El Arte de la Historia

16 diciembre 2012

Charla sobre Leganés en la Edad Moderna dentro del ciclo de Los Jueves de EL ZOCO


El pasado mes de octubre tuve el honor y la satisfacción de participar en el ciclo de conferencias que bajo el título “Leganés y su Historia” ha organizado la Asociación Cultural EL ZOCO dentro de su actividad “Los Jueves de EL ZOCO”.

En mi caso analizamos el periodo histórico de la Edad Moderna, en el cual vimos la evolución de la localidad durante los siglos XVII y XVIII, años en lo cuales la aldea pasó a ser villa cabecera de señorío y en los que, además,  se acometieron importantes edificios monumentales como son la iglesia de San Salvador, la ermita de San Nicasio o el cuartel de las guardias valonas, con una charla titulada:

Leganés: Edad Moderna: huertas, marqueses, curas y soldados

Quiero agradecer a los compañeros y amigos de EL ZOCO su invitación a participar y en especial a todos aquellos amigos que pudieron acompañarme ese día.

A continuación os dejo el vídeo de la presentación que realicé y que amablemente la AC EL ZOCO ha publicado en su perfil de youtube:

Web de EL ZOCO

31 mayo 2011

Leganés según las respuestas del Catastro de Ensenada


Extracto del trabajo del libro El catastro de Ensenada en Leganés (1751-1754), de Carlos José López de la Cruz y Francisco Arroyo Martín.

En 1749, Fernando VI ordenó a su ministro de Hacienda, el marques de la Ensenada, la elaboración de un catastro que pretendía conocer la riqueza de las poblaciones de la Coronade Castilla que permitiera el establecimiento de un único impuesto, la Única Contribución, con lo se quería hacer más justo el sistema tributario de entonces. Este trabajo administrativo conel paso del tiempo se convirtió en un documento histórico de primer orden paras conocer cómo eran las ciudades y aldeas castellanas del siglo XVIII.

Las Respuestas Generales que en 1751 ofreció Leganés a las 40 preguntas del Interrogatorio del Catastro y las Notas de comprobación realizadas tres años después por el contador provincial Martín de Abarrategui, que verifican o corrigen los datos aportados por los vecinos y autoridades locales, son una fuente historiográfica fundamental para el estudio de la localidad en el siglo XVIII. Pues, como dice la introducción del cuestionario, su objeto es la evaluación de sus frutos y demás comercios, granjerías, ocupaciones y utilidades que se usan en el pueblo; a través de estas informaciones se pueden reconstruir importantes aspectos de la vida económica y política de Leganés, así como del quehacer cotidiano de las gentes que lo habitaron en ese tiempo. Las conclusiones que se desprenden de estos dos documentos por su extensión e importancia histórica merecen un monográfico en algún próximo número de esta revista, pero sirva este artículo como un pequeño avance.

Lo primero que destaca son las discrepancias que aparecen entre ambos documentos en relación al valor de las rentas y de los beneficios de oficios y propiedades –de un 30 %-; que demuestran el claro intento del vecindario y autoridades locales por ocultar parte de la riqueza de la localidad. Unas omisiones u ocultamientos que se comprueban en todos los sectores de la actividad económica local. Las autoridades de la villa de Leganés que participaron en la redacción del cuestionario fueron los dos alcaldes y los cuatro regidores del municipio, un procurador del Común y una serie de vecinos labradores y hortelanos de más edad en calidad de peritos inteligentes y prácticos en el suelo y tierras del término.

La población rondaría los 1.700 habitantes que se distribuían en unas 400 casas casi todas muy humildes. Cifras que nos hablan de un cierto estancamiento del crecimiento de la población en relación a datos de fuentes históricas anteriores y posteriores.

En cuanto a la configuración de la población existían pocos nobles; apenas una docena de hidalgos, aunque tres casas tituladas tenían una fuerte presencia en la villa: por un lado el marqués de Leganés que era el señor de la villa y cuyo mayorazgo estaba por entonces agregado a la casa de Altamira; y el marqués de San Vicente del Barco y el conde de Torrubia. También existía un importante grupo de población de dicado a actividades mercantiles y de servicios, si bien la mayoría eran agricultores y hortelanos. Resulta destacable que la principal actividad económica relacionada con la ganadería sea el elevado número de palomares que existían en Leganés.

Señalar que había pocos clérigos y que un 10 % de la población se declaraba como pobre, sin duda esta cifra elevada se debía a la existencia en la localidad de dos hospitales dedicados a la atención de los pobres enfermos de esta villa (y de Villaverde) y viandantes. El hospital más importante era el de la Santísima Trinidad fundado en 1623 de acuerdo a las disposiciones testamentarias de Juan Muñoz, miembro de una de las familias leganenses principales.

En resumen, Leganés en estos años del siglo XVIII se conforma como una villa señorial que basa su riqueza en el sector agrícola, y en concreto en el regadío, pues aunque sólo el ocho por ciento de la superficie cultivada es ocupada por huertas, éstas contribuyen en dos terceras partes del total de la producción agrícola con una significativa presencia de pequeños propietarios y una prosperidad que alcanza a diversos sectores y reduce el número de pobres; estos beneficios del campo posibilitan la existencia de otras actividades y oficios urbanos que generan un incipiente mercantilismo siempre vinculado a la demanda de productos de Madrid.

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 14, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2011

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Leganés según las respuestas del Catastro de Ensenada. (
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2011/05/31/leganes-segun-las-respuestas-del-catastro-de-ensenada/
). 2010

25 abril 2011

La Tierra plana

Archivado en: Edad Moderna,Historia,Personajes,Siglo XIX,Siglo XX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 10:40 pm
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La Tierra plana en el Océano mítico

Cuando escarbas un poco por la red son innumerables los temas curiosos que florecen. Sin ir más lejos, el otro día me encontré una página de una sociedad que defiende y argumenta que la tierra es… ¡plana! Hace tiempo que quería escribir una nota sobre este tema; en relación a la falsa creencia, muy extendida, de que hasta que Cristóbal Colón descubriera América se pensaba que la Tierra era plana.

La verdad es que la esfericidad de la Tierra no se ponía en entredicho por nadie del mundo del conocimiento de la época de los Descubrimeintos; otra cosa bien distinta era la imaginería popular, donde la idea de un planeta plano sí se mantuvo durante mucho tiempo. Incluso se llegó a decir que lo del “huevo de Colón” era un intento desesperado del genovés de sacar del error a los consejeros de los reyes católicos (que no fueron monjes de la Inquisición como se puede leer por ahí). Lo cierto es que las objeciones que los pensadores e intelectuales castellanos le pusieron a Colón cuando expuso su viaje a Cipango (Japón) por el oeste, eran razones científicas, mensurables y de gran rigor intelectual; fundamentalmente basadas en los cálculos de Eratóstenes y que demostraban el error de Colón al considerar el tamaño de la Tierra mucho más reducido del real: Colon creía que Cipango estaba a 5.000 km, mientras que los geógrafos castellanos afirmaban que estaba a 10.000 (distancia entre Cádiz y Tokio 11.260 km). Y todas se demostraron ciertas y hubieran significado la perdida de la expedición en el Océano de no haber hallado Colón en su camino las islas caribeñas. Además, en ningún escrito de Cristóbal Colón se alude a que hubiera tenido que convencer a nadie de que la Tierra era redonda

La esfericidad de la Tierra estaba planteada ya por los filósofos griegos y está plenamente definida en el siglo II con la obra de Tolomeo que establece ya sistemas de coordenadas de latitud y longitud con 360 grados. Y Eratóstenes ya midió la circunferencia de la tierra en el siglo III, obteniendo unos resultados que aún hoy asombran por su grado de certeza a pesar de los rudimentarios sistema de medición (la sombra proyectada por un testigo de igual altura a la misma hora en dos lugares diferentes); eso sí, el proceso lógico matemático que le permite definir el experimento es de la máxima brillantez y agudeza intelectual (y merece una entrada ex professo). Incluso uno de los grandes padres de la Iglesia, San Agustín en el siglo V, no concebía otra forma de la Tierra nada más que la esférica, si bien negaba la posibilidad de que existiesen los “antípodas” o habitantes del “otro hemisferio”. Aunque no faltaron pensadores clásicos y cristianos que afirmaron la idea de una Tierra plana: Lactancio, San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo, Cosmas Indicopleustes, etc, la escasez de referencias a estos pensadores en las cosmografías y topografías medievales hacen pensar en su nula influencia.

Moneda del emperador Leoncio (705) portando el globus cruciger

Portada del Sphaera Mundi

Como evidencia tangible de la concepción en la antigüedad de la Tierra como una esfera, reseñar que existe un símbolo cristiano medieval (si bien de origen pagano) que simboliza el poder de Cristo en el mundo, en el cual la Tierra se representa como una esfera. Se trata del llamado Orbe (globus cruciger), que se utiliza al menos desde el Imperio bizantino y que luego se repitió profusamente en la Edad Media y aún hoy lo vemos como parte de la mayoría de las coronas egregias europeas. En fin, el manual de astronomía de las universidades europeas del fin del medievo se titulaba,… tachín, tachán: ¡De Sphera Mundi!, obra de Juan de Sacrobosco, cuya primera edición data de 1472.

Bueno, pues a pesar de todo esto, es muy frecuente encontrar a gente que cree que en la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana. La creencia surge de publicaciones norteamericanas (en concreto: «La vida y viajes de Cristóbal Colón», de Washington Irving ―autor entre otros relatos de «La leyenda de Sleepy Hollow», que seguro que nos suena por la peli de Tim Burton―, en 1828) que quisieron dotar a Colón de una clarividencia ajena a su tiempo y de un halo romántico del cual carecía, mostrándonos a este marino como casi un enviado de Dios para descubrir el continente americano. Cuando, bien al contrario, Colón murió negando que su descubrimiento fuera ningún nuevo continente; incluso cuando pisó las costas continentales (en la actual Venezuela) pensaba que se trataba de una nueva isla y acusaba de falsarios a los que afirmaban que era un nuevo continente. Pero esta idea arraigo en el mundo anglosajón y aún hoy se puede leer en libros de texto que en la Edad Media se creía que la Tierra era plana.

Imagen del libro Astronomía Zetética: la Tierra no es un globo de Samuel Rowbotham

Sin duda este ambiente propició que en el siglo XIX surgiera en la vieja Inglaterra una corriente seudocientífica que pretendía poner en valor “la verdad” revelada por Dios en la Biblia frente a los avances científicos de este siglo que la ponían en entredicho. Como parte de esta corriente surgió la figura de Samuel Birley Rowbotham (1816-1884), que bajo el pseudónimo de “Parallax” estableció lo que el llamó Astronomía Zetética (termino filosófico griego que significa búsqueda, inspección, investigación,…) y que define la tierra como un disco plano cuyo centro es el polo norte y sus bordes los forma un muro de hielo que correspondería con la Antártida. Sus seguidores formaron la Sociedad Zetética Universal que llegó a publicar una revista donde exponían sus experimentos y polemizaban con todo aquel que opinara de diferente forma. Este movimiento fue progresivamente decayendo hasta caer en el olvido. A principios del siglo XX esta cosmografía, junto con la corriente creacionista, se revitalizaron gracias al auge de las sectas cristianas en Estados Unidos. En particular fue muy importante la Iglesia Católica Cristiana fundada por John Alexander Dowie y continuada por Wilbur Glenn Voliva que mantuvieron viva esta idea hasta mediados de siglo en Zión (Illinois) donde se fundó una ciudad teocrática.

Pero hubo que esperar a que Samuel Shenton creara la International Flat Earth Society en 1956 como heredera de la astronomía zetética, para que se revitalizara esta idea. A partir de que el mundo entrara en lo que entonces se llamó como era espacial, esta corriente, curiosamente, obtuvo un cierto auge. El 24 de diciembre de 1968, la tripulación de la nave Apolo 8 tomó una foto conocida como “el amanecer de la Tierra” desde la órbita lunar en la cual por primera vez se fotografía a la Tierra completa. Los viajes espaciales dejaron claras e irrefutables evidencias de la esfericidad de la Tierra, que dejó de ser una verdad lógica para convertirse en una verdad empírica apreciable incluso por un niño; pero estas evidencias no arredraron el ánimo de estos visionarios sino que como los toros bravos se crecieron con el castigo y comenzaron a desarrollar una febril actividad que se extendió por la casi totalidad el mundo: en cualquier parte que se hablara de la carrera espacial ahí estaban ellos para poner el contrapunto y generar el debate.

El amanecer de la Tierra

La International Flat Earth Society catalogó esa imagen (y todas las demás de los programas Apolo, Soyuz, etc.) como falsa y como parte de una conspiración universal de agencias espaciales, gobiernos y científicos. También fue esta sociedad la primera que puso en cuestión la verosimilitud del alunizaje televisado mundialmente del Apolo XI en 1969, diciendo que se trataba de un montaje de las autoridades y que fue una grabación cinematográfica dirigida por Arthur C. Clarke (autor del relato y del guión «2001 Odisea en el espacio» en 1968), lo que aún hoy es un tema extendidísimo por la red y una certeza para millones de estadounidenses y para otros muchos millones de personas (entre las cuales se encontraba mi madre). Y como mejor prueban dicen que las históricas palabras del astronauta Neil Armstrong: “Un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la Humanidad”, solo pueden ser fruto de un avispado guionista de cine. Cosas como estas han convertido a esta sociedad en uno de los principales soportes de las teorías conspirativas globales (¡Huy!, perdón,… mejor: discales).

Shenton murió en 1971 y el relevo al frente de esta sociedad lo cogió el norteamericano Charles Kenneth Johnson quien, acompañado de su mujer Marjory, continuó la frenética actividad de su antecesor, hasta que en 1995 se incendiara su casa (y sede de la sociedad) de Lancaster, California. Con el fuego se destruyeron la casi totalidad de los archivos y documentos de la sociedad que llegó a contar con más de 3.000 miembros. Este suceso y la avanzada edad del matrimonio Johnson hicieron que la sociedad volviera a declinar, hasta prácticamente desaparecer, tras la muerte de su presidente en 2001 a los 76 años.

