Compañía de Jesús]. Años más tarde, en 1582, los jesuitas habían conseguido un buen número de conversos al catolicismo [se habla de 150.000], lo que les permitió organizar una expedición a Roma y conseguir del Papa un obispado para la isla, cátedra que desde entonces sería ocupada por un jesuita hasta la expulsión de los religiosos extranjeros que se produjo en el siglo siguiente. En esta tesitura, el resto de las órdenes misioneras, y en particular los franciscanos, se quedaron en una situación de dependencia y subordinación respecto a los jesuitas; algo que evidentemente no gustaba.

Por otro lado, Japón había incrementado notablemente sus relaciones comerciales con los asentamientos españoles y portugueses del Pacífico, tanto en los continentales de la India como en los de los archipiélagos de Molucas y Filipinas, especialmente; los cuales desde la unificación de las dos Coronas en Felipe II en el año de 1580, dependían todas [al menos teóricamente, luego su funcionamiento era muy independiente] del Consejo de Indias (en Madrid) y de la Casa de Contratación (en Sevilla), que eran los órganos que autorizaban los permiso y franquicias de contratación. Lo que pretendía los japoneses era establecer relaciones diplomáticas con el Rey de España y establecer los acuerdos necesarios para poder negociar y comerciar directamente con América y Europa a través de los puertos del Pacífico de Nueva España (México); y lo que pretendían los franciscanos (aparte de participar en esta nueva red comercial) era la división del Japón en dos obispados y ocupar ellos al menos el del norte. Para lograrlo partieron a Madrid y Roma, las dos ciudades europeas más importantes del momento.

Viajes similares se habían intentado ya en 1610, donde la expedición la encabezaba el franciscano fray Alonso Muñoz, y dos años después por el mismo fray Luis Sotelo; en ambos casos la expedición fracasó. Lo cierto es que la situación de los cristianos en Japón empeoró notablemente a partir de 1613, llegándose a prohibir el culto en muchos territorios, si bien en el caso de Date Masamune no sólo continuó autorizando la difusión y extensión del catolicismo, sino que persiguió las prácticas de otras religiones, especialmente a los budistas y sintoístas.

Bien, pero sigamos con el viaje de Hasekura Tsunenaga, quien avista el continente americano, siguiendo la ruta tradicional del galeón de Manila, en el cabo de Mendocino, península de California, y siguiendo la costa, el 25 de enero de 1614, llega a Acapulco, principal puerto pacífico de Nueva España; tres meses después de su partida de Japón. Tras penetrar en la amplísima bahía de esta ciudad y obtener las autorizaciones pertinentes se produce el desembarco y la embajada japonesa fue recibida con gran ceremonial por los representantes del virrey de Nueva España, don Diego Fernández de Córdoba (1578—1630), marqués de Guadalcázar. De todas formas hubo que esperar un tiempo en esta ciudad para preparar el viaje a México, el séquito se hospedó en el convento franciscano del lugar. No faltaron en este tiempo de espera enfrentamientos entre miembros japoneses y españoles de la expedición; de especial relevancia fue el mantuvo el capitán de la guardia personal de Hasekura, un tal Tomé o Tomás [por el nombre algunos han querido ver que fuera hijo de algún español, pero lo más normal es que adoptara este nombre tras bautizarse] y Sebastián Vizcaíno. Se utilizaron los aceros y del duelo salió gravemente herido el arrogante marino español. Ante este hecho las autoridades españolas establecieron varias normas el 4 de marzo, encaminadas a garantizar la seguridad, el comercio y el libre movimiento de los japoneses, que no podían ser molestados por nadie so pena de graves castigos, y por contra se limitaba el uso de armas al propio Hasekura y a media docena de escogidos samuráis.

Por fin, partió el séquito de Acapulco y llegó a la ciudad de México el 25 de marzo. En esta ciudad fueron recibidos con la mayor pompa y boato por el propio virrey, el arzobispo de México, Juan Pérez de la Serna (1573—1631), y el provincial de la orden franciscana. A todos ellos se les entregaron las cartas y credenciales de Date Masamune, daimio de Sendai, el cual les manifestaba su gran interés en que sus representantes viajaran a España y a Roma para llevar mensajes de paz al rey de España y establecer relaciones diplomáticas y comerciales en Nueva España, y para pedir al Papa que envíe misioneros católicos y un alto delegado papal [un obispo más, vamos] para evangelizar todo el Japón. Durante la estancia en México, en las celebraciones religiosas en torno a la Semana Santa, se produjeron varios bautizos colectivos: así el día 9 de abril se bautizaron 20 japoneses, y otros 22 el día 20; y tres días más tarde recibieron la confirmación de manos del arzobispo nada menos que 63 nipones. Hasekura no quiso tomar estos días el bautismo, ya que prefirió reservarse y recibirlo en Europa, en Roma o en Madrid, donde efectivamente lo hará, como veremos.

De todas formas, y a pesar de estas muestras de fervor religioso, en Japón pintaban bastos para los cristianos, ya que, el primero de febrero del 1614, el sogún Tokugawa Hidetada [el sogún era el gobernador militar del imperio japonés, y de hecho quien ostentaba el poder político al que se sometían los daimios, que eran los señores feudales de las distintas provincias; el emperador carecía de poder efectivo en el territorio y se había convertido en una figura simbólica y de carácter casi ceremonial] había decretado la prohibición de la práctica del cristianismo y la expulsión de los misioneros extranjeros. Al menos, Date Masamune, que, recordemos, era el daimio de Hasekura, esperó hasta el regreso de la embajada diplomática a Europa para aplicar en Ōshū la dura ley del sogún. Pero esto todavía se desconocía en México.

En el momento de partir de la capital de Nueva España, la comitiva se dividió: los españoles se quedaron en Nueva España, excepto los frailes que siguieron con Hasekura; y de los japoneses, una treintena continuaron el viaje hacía Europa, algunos, pocos, se quedaron en Nueva España a esperar la vuelta de Hasekura, y el resto volvió a Acapulco para regresar, de nuevo en el “San Juan Bautista”, a Japón. Después, la reducida comitiva encaminó sus pasos por el camino real al puerto atlántico de Veracruz, donde el 10 de junio, a bordo del galeón “San José”, comienzan la travesía del Golfo de México con dirección a La Habana. La intención era coger en la capital de la actual Cuba un barco de los que integraban la Flota de Indias.