En estos momentos la International Flat Earth Society sigue existiendo formalmente, si bien su actividad ha disminuido notablemente, después de que fuera “resucitada” en 2004 por Daniel Shenton (sin relación familiar con Samuel Shenton). La sociedad, que admite miembros desde octubre de 2009, la integran 238 personas, según su propia relación de socios. La sede de la sociedad ahora es más virtual que física y puede encontrarse en la dirección web:
http://theflatearthsociety.org/
.

El actual presidente de la sociedad es un joven virginiano de 34 años que vive en Londres y su inspiración para refundar la sociedad le llegó tras escuchar en el 2004 el LP de Thomas Dolby The Flat Earth, disco que había sido editado veinte años atrás (aquí el video de la canción). Fruto de esta inspiración, el socio nº 1 y de honor de la International Flat Earth Society es el propio Thomas Dolby. En una entrevista publicada por El País el 19 de marzo de 2010, Daniel Shenton, tras decir que su trabajo no se trata de ninguna broma, afirma que el problema no está en la ciencia, sino “en la aceptación ciega de sus postulados sin preocuparse por investigarlos”. De todas formas, dice que acepta otras teorías muy cuestionadas por los apologéticos bíblicos como son la de la evolución de las especies de Darwin o el cambio climático.

Los principios programáticos de esta sociedad son: observar cuidadosamente, pensar libremente, redescubrir hechos olvidados y oponerse a asunciones teóricas dogmáticas, ayudar a establecer los Estados Unidos del Mundo en esta Tierra plana y reemplazar la religión de la ciencia… ¡por cordura! (Chapeau)

El disco terráqueo

El último modelo del mundo propagado por la sociedad sostiene que los humanos vivimos en un disco de unos 40.000 km de diámetro, con el Polo Norte en su centro y un inaccesible cordón glacial de 45 metros de alto como límite exterior, que se correspondería con el que comúnmente se conoce como continente antártico (en consecuencia también niegan las expediciones trasantárticas y afirman que las exploraciones se limitaron a recorrer un espacio dentro del borde de hielo). En este modelo, la Luna sólo tiene 51 km de diámetro (3.456, según los astrónomos) y dista de la tierra unos 400 km (en vez de 380.000). El Sol es ligeramente mayor que la Luna, 52 km de diámetro, y se encuentra a 500 km de nosotros (nada que ver con los 1.392.000 km de diámetro y los 150 millones de distancia de la astronomía científica). Estos astros, conjuntamente con las estrellas, rotan teniendo el centro del disco terráqueo como eje. Además, la Luna emite luz propia y el disco terráqueo flota sobre el agua bíblica. De todas formas, en algunos aspectos son menos intransigentes, y así aceptan la tectónica de placas y que una serie de cataclismos rompieron la masa única de tierra original dando lugar a la configuración actual de continentes e islas. Pero, incluso dentro del colectivo que defiende esta cosmología hay opiniones diferentes, así para algunos la Tierra además de ser plana es… ¡horizontalmente infinita! y se estira horizontalmente sin cesar.

La Tierra plana

Emblema ONU

Lo curioso es que la representación gráfica de la cosmología de las teorías de la Tierra plana ofrece un mapa que recuerda indudablemente al símbolo de las Naciones Unidas, hecho que Charles K. Johnson citaba como prueba de sus afirmaciones: “el símbolo es así porque ellos saben que la Tierra es realmente así”. Lo cierto es que el símbolo de las naciones Unidas (aprobado en 1946) se trata de una proyección de la Tierra equidistante acimutal centrada en el Polo Norte que se extiende hasta los 60 grados de latitud sur y cuyo centro corresponde al meridiano 0 (en la primera versión el meridiano central era el 90, quedando Estados Unidos en el Centro, pero resultaba demasiado escandaloso).

Ningún científico (que merezca esa denominación) ni tan siquiera algún grupo religioso de cierta implantación (si bien existen corrientes musulmanas que aceptan el mito) defiende los postulados de la Tierra plana, lo que ha llevado a esta sociedad a convertirse en un referente a la hora de referirse al pensamiento dogmático y la adherencia irracional a las tradiciones. En este sentido, el término “Flat-Earther” (trad. libremente como Tierraplanista) se usa en inglés para referirse a una persona que repudia los avances basados en el consenso científico y que, por extensión, vive anclada en la tradición acientífica.

Charles K. Johnson

Para terminar algunas afirmaciones que Charles K. Johnson escribió en sus boletines:

Nosotros afirmamos que la llamada ‘Ciencia’ actual y los ‘científicos’ consisten en la misma vieja banda de doctores brujos, magos, cuentistas, los ‘Clérigos-Actores’ para la gente común. La ‘ciencia’ consiste en un extraño potaje oculto de basura teorico-teológica… sin relación con el mundo real de los hechos, la tecnología y la invención, de altos edificios y veloces coches, aeroplanos y otras cosas Buenas y Reales de la vida; la tecnología no tiene ninguna relación con la red de estúpidas teorías científicas. TODOS los inventores han estado en contra de la ciencia. Los hermanos Wright dijeron: “La teoría científica nos reprimió durante años. Cuando abandonamos toda ciencia, empezamos desde un experimento y experimentamos, entonces inventamos el aeroplano.” Por cierto, todos los aeroplanos vuelan a nivel en esta Tierra Plana.

Curioso, ¿verdad? Pero esto no es lo más raro, pues buscando información para este artículo he encontrado que existe un buen número de gente que afirma que la Tierra es una esfera… ¡HUECA! Merece otro post.

Referencias en la red:

© Francisco Arroyo Martín. 2011

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La Tierra plana.
http://elartedelahistoria.wordpress.com
. 2011

5 diciembre 2010

San Nicasio, obispo y mártir


San Nicasio en la catedral de Reims

En Leganés, con la llegada de octubre llegan las fiestas de San Nicasio que celebramos con regocijo y alborozo en honor de nuestro santo patrón, pero a buen seguro que muchos también lo celebramos con desconocimiento de quién era este buen hombre. Pues a pesar de tratarse del santo patrón de Leganés desde tiempos inmemoriales es muy poco conocido en general; y aunque cuenta con una Hermandad desde hace más de quinientos años y es venerado por muchos lugareños tiene un escaso arraigo popular, como demuestra que en España existan apenas 3.300 personas que porten ese nombre. Y todo ello, empero de tratarse de un santo muy milagrero, pues según un documento del archivo de la iglesia de Regnes nada más y nada menos que “cura la desintería, calenturas, romatismos, miembros rotos, da abla a mudos, postemas, fluxo de sangre, sangre lluvia y resucita muertos (el subrayado es mío).

Para empezar hay dos San Nicasio con vidas muy similares, los dos son venerados en Francia, los dos fueron obispos, uno, de Rouen (el de Leganés) y otro de Reims, ciudades, además, muy cercanas entre sí, los dos murieron decapitados, los dos hicieron “cosas inverosímiles” después de perder la cabeza, los dos fueron martirizados conjuntamente con fieles seguidores,… En definitiva, muchas coincidencias que hacen pensar en un mismo mito caído en desuso y revitalizado más tarde por la imaginería cristiana. Incluso san Dionisio (Saint Denis, patrón de París) tuvo una vida y muerte muy parecida a estos “San Nicasio”. Las grandes diferencias entre el San Nicasio de Rouen y el de Reims radican en el origen: el de Rouen era griego, ateniense para más señas, y el otro era galo; la época: el “nuestro” anduvo en este terrenal mundo por el siglo I, y el segundo en el V; y en sus verdugos: así, al primero lo mataron los romanos y al segundo los vándalos o los hunos (en esto, como en el año, hay discrepancia). Pero la diferencia más clara es que el San Nicasio de Rouen se celebra el 11 de octubre y el de Reims el 14 de diciembre.

Nicasio es un nombre griego derivado del nombre de la diosa helena de la victoria: Niké (Νίκη). Y su significado es “El Victorioso”, “El Triunfante”. Comparte etimología con Nicanores, Nicetos, Nicandros, Nicomedes y Nicolases y significado con Victores y Vicentes. Según algunos autores San Nicasio era discípulo de Dionisio de Areopagita convertido al cristianismo por San Pablo y que para muchos erróneamente era el mismo San Dionisio obispo de París y que antes lo fue de Atenas y que murió decapitado en Montmartre junto con sus discípulos San Rústico y San Eleuterio, lo que no parece que sea lo más acertado.

Todo indica que Nicasio era un seguidor de los areopagitas atenienses pero que no conoció a San Pablo y que viajara a Roma a finales del siglo I y desde allí el papa San Clemente le enviara a predicar la buena nueva a la Galia como obispo de Rouan, entonces unas de las ciudades más prósperas de esa provincia romana. La tradición católica le hace peregrinar por gran parte de Francia en dirección a Rouan, adonde, por cierto, nunca llegará. En el camino es incontable el número de conversos que va haciendo a su paso y de los grandes milagros que obra. Entre estos destaca la victoria sobre un dragón (como haría después, en el siglo IV, San Jorge; que también murió decapitado, por cierto) que tenía aterrorizados y subyugados a los habitantes de la región de Pontoise, al norte de la actual París, o la expulsión de una caterva de demonios que moraban en una caverna en esa misma zona normanda.

El caso fue que las andanzas de Nicasio y de sus fieles discípulos Escubículo y Quirino, dieron que hablar y el gobernador romano de Lutecia los mandó apresar. Después de negarse los santos varones a venerar a Marte fueron martirizados hasta que finalmente se ordenó su muerte por decapitación en la ciudad de Écos. Lo más curiosos de la historia y lo verdaderamente inusual se produjo tras este suceso, pues cuenta la tradición católica que Nicasio una vez que perdió la cabeza se agachó, la cogió con sus propias manos y se lanzó a la carrera como si fuera el zaguero de la selección francesa de rugby. Atravesó sembrados, ascendió colinas y cruzó ríos, hasta que llegó a Gasny situada a una decena de kilómetros, donde, no sabemos si como fruto de la pérdida de la cabeza, por puro agotamiento o porque creyó llegar a la línea de ensayo, cayó al suelo y exhausto depositó su cabeza en el lugar donde después se alzaría un templo en su honor y memoria.

Iglesia de San Nicasio de Rouem

Evidentemente existe otra versión más racional pero menos lírica. Con toda seguridad los restos de los santos decapitados fueron arrojados como alimentos de fieras y alimañas para mayor escarnio y advertencia para los que negaran la religión oficial de Roma. Parece ser que algunos cristianos capitaneados por una joven llamada Pience y por un sacerdote pagano convertido al cristianismo llamado Clair de Beauvais, robaron los despojos y los enterraron en lugar seguro, donde con el paso del tiempo se construyó un templo y el priorato benedictino de San Nicasio que alcanzó un gran apogeo económico fruto de la tradición que nos dice que San Nicasio siguió obrando milagros después de su muerte. Así, en siglo XI aparecieron los que algunos decían que eran restos del santo, para comprobar su santidad se decidió quemarlos, y milagrosamente no sólo no ardieron las reliquias,… ni tan siquiera se chamuscó el paño que las envolvía. En el siglo siguiente el santo se las ingenió para poner en evidencia al noble del lugar que había suspendido el derecho que la iglesia de San Nicasio en Gasny tenía en el mercado local y además no había cumplido varias promesas con la parroquia, y, así, impidió que sus restos se sacasen en rogativa a pesar de utilizar para ello las fuerza de veinte hombre y otras tantas bestias, hasta que el conde del lugar pidió perdón y subsanó sus tropelías con la iglesia del santo.

A partir de aquí fue un no parar: curó de calenturas cuartanas (paludismo) a un joven belga; a otra mujer la curo de una hemiplejía con tan sólo el roce de las reliquias; un anciano ciego recuperó la vista; a otro joven le sanó los huesos rotos de brazos y piernas; llegó incluso a curar a un niño que había nacido ciego, sordo y mudo. Pero el milagro más sonado fue el que realizó con una joven llamada Elena que cayó muerta de repente en la iglesia, allí quedó su cuerpo para recibir sepultura y el párroco dirigió una oración pidiendo auxilio a los santos mártires; cuando volvieron a enterrar el cuerpo de la joven asombrados descubrieron que estaba vivita y coleando y dando gracias a San Nicasio que se le había aparecido y “después de mostrado el lugar lleno de delicias, le mandó que se bolbiesse a la casa de sus padres”. De todas formas el santo no estaba para bromas, pues se cuenta el caso de que después de curar a una niña de una inflamación en los pies que le impedía andar, sus padres no cumplieron con la ofrenda anual que le prometieron al santo y este no se cortó y la inflamación volvió a los pies de la niña en el doble de su tamaño, tras el arrepentimiento de los padres el santo repitió el milagro; parece que ya nunca se les olvidó el voto.

Se trata de un caso evidente de propaganda milagrera que busca que los fieles depositen sus esperanzas y sus ofrendas en el santo local y contribuyan así al engrandecimiento de la parroquia. No les debió de ir mal a los benedictinos si la fama de este santo llegó a Leganés, entonces una pequeña aldea castellana de labriegos y hortelanos que pusieron su fe en este santo con la confianza de que les protegería de las fiebres e infecciones tan frecuentes en un lugar tan legamoso. No sabemos a ciencia cierta el momento de la advocación a este santo si bien la primera referencia documental aparece en las Relaciones de Lorenzana, en 1580, donde se dice que el lugar “tiene voto de guardar el día de señor San Nicasio que votaron los antiguos de él por la pestilencia que un tiempo dicen haber habido”, lo que si está confirmado que desde inicios del siglo XVII existe una Cofradía en el lugar encargada de mantener el voto al santo.

La imagen del santo que se pasea en procesión por Leganés tiene poco que ver con la iconografía tradicional que nos presenta a este santo decapitado y sujetando su propia cabeza, representación que se repite con varios santos lo que seguramente ha llevado a algunos a confundir al Sant Denis representado en al catedral de París con nuestro San Nicasio. De todas formas, el santo, de alguna manera se sale con la suya, al esconder la cabeza cuando pasa por debajo de la vía, en el “puente de Simago”, en su anual paseo por las calles de Leganés.

Pero en esto de estatuas,… ¿Qué decir Sobre la que realizó Miguel Zapata en honor de San Nicasio y que está situada en la cercanía de la iglesia? Está más cerca de la imagen de un fiero guerrero de la antigüedad que de un benévolo obispo; la capa magna parece una pesada adarga, el báculo obispal una amenazadora pica, y la mitra… ¿es o no es clavadita a un casco de guerra griego? Yo la llamo “Nicasiator”.

 

San Nicasio de Miguel Zapata ("Nicasiator")

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 11, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. San Nicasio, obispo y mártir. (
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/12/05/san-nicasio-obispo-y-martir/
/). 2010

1 noviembre 2010

¡A las barricadas! La CNT cumple cien años.


Logo del CeNTenario

El pasado 29 de noviembre se cumplieron 100 años de la constitución de la Confederación Nacional del Trabajo en el palacio de Bellas Artes de Barcelona. Lo primero que llama la atención es el nulo eco que esta efemérides ha tenido o está teniendo en los medios de comunicación social, si bien hay que decirlo, que en consonancia con la escasa incidencia que el histórico sindicato anarquista tiene en la actualidad en la sociedad española. Pero aún reconociendo esta escasa presencia el panorama político y sindical no deja de ser significativo el olvido sino a su trascendencia actual a su valor histórico dentro de la Historia del Movimiento Obrero en particular y de la Historia de España en general. La CNT llegó a ser, junto con la UGT, la mayor fuerza sindical de la España de las primeras décadas del siglo XX. Tanto, que es imposible comprender ese periodo histórico sin conocer cual fue el papel que la CNT jugo en cada momento.
El sindicato es heredero directo de los sindicatos anarquistas “Solidaridad Obrera” que decidieron en el congreso de Barcelona de 1910 conformar una nueva fuerza sindical de ideología anarcosindicalista y de carácter nacional que se convirtiera en alternativa al sindicalismo socialista de la UGT. Pero hay que decir que la presencia del anarquismo como corriente y pensamiento político estuvo presente en España desde 1869 tras la formación de la sección española de la Primera Internacional en Barcelona y al año siguiente en Madrid. Después los dispersos grupos anarquistas se organizaron bajo distintas formaciones: Federación de Trabajadores de la Región Española, Federación Regional de Resistencia de la Región Española, y ya en el siglo XX en la más conocida Pacto de la Unión y Solidaridad Obrera, dando lugar a los sindicatos “Solidaridad Obrera” que se agruparon en la Confederación Regional de Solidaridad Obrera.
El empuje intelectual de la nueva formación se debe en gran parte a los redactores del periódico “Solidaridad Obrera” (La soli) José Prat y Ricardo Mella y se basaba en los principios clásicos del sindicalismo revolucionario. Así en una de las resoluciones del congreso fundacional se establece que uno de los objetivos de la nueva organización es: “apresurar la emancipación económica de la clase trabajadora a través de la expropiación revolucionaria de la burguesía”.

Portada actual de Solidaridad Obrera

Tras varios altibajos y periodos de ilegalización, el sindicato anarquista alcanzó su mayor esplendor en la guerra civil, pero ya en 1923 sus dirigentes afirmaban contar con más de 700.000 afiliados en toda España tras su exitosa participación en la huelga general de 1917 convocada conjuntamente con la UGT. La CNT supo mantener una gran independencia respecto de los partidos políticos hasta el final de la guerra civil, en contra de lo que había pasado son otros sindicatos revolucionarios occidentales (la CGT francesa, la CGL italiana o la IWW estadounidense,…), que cayeron pronto bajo la influencia de los Partidos Comunistas o Socialistas. Independencia que aún hoy mantiene y que es uno de sus mayores logros pero a la vez una de las razones de su actual posición marginal dentro del movimiento obrero español.
La feroz represión franquista dejó absolutamente esquilmada a la organización anarcosindicalista y con la llegada de la democracia no supo o no pudo, víctima de sus propios planteamientos revolucionarios, aceptar la reforma política como mecanismo válido para sus fines, quedándose fuera del pacto democrático de la transición. La ciudadanía y el movimiento obrero de entonces rechazaron decididamente la ruptura, pues la incertidumbre de esta opción les llevaron posiciones posibilistas en contra de las revolucionarias.

 

Cartel del Centenario

Además, una nueva fuerza sindical había nacido de una forma arrolladora dentro del país en los años de la dictadura: las Comisiones Obreras. Esta nueva organización sindical sí supo y pudo conjugar los anhelos revolucionarios con las posibilidades reales de cambio y se convirtió así en al fuerza hegemónica del movimiento obrero en los últimos años del franquismo, papel que tuvo que compartir con la UGT una vez que el sindicato socialista pudo reorganizarse.
La CNT quedó relegada a un segundo plano y se convirtió en la voz de los grupos más radicales que la llevaron a posiciones cada vez más minoritarias y marginales. En estos momentos desarrolla su labor en dos campos fundamentales, por un lado las luchas sindicales, de las cuales hay muestra de su actividad en el conflicto que mantiene con la Mercadona o en el importante papel que jugó en la última huelga del metro de Madrid; y, también, dando cobijo a los movimientos antiglobalización y antisistema, en muchos casos en sus facetas más radicales y violentas, y que son de difícil comprensión de por sí y aun más por una sociedad tan mediatizada como la nuestra.
Como decía al inicio, por la importancia de esta organización en nuestra historia reciente, es difícil entender el olvido institucional y sobre todo mediático a su centenario, tan sólo puede entenderse por lo incómoda que es la CNT para el poder establecido, tanto por su historia como por su situación actual, y por el propio radicalismo del que hace gala el sindicato anarquista que le aleja mucho del sentir actual del movimiento obrero.
Cuando estaba escribiendo este post llegó la noticia de la muerte de Marcelino Camacho, fundador de CC.OO. y figura imprescindible para entender el sindicalismo y el movimiento obrero español en la actualidad, quien destacó por su entrega y compromiso a lo largo de toda su vida. Sirva este post como humilde homenaje a su persona y a su ejemplo.

Video con el himno del sindicato. ¡A las barricadas!

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© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. ¡A las barricadas! La CNT cumple cien años.
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13 octubre 2010

Doña Urraca, primera reina de Castilla. Una mujer maltratada.


La reina Urraca de León y de Castilla fue la primera mujer que ejerció de forma efectiva el papel de reina “propietaria” en España (entendiendo España como el territorio ocupado por los distintos reinos cristianos ibéricos durante la Edad Media, de la misma forma que entendieron este concepto los que vivieron esa época), y se trata de un personaje verdaderamente insólito en la Historia del medioevo hispánico, por su condición femenina y por la incidencia que tuvo en los hechos históricos de su época como por las controversias que su persona ha generado después.  Sufrió el maltrato físico y psíquico de su marido e incluso de sus súbditos, pero demostró también una fuerza y una determinación indomable que la llevo a ser de nuevo maltratada por al Historia.

En purita verdad no fue la primera, pues su abuela Sancha fue reina “consorte” de Castilla (merced a su matrimonio con el segundo hijo del rey Sancho de Navarra: Fernando, a quien el rey navarro le dio como dote el condado de Castilla, que pertenecía a su mujer la condesa Muniadona Sánchez, y los territorios usurpados al reino de León entre el Pisuerga y el Cea, con el título de reino de Castilla, convirtiéndose así, en 1032, en los primeros reyes castellanos), y además reina “propietaria” de León tras la muerte sin descendencia de su hermano, el rey Bermudo III (guerreando con Fernando I de Castilla, precisamente). Pero no llegó a ejercer de forma efectiva el reinado ya que fue su marido Fernando I el ungido y coronado como rey de León en 1038. Con este pequeño botón queda claro el monumental lío existente entre las familias reinantes de León, Castilla y Navarra, y, a través de esta última, también con Aragón.

Pero esto es baladí con el guirigay que se monta unos años después tras la,… Pero volvamos al tajo y a nuestra Urraca. Contaba nuestra reina entre sus bisabuelos con un rey de Navarra, un rey de Aragón, una condesa de Castilla y un… ¡rey de Francia! Por pedigrí que no falte y teniendo como modelo a su padre, Alfonso VI, no debían faltarle ni mala leche ni una libido desenfrenada. Baste recordar que entre otras lindezas su padre tuvo cinco esposas legales (Inés de Aquitania, Constanza de Borgoña, Isabel de Francia, Berta de Toscana y Beatriz de Este), otra que no se sabe muy bien si fue concubina o esposa legal (Zayda, hija del rey moro de Sevilla, llamada Isabel tras el bautismo) y un número incierto de amantes entre al que destaca Jimena Núñez, (eso sin contar los escarceos de un solo día que en su vida tan azarosa no debieron ser pocos); y respecto a la mala leche tan sólo recordar que fue acusado por las lenguas de doble filo de instigar la muerte de su propio hermano (Sancho II de Castilla) para hacerse con el reino castellano.

Con estos orígenes no es de extrañar el apodo con el que pasó a la posteridad: Urraca “La Temeraria”. Como veremos la historiografía tradicional, haciendo gala de su vena más misógina, nos ha presentado su figura como modelo de lo que no debía ser una mujer, incluso se la reconocen “meritos” que serían de alabar en un hombre pero reprochables absolutamente en una mujer. Las mujeres, como hijas de Eva, encarnaban la debilidad y la concupiscencia y las hacían inferiores al varón y necesariamente estar unidas a ellos para atenuar su apetito interior. Pero esta visión tan machista es a todas luces parcial y no debió corresponderse fielmente a la realidad, dando lugar a una figura histórica muy controvertida.

En la edad media la mujer estaba lastrada por el tópico de la debilidad y la dependencia del hombre, por eso siempre atrajo la atención la habilidad, el carácter y la determinación de la reina Urraca. Seguramente su personalidad y las circunstancias históricas del momento favorecieron a que fuera el eje de innumerables intrigas políticas y dinásticas, todas ellas cargadas de traición, amor, pasión, engaño,… Era esta mujer hija primogénita de Alfonso VI de Castilla y de Constanza de Borgoña y debió nacer en León allá por el año 1081. Contrajo matrimonio en primeras nupcias (con apenas doce años) con el conde Raimundo de Borgoña de quien nacería el futuro Alfonso VII en 1105.

Urraca se convierte en la única heredera a los tronos de León y de Castilla tras la muerte de su hermanastro Sancho en la batalla de Uclés en 1108. La ocasión la solemniza Alfonso VI en Toledo poco antes de morir cuando convoca una Curia en esta ciudad para proclamar a su hija como sucesora. Urraca jura en el Alcázar de Toledo sus deberes y obligaciones como futura Reina de Castilla y León.

Urraca era viuda desde hacía un año y en consecuencia quiso su padre casarla con el monarca aragonés Alfonso el Batallador, intentando vanamente con un marido foráneo evitar disputas ente leoneses y castellanos y garantizar la defensa de sus reinos de la amenaza almorávide. Las bodas tuvieron lugar en Monzón de Campos en 1109 con la decidida oposición de la nobleza castellana y de ella misma que llegaría a decir:

Me vi forzada a seguir la disposición y arbitrio de los grandes, casándome con el cruento, fantástico y tirano rey de Aragón. El cual, no sólo me deshonraba con torpes palabras sino que muchas veces mi rostro fue manchado por sus sucias manos y golpeado por su pie.

Desde el mismo momento que Urraca accede al trono demuestra una voluntad férrea en conservar para sí y para su dinastía los reinos heredados de su padre. Y al poco tiempo la discordia por las disputas territoriales rompió su matrimonio que dio origen a continuos enfrentamientos entre castellanos, leoneses y aragoneses. Las capitulaciones preveían que todos los reinos del matrimonio pasarían al heredero común, lo que dejaba fuera de la sucesión de León y de Castilla a Alfonso Raimúndez (hijo de Urraca y futuro Alfonso VII como ya he señalado) que merced a la dote de su madre era el conde de Galicia. Esto supuso una seria oposición de los prelados gallegos encabezados por el obispo Gelmírez que no querían perder los privilegios obtenidos y de otros nobles que buscaban la formación de un reino independiente en Galicia en favor del hijo de Urraca. Esta primera revuelta fue aplacada con furia por el Batallador.

Por otro lado, el rey aragonés no podía entender como la reina, que tenía dos hijos de su anterior matrimonio, aún no había engendrado uno suyo, que acapararía los reinos castellano y aragonés y se convertiría en el rey más poderoso de la península. Y este pensamiento le consume. Además, las discrepancias afloraban por doquier; se cuenta que Urraca liberó en Huesca a un buen número de nobles árabes que Alfonso de Aragón tenía como rehenes sin consentimiento de su marido. La violenta reacción del aragonés no tarda en llegar y después de maltratar furiosamente a la reina, llegando incluso a pegarla una paliza él mismo, la manda encerrar en la torre del castillo de El Castellar, de donde puede huir refugiándose finalmente en Burgos.

Estamos ante una guerra civil abierta en la cual, en general, baja nobleza castellana y leonesa apoyaba al monarca aragonés, mientras la alta nobleza y los prelados a la reina castellana y al frente el conde de Candespina, Gómez González, y el arzobispo de Toledo, Bernardo de Sédirac. El Batallador penetró con un potente ejército en Castilla y tomó importantes ciudades leonesas y castellanas: Palencia, Burgos, Osma, Orense, Toledo, donde depuso al arzobispo, y Sahagún, donde la reina estaba escondida en un convento que es saqueado por el aragonés.