Era La Habana el puerto del caribe donde la Flota de Nueva España [puerto de referencia Veracruz, actual México] se unía a los Galeones de Tierra Firme [puerto de referencia el de Cartagena, actual Colombia, y Portobelo en Panamá] para iniciar el viaje anual de regreso a España. Poco a poco fueron llegando los barcos cargueros y se fueron aprestando los buques de guerra de la Armada de Barlovento que escoltarían a la flota hasta el final del canal de Bahama, cerca de las Bermudas. Por fin, el 3 de agosto, a bordo del galeón “San Juan de Lúa”, la embajada inicia la travesía del Atlántico en la flota que comandaba el almirante don Antonio Oquendo. La presencia de la comitiva japonesa se recuerda hoy en La Habana con una estatua de bronce, erigida el 26 de abril de 2001, en honor de Hasekura Tsunenaga.

El viaje por el atlántico continuó sin contratiempos graves si exceptuamos alguna tormenta más que seria y la incertidumbre de que se produjera algún ataque corsario a alguna nave retrasada; que no se disipó hasta que en las Azores se vislumbraron las naves de la Armada del Océano, que escoltarían a la Flota hasta su llegada a la bahía de Cádiz. Una vez que se avistaron las costas andaluzas, se mandó aviso a la ciudad de Sevilla de la llegada de la embajada el 30 de septiembre y de las intenciones de la misma. La ciudad empezó desde ese momento a preparar el recibimiento que merecía tan excelsa visita.

Así, tras dos meses de navegación, el 5 de octubre, la flota llegó a la desembocadura del Guadalquivir y arribó a la barra de Sanlúcar de Barrameda. Debido al gran calado de algunos buques, lo que les impedía navegar río arriba hasta Sevilla, hubo que hacer el traspaso del cargamento de estas naves a las barcazas y gabarras fluviales, momento que también se aprovechaba para escamotear a la Hacienda Real un buen número de mercancías y efectos. Pero para los japoneses era acumular un retraso más a su dilatado viaje, del que pronto se cumpliría un año del día de la partida de Japón. Inmediatamente se enviaron las pertinentes cartas de presentación al ayuntamiento de Sevilla y a Madrid, a Felipe III (1578—1621), anunciando su llegada y las intenciones de su viaje.

Una vez que arribó la embajada de japonesa, acudió a presentar los honores pertinentes Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, VII duque de Medina Sidonia (1550—1615), que era el señor de la villa de Sanlúcar de Barrameda y además era el capitán general del Mar Océano y de las costas de Andalucía y el representante de la principal familia andaluza. Hasekura y los principales miembros de la expedición fueron hospedados en la residencia ducal, donde fueron atendidos con la típica suntuosidad y pompa del magnate andaluz.

La ciudad de Sevilla encargó a unos de sus regidores, al veinticuatro Diego Caballero de Cabrera, que además era hermano de fray Luis Sotelo, que atendiera a los viajeros y que hiciera los preparativos necesarios para su entrada en Sevilla. El duque, a instancias del ayuntamiento sevillano, aparejó dos galeras para conducir a la comitiva a Coria del Río, donde tendrán que esperar hasta el día que sean recibidos en la ciudad. En esta localidad fueron hospedados, siempre a cargo de la ciudad de Sevilla, por Pedro Galindo, que atendió con esmero y cuidado a sus huéspedes. Incluso, la capital andaluza, envió una representación, formada por el citado Diego de Cabrera, Bartolomé López de Mesa, Bernardo de Ribera, y el propio Pedro Galindo, junto con un buen número de jurados y caballeros que los acompañaban, para que dieran la bienvenida al embajador y le felicitaran por su feliz viaje. Algo que satisfizo mucho a Hasekura y le hizo albergar esperanzas de éxito en su misión.

Por fin, el 21 de octubre [no coinciden en este dato los cronistas y algunos dan la fecha del 23] tiene lugar la fastuosa recepción en la ciudad de Sevilla. Hasekura partió de Coria del Río con su séquito, formado por el religioso sevillano y una guardia personal compuesta por los samuráis y una decena de soldados, todos elegantemente vestidos al modo japonés y, para dejar clara su intención, todos portaban rosarios al cuello; también iban con ellos los veinticuatro sevillanos Bartolomé López de Mesa y Pedro Galindo. Desde su salida de Coria la comitiva fue aumentando de número con infinidad de curiosos que no querían perderse la ocasión de ver de cerca tan singulares personajes. Pero esto no fue nada en comparación con la multitud que se agolpaba entorno al puente y a la puerta de Triana; toda la ciudad, desde el camino o desde las barcas en el río, querían conocer a tan ilustres y sorprendentes visitantes.

Cruzaron el puente de barcas de Triana numerosas carrozas y cabalgaduras y un sinfín de gente de todo tipo; tan grande fue el número que en algunos momentos se puso en peligro la propia integridad de la comitiva a pesar de los denodados esfuerzos de los alguaciles y justicias que intentaba poner un mínimo de orden en la procesión. [Quien conozca esta ciudad en Semana Santa podrá imaginárselo sin esfuerzo]. En la puerta de Triana les esperaban toda la nobleza de la ciudad y los miembros del ayuntamiento sevillano encabezados por el corregidor y asistente de Felipe III en la ciudad, Diego Sarmiento de Sotomayor (¿?—1618), primer conde de Salvatierra, que en nombre del rey y de la ciudad dio la bienvenida a el embajador, quien se apeó de la carroza y recibió y proporcionó las oportunas cortesías; mostrando en todo momento el sumo placer y honor que recibía de tan grandioso recibimiento. Después, Hasekura montó a caballo y se colocó junto al conde de Salvatierra, quienes, flanqueados por los alguaciles mayores de la ciudad y por el capitán de la guardia japonesa, condujeron la cabalgata por la ciudad hasta las puertas de Alcázar Real, donde se hospedaría el embajador a costa de la ciudad. Durante todo el trayecto estuvieron acompañados por millares de sevillanos que los saludaban alborozados a su paso. A su llegada a la residencia real sevillana fueron recibidos por Juan Gallardo de Céspedes, su alcaide. Así terminó esta jornada. Durante los días siguientes, Hasekura, como cualquier turista de hoy en día [pero sin cámara de fotos], recorrió la ciudad, visitó la catedral y, como no, subió a la Giralda para disfrutar desde lo alto de la magnífica visión de Sevilla y del Betis.