Al final, Urraca pudo refugiarse y hacerse fuerte en el castillo segoviano de Candespina, propiedad del conde Gómez González, desde donde la reina recabará todos los apoyos posibles, llegando a entrevistarse con Jimena Díaz, la viuda del héroe castellano por excelencia: El Cid. Tras una corta estancia en Toledo, Alfonso de Aragón dirigió su ejército hacia el cuartel general de la reina Urraca en Segovia produciéndose una cruenta batalla el dos de abril de 1111 en Candespina, en la cual los aragoneses infligieron una severa derrota a las tropas fieles a Urraca. Hay que señalar que en esta ocasión el Batallador estuvo apoyado por los condes de Portugal, nada más y nada menos que la propia hermana de Urraca: Teresa que pretendía, y al final lograría, la independencia de Portugal. Por si faltaba algo que liara más la madeja.

Tras este suceso se produjo una sorprendente reconciliación entre Urraca y Alfonso en Carrión, en la cual los condes portugueses tienen que renunciar a sus elevadas pretensiones (pedían en pago de su ayuda nada más y nada menos que el reino de Toledo). Parece ser que esta reconciliación fue meramente circunstancial, pues apenas unos meses más tarde, la reina que no se fiaba en absoluto de su marido, decidió apoyar los movimientos secesionistas de Galicia en favor de su hijo Alfonso Raimúndez que es coronado (con siete añitos) como rey de Galicia en septiembre de ese mismo año. El Batallador comienza una nueva campaña de castigo contra Urraca que con treguas y hostilidades durara hasta 1114.

Un año antes se había producido la que sería la última “reconciliación” entre Alfonso y Urraca, que según cuentan las crónicas se vino al traste por la ingerencia de Teresa (recordemos: condesa de Portugal y hermana de Urraca) que malmetió al rey con la inventada conjura de que su hermana pretendía envenenarle. En estas, Alfonso de Aragón decide abandonar sus aspiraciones territoriales y pedir la nulidad de su matrimonio (a lo que se había negado hasta entonces) y repudiar a Urraca, lo que consigue en el Concilio de Palencia de ese año merced a una dispensa del papa Pascual II.

Parecería que una vez superado este infausto matrimonio la cosa se sosegaría, pero para nada. Urraca, una vez liberada de la atadura matrimonial, decidió reinar en solitario si bien no le faltaron amantes, entre los que hay que destacar a su privado el conde Pedro González de Lara de quien tuvo dos hijos. Según cuentan las crónicas, Urraca quiso casarse con este conde pero fueron los nobles y ricos hombres castellanos los que impidieron el matrimonio.

En el mundillo político la cosa tampoco fue bien: enfrentada a Portugal, Navarra y Aragón; con los musulmanes aprestados en la frontera del Tajo; con los grupos burgueses y de la baja nobleza de sus reinos apoyando, en algunos casos abiertamente, a Alfonso de Aragón; y con la enemistades que generaba su privado Pedro de Lara, la situación era poco esperanzadora. Pero lo peor estaba por venir aún de Galicia. Tras haber apoyado la independencia de este condado en la figura de su hijo Alfonso, la reina quiso apartarlo de la influencia de la nobleza y del clero gallego. A tal fin, en 1115 puso cerco militar a la ciudad de Santiago de Compostela. Diego Gelmírez, obispo de Santiago, y el levantisco Pedro Froilaz, conde de Traba, pactan una rendición con Urraca y durante la entrevista que mantienen se produce uno de los hechos más sorprendentes de la Historia de España y que aún hoy nos deja estupefactos.

Durante la reunión en el palacio obispal se produce una revuelta popular y la población se amotina. La reina se ve sorprendida por la turba y fue golpeada y humillada sin piedad, hasta que fue arrojada desnuda a un barrizal donde fue vejada y hasta dicen que con algún conato de lapidación.

Así lo cuenta Jerónimo de Zurita:

La cogen y arrojándola al suelo en un lodazal, arrebatándolos como lobos, hacen jirones sus vestidos, hasta tal punto que los pechos abajo quedó en el suelo con el cuerpo vergonzosamente desnudo y a la vista de todos. Llegó el obispo donde yacía la reina en el fango, pisoteada por las turbas de los agresores y viéndola tan feamente desnuda y postrada, transido de dolor, pasó de largo.

Y así Enrique Flórez:

Ya no se tenía respeto a nada. No le valió a la iglesia del Apóstol su sagrado. Pusiéronla fuego. Y viendo arder el templo, ¿qué seguridad esperarían la reina y el prelado? Saliéronse del palacio. Refugiáronse a la fuerza en una torre. Saquearon el palacio los tumultuados. Atreviéronse a dar contra la torre donde estaban la reina y el prelado. Ciegos ya, clamaban descubiertamente por su muerte. Ponen fuego a la torre. Dispónense los sitiados a morir. El obispo confesó a la reina y compañeros. No hubo más racionalidad en el monstruo de la sedición, que permitir que saliese la reina. Salió esta obligada por el prelado, y recibida seguridad sólo la halló en la vida. Perdiéronla el respeto. Arrojáronla en el suelo. Y en semejante desorden se debe extrañar más lo que no hicieron.

A pesar de lo crítico de la situación la reina pudo huir y salvar milagrosamente la vida. La ciudad pagaría caro este atrevimiento, pues una vez al mando del ejército sitiador tomó la ciudad al asalto y desencadenó una feroz represión. De cualquier forma sus enfrentamientos con los partidarios del conde de Traba no cesaron hasta su muerte, a pesar de que en 1117 firmó el pacto de Tambre que convertía a su hijo Alfonso Raimúndez en rey de Toledo (fue coronado en 1118) y de Galicia, y garantizaba su sucesión en los reinos de León y de Castilla (lo que sucedió en 1126). Tampoco cesaron los enfrentamientos con el rey aragonés con resultados dispares, pues si bien Urraca tuvo que ceder en 1122 varias localidades castellanas y renunciar a sus derechos sobre la taifa de Zaragoza a cambio de la renuncia de El Batallador al trono castellano leonés, pudo en 1124 reconquistar Sigüenza parando definitivamente la expansión aragonesa en Castilla, de igual forma que algunos años antes, con la recuperación de Zamora, replegó las ambiciones de su hermana Teresa de Portugal.

La reina Urraca murió de parto (de un tercer hijo del conde Pedro González de Lara) a los 45 años de edad en el castillo de Saldaña (Palencia), el 8 de marzo de 1126. Por expreso deseo suyo fue enterrada en el panteón real de San Isidro en León.

A lo largo de toda su vida intentó hacerse respetar por sus súbditos y se dice que cuando se sentía desobedecida gritaba: “¡El rey soy yo!”. Llegó a titularse Totius Hispaniae Regina (Reina de Toda España) en consonancia con el titulo imperial que lució su marido hasta la anulación matrimonial: Alfonsus Gratia Dei Imperator de Leone et Totius Hispaniae Rex. Lo cierto es que de haber prosperado esta unión dinástica hubiera supuesto la unificación en un solo rey todos los reinos cristianos de España (incluido Portugal que no alcanzaría su independencia de “iure” hasta 1143).

La figura de Doña Urraca no ha sido bien tratada ni por la historia ni por la literatura. Las múltiples luchas entre Urraca y sus familiares (esposo, hermana, hijo), con los nobles, con el clero,… fueron el contexto idóneo para conformar la visión tan negativa que hemos recibido de esta reina de Castilla y de León a través de unas fuentes históricas, principalmente la Historia Compostelana y la Crónica de Sahagún, muy parciales. Descrita como una mujer ambiciosa y sin moral, al igual que otras figuras malditas de la historia de Castilla como Pedro I El Cruel, la vida y la personalidad de la reina doña Urraca está sometida desde hace algún tiempo a una profunda revisión historiográfica.

Referencias en la red:

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Doña Urraca, primera reina de Castilla. Una mujer maltratada
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(OGH29H)

13 junio 2010

Rodrigo, el último rey de los godos

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La caída del reino visigodo en manos de las hordas musulmanas del norte de África fue de todo punto muy sorprendente, en particular por la rapidez y facilidad con que se produjo. Hay que considerar que el imperio romano necesitó doscientos años en someter a la península ibérica desde que Cneo Escipión pisara las tierras de la desembocadura del Ebro hasta que el gran Augusto diera por terminada la conquista en el año 17 tras someter a las tribus cántabras y vasconas. Lo mismo hay que decir de la Reconquista posterior de los reinos cristianos, que les llevó nada más y nada menos que la friolera de 800 años recorrer el camino de Covadonga a la Alambra.

Bien al contrario, los musulmanes conquistaron toda la península en apenas ¡9 años!: en el 711 pisaron en Algeciras tierras ibéricas por primera vez, y en el 720 conquistaron Narbona, entonces frontera septentrional del viejo y aniquilado reino visigodo, más allá de los Pirineos. Los musulmanes quisieron ir más allá pero los francos resistieron el envite y Carlos Martell pudo situar en Potiers el punto máximo de la penetración musulmana en Europa en el 732. No se verá algo parecido hasta que los castellanos del siglo XVI sometieran a la práctica totalidad del continente americano en apenas unas décadas bajo el yugo y el haz de flechas hispánico

El conocimiento que tenemos del proceso histórico de la invasión se basa en pocas fuentes certeras, pues las principales son los cronicones musulmanes, las crónicas mozárabes, basadas en muchos casos en las fuentes árabes, y los romances y relatos cristianos, en muchos casos versionados, que se fueron produciendo a lo largo del tiempo. La mayoría de estas fuentes no soportan un mínimo análisis crítico, pero han conformado una versión “oficial” del proceso de la invasión musulmana. La novelada Crónica Sarracina o del Rey Don Rodrigo con la destrucción de España de Pedro del Corral, publicada en 1430, fue la obra que compendió todas las tradiciones y estableció la versión más aceptada. Versión, por otra parte, que está en revisión por los historiadores medievalistas; llegando algún autor, concretamente Ignacio Olagüe, a tildar esta invasión como un mito y a afirmar que lo que se produjo fue una revolución islámica en la península fruto del secular arrianismo visigodo.

No compete en este artículo entrar en este laberinto [por atractivo que fuera], y sí centrarnos en la versión más conocida y popular, pues a pesar de ser camino mejor diseñado no le faltan curvas, pendientes y túneles que le hagan interesante.

Para los musulmanes la conquista fue designio de Alá para extender la verdad revelada a su profeta Mahoma; lo normal, vamos. Para los cristianos era, cuanto menos incomprensible, que su Dios les abandonara de esa manera, y descorazonados se lanzaron a descubrir en los renglones torcidos la divina línea recta. Y sólo encontraron una explicación razonable: Dios los castigaba por sus pecados y la penosa reconquista sería su penitencia. Bien…, pero los pecados debieron ser terribles para tal castigo, en consecuencia sólo los pudo cometer lo más señalado de reino: el rey, que no era otro que un tal Rodorico, más conocido bajo la forma castellanizada de Rodrigo, que además tuvo que pecar de manera superlativa. La Historia nos ha presentado a este personaje como la personificación misma del pecado y del mal gobierno, que lejos de ocuparse del bienestar de su reino de sus súbditos y llevar una honrosa vida, se vio arrastrado por las bajas pasiones al más negro lodazal.

Pero…, ¡¿Qué hizo este hombre con consecuencias tan graves?!: pues, folgar con una bella mujer. Ya se sabe: “la jodienda no tiene enmienda”.

La cosa no debió ser tan simple vamos a ver quién era este buen señor. En principio Rodorico o Rodrigo era el gobernador (dux) de la provincia Bética del reino visigodo. A la muerte del penúltimo rey godo, que no era otro que un tal Witiza [otro qué vaya pieza], los nobles visigodos decidieron retomar la tradición germánica de la monarquía electiva en vez del modelo hereditario que poco a poco se había impuesto en la sucesión de los reyes. El hecho es que en el sínodo de Toledo de 710 los nobles, reunidos en cónclave, le nombran rey en contra del Agila, hijo de Witiza. Esto originará una guerra civil entre los partidarios de uno y de otro, Rodrigo controlará las provincias meridionales y los witicianos las más septentrionales. Hay relatos que dicen que el enfrentamiento entre las dos familias venía de antiguo, y ya Witiza encarceló y arrancó los ojos al padre de Rodrigo, Teodofredo, que era hijo del que fue rey godo Rescenvinto. Rodrigo, en venganza, se rebeló contra el rey y le venció en batalla y le envió preso (y también sin ojos) a Córdoba donde murió, proclamándose rey.

Sea como sea, el caso es que el nuevo rey se asienta en al palacio real de Toledo y allí comienzan a acudir los miembros de las familias de la nobleza que acuden como moscas golosas a la miel; una de ellas será su perdición. Pero no será por que no se le avisó, pues cuenta la leyenda que había una torre en Toledo que escondía en su seno el futuro de la monarquía y que todos los reyes godos se habían guardado escrupulosamente de violar su secreto, pues según la tradición el hacerlo traería la destrucción del reino. Popularmente se pensaba que escondía el más fabuloso tesoro que nunca vio ser humano.

Don Rodrigo, bien por avariciosote natural, bien porque necesitara fondos para guerrear, decidió descerrajar la puerta y hacerse con el tesoro si lo hubiera. De nada sirvieron las advertencias de los sabios y ancianos consejeros, Rodrigo estaba decidido, ni las maldiciones ni las consejas de viejas de duendes y fantasmas le amedrentaron.

Ante la vacilación de los guardias y soldados, él mismo dio el postrero empujón a la reja de hierro y bajo la luz de las teas avanzó temeroso y vacilante; pero pudo más la avaricia que el miedo y a la postre llegó adonde había un cofrecillo encima de una hermosa mesa de alabastro. Abrió tembloroso el cofre esperando encontrar algo de valor y lo que halló fue un lienzo con figuras de fieros jinetes armados de sables y lanzas tocados de turbantes con el siguiente lema:

Rey necio: mira los hombres que te arrojarán del trono y subyugarán tu reino

De inmediato comenzaron las figuras a tomar vida y comenzaron a girar en la sala: los relinchos y los cascos de los caballos se confundían con las trompetas, las cajas y los timbales; y los gritos de guerra atronaban bajo los golpes de sables y silbos de saetas,… todo en espantosa algarabía. El rey aterrorizado, se precipitó fuera de la torre y ordenó volver a poner las cancelas y sellar las puertas. Ya era demasiado tarde: pecó aquí el pobre Rodrigo de avaricioso y de soberbio; no serán sus únicos pecados.

Como las desgracias no vienen solas este hombre pilló la sarna y para curarle una joven cortesana acudía todos los días a limpiarle las costras de los comezones, lo que hacía la bella con delicadeza y primor, dicen que con un alfiler de oro. No sabemos hasta dónde le alcanzó la infección, pero una picazón singular en salve qué parte le debió entrar al buen Rodrigo que se quedó prendado de la hermosa doncella. Parece que el rey alargó la enfermedad todo lo que pudo y en este tiempo se las ingenió para verla desnuda lo que le obnubiló por completo el seso y el sexo, y la obsesión de poseer lo que no era suyo no paró hasta que folgo con ella. Para algunos el fornicio fue consentido por la joven bajo la falsa promesa de matrimonio; para otros, simple y llanamente el rey la forzó iracundo tras el pertinaz y reiterado rechazo de la joven. La envidia, la ira y la lujuria cayeron al cesto de los pecados.

Así nos lo cuenta Fray Luis de León en su Oda VII. La profecía del Tajo (Incluido en: Poesía. Fray Luis de León. Ed. Juan Francisco Alcina. Ediciones Cátedra, S.A. Colección Letras Hispánicas, 184. Octava edición de 1997.)

Folgaba el Rey Rodrigo

con la hermosa Cava en la ribera

del Tajo, sin testigo;

el río sacó fuera

el pecho, y le habló desta manera:

«En mal punto te goces,

injusto forzador; que ya el sonido

oyó, ya y las voces,

las armas y el bramido

de Marte, de furor y ardor ceñido.

¡Ay! esa tu alegría

qué llantos acarrea, y esa hermosa,

que vio el sol en mal día,

a España ¡ay cuán llorosa!,

y al cetro de los Godos ¡cuán costosa!

Llamas, dolores, guerras,

muertes, asolamientos, fieros males

entre tus brazos cierras,

trabajos inmortales

a ti y a tus vasallos naturales;

a los que en Constantina

rompen el fértil suelo, a los que baña

el Ebro, a la vecina

Sansueña, a Lusitaña:

a toda la espaciosa y triste España.

Se llamaba esta joven Florinda, si bien se la conoce como La Caba, y era hija del conde Julián, señor de Algeciras y noble de intachable conducta hasta entonces [evidentemente, el elemento dramático no permite que fuera de otra manera] que defendió con valor y fidelidad las plazas visigodas del norte de África frente a las belicosas tribus bereberes que incordiaban (desde siempre: antes y después de convertirse al Islam) esta frontera  del reino. Ni qué deciros, el cabreo que debió de coger este don Julián cuando se enteró de la afrenta [de curiosa manera, pues lo dedujo de un huevo podrido que le envió la desdichada], pero este prudente caballero hizo como si la cosa no fuera con él y sin decir nada ni montarle el poyo al picajosos rey, sacó de la corte a su hija con excusas y se retiró con todos sus bienes a la plaza de Ceuta, donde ejecutó su venganza.

Habló don Julián con el gobernador árabe de Túnez, Musa ibn Nusair [al que luego se conoció como el “moro Muza”], y le propuso la conquista del reino cristiano merced a su conocimiento del estado de ruina del reino. Musa, que no debió de fiarse del todo, mandó una avanzadilla de saqueo al mando del comandante bereber Tarif Abu Zara, quien con el conde Julián desembarcaron en Tarifa en la primavera del 711 (el 27 de abril afirman en algunos sitios) y asolaron Algeciras logrando un espléndido botín.

Los historiadores han explicado esta narración como una llamada de ayuda de los viticianos a los bereberes, quienes acudieron gustosos y presurosos. Ciertamente veremos que, bien por acción o por omisión, los viticianos favorecerán la penetración de los bereberes (capitaneados por árabes, eso sí) en la península.

El caso es que Tarif marchó a Túnez a contar a su emir lo sucedido, y dejó al mando a Táriq Ibn Ziyad con la instrucción de aprestar un nuevo y más numero ejército que repitiera la incursión peninsular. Lo que así se hizo; desembarcando en Gibraltar (el monte de Tariq, en árabe: Chabal Táriq) con una tropa ya bastante numerosa. Cuando llegaron las nuevas al rey Rodrigo, en vez de lanzarse presuroso a la defensa de su reino y repeler con fuerza y determinación a los invasores, indolente y remolón prefirió mandar a su sobrino Íñigo, quien sufrió la primera derrota cristina en la península en abril de 711 encontrando además la muerte. La pereza entra en la cuenta de pecados, pero lo cierto es que el hombre debía de estar enfrascado en al pelea fraticida con los nobles que apoyaban a los viticianos allá por el norte peninsular.

Estos dos desembarcos en muchas versiones se funden en uno sólo, y en general los historiadores tienden a no dar crédito al primero de Tarif Abu Zara. Pero si hay más acuerdo entre los historiadores en considerar que tras estos primeros escarceos y convencidos de la veracidad de las informaciones del conde Julián, los musulmanes decidieron preparar un desembarco en regla y comenzaron a llegar en oleadas hombres armados a las costas visigodas. Tras conocer este desembarco y la derrota de su sobrino, parece que el rey Rodrigo alcanzó un pacto con los viticianos para unir sus fuerzas frente al invasor y en el camino hacia el sur las hordas visigodas fueron levantando hombres suficientes para detener la invasión.

Así fue el desembarco para Fray Luis de León:

Ya dende Cádiz llama

el injuriado Conde, a la venganza

atento y no a la fama,

la bárbara pujanza,

en quien para tu daño no hay tardanza.

Oye que al cielo toca

con temeroso son la trompa fiera,

que en África convoca

el moro a la bandera

que al aire desplegada va ligera.

La lanza ya blandea

el árabe cruel, y hiere el viento,

llamando a la pelea;

innumerable cuento

de escuadras juntas veo en un momento.

Cubre la gente el suelo,

debajo de las velas desparece

la mar; la voz al cielo

confusa y varia crece;

el polvo roba el día y le escurece.

¡Ay!, que ya presurosos

suben las largas naves. ¡Ay!, que tienden

los brazos vigorosos

a los remos, y encienden

las mares espumosas por do hienden.

El Eolo derecho

hinche la vela en popa, y larga entrada

por el Hercúleo Estrecho

con la punta acerada

el gran padre Neptuno da a la armada.

Los visigodos llegaron a las tierras del litoral al principio del verano de 711 y se encontraron con las tropas musulmanas, gobernadas por el conde don Julián y Tariq, en el río Guadalete. Se formaron tres cuerpos de ejército, los flancos a la orden de los hijos de Witicia, Sisberto y Oppas, y la manguardia comandada directamente por el rey. El combate duró una semana y terminó el 26 de julio con la derrota y muerte de Rodrigo. Según la tradición, la derrota se debió a la traición de los viticianos que tras convenir con Tariq que se les respetaría su estatus y que se les devolverían todas las posesiones de su padre, desertaron del ejercito godo, abandonando a su suerte a su fraternal enemigo Rodrigo en lo más enconado de la batalla.

Fray Luis nos cuenta la batalla de esta manera:

¡Ay, triste! ¿Y aún te tiene

el mal dulce regazo? ¿Ni llamado

al mal que sobreviene,

no acorres? ¿Ocupado,

no ves ya el puerto a Hércules sagrado?

Acude, acorre, vuela,

traspasa la alta sierra, ocupa el llano;

no perdones la espuela,

no des paz a la mano,

menea fulminando el hierro insano.»

¡Ay, cuánto de fatiga,

ay, cuánto de sudor está presente

al que viste loriga,

al infante valiente,

a hombres y a caballos juntamente!

Y tú, Betis divino,

de sangre ajena y tuya amancillado,

darás al mar vecino

¡cuánto yelmo quebrado,

cuánto cuerpo de nobles destrozado!

El furibundo Marte

cinco luces las haces desordena,

igual a cada parte;

la sexta, ¡ay!, te condena,

¡oh, cara patria!, a bárbara cadena.

La muerte de este rey también está acompañada de una áurea misteriosa, pues jamás se encontró su cadáver; aparecieron sus ropas, su corona de oro, su bandera y estandarte, su armadura, su espada y su lanza, incluso su caballo, Orelia, pero nunca apareció su cuerpo. Con el tiempo, cuentan algunas crónicas, que apareció un tumba en Viseu (Portugal) con al inscripción Aquí yace Rodorico, rey de los godos. Pero hoy por hoy se desconoce absolutamente dónde puedan estar los restos del rey Rodrigo.

De igual forma, también se pone en duda que la batalla tuviera lugar en los márgenes del río Guadalete y se han propuesto otras muchas localizaciones del Wadi Lakk (río del Lago) de las fuentes árabes: río Barbate, laguna de La Janda, el mismo Barbate, río Sidonia, etc. Parece que queremos emular a los antiguos galos y modernos gabachos y enterrar en el olvido el lugar de tan ignominiosa derrota, igual que ellos hicieron con la ignota Alesia.

A partir de aquí, el reino visigodo se desmoronó como un castillo de naipes. Destacar que algunos miembros de la familia de los viticianos facilitaron la penetración árabe-berebere, en particular el arzobispo de Toledo Oppas (que también lo había sido de Sevilla), contribuyendo a la sospecha de que hubo tratos de esta facción con los musulmanes, pero tampoco consta que estos exigieran a los musulmanes que cumplirán ningún acuerdo. Bien es cierto que muchos nobles visigodos (incluidos algunos príncipes de la Iglesia) abrazaron con fervor la religión de los vencedores y con ellos el resto de la población; pero algo parecido habían hecho ya con Hermenegildo cuando renunciaron a su arrianismo para abrazar el cristianismo romano.

La falta del cadáver de este último rey godo dio origen a una varias leyendas, entre la más conocida está la que cuenta que derrotado y humillado se refugió en las montañas donde encontró a un ermitaño con el que se confesó del incestuoso pecado que había cometido. No queriéndole absolver el ermitaño por la gravedad del pecado, se oyó una voz que le pedía al ermitaño que le absolviera con la penitencia adecuada. Ni corto ni perezoso y con bastante mala leche, el ermitaño le puso de penitencia tapiarlo vivo con una culebra de siete cabezas. De cuando en cuando se acercaba el ermitaño a preguntar por el estado del infausto rey, y en una de estas le contestó Rodrigo el penitente:

Vame bien, que la culebra

a comerme ha comenzado,

ha comenzado a comerme

por donde más he pecado.

Del pito llegó al corazón y así encontró Rodrigo el perdón de sus pecados, y las campanas tañeron diciendo:

¡Dichoso del penitente

que para el cielo camina!

Así acabó este rey que atesoró en vida todos los pecados capitales. Es cierto que la gula no aparece en el relato, pero quién nos dice que cuando miraba con ojos libidinosos a la exuberante Florinda bañarse desnuda en el esguazo del Tajo, Rodrigo no se estaba metiendo entre pecho y espalda una sabrosa perdiz a la toledana (por ejemplo).

Aquí el romance Penitencia de Rodrigo completo

Don Rodrigo estaba malo,

cama de rosas tenía,

la Muerte a su cabecera

haciéndole compañía.

—Por Dios te pido, la Muerte,

año y medio más de vida.

—Sólo te dejo, Rodrigo,

hora y media no cumplida.

Por el Val de las Estacas

va Rodrigo en aquel día,

relumbrando van sus armas

como el sol de mediodía.

Bajó unas vegas abajo,

subió unas sierras arriba,

donde cae la nieve a copos

y el agua menuda y fría,

donde canta la culebra,

la sierpe le respondía,

y se encontró a un ermitaño

que vida santa allí hacía.

—Por Dios te pido, ermitaño,

por Dios y Santa María,

que me digas la verdad

y me niegues la mentira:

el que duerme con mujeres

si tiene el alma perdida.

—El alma perdida, no,

no siendo hermana o prima.

—Ésa fue la mi desgracia,

ésa fue la mi desdicha,

que dormí con una hermana

y una prima que tenía.

Confiésale, el ermitaño,

por Dios y Santa María.

—Confesado ya estás, hijo,

yo absolverte no podía;

el que duerme con hermana

se condena en la otra vida.

Estando en estas razones,

una voz del cielo oía:

—Absuélvelo, confesor,

absuélvelo, por tu vida,

y dale de penitencia

conforme lo merecía.

Lo metiera en una tumba

con una culebra viva,

de siete varas de largo,

siete de cola tendida;

la culebra era muy brava,

siete cabezas tenía.

El bueno del ermitaño

tres veces iba allí al día:

una iba a la mañana,

otra iba al mediodía,

otra iba por la tarde

cuando oscurecer quería.

—¿Cómo te va, penitente,

con tu mala compañía?

—La compañía era buena,

mejor que yo merecía.-

—¿Cómo te va, penitente,

penitente aventajado?

—Vame bien, que la culebra

a comerme ha comenzado,

ha comenzado a comerme

por donde más he pecado.

Ya me llega al corazón,

que era lo que más sentía,

si me quieres ver morir,

trae una luz encendida.

Campanas de siete torres

de par en par se tañían.

¡Dichoso del penitente

que para el cielo camina!