El día 27 de octubre tuvo lugar la recepción oficial de la embajada por el ayuntamiento sevillano. Sentado junto al conde de Salvatierra, Hasekura expuso los motivos y razones de su embajada en japonés que el padre fray Luis Sotelo interpretó en castellano, y que no eran otros que extender la fe en Cristo por todo el Japón y alcanzar un tratado de amistad y comercio con España; después entregó una carta de Date Masamune, que también tradujo el fraile franciscano, en la que se exponía su pretensión de ponerse bajo la autoridad del papa y de comenzar un periodo de amistad fraternal con el rey de España; seguidamente, fray Luis Sotelo hizo una relación de las incidencias del viaje, de la situación del cristianismo en Japón y una petición de ayuda económica para continuar su labor. Acto seguido respondió el conde de Salvatierra, diciendo que la ciudad de Sevilla ayudaría en todo lo que pueda al éxito de la misión y que él, en calidad de asistente real, transmitiría fiel y puntualmente todo el contenido de la embajada a Felipe III. Por último, entró en la sala capitular del ayuntamiento de Sevilla el capitán de la guardia de Hasekura para hacer entrega de la carta original de Date Masamune y de un daishō [大小], conjunto de las dos espadas tradicionales japonesas: la katana [] y la wakizashi [脇差]. [En los archivos sevillanos se conserva la carta original, pero las espadas desaparecieron tras los tumultos de 1868]. Después, como se trataba de una sesión ordinaria, la embajada abandono la sala y el cabildo continuó su sesión.

Los japoneses prolongarán su estancia en Sevilla durante un mes más, y en este tiempo el Alcázar sevillano recibirán innumerables visitas de cualquiera que fuera algo en Sevilla: nobles, jueces, cargos públicos,… y en particular sentirán el calor y el cariño de los sevillanos que, como veremos, dejará profunda huella en muchos de ellos. Hasekura, por su parte, realizó numerosas visitas a la catedral y al convento franciscano de la ciudad. También serán abundantes los actos festivos que se harán en su honor y homenaje: comedias, bailes, saraos,… Existe una relación de gastos del Libro de Cuentas, según la cual, el ayuntamiento de Sevilla se gastó más de 2.600 ducados en la estancia de la embajada japonesa [al cambio actual del precio del oro unos 142.000 €, mas de 23.000.000 millones de ptas.].

El 25 de noviembre la embajada abandona la ciudad hispalense con dirección a la capital de la monarquía hispana. La comitiva la componen unas cuarenta personas, dos carros, dos literas y cerca de cincuenta animales de carga. La ciudad de Sevilla, atenta hasta el último momento, designa a Gonzalo de Guzmán, junto con personal de servicio, para que acompañe y asista a la embajada hasta su llegada a Madrid.

Ciudad a la que llegarán el 20 de diciembre, tras un viaje en el cual la comitiva fue objeto de atención por todos los lugares por donde pasaron, destacando la parada de varios días en Córdoba y el recibimiento por el arzobispo de Toledo en la catedral primada. No fue tan espectacular el recibimiento en la Corte como lo había sido en Sevilla, seguramente, además de la información qua había trasmitido el conde de Salvatierra, también se tendrían noticias de la nueva situación en Japón y de las persecuciones que se habían iniciado contra los cristianos tras el decreto del sogún de febrero de 1614. Siempre se trató a la embajada como una delegación de un principado menor, en ningún momento se la consideró como la representación oficial del emperador o del sogún; en consecuencia el protocolo se ajustó a este rango.

Además, los agentes de los comerciantes de Nueva España y Filipinas debían mirar con recelo las intenciones comerciales de los japoneses, y a buen seguro que no tardaron de mover sus influencias en la Casa de Contratación y en el Consejo de Indias para que se mantuviera el estado actual en las relaciones comerciales con Japón. Estos dos órganos siempre se manifestaron contrarios a esta nueva alianza con los japoneses que podría poner en peligro la exclusividad comercial de los asentistas de Manila y Acapulco. Tampoco convine olvidar la creciente pujanza de los jesuitas en la Corte madrileña, que se habían hecho con el influyente Colegio Imperial y estaban fabricando su nueva y magnífica sede en la calle de San Bernardo; quienes a buen seguro no dejaron de medrar para que la misión acabará en fracaso y poder mantener el monopolio evangelizador en Japón. Así, el alojamiento de la embajada no fue en ningún palacio o residencia real ni en ninguna morada de los miembros de la nobleza cortesana, ni tan siquiera fue en alguno de propiedad municipal, sino en el convento de San Francisco de la localidad.

Más de un mes, hasta el 30 de enero de 1615, hubieron de esperar Hasekura y Luis Sotelo para ser recibido por Felipe III. En la audiencia real se reiteró la exposición de Hasekura sobre los deseos de su señor, el daimio Date Masamune, de mantener relaciones diplomáticas y establecer alianzas con España y que se cristianice todo el Japón; si bien en esta ocasión se hizo mucho más hincapié en la vertiente política y económica de la embajada; acto seguido se le hizo entrega a Felipe III de una carta original de Date Masamune [de la que se desconoce su actual paradero] fechada el año 13 a cuatro días de la novena luna, que se correspondía con el 6 de octubre de 1613, unos días antes de que partiera la embajada, como hemos visto. Luis Sotelo volvió a ser el intérprete de Hasekura e hizo un alegato ante el rey en defensa del acuerdo, ya que permitiría acercar posiciones con el sogún Tokugawa Hidetada para neutralizar la influencia holandesa e inglesa en Japón.

Hasekura estará alrededor de ocho meses en Madrid, por un lado preparando el viaje a Roma y por otro intensificando los contactos con las principales personalidades de la Corte al objeto de llevar a buen puerto su misión. Varias veces se entrevistó con el valido de Felipe III, el todopoderoso Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja (1553—1625), I duque de Lerma, y con el nuncio apostólico del papa en Madrid.