Referencias en la red:


http://jimeneydas.blogspot.com/2008/02/romance-del-rey-rodrigo.html


http://cuestadelzarzal.blogia.com/2007/011201-penitencia-de-rodrigo.php


http://www.museoferias.net/julio2001.htm


http://www.fortunecity.es/arcoiris/chacra/174/rey.html


http://www.fley.finalternativo.com/blog/index.php?/archives/14-Rodrigo,-el-ultimo-rey-godo.html


http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rodrigo.htm


http://www.almendron.com/historia/medieval/invasion_arabe/invasion_11.htm


http://es.wikipedia.org/wiki/Rodrigo


http://members.fortunecity.es/edepaz/visigodos.htm

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Rodrigo, el último rey de los godos. (
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/06/13/rodrigo-el-ultimo-rey-de-los-godos/
). 2010

29 marzo 2010

La Kaaba y la Piedra Negra

Archivado en: Arte,Cultura,Edad Media,Edad Moderna,Religión,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 8:08 pm
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Cuando he visitado algunos lugares sagrados de peregrinación, y a pesar de mi agnosticismo, siempre he sentido un cierto sobrecogimiento generado por el lugar, su entorno y el ambiente de espiritualidad que se respira, tan sólo enturbiado por el cada vez más presente turismo religioso de tropel, que de seguir así pronto acabará con estos lugares en lo que tienen de misticismo.

El caso es que he podido visitar algunos de ellos, pero acabo de enterarme de que nunca podré conocer uno sobre el cual tenía un gran interés: La Kaaba, en La Meca; so pena de una conversión al Islam, pues este lugar está vetado para los no musulmanes desde que lo prohibiera el mismo Mahoma en el 630, rompiendo con las garantías para los peregrinos que existían anteriormente y con la característica de asilo que tenía esta ciudad. Y parece que la ruptura de esa regla se paga muy caro[1] [sin ir muy lejos, en Google Earth la zona está difuminada].

En principio decir que La Kaaba es un edificio que debe su nombre: El Dado, El Cubo, a su forma y que sus esquinas están orientadas hacia los puntos cardinales. Está ubicado en La Meca, ciudad sagrada del Islam y lugar de nacimiento de Mahoma, en la península arábiga. Y para los musulmanes, su importancia es equiparable a la del Templo de Salomón en Jerusalén para los judíos, o a la de la Basílica de San Pedro en Roma para los católicos.

Para los musulmanes es la morada de Dios: Baitullahi-l-haram, (la casa sagrada de Alá) y la consideran la primera obra de la creación. alrededor de este edificio se construyó en el siglo VIII la mezquita de Al-Haram. Bajo estas premisas, la peregrinación a este lugar santo es uno de los cinco pilares básicos del islamismo y todo buen musulmán siempre que pueda debe acudir, al menos, una vez en su vida en peregrinación para santificarse. Sobre el momento de peregrinar y los rituales de peregrinación hablaremos en otro momento pues son de gran interés y en muchos aspectos son evidentes sus raíces paganas pre-islámicas que fueron adaptadas (purificadas) por Mahoma.

En este post quiero centrarme en La Kaaba y en la Piedra Negra. Lo primero es señalar que en origen se trata de una construcción pre-islámica, pues desde bien antiguo era un edificio sagrado, pero sin advocación concreta, que albergaba, en buena armonía (se habla de que había 360 ídolos), a la infinidad de deidades que las tribus árabes adoraban antes de que Mahoma predicara las revelaciones que tuvo de Dios. El geógrafo Tolomeo cita la ciudad de La Meca (bajo el nombre de Macoraba) ya en el siglo II, lo que hace suponer que ya existiera un templo semita en el lugar, según algunos autores dedicado al dios Hubal [¿Hubal?,... ¡¿Tubal?! ¡No dejéis de ver las coincidencias siempre curiosas de la Historia en el post: Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis (o Habidis), en este mismo blog!].

Se trata de un edificio que en su interior no contiene nada, excepto un buen número de lámparas y candelas de oro y plata y las tres columnas que soportan la techumbre de madera. Su fábrica es de sillares de granito muy sencilla y humilde, si bien con el tiempo se han ido añadiendo elementos más suntuarios: así, el interior está forrado en paredes y suelos de mármol y la puerta y el canalón son de oro. Sus dimensiones reales son: 10,67 m de ancho, por 12,19 de largo, y 15,24 m de altura. Tiene una pequeña puerta en uno de sus laterales, elevada del suelo dos metros, por la que se accede al interior y en su esquina oriental está encastrada en plata la venerada Piedra Negra. El edificio está siempre cubierto por una tela de seda negra, la Kiswa, que se renueva anualmente. Esta tela presenta una franja de textos del Corán, escritos en oro, que suelen hacer referencia a la Unicidad de Dios. Los musulmanes deben postrarse en dirección a La Kaaba (Alquibla) en el momento de realizar las cinco oraciones rituales diarias; si bien hay que señalar que no siempre fue así, pues en un principio Mahoma señaló que las oraciones debían dirigirse hacia Jerusalén (Alquibla Alqadima, Alquibla Antigua) pero cambió la dirección después de que los judíos se negaran a aceptarlo como profeta.

La tradición musulmana recogida expresamente en el Corán dice que la Kaaba fue construida hace 4.000 años por Abraham (Ibrahim) y su hijo Ismael (Ismail) en el mismo lugar donde Adán edificó el primer templo o morada de Dios que fue milagrosamente izado a los cielos antes del Diluvio Universal. También colocaron en la esquina oriental del edificio la Piedra Negra que les entregó el arcángel Gabriel. Una vez que estuvo terminado el templo, Alá ordenó a Abraham que convocase a toda la humanidad para visitar la Kaaba. Es por ello que cuando un musulmán la visita, exclama: “¡Heme aquí: Ho, Señor!.” Mahoma recoge en el Corán los relatos populares existentes que hablaban del viaje de Abraham a La Meca, si bien existían más relatos y leyendas, con seguridad provenientes de los grupos judíos de Arabia: por ejemplo, que en la zona estaba el sepulcro de Eva.

Para los musulmanes, La Kaaba es la representación de la Osa Polar y por lo tanto el centro del Universo, en una visión un tanto exotérica, y la ubicación geográfica del corazón de la humanidad en una lectura más mística. Se trata del vínculo que une el mundo superior con el inferior y que fue el lugar de encuentro de los padres de la humanidad: Adán y Eva. En los giros rituales los fieles se integran en el torbellino cósmico y así, Dios, el Creador, los acoge en su morada de paz.

La Piedra Negra está engastada en un bloque de plata que aglutina todos los fragmentos que resultaron después de que estallara debido al calor provocado por un incendio en el año 683. Se trata de una pieza de basalto negro con posible origen volcánico de unos 30 cm. La piedra fue robada en 930 y restituida veinte años después. Para los fieles musulmanes la Piedra Negra es un meteorito extraterrestre (para algunos es un trozo de la estrella Osa Polar) y le fue entregada a Abraham e Ismael por el arcángel Gabriel en la colina de Abu Qubays, quienes la empotraron en el lugar que actualmente ocupa (en la esquina oriental de La Kaaba a 1,40 m de altura) y que marca el inicio y final de cada una de las siete vueltas rituales que cada peregrino debe dar a La Kaaba como los ángeles lo hacen en torno a Dios. Los peregrinos intentan besarla o tocarla en señal de veneración, pero nunca de adoración; ni siquiera es el punto de postergación, pues lo es cualquiera de La Kaaba. Los musulmanes dicen que la piedra descendió a la tierra más blanca que la leche, pero los pecados de los hijos de Adán la volvieron negra.

En la cercanía de La Kaaba está la fuente de Zem-Zem que fue obra del ángel que se apiadó de Agar, la esposa verdadera (para los ismaelitas) o la esclava concubina (para los judíos) de Abraham, que fue maltratada por Sara (“la otra” para unos y “la señora” para otros) y tuvo que vagar con su hijo Ismael por el desierto, hasta que recaló en La Meca donde pudo remediar su sed fatal gracias al agua que hizo brotar el ángel en la explanada en que se encuentra La Kaaba. Igualmente en esta plaza está la piedra (Makam Ibrahim) que, según la tradición, conserva la impronta de los pies del mismísimo Abraham. También en los alrededores de la mezquita están enterrados muchos de los profetas, incluido el propio Ismael, hijo de Abraham.

La participación de Abraham en la reconstrucción de La Kaaba tiene un claro valor simbólico para el Islam, al presentarse como la vuelta a la pureza religiosa primitiva que había quedado mancillada por los errores de los judíos y de los cristianos. Pero el verdadero valor sagrado de La Meca es ser el lugar elegido por Dios para hacer la revelación y La Kaaba representa la unidad del mundo musulmán a pesar de las diferencias doctrínales entre unas corrientes u otras (en especial entre los chiítas y los sunitas).

El místico musulmán Abu Yazid al-Bista, dice hablando de este lugar santo:

El santuario está allí donde se encuentra la contemplación. Todo el universo no es para el hombre más que un lugar de encuentro donde se acerque a Dios y una escondida cámara donde goce del trato frecuente con Dios. Él es extraño al amor de Dios, no obstante, en cuanto que participa de la visión de Dios, todo el universo es su santuario.

Quería acabar con estas sabias palabras cuando descubrí por azar que el hotel más alto del mundo está en La Meca, justo enfrente de la plaza de la mezquita de Al-Haram y está construido por el grupo Bin Laden (imagino que debe ser la familia del infausto que todos conocemos). El hotel se llama “The Makkah Clock Royal Tower” y sus cifras son mareantes: 577 metros de altura, 76 plantas, 858 habitaciones, y un superreloj 40 veces mayor que el Big Ban londinense que será visible a ¡17 km! de distancia. Además, dispondrá de un observatorio lunar y un museo islámico; todo dentro de un megalómano proyecto del rey saudita de mejorar los santos lugares.

Religión y negocio; nada nuevo bajo el sol.
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Dos vídeos curiosos de La Kaaba

Lluvia y tormenta eléctrica en La Meca.  Harram Dhul-Qiddah 1429 / noviembre de 2008

Visión futurista de La Meca en la cual se mantiene La Kaaba y… ¡el hotel!

Referencias en la red:

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La Kaaba y la Piedra Negra.
http://elartedelahistoria.wordpress.com
. 2010

(OGH27H)


[1] Richard F. Burton (1821-1890) fue el primer no musulmán del que se tiene conocimiento que entró en la Meca a riesgo de su vida en 1853, gracias a un disfraz y a sus conocimientos de árabe.

9 marzo 2010

La caballería villana

Archivado en: Edad Media,Ejército,Historia — Francisco Arroyo Martín @ 10:52 pm
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La caballería villana es una institución militar típicamente hispánica que se desarrolló en el medievo en los reinos de Castilla y de León y, en menor medida, en el de Portugal. Tuvo un importante desarrollo en la Extremadura castellana (la tierra que se abre entre el río Duero y el sistema Central) durante los siglos X y XI, y en particular con la repoblación que lleva a cabo Alfonso VI, en cuyo proceso se estableció un modelo social y político basado en extensos concejos municipales fundados bajo diversos fueros concedidos por los reyes castellanos para favorecer su repoblación y en los que se contemplaba la creación de milicias populares para la defensa de la villa y de su alfoz. El fuero más antiguo que se conoce, el de Castrojeriz en 974, ya contempla esta figura.

En general, se trataba de una milicia concejil formada por soldados de a pie o peones, ballesteros y soldados a caballo que las poblaciones debían prestar al rey cuando este necesitara de ellas de acuerdo al deber de auxilium que contraían las poblaciones en sus fueros. Todos los integrantes de la milicia se obligaban a mantener completo y en buen estado su armamento.

El valor específico de esta caballería villana radicaba en que para ostentar el rango de caballero no se exigía poseer un origen noble, tan sólo tener los recursos suficientes para mantener al menos un caballo y el armamento completo y necesario para el combate, además, claro está, de residir en el concejo. Se les conocía comúnmente como los “caballeros pardos” por el color de su indumentaria. El nombramiento de estas tropas correspondía a los alcaides de los distintos concejos. Al tratarse de poblaciones de repoblación los caballeros villanos eran agricultores y ganaderos pudientes (se estima que a finales del s. XI el mantenimiento de un soldado a caballos consumía la renta generada en 150 hectáreas de tierra) que además solían ocupar los oficios municipales.

Al objeto de hacer apetecible conseguir este estatus, a los caballeros villanos se les otorgaban ciertos privilegios; así, ni el caballo ni el armamento podía ser embargado por deudas y estaban exentos de algunos impuestos, en concreto el de yeguada; incluso tras la muerte del caballo, si ocurría en un lance de guerra, se les permitía un tiempo para volver a hacerse con otro animal; gozaban de un estatuto jurídico especial que reducía las penas para los caballeros respecto a los peones para ciertos delitos, y en los juicios podían exigir la presencia del alcaide: además, el carácter de caballero villano se extendía a los hijos y lo mantenía la viuda mientras que no contrajera nuevo matrimonio.

Con el avance de la reconquista y debido a su valor estratégico (caballería de carga con lanza) en la guerra contra el musulmán la caballería villana aumentó considerablemente su importancia y en consonancia su presencia política e institucional. De la misma forma, los caballeros villanos fueron aumentando sus privilegios hasta equipararse de hecho con la baja nobleza tradicional castellana de las poblaciones al norte de Duero: los infanzones, que por su parte fueron perdiendo importancia social según se ampliaba el territorio dominado por los reyes cristianos.

Este cuerpo militar se caracterizó entonces por una gran apertura y permitió una movilidad y ascenso social inusual en otros lugares europeos, si bien existieron grupos sociales parecidos como son los “yoeman” en Inglaterra o los “kulak” en Rusia. También es el origen de la idea, un tanto mítica, de una Castilla medieval de hombres libres ajenos a las prácticas feudales. La realidad no fue tan idílica y pronto estos caballeros villanos pretendieron emular y equipararse a los caballeros de linaje y para eso había que cerrar o dificultar al menos el acceso al grupo. Así, en el siglo XII, bajo el reinado de Alfonso X, se produce el reconocimiento jurídico del status privilegiado de la caballería villana; lo que viene a reconocer de iure una situación de facto obtenida merced al poder económico y político que habían logrado estos caballeros villanos.