Pero quizás el acto social de mayor trascendencia fue el bautizo del propio Hasekura en la capilla del monasterio de las descalzas reales de Madrid. Fray Luis Sotelo escribió una relación a su hermano Diego Caballero de Cabrera del desarrollo de este acontecimiento según el cual se desarrolló de la siguiente forma. El 17 de febrero de 1615, a las tres de la tarde, acudió a la citada capilla Felipe III, acompañado de su hija Ana de Austria (1601—1666) [que en las crónicas aparece como “Reina de Francia” ya que en esas fechas su matrimonio estaba concertado con Luis XIII de Francia (1601—1643), si bien su matrimonio por poderes se realizará en Burgos el 18 de octubre de 1615 y en persona en Burdeos el 21 de noviembre de ese mismo año, ya que ambos contrayentes tenían apenas 14 años, su matrimonio no se consumará hasta cuatro años más tarde. Chascarrillo “rosa”: esta es la reina sobre la cual se sospecha que tuvo algún affaire con el duque de Buckingham; la de los tres mosqueteros, vamos]. También acudieron a este acto la infanta María Ana de Austria; al parecer el príncipe Felipe estaba enfermo y se quedó en palacio con los otros dos infantes: Carlos y Fernando. A la celebración acudieron los principales caballeros de la Corte, entre ellos muchos Grandes, quienes junto a los japoneses se distribuyeron por las gradas. Hasekura estuvo acompañado toda la ceremonia por Lope de Moscoso Osorio (1555—1636), VI conde de Altamira, mayordomo mayor de la infanta Ana. El bautizado tuvo como padrinos al duque de Lerma y la condesa de Barajas. El oficiante fue el capellán mayor de Felipe III, Diego de Guzmán, ya que el arzobispo de Toledo tenía perlesía en las manos lo que le impedía oficiar el bautismo, si bien estuvo presente en la ceremonia. El bautizo se hizo con toda la solemnidad y destaca fray Luis Sotelo el afecto y gran devoción del japonés. Su nombre cristiano fue Felipe Francisco Hasekura.

Inmediatamente acabado el bautismo, el duque de Lerma llevó al embajador al cuarto real donde se entrevistó con Felipe IV, quien le felicitó y le pidió que le encomendase a Dios. Por su parte, Hasekura, agradeció su presencia y que le hubiera permitido usar su nombre y que esperaba que este acontecimiento tuviera su efecto y salvara muchas almas en Japón. Tras abandonar el monasterio la embajada fue escoltada por la Guardia Real hasta San Francisco, donde fueron recibidos por toda la comunidad franciscana con un solemne Te Deum Laudamus y gran aparato de música y canto.

La otra etapa del viaje era Roma, y tras conseguir la licencia real, hacía allí partió la comitiva el 15 de agosto de 1615. Se une a ellos como intérprete el doctor Escipión Amati que publicaría a finales de ese mismo año una crónica de la embajada: Historia del Reyno Di Voxy Del Giapone, Dell’Antichita Nobilita, E Valore Del Svo Re Idate Masamune,…; el veneciano Gregorio Matías y el intérprete Francisco Martínez. En el séquito todavía viajaban veintiún japoneses.

La ruta fue la habitual para los desplazamientos a Italia: Alcalá de Henares, Daroca, Zaragoza, Lérida y Barcelona; donde por mar se dirigirían a Génova para alcanzar Roma. Por todos estos lugares la comitiva se convirtió en un foco de atracción, así en las distintas localidades se esperaba su llegada para realizar los oportunos honores y saludos; los visitantes aprovechaba estas paradas para visitar los templos y monasterios franciscanos que financiaron la mayor parte del viaje.

De todas formas, en España y tras conocer las preocupantes noticias que llegaban de América, la posibilidad e llegar aun fructífero entendimiento cada vez eran menores; así en septiembre de 1615 el Consejo de Indias se manifestaba contrario a la alianza comercial con Japón a través de Nueva España, alegando que afectaría negativamente a los intereses de los mercaderes portugueses de la India y Macao y a los españoles de Filipinas. Por estas mismas fechas, en concreto el 20 de septiembre, Felipe III ordena al conde de Castro, embajador en Roma, para que vigile de cerca las audiencias ante el Papa. Además le indica que en lo relativo a las decisiones sobre el envío de misioneros a Japón debe atenerse a lo que indique el nuncio apostólico en España.

De todas formas la embajada sigue con su misión, y a principios de octubre de 1615, parten del puerto de Barcelona en dos fragatas y un bergantín con dirección al puerto genovés de la Saonna. Debido a unas fuertes tormentas la expedición tuvo que hacer un alto en la localidad francesa de San Tropez. En las crónicas del lugar quedó constancia de la visita de tan extraños personajes, en las cuales destacaban que los japoneses no tocaban la comida con las manos y ¡qué usaban unos palillos para acercarse los alimentos!; también llamó su atención que se sonaran los mocos con pequeños y suaves trozos de papel que desechaban después de su uso; pero lo que más destacan los cronistas galos son sus espadas de las cuales dicen que su forja era de un acero tan afilado que podían cortar un papel con tan solo la presión de un soplo.

Tras este incidente llegan a la ciudad de Génova a mediados de octubre, donde son recibidos por toda la nobleza de la ciudad y por el senado. A los pocos días inician su periplo por Italia que les permitirá alcanzar la ciudad eterna el primero de noviembre. El papa Pablo V (1550—1621), recibió a Hasekura con premura y así se le concede la audiencia el mismo día 3 de noviembre en el Sacro Colegio Cardenalicio; a la audiencia acude lo más selecto de la curia romana, grandes señores, prelados y embajadores. En el acto se repite el mismo ceremonial que hemos visto en Sevilla y en Madrid intervenciones del franciscano y del embajador japonés con la lectura de la carta, que Date Masamune destina al pontífice [De esta carta se conservan los originales en japonés y latín en los archivos vaticanos]. En la carta se pedía al papa que intercediera ante Felipe III para favorecer un tratado comercial y de amistad entre Japón y España y le pedía que enviara misioneros al Japón; en parte venía a decir:

Besando los pies santos del más grande, universal y mayor santo del mundo entero, al papa Paulo, con la sumisión y mayor reverencia, yo, Date Masamune, rey de Wôshû en el imperio de Japón, le suplico: (…) El Padre franciscano Luis Sotelo vino a nuestro país a esparcir la fe de Dios, entonces, aprendí sobre esta fe y deseé hacerme cristiano, si bien todavía no he logrado cumplir este deseo debido a ciertas dificultades. Sin embargo, para conseguir que mis súbditos se hagan cristianos, deseo que enviéis a misioneros de la iglesia franciscana. Por mi parte os garantizo que podréis construir una iglesia y que los misioneros gozarán de protección. También es mi deseo que escojáis y enviéis a un obispo. Para este fin he enviado a mi samurái Hasekura Tsunenaga Rokuyemon, como mi representante para que acompañe a través de los mares a Luis Sotelo en su viaje a Roma, y os ofrezca una muestra de obediencia y os bese los pies. (…) También, y puesto que nuestro país y Nueva España son países vecinos, para que os pida que intervengáis todo lo que podáis en la negociación con el rey de España; que todo será en beneficio de enviar misioneros a través de los mares (…)

La respuesta del papa la dio Pedro Trocio, secretario apostólico y doméstico de su santidad, en la cual le manifestó la alta estima que había producido la llegada de la embajada de tan remoto lugar. El papa mostró escaso interés en comprometerse en interceder frente a Felipe III en lo relativo a las relaciones comerciales con España. Si accedió al envío de misioneros y llegó incluso a nombrar a fray Luis de Sotelo como obispo de Mutsu, si bien con algunas condiciones: la obligación de fundar un seminario y que la su consagración debía hacerse en España por el nuncio apostólico; esta consagración nunca se llevó a cabo [En 1626 se imprimieron estos testimonios en castellano y latín en México]. No eran los mejores momentos para establecer relaciones entre países tan diferentes; sin ir más lejos, apenas unas semanas después, en Japón, se restringiría el comercio extranjero a tan sólo dos puertos: Nagasaki y Hirado; y como otro botón de muestra, recordar que en este mismo año de 1615, Galileo Galilei tuvo que enfrentarse a los tribunales de la inquisición y renegar del heliocentrismo y admitir que la Tierra era el centro del universo y de la Creación. No estábamos, evidentemente, en los mejores tiempos para la anuencia y la tolerancia mutua.

Pero la vida sigue y los actos políticos, religiosos y ceremoniales continuaron en Roma: así, se realizó el bautismo de otros cuantos japoneses, entre ellos el secretario personal de Hasekura, y otros recibieron la confirmación; el Senado de Roma concedió al embajador el título honorífico de ciudadano de Roma [el documento se conserva en el museo de Sendai]; en recuerdo de la visita de la embajada japonesa se pintaron unos frescos con este motivo en la sala regia del palacio del Quirinal donde aparece Hasekura conversando con Luis Sotelo, rodeado por otros miembros de la embajada. Pero no nos engañemos se trataban, ya entonces, de una parafernalia que, como los catafalcos barrocos, ocultaba tras una suntuosa fachada la triste realidad: tras dos años en Europa la embajada japonesa carecía de compromisos concretos, no los había conseguido del papa ni del rey de España.

Tras dos meses en Roma, el siete de enero de 1616, la comitiva comenzó el viaje de vuelta: Roma, Livorno, Génova, Barcelona, Zaragoza, Alcalá Henares, y… Sevilla. Esta vez había orden real de que la comitiva continuara directamente hacia el sur sin detenerse en la capital. En parte por ahorrarse gastos, en parte por no dar más vueltas a unas conversaciones y entrevistas cada vez más carentes de sentido político. El viaje iba de mal en peor y las desgracias no sólo son diplomáticas, parece ser que el fraile franciscano se rompe una pierna en este viaje de vuelta y Hasekura sufre un agudo proceso febril que le deja al borde de la extenuación.

En Sevilla se alojan en el convento de Nuestra Señora de Loreto de Espartinas. De la treintena de japoneses que quedaban en España, unos veinte, acompañados de algunos frailes franciscanos, vuelven a Japón. Pero Hasekura y Sotelo se resisten a marchar y con una voluntad férrea continúan escribiendo al papa, al nuncio, al rey, al valido,…; pero tan sólo consiguen el apoyo, y cada vez más tímido de ayuntamiento sevillano. Al igual que lo había hecho en Roma, el embajador insistía pertinazmente en que la autoridad y la fuerza del reino de, Ōshū, eran superiores a la de muchos países europeos, y que su señor pronto se iba a convertir en el máximo mandatario de Japón, y que tenía decidido acatar el poder espiritual de Roma y extender el cristianismo por todo el imperio japonés. Pero apenas consiguen que Felipe III remitiera, el 12 de julio de 1616, una amable carta de respuesta al rey de Boju, en la cual le expresa el trato considerado que había prestado a la embajada y le manifiesta su deseo que se continúen los esfuerzos diplomáticos para conseguir el loable fin de extender el cristianismo.

Aunque las noticias que llegaba de Japón parecían confirmar que efectivamente Date Masamune estaba protegiendo a los cristianos en su reino de las persecuciones ordenadas por el sogún en 1614, los ministros españoles dudaban que los acuerdos que alcanzaran con Hasekura verdaderamente tuvieran valor ante Tokugawa Ieyasu, que a pesar de su retiro [moriría el primero de junio de 1616] mantenía un gran poder político, y mucho menos por el sogún efectivo de Japón, su hijo Tokugawa Hidetada [Felipe III en sus cartas se refería a el como el universal señor del Japón], que era mucho más xenófobo e intolerante que su padre; y que contemplaba la práctica del cristianismo como un peligro para la estabilidad del imperio japonés ya que permitía la posibilidad de establecer fidelidades al margen de la estructura feudal existente; además de su intención de atajar el contrabando y comercio clandestino que las órdenes religiosas, en particular los jesuitas, tenían organizado y casi institucionalizado.

Un año más aguantó en Sevilla la embajada japonesa, pero sin medios económicos y agotados los recursos diplomáticos, Hasekura y Sotelo, en el “Santa María y San Vicente”, parten de Sevilla hacia Japón el cuatro de julio de 1617, acompañados por otro franciscano y los japoneses que restaban. Casi tres años después de su llegada a las costas andaluzas, abandonan Europa tremendamente decepcionados y contrariados por el fracaso de su misión. Como ya se ha avanzado anteriormente, los intereses comerciales existentes y las tremendas luchas intestinas entre las diferentes órdenes misioneras, junto con la intransigencia y xenofobia que se extendía por el Japón, hicieron fracasar irremediablemente la embajada diplomática. ¡Se tardarán 200 años en que llegue a Europa, en concreto a Francia, otra delegación japonesa!