Este hecho ha generado un debato historiográfico entre historiadores: los que piensan que este acto jurídico cerró el acceso al grupo; y los que mantienen que aún mantuvo su permeabilidad hacia quien cumpliera sus requisitos básicos: mantener caballo y armas. En cualquier caso, lo que parece claro es que se comenzaron a crear instituciones comunales que favorecieron la oligarquización del grupo. Las cofradías y hermandades son un buen ejemplo de ellas, pues en sus estatutos se solían incluir requisitos para ingresar que iban más allá que ostentar la condición de caballero villano, así se pedía pertenecer a ciertas familias y linajes. Un elemento de gran significación fue que desde el s. XIII los caballeros villanos comenzaran a percibir soldadas como la caballería de linaje.

Este afán en alcanzar la condición nobiliaria se produjo durante los siglos XII y XIII y tuvo resultados muy dispares entre unas ciudades y otras; y si estos caballeros villanos tuvieron que defender sus intereses frente a la antigua hidalguía de linaje y los infanzones, según avanza la reconquista serían estos antiguos caballeros villanos, trasformados muchos ya en “hidalgos de linaje”, los que se verán acometidos por la nueva forma de acceso a la baja nobleza que representaba los caballeros de cuantía o de alarde de los siglos XIV y XV en las ciudades de Castilla y en particular las situadas más allá de Despeñaperros. La proliferación de hidalgos en las ciudades de la Extremadura castellana y leonesa en los siglos XV y XVI sólo puede explicarse buscando su origen en la caballería villana.

Durante el siglo XIV la asimilación producida entre la caballería de linaje y la villana había transformado a esta última de tal modo que era notable su ineficacia guerrera. Ante esta situación se crea la caballería de cuantía o de alarde que se recoge en el ordenamiento de Alcalá de 1348 con el establecimiento de la obligación para todo el reino de mantener caballos y armas según la cuantía de los bienes de los subditos.

Destacar, por último, que la caballería popular castellana, en su versión villana o de alarde, participó de forma muy notable en las grandes batallas medievales: Uclés (1086), Alarcos (1195), Las Navas de Tolosa (1212) y del Salado (1340) donde tuvo su canto del cisne, pues a partir de la extensión del uso de la pólvora y de la artillería comienza el fin de este cuerpo. En los años siguientes la infantería pasará a ser la pieza fundamental en la guerra y relegará a la caballería del papel primordial que tuvo en la Edad Media.

Poderoso caballero es don dinero

hace de villanos caballeros

y de caballeros… villanos.

(…)

Francisco de Quevedo y Villegas

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Referencias en Internet:

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La caballería villana. (
http://elartedelahistoria.wordpress.com
). 2010

(OGH26H)

28 diciembre 2009

Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis (o Habidis)


Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis (o Habidis)

Todos los países y sociedades, en general, han buscado unos orígenes históricos que contribuyeran a conformar su espíritu colectivo, su idiosincrasia particular. Estos orígenes en muchos casos son reales, pero en otros muchos son ficticios; entonces leyendas y mitos seculares se mezclan con cuentos y tramas directamente inventados para la ocasión. El caso español no podía ser una excepción y es algo que se está generando desde la Edad Media y que perdura hasta nuestros días, si bien ahora con un objeto disgregador en vez de unificador: así, muchas regiones, naciones o nacionalidades (territorios quizás sea el término más políticamente correcto) de esta nuestra piel de toro buscan afanosamente sus mitos, crean sus leyendas, transforman sus hechos, disfrazan sus personajes,… o, cuando no, directamente se inventan su pasado histórico a medida de sus presentes intereses.

Pero eso no es algo nuevo, es tan viejo como la misma Historia, y es curioso que hasta bien entrado el siglo XIX los tratados generales de Historia comenzaban con la descripción geográfica de la península y una serie de reyes míticos que servían para prefigurar en carácter propio y genuino de “España” frente al resto del mundo (que a su vez hacía lo mismo): incluso Modesto Lafuente en su Historia General de España hace referencia a estos mitos, si bien para evidenciar su falsedad; pero el mismo hecho de que hay que argumentar su falsedad nos pone bajo la pista de lo extendidas que estaban estas fabulaciones. En este artículo pretendo resumir la visión que de este pasado mítico recogen los historiadores Juan de Mariana en su obra Historia General de España publicada en latín en 1592, y traducida por él mismo al castellano en 1601 y Florián de Ocampo en su obra Crónica General de España, publicada en 1541.

En primer lugar hay que indicar que Juan de Mariana, en un ímprobo esfuerzo de erudición, intenta justificar sus afirmaciones con fuentes y citas de autores clásicos, eclesiásticos o bíblicos, que las más de las veces queda en eso,… en un intento. De todas formas es destacable que su espíritu crítico le lleve a incluir distintas versiones de un mismo asunto, dejando al lector la libertad de escoger aquella que más le satisfaga; o que pongan en duda en numerosas ocasiones las afirmaciones que recoge de otros autores, sobre todos de sus contemporáneos, llegando en algún momento a ridiculizarlas:

Lo que acontece sin duda muchas veces a los que describen regiones no conocidas y apartadas de nuestro comercio, que pintan en ellas montes inaccesibles, lagos sin término (…); demás de esto ponen y pintan en aquellas sus cartas o mapas  para deleite de los que los miran varias figuras de peces, fieras y aves, hábitos extraños de hombres, rostros y visajes extravagantes; lo cual hacen con tanta mayor seguridad que saben que no hay quien pueda convencerlo de mentira. Lo mismo me parece ha acontecido a muchos historiadores, así de los nuestros como de los extraños: los cuales donde faltaba la luz de la historia y la ignorancia de la antigüedad ponía uno como velo a los ojos para no saber cosas tan viejas y olvidadas, ellos con deseo de ilustrar y ennoblecer las gentes cuyos hechos escribían y para mayor gracia de su escrito, y más en particular por no dejar interpolado, como con lagunas, el cuento de los tiempos antes esmaltados con la luz y lustre de grandes cosas y hazañas, por si mismo inventaron muchas hablillas y fábulas.

Florian de Ocampo es mucho más crédulo y toma como cierta la historia de la península inventada por Annio de Viterbo. Tras Viterbo había un fraile dominico llamado Giovanni Nanni que vivió en la Italia del siglo XV y que publicó y comentó una historia de la península ibérica basado en un supuesto libro de un sacerdote caldeo del siglo III llamado Beroso, en el cual se establece que la repoblación en la península ibérica tras el diluvio universal se debió a un nieto de Noe. Si bien hay que decir en descargo de Viterbo que lo que hace es refundir en un relato lineal el amalgama disperso de todas las referencias clásicas y medievales sobre la Historia de España. Pues hay que indicar que el historiador judío Flavio Josefo ya afirmó lo mismo en el siglo I, dando comienzo a la tradición de identificar a Túbal con España, lo que repetirán entre otros Eusebio de Cesarea, San Jerónimo, San Isidoro o la misma Crónica General de Alfonso X. Juan de Mariana dice directamente de libro de Beroso que fue ocasión de hacer tropezar y errar a muchos: libro, digo, compuesto de fábulas y mentiras.

La Historia fabulosa de “la tierra y provincia de España” que recoge el padre Juan de Mariana aúna las dos tradiciones que forman nuestra cultura occidental, la judeocristiana y la grecolatina y a través de ellas no pocos elementos más orientales. Así, la cosa empieza por Tubal, nieto de Noe, y quinto hijo de Jafet, que en el año 131 después del Diluvio y tras el fiasco en la construcción de la torre de Babel, fue enviado a lo postrero de las tierras donde el sol se pone a repoblarla, y donde gobernó un imperio con justicia y templanza por largos años fundando unas cuantas ciudades: Setubal, Tafalla, Tudela, Tarragona o Sagunto. Pero incluso hay autores que nos hablan de que el mismo Noé estuvo repoblando España y fundó Noela y Noega en Galicia y Asturias, en una visita que hizo a su nieto para ver cómo llevaba el asunto de la repoblación: vino, repobló y se marchó. Muerto Tubal, reinó su hijo Íbero, de quien tomo su nombre España llamándose Iberia y también el río Ebro. Después reinaría su nieto Idúbeda que dio nombre al monte Idúbeda (el sistema ibérico). Después llegó Brigo, hijo de este último, y durante su reinado fue tan grande el esplendor de España, que pudo enviar colonias a diversas partes del mundo, entre ellas una a Irlanda y otra a Brigia (Frigia) donde se situará la ciudad de Troya, (ya se empieza a mezclar la tradición judaica con la clásica) evidentemente todas (o casi) las ciudades acabadas en –briga fueron fundaciones suyas: Segóbriga o Miróbriga (Capilla, Badajoz),…, hay infinidad, incluso algunas dedicadas a emperadores romanos (Cesarobriga, Talavera de la Reina de Toledo; Augustobriga, Talavera de la Vieja en Cáceres; Flaviobriga, Castro Urdiales, Cantabria). Después llegó el rey Tago, a quien evidentemente debemos el nombre del Tajo. Después reinó su hijo Beto que dio nombre a la Bética, donde según Estrabón estaban los Campos Elíseos, morada idílica de los bienaventurados y hombres virtuosos. Hasta aquí, según Mariana, los reyes “fingidos y fabulosos de España”, de los cuales nadie encontrará noticia en los “escritores aprobados”.

El primer rey de España nombrado en los libros griegos y latinos es Gerión (o Deabos). Oriundo de otro lugar se enriqueció gracias al oro que había por doquier y que los naturales despreciaban como si de molestos guijarros se trataran y destacó también por ser poseedor de numeroso ganado y de ejercer su imperio de forma tiránica. Erigió dos fortalezas una en Geronda (Cádiz) y otra en Gerunda (la actual Gerona). Pero este tiránico rey sería depuesto por el primer rey egipcio, nada más y nada menos que Osiris (Dyonisios para los griegos, dicen), quien según nos cuenta Mariana, había recorrido medio mundo desde Etiopia hasta la India enseñando las técnicas agrícolas y el cultivo de la viña, lo que unido a su virtud se le hizo que se le tuviera por un dios. En el caso de España, además, le movió su odio hacia los tiranos y su amor por la libertad de las gentes. La batalla (la primera gran batalla campal de la Historia de España) tuvo lugar en Tarifa y en ella encontró la muerte el mismo Gerión que fue enterrado con honores en Barbate [la fama de Gerión fue tan grande que el mismísimo Hércules le dedicó un templo en Sicilia]. Osiris, movido de su benignidad, no castigó a los tres hijos de Gerión por los males de su padre y les permitió heredar el imperio de su padre.

A pesar de todo, los Geriones quisieron vengar la muerte de padre y promovieron una conjura para matar a Osiris, en la cual contaron con la colaboración de su hermano Tiphon. Tras dar muerte a Osiris, su hermano troceó el cuerpo para enviar a cada uno de los conjurados una parte como prueba de la muerte. Al final no triunfó la conjura y Tiphon fue muerto por su sobrino Orón a instancias de su madre Isis. Tras conocerse la instigación de los hermanos Geriones quiso emular a su padre y volvió a granjearse la amistad de las naciones del mundo y fue tenido por un dios al que algunos llamaron Apolo y otros Marte y todos Hércules. Aquí Mariana hace un apunte y deja claro que no está hablando del Hércules griego, sino del “Lybio, de cual se dice que domó los monstruos armado de una porra o maza y vestido de una piel de león”. En concreto se refería Mariana al dios egipcio Herishef. Pues en estas, este Hércules egipciano formó un potente ejército y desembarcó en Cádiz en busca de los Geriones. Una vez que se topó con ellos y se aprestaron a la batalla, Hércules que quería evitar la muerte segura de miles de soldados de una y otra parte, retó a los tres hermanos a un combate personal con la condición de que fueran uno a uno. De la lucha acabaron degollados los tres Geriones y enterrados en la isla gaditana de Erytrea. En Gibraltar levantó dos grandes montes uno a este lado del estrecho: Calpe; y otro en África: Abila, que vinieron a llamarse desde entonces “Las Columnas de Hércules” (si bien otros autores hablan que eran dos grandes fortalezas de piedra).

Tras esta victoria Hércules pasó algunos años por España, fundando, entre otras ciudades, Sagunto, antes de pasar a Italia. Dejó como gobernador a uno de sus capitanes llamado Híspalo, si bien existen crónicas que afirman que se trataba de un hijo del mismo Herishef. Lo que sí parece claro es que de su nombre se originó el de Hispania y fue el fundador de Sevilla, si bien San Isidoro dice que ese honor se debe a Julio Cesar. Sucedió a este rey su hijo Hispano, según muchos cronistas, a quien le atribuyen nada más y nada menos que la fundación de Segovia con su acueducto y todo, y la Torre de Hércules en La Coruña [casi nada]. Ahora bien, Juan de Mariana dice que se trata de la misma persona que Híspalo con deformación del nombre y rechaza las atribuciones fantasiosas. Reinando aún Hispano tornó a volver a España Hércules el Egipciano, fundando en su camino grandes ciudades: Urgel, Tarragona y la mismísima Barcelona. Tras su muerte fue adorado como un dios y enterrado en un gran templo donde fue venerado durante siglos. Más el tiempo no quiso dejar constancia de su ubicación, así los castellanos dicen que fue en Cádiz y los aragoneses que en Barcelona.

Tanto Hércules como Hispano (o Híspalo) murieron sin descendencia, y pasó a reinar Héspero, hombre fiel a Hércules y hermano de Atlante, que era el gobernador que había dejado el egipcio en Italia. Atlante ambicionaba las riquezas de España y no aceptó de buen grado que se antepusiera a su hermano en el reino; así que ni corto ni perezoso abandonó la península itálica y se plantó en la ibérica con la intención de derrocar a su hermano; lo que logró con cierta facilidad. Héspero y sus más allegados huyeron por mar y recabaron en la Toscana, donde fueron bien recibido por los lugareños, lo que de nuevo despertó los celos de su hermano que volvió a reclutar un gran ejército para asegurar Italia, en el camino pobló Sicilia y dicen que fundó Roma (ahí queda eso).