Pero algo quedó en España de esta visita. Todo parece indicar que un reducido número de japoneses no volvió a su país y decidió quedarse a vivir en Sevilla y alrededores. A causa de esto, hoy existen varios centenares de personas descendientes de estos nipones; reconocibles por sus rasgos ligeramente orientales y, particularmente, porque llevan el apellido «Japón» [1.851 personas en toda España, de las cuales 1.344 en la provincia de Sevilla, según el padrón de 2006]

Alcanzaron las costas mejicanas a principios de 1618. Inmediatamente se dirigieron por tierra a Acapulco donde les esperaba, desde 1616, el “San Juan Bautista”. El barco había realizado un segundo viaje comercial de Japón a Nueva España cargado de especias, sedas y productos lujosos, los cuales generaron tal demanda que obligaron al gobierno virreinal a establecer precios tasados y límites estrictos a las transacciones. Al objeto de financiar en parte los elevados gastos de la embajada, Hasekura consigue una autorización para cargar el barco de diversos productos en Acapulco y poderlos vender después en Manila; puerto al que arribaron en abril de 1618.

Es sorprendente que Hasekura permaneciera dos años más en Filipinas, donde fue tratado muy cordialmente por las autoridades, tanto por el gobernador como por el obispo, como se refleja en varias misivas. Pero en esta estancia ya su único interés era liquidar la expedición y recuperar en lo posible los gastos; y para este fin, en julio de 1619, se vendió el “San Juan Bautista” a las autoridades españolas. Según parece el estado de la flota de guerra del archipiélago filipino estaba en un estado deplorable lo que permitía que los corsarios ingleses y holandeses, los piratas malayos y demás filibusteros del mar acosaran insistentemente a los navíos y puertos españoles. En este estado de cosas la robustez, tamaño y buen armazón del buque [que recordemos tenía una bodega de 500 toneladas de carga], permitía el apresto de artillería con la finalidad de trasformarlo en un buque de guerra; lo que se hizo con celeridad después de su adquisición. En julio de 1620 Hasekura partió de Manila, y será en este puerto donde verá por última vez al franciscano Luis Sotelo, que ante las graves noticias que se tenían de la situación Japón decide quedarse para preparar su regreso, ya de forma clandestina, a Japón.

Finalmente, Hasekura volvió a pisar tierra japonesa en agosto de 1620, cuando entró en el puerto de Nagasaki. Aún le quedaría un buen trecho para llegar a su destino, a Sendai, pero comparado con lo que dejaba atrás se puede decir que estaba en casa. Luis Sotelo escribió en su Relatio del statu de De ecclesiae Iaponicae que a su llegada a Sendai, que su compañero de viaje fue recibido como un héroe.

Pero en estos siete años que Hasekura había estado fuera, su país había cambiado drásticamente: desde 1614 el cristianismo estaba prohibido; el nuevo sogún, Tokugawa Hidetada, había limitado el contacto con los extranjeros y las relaciones comerciales; y Japón se movía hacia la política del sakoku [鎖国], del aislamiento y cierre del país, que se impondría oficialmente desde 1641 y que duraría hasta que en 1853 se firme el tratado de Kanagawa, y en la que se llegaría incluso a prohibir relatar sus experiencias a todas aquellos que hubieran estado en el extranjero.

Cuando Hasekura se postró frente a Date Masamune y le narró en persona los resultados de su misión, la decepción del daimio fue tremenda y del despecho se pasó a la ira. Aunque Date Masamune, a pesar de que era conocedor del fracaso de su delegación en Europa, se mantuvo firme en retrasar la aplicación de ley del sogún contra los cristianos hasta la vuelta de su embajador, una vez que hubo regresado fue implacable; y a los dos días de la llegada de Hasekura a la corte de Sendai se publicaron las siguientes medidas contra los cristianos:

· Se prohibió el cristianismo y su práctica; y se ordenó a todos los cristianos que renieguen de su fe, bajo pena de muerte, que se rebaja al destierro si son nobles. Todos ello de acuerdo con el decreto del sogún del primero de febrero de 1614.

· En segundo lugar de establecía un recompensa para todos aquellos que denunciaran a los criptocristianos.

· En tercer lugar se ordenaba la expulsión inmediata de todos los propagadores del cristianismo o el abandono de su religión.

Pero antes de terminar narrando las consecuencias del fracaso de la embajada y las especulaciones sobre el destino de nuestro embajador, no puedo olvidarme del padre Luis Sotelo que le dejamos en Manila. Dos años más tuvo que esperar el franciscano para preparar su regreso a Japón donde pesaba continuar su labor evangelizadora a pesar de las severas prohibiciones. Acompañado de otro fraile de la orden y dos jóvenes cristianos japoneses, Sotelo parte, de incógnito y disfrazado de comerciante, en un barco chino con dirección a Nagasaki, donde llegaron en septiembre de 1622. Nada más arribar, el capitán del barco los delata con la intención de cobrar la recompensa; inmediatamente son puestos bajo la jurisdicción del tribunal comisionado para las causas contra los cristianos. Cuando trasciende la personalidad del fraile, el propio sogún Tokugawa Hidetada se interesa por el caso; pero a pesar de haber sido su embajador oficioso hace algunos años no intercede por él y es encarcelado en Omura. El juicio que se sigue dura casi dos años y acaba dramáticamente con la condena a muerte de los inculpados; el 25 de agosto de 1624, Luis Sotelo, sus dos compañeros japoneses, el jesuita Miguel Carballo y el dominico Pedro Vázquez de Santa Catalina son quemados vivos. El papa Pío IX le beatificó en 1867.

Volviendo a Hasekura, todo hace pensar que el relato que hizo a Date Masamune de su viaje y estancia en Europa fue apasionado y entusiasta, lo que le pudo llevar a distorsionar en parte la realidad y mostrar una imagen exagerada de la grandeza y el poder de España y de la religión católica. Incluso parece que siguió alimentando el ego del daimio con la vieja engañifa de los franciscanos, según la cual una alianza con España y Roma le permitiría contrarrestar el poder del sogún, y, ¿por qué no?, convertirse en el regente de todo el imperio japonés. Evidentemente la realidad del Japón de 1620 era bien distinta y esa posibilidad era irrisoria; la visión política de Date Masamune enfocó rápidamente dónde estaba su aliado más útil que no era otro que Tokugawa Hidetada. En estas circunstancias, apenas un mes más tarde comenzaron las muertes de cristianos en el reino de Ōshū. Algunas informaciones señalan que la aplicación de las medidas anticristianas fueron relativamente suaves comparadas con el resto del Japón; incluso algunos han señalado que lo hizo tan sólo para apaciguar la presión a la que le sometía el sogún. Pero lo cierto es que el daimio de Sendai informó puntualmente de todo lo relativo a la embajada a Europa a Tokugawa Hidetada, y sin duda estas informaciones contribuyeron a la ruptura total de las relaciones con España a partir de 1624, cuando se estableció que tan sólo dos barcos europeos al año podrían atracar en el puerto de Nagasaki: uno holandés y otro inglés; precisamente con los primeros se estaba en guerra de nuevo desde 1621 [tras la ruptura de la tregua de 1609], y con los segundos la guerra abierta comenzaría en 1625 [tras su intento fallido de invadir la península ibérica por la bahía de Cádiz]. Además recordemos que en España reinaba Felipe IV desde 1621, quien había iniciado, bajo el gobierno del conde duque de Olivares, un ciclo belicista en sus relaciones internacionales [este rey, a pesar de gobernar más de 45 años, tan sólo tuvo una semana de paz, en el resto de su reinado siempre tuvo al menos una guerra declarada; si bien es cierto que en la mayoría de los caso fueron defensivas].

Sobre el devenir de nuestro samurai tras la finalización de su embajada sabemos muy poco. Para algunos renegó del cristianismo y se apartó de la actividad política y militar para disfrutar de sus rentas y posesiones; otros hablan que por el contrario mantuvo su fe con todas las consecuencias, afirmando incluso que fue martirizado por ello; y otros dicen que fue uno de los numerosos criptocristianos que intentaron mantener en secreto su fe durante la opresión religiosa [que se agudizaría aún más a partir de 1641, cuando se aplique con todo el rigor el sakoku, como hemos visto], y que propagó esta religión entre su familiares y allegados. Lo cierto es que el destino final de algunos de sus criados y familiares, que murieron años después en la hoguera por la práctica del cristianismo, hace pensar que mantuvo su fe y que efectivamente la extendió en su entorno cercano; situaciones similares se dieron con algunos de sus compañeros de viaje, en particular es conocido el caso de Yokozawa Shogen, que se convirtió en uno de los mayores activistas cristianos en Japón tras la prohibición.

Hasekura Tsunenaga Rokuyemon murió por una grave enfermedad en 1622, pero desconocemos a ciencia cierta donde reposan sus restos. Lo más probable es que se encuentren en una tumba budista de Enfukuji; pero existen otras dos posibles ubicaciones que reclaman el honor de contar con su tumba.

Parece ser que en 1640 la familia y criados de uno de sus hijos, en concreto Rokuemon Tsuneyori, sufrieron una serie de delaciones que llevó a la hoguera a varios de sus miembros que no renegaron del cristianismo, otros que si lo hicieron salvaron la vida; destacar que uno de los que murieron, Tarozaemon, había acompañada al propio Hasekura en su viaje a Europa. Este proceso a punto estuvo de arrastrar al propio heredero de Hasekura hacia un fatal destino, del que se salvó por ser quien era; pero su hermano Tsunemichi no le quedó más remedio que huir apresuradamente del lugar. Dentro del sumario que se siguió fueron requisadas las posesiones de la familia de Hasekura, y entre estas se encontraron numerosos artilugios cristianos como rosarios, cruces, medallas, etc. además de varios libros que fueron depositados en el tribunal de Sendai. Estos objetos estuvieron allí, amontonados y olvidados, hasta que en 1840 una rutinaria visita funcionarial realizó un inventario que los enumera y describe; pero a los que no se les da ningún tipo de trascendencia.

La embajada de Hasekura a Europa fue totalmente olvidada en Japón durante los años de aislacionismo y no se tuvo noticia de ella hasta que en 1873 otra nueva embajada japonesa a Europa, dirigida por Iwakura Tomomi, llega a Venecia y le muestran varios documentos relacionados con la visita de Hasekura a Roma. Con posterioridad se rescatarán los artilugios y abalorios depositados en la ciudad de Sendai y los regalos que trajo Hasekura para Date Masamune. Por esta razón hoy quedan bastantes testimonios del viaje de Hasekura el museo de la ciudad de Sendai, destacando un retrato del papa Pablo V, un retrato del propio Hasekura orando frente a un crucifijo, un juego de dagas y espadas malayas compradas en Filipinas, gran cantidad de artilugios religiosos cristianos y numerosas cartas y documentos; todos salvados milagrosamente, como hemos visto, del sakoku.

En Japón actualmente es una figura reconocida como lo demuestra el parque temático relacionado con su aventura existente en Ishinomaki o la novela del escritor japonés Shusaku Endo que, escrita en 1980 y titulada “El samurai”, recrea la vida y andanzas de Hasekura. También son testimonio de su viaje las estatuas que en su honor adornan varias ciudades que jalonaron su aventura: Sendai en Japón, Acapulco en México, La Habana en Cuba, Coria del Río en España, Civitavecchia en Italia,…


Por terminar con algo curioso, contaros que en 2005 se realizó en España una película de animación, financiada por el ministerio de Cultura y que tenía como finalidad introducir la cultura y los productos españoles en Japón, que de alguna manera rememora estos hechos. La película se titula “Gisaku” y está dirigida por Baltasar Pedrosa, y su argumento recoge en parte esta aventura: a principios del siglo XXI, Yohei, uno de los acompañantes de Hasekura en su viaje de 1614, despierta de un letargo mágico, que le había mantenido inconsciente desde entonces en la ciudad de Sevilla, con la misión de salvar al mundo del tenebroso poder del señor de las tinieblas Gorkan, que encarna el mal y que pretende conseguir la llave de Izanagi que el samurai a su vez debe proteger a toda costa; cometido que alcanza con éxito gracias a la ayuda de dos jóvenes adolescentes sevillanos que le guiarán por el desconocido universo que para este samurai japonés es la España actual.

En esta dirección podéis ver el videoclip: http://movies.filmax.com/gisaku/

© Francisco Arroyo Martín. 2007


Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Hasekura Tsunenaga, un samurái en la Corte de Felipe III. 7 de agosto de 2007. http://franciscoarroyo.blogspot.com/2007/08/hasekura-tsunenaga-un-samuri-en-la.html.

26 agosto 2005

Seguimos con la biografía de mi marqués

Filed under: Historia,Leganés,Marqués de Leganés,Siglo XVII — Francisco Arroyo Martín @ 9:41 am
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El I marqués de Leganés. Apuntes biográficos (I)
Por Francisco Arroyo Martín. Licenciado en Geografía e Historia

[Ahora estoy investigando cómo se realizó la adquisición de la aldea de Leganés por este señor. Muy interesante el proceso de enajenación de bienes de la Corona que se produjo en los primeros años del reinado de Felipe IV, en favor de particulares; todo parece que con la intención de favorecer el nacimiento y consolidación de una "nueva aristocracia" afín a los intereses de Olivares]


INTRODUCCIÓN
Si se comparara los avatares del reinado de Felipe IV con una partida de ajedrez, podría decirse que la monarquía española jugó con blancas y perdió. En esa partida imaginaria, Francia, con negras, resultó claramente vencedor. La apertura de las blancas, que se situaría con la ruptura de la tregua con las provincias holandesas en 1621, parecía un movimiento gallardo y valeroso, paro a la postre se manifestó como torpe y temerario; como cualquier ajedrecista sabe la apertura por el flanco sin tener controlado el centro del tablero suele traer consecuencias funestas. La partida quedó resuelta con la firma de la Paz de los Pirineos en 1659, donde las negras dejaron al rey blanco en una posición tan desesperada en la cual, salvo error de principiante, el mate era irremediable. Siguiendo el símil de la partida, podemos decir que actualmente tenemos un elevado nivel de conocimiento histórico del resultado y de las principales jugadas, también es bien conocido el papel que desarrollaron sus principales figuras. Sobre el rey blanco, quizás se precise una revisión y síntesis del conocimiento que disponemos de su personalidad y papel histórico. Mayor es el conocimiento que tenemos de las figuras más trascendentales de la partida, tanto de la dama blanca, el conde duque de Olivares, como de la negra, el cardenal Richelieu. Cuando faltaron en la en la partida tan importantes figuras, Francia pudo coronar peón y conseguir una nueva dama de valor incuestionable como fue el cardenal Mazzarino, por contra la monarquía católica, desde que perdió su dama, se tuvo que limitar a jugar con figuras de segundo orden. Si bien, como se ha señalado arriba, conocemos con relativa certeza el contexto en el que se desarrolló la partida, las jugadas más trascendentes y cual fue el papel de sus principales piezas, no podemos decir lo mismo de las figuras menores. Fueron muchas las que participaron en la partida y en la mayoría de sus casos conocemos sus nombres y unos cuantos datos biográficos, se tratan de pinceladas que nos permiten vislumbrar la silueta del personaje, pero en muy pocos casos su trazo se nos presenta tan nítido y definido que permita conocer todas sus circunstancias y cuál fue su papel en los hechos históricos en los que intervinieron.
En el presente trabajo pretendo una aproximación a una de estas piezas, el I marqués de Leganés. Su posición de inicio era de peón, pero gracias al apoyo de la dama y de una torre poderosa como era Espínola coronó pronto y alcanzó un lugar en la fila de honor blanca. Una vez allí el marqués de Leganés fue utilizado por la monarquía católica en esta partida con varias funciones: algunas veces sus movimientos se desarrollaron como torre, al frente de poderosos ejércitos, en estos casos sus jugadas tuvieron resultados muy variados, con brillantes éxitos y también con sonados fracasos; en otras ocasiones, las menos, fue empleado como presuroso y hábil alfil, atravesando el tablero diagonalmente en misiones políticas y diplomáticas, en estos eventos tuvo casi siempre buenos resultados, pero primó en su actividad el lado guerrero y militar. Mientras las blancas contaron con la dama, jugó siempre en su flanco, contando con su protección, confianza y amistad; cuando faltó Olivares quedó durante algunos movimientos inutilizado en su escaque y con riesgo de desaparecer de la partida, pero, aunque con dificultades, pudo mantener la confianza delegada del rey y se mantuvo a su lado hasta los últimos movimientos.
La investigación y la documentación que va apareciendo en los distintos libros y referencias documentales sobre el primer marqués de Leganés, van esbozando la figura de un interesante personaje, que, con las singularidades propias de cada individuo, parece pueda ser representativo de la nobleza de parentesco que tan importante papel jugo en los reinados de Felipe III y IV. Como el marqués de Leganés, esta nobleza de parentesco, en general, sirvió fielmente a sus monarcas en las tareas que les fueron encomendadas, a cambio sus integrantes obtuvieron impresionantes recompensas, tanto económicas como sociales y políticas, para ellos y para su casa. A la vista de los objetivos que se lograron, parece que el premio que obtuvieron no estuvo en consonancia con la cuenta de resultados que presentaron.
La documentación referenciada relativa a la vida del I marqués de Leganés que he encontrado ha sido numerosa, variada y dispersa en distintos archivos europeos; pero todo hace pensar que la documentación existente sea mucho mayor. En el presente trabajo se apuntan los principales rasgos biográficos basados principalmente en dichas referencias, si bien se incorporan numerosas referencias documentales inéditas. Con seguridad el análisis e interpretación de las fuentes documentales citadas dará lugar a un estudio más amplio y completo.

Para ver el artículo completo y publicado en la revista Espacio, Tiempo y Forma, pincha aquí:

Artículo: Biografía I marqués de Leganés en revista”Espacio, Tiempo y Forma”

© Francisco Arroyo Martín. 2006 Para citar este artículo: ARROYO MARTÍN FRANCISCO. El I marqués de Leganés. Apuntes biográficos. http://franciscoarroyo.blogspot.com/. 14 junio de 2006.

19 marzo 2005

Retrato del marqués de Leganés

Filed under: Historia,Leganés,Marqués de Leganés,Siglo XVII — Francisco Arroyo Martín @ 7:55 pm
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Marqués de Leganés
Antonio van Dyck

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