Atlante dejó reinando en España a su hijo Sicoro, que gobernó largos años en paz (indicar que en estos años, nació Moisés en Egipto). Le siguió en la genealogía mítica su hijo Sicano, del que recogen las crónicas que guerreo en Italia, adonde acudió en ayuda de los españoles que habían marchado con su abuelo Atlante, y en particular socorrió a Roma que estaba poblada por españoles. Lo mismo tuvo que hacer con los españoles que había en Sicilia que estaban en guerra con los cíclopes. Tras volver a España murió de una grave enfermedad y le siguió en el trono su hijo Siceleo, que también estuvo guerreando y disponiendo las cosas por Italia. A este rey, que murió en Italia, le continúo su hijo Luso, que volvió a su señorío y gobernó muchos años estas tierras en paz y prosperidad. Juan de Mariana pone en duda la existencia de estos reyes de los cuales dice que no existen referencias en los autores clásico si bien lo recogen las “nuestras historias modernas”.

Por el contrario si afirma con seguridad que Sículo, hijo de Atlante, gobernó en España cuando su padre marchó a Italia y le continuó en el reinado una vez muerto, según lo dice Filisteo Siracusano. Piensa Mariana que este fue la verdadera persona al que otros autores denominaron con diferentes nombres (Sicoro, Sicano, Siceleo y Luso) y contempla en la narración de su vida y hazañas sus periplos por Italia, la intervención política que hizo entre sus tíos y primos que reinaban en Italia (Coribanto y Dárdano, siendo este último el fundador de Troya después de que Sículo lo expulsara de Italia), el enfrentamiento con los cíclopes y lestrigones, la defensa de los españoles que había en Sicilia y Roma,… Para al final de su vida retornar de nuevo a España. Para otros autores este Sículo continuó la serie de reyes después de Luso, si bien le hacen hijo, nada más y nada menos que de Neptuno. Y vuelven a narrar viajes y guerras por Italia logrando pacificar a toda la península itálica, justificando así la presencia española (aragonesa para ser exactos) en Sicilia, Cerdeña y Nápoles.

Hasta aquí la principal fuente de Juan de Mariana y de los historiadores y cronistas anteriores es Juan de Viterbo, que a su vez se basaba en dos autores egipcios: Beroso hasta Sículo, y a partir de este rey de un tal Menetón. Bueno pues ¿aclaradas? las fuentes continúa la lista el rey Testa de origen africano y del cual se desconoce si llegó a reinar por quedar el señorío sin heredero o por la fuerza. Dicen las crónicas que fundó varias ciudades en el valle del Júcar y en la costa levantina. Durante el reinado de este rey se asentaron los griegos en Sagunto. El siguiente rey fue Romo, sin saber si fue por elección, por fuerza o por herencia, pero se destaca que, entre otras cosas de mérito, fundó la ciudad de Valencia que en su inicio se llamó Roma hasta que con la llegada de los romanos se la trocó el nombre por Valencia (que según afirma Florián de Ocampo, significan lo mismo en griego y en latín: valentía, valor).

Tras la muerte de Romo heredó la dignidad real de España su hijo Palatuo o Palente, que fue el fundador de Palencia y en cuyo reinado se asentaron en Cádiz los fenicios. A este rey le depuso por la fuerza Caco (conocido en España como Licinio). La batalla se libró a píes del Moncayo, que recibió este nombre en honor de Caco. También afirman algunas crónicas que el ejército de Caco fue el primero en la Historia de España que utilizó armamento de hierro, haciéndolo los poetas hijo de Vulcano. Palatuo tuvo que huir pero no fue tan grande el desastre primero que no le permitiera al cabo de los años armar un nuevo ejército y plantarse frente a Caco para recuperar lo que era suyo. Y así ocurrió, pues en esta segunda batalla fue Caco el que quedó destrozado y tuvo que huir a Roma. Ciudad en la que encontró la muerte a manos de Hércules el tebano, a quien le había robado el ganado que llevaba (la tradición clásica dice que el gigante Caco robó en Roma a Hércules el ganado de Gerión, y que por esta causa el semidiós le estranguló con sus propias manos).

En este tiempo (entre el reinado de Romo y Palatuo) llegaron a España bastantes corsarios griegos capitaneados por Alceo Yraclia al que después llamaron Yracles y que nosotros conocemos por Hércules el tebano, a quien los poetas clásicos atribuyeron hazañas del otro Hércules primero, el egipcio (Osiris), y otros Hércules de otros pueblos. Juan de Mariana se refiere a él con el nombre de Dionisos (o Baco) el griego, hijo de Semeles y de Júpiter, diferenciándolo del primer Dionisos (que era el Osiris egipcio del que ya hemos hablado), y del Dionisos hijo de Prosepina, que fue el primero que unció los bueyes y aró la tierra. El que anduvo por aquí, fundó Nebrija, Jaca y Gibraltar (que entonces se llamó Heraclea), y limpio las maldades y tiranías que en los últimos años se habían extendido por gran des zonas de España por parte de Mirica y del hijo de este: Milico, descendientes al parecer de Sículo. Dicen algunos cronistas que Dionisos cuando se marchó de España dejó a dos gobernadores: uno en la zona de Portugal, llamado Luso y otro para el resto llamado Pan. En su retirada, Hércules pasó por Mallorca y Menorca y recaló en Roma donde tuvo el incidente relatado con Caco. Virgilio atribuye a este Hércules la muerte de Gerión “con la libertad que suelen los poetas”, según Mariana.

Pero atrás dejamos a Palatuo con el trono recuperado y gobernando en paz y armonía hasta el fin de sus días, que le llegó pero sin sucesión. De esta manera fue rey de España un tal Eritreo natural de Cádiz y posiblemente pariente de Palatuo. Pero lo más destacable de su reinado fue que aconteció la Guerra de Troya y tras finalizar esta fue innumerable el número de capitanes griegos que recalaron en las costas españolas. Uno fue Teucro que se apoderó de la región de Murcia, si bien otros hablan de incursiones marítimas en Galicia fundando Pontevedra, que entonces se llamó Helene, y Orense. Otro fue un tal Diómedes que igualmente paso el estrecho y fundó la ciudad de Tuy en Portugal. Mnesteo llegó con sus barcos a Cádiz. Incluso se afirma que el mismo Ulises alcanzó las costas portuguesas y fundó Lisboa en la desembocadura del Tajo.

El siguiente rey nos suena a todos un poco se trata de Gárgoris (por otro nombre Melícola) que entre sus notables hechos se encuentra el de ser quien introdujo la cría de abejas y las técnicas de elaboración de miel. Dicen los escritores griegos que era de origen griego (de los curetes) de aquellos que quedaron en España cuando Hércules el tebano anduvo por aquí. Los cronistas españoles lo niegan y afirman que era español por los cuatros costados y era del pueblo de los corenses, y sitúan su reino en el “bosque de los Tartesos”. Pues este gran rey, según cuentan las crónicas, mancilló su fama por la crueldad con la que trató a un nieto suyo nacido de una relación pecaminosa de su hija. La reacción del Gárgoris fue abandonar al niño en el bosque a merced de las fieras, que al contrario de lo previsto lo amantaron y cuidaron. Después le tiró a una cañada para que lo destrozasen los animales al paso de los rebaños y manadas; pero milagrosamente las bestias se apartaban cuando se acercaban al niño. Le arrojaron a una jauría de perros y puercos hambrientos, pero nada, como si oyeran llover. Finalmente le lanzaron al mar; pero en vez de engullirlo, meciéndole suavemente entre las olas le deposito en una playa donde fue recogido por una cierva que le amamantó y crió en el bosque. Allí creció fuerte y osado, convirtiéndose con el tiempo en un salteador, sin que nadie durante muchos años pudiera atraparle; lo que finalmente ocurrió. Presentado ante la justicia fue reconocido inmediatamente por su abuelo (unos dicen que por la llamada de la sangre otros por marcas que tenía en el cuerpo); y el odio de antaño se trocó en amor filial: le reconoció como nieto, y le nombró sucesor en su reino.

Muerto Gárgoris le sucedió su nieto que reinó con el nombre de Habis (merced al libro de Sánchez Dragó todos le conocemos como Habidis, pero parece que de forma incorrecta) y destacó por encima de todos los reyes antiguos de España por su afán en que los españoles, que muchos vivían de forma bárbara y asilvestrada, su juntaran en ciudades y villas. Promovió el ejercicio de las artes, de la industria y del comercio. Restituyó el uso del vino que los españoles habían olvidado con tantas tribulaciones últimas y fomentó que de nuevo se labraran y cuidaran los campos. Ordenó leyes, estableció tribunales y nombró jueces para que la gente pudiera vivir en seguridad y en paz. En definitiva de lo mejorcito que hubo (señalar que fue coetáneo del rey David de Judea)

Según los cronistas a partir de la muerte del rey Habis, España entró en un periodo de gran sequedad que destruyó los campos llegando a secarse las fuentes del Ebro y del Guadalquivir por varios años. Finalmente se perdieron las noticas de los posibles sucesores de Habis (o Habidis). La gran desolación de España originó que comenzara a llegar gentes foráneas a repoblar sus esquilmados territorios: así fueron llegando los celtas de la Galia a través de los Pirineo, los fenicios en el sur y los griegos y cartaginenses en el levante. Pero esto nos va sonando ya. De todas formas si hacen referencia a Argantonio, rey al parecer de Tartesso que frenó al ímpetu conquistador de los fenicios y que según las fuentes de Juan de Mariana reinó trescientos años según unos y ciento cincuenta tan solo según otros.

Y con esto acaba la Historia de los reyes fabulosos de España tal y como la contaron Juan de Mairena y Florián de Ocampo

Aquí os adjunto la relación de los Reyes Fabulosos de España con los años de inicio de su reinado según Florián de Ocampo que lo toma de Viterbo:

1º. Tubal. 2163

2º. Íbero, 2006

3º. Idúbeda, 1972

4º. Brigo, 1905

5º. Tago, 1854

6º. Beto Turdetano, 1824

7º. Gerión (Deabo), 1793

8º. Los tres hijos de Gerión (Los Geriones), 1758

9º. Híspalo, 1716

10º. Hispán, 1699

11º. Hércules Egipciano (Orón Libio, hijo de Osiris), 1678

12º. Espero, 1648

13º. Atlante Italo, 1637

14º. Sicoro, 1627

15º. Sicano, 1581

16º. Siceleo, 1549

17º. Luso, 1505

18º. Sículo, 1474

19º. Testa Tritón, 1412

20º. Romo, 1339

21º. Hércules Tebano, 1325

22º. Palatuo, 1306-1280 y 1248-1246

23º. Licinio Caco, 1280-1248

24º. Eritreo, 1246

25º. Gárgoris, 1170

26º. Habis (o Habidis), 1105-1071

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© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. Los Reyes Fabulosos de España: de Tubal a Habis.
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/12/28/los-reyes-fabulosos-de-espana-de-tubal-a-habis-o-habidis/
. 2009.

7 diciembre 2009

La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés


Reseña biográfica del marqués de Leganés

El Marqués de Leganés de Rubens

El I marqués de Leganés se llamaba Diego Messía y Guzmán y era el cuarto hijo del conde de Uceda [ojo no confundir con el duque del mismo nombre]. Este personaje tuvo la suerte de ser primo del conde duque de Olivares, todopoderoso valido de Felipe IV; y gracias a este parentesco, e imagino que alguna valía suya, pudo ascender en el escalafón militar, social y económico de su época. Llegó a ser general de los ejércitos del rey católico en Flandes, Portugal, Alemania y Cataluña; gobernador de Milán, presidente del Consejo de Flandes, y bastantes más cosas. Tuvo algunos éxitos sonados en su azarosa vida militar, destacando la victoria sobre los suecos en Nördlinguer (1634) o el victorioso socorro de Lérida de 1647; junto con otros sonoros fracasos: en Lérida en 1642 o en la toma de la fortaleza de Casale (1639).

Siendo apenas un adolescente viajó a la corte de Bruselas, en calidad de menino de la infanta Clara Isabel de Austria (hermana de Felipe III); con breves estancias en Madrid, pasaría veinte años en la capital belga, donde pudo medrar en esta corte y alcanzar una cierta notoriedad y riqueza. Fama y fortuna que se multiplicaron cuando su primo el conde duque de Olivares alcanzó la privanza del joven Felipe IV.

Este auge social le permitió la compra de los derechos señoriales de la entonces aldea de Leganés (que desde ese momento pasó a ser villa), allá por 1626, por unos 20.000 ducados [una verdadera fortuna] y convertirse así en señor de vasallos, requisito imprescindible para poder gozar de un título nobiliario. En estas, al año siguiente, el rey Felipe IV le otorgó el título de Marqués de Leganés, título con el que alcanzaría la Grandeza de España en 1641; en tan sólo catorce años pasó de ser un simple caballero de Santiago a Grande de España, algo no muy habitual en la época. Una vez titulado se cambió el nombre y pasó a llamarse Diego Felípez de Guzmán, en honor a sus benefactores.

En su vida se le acusó de aprovecharse de sus cargos y de enriquecerse ilícitamente; tras la muerte de su protector (Olivares, en 1643), sufrió un duro proceso judicial en que le acusaron de ladrón y de cobarde en el sitio de Lérida de 1642, pero de este juicio salió absuelto y volvió a dirigir los ejércitos de Felipe IV en la guerra franco-catalana y portuguesa en los años siguientes.

Murió en 1655 en su espléndido palacio que se situaba entre las actuales calles de San Bernardo, Flor Alta, Libreros y Marqués de Leganés de Madrid. Aparte de este palacio tuvo otra grandiosa casa en Morata de Tajuña (los herederos al marquesado de Leganés son marqueses de Morata) y en nuestra ciudad una casa de campo, a la que se referían como la “Huerta de Leganés” en la vega del arroyo de Butarque. En estas viviendas estaba diseminada su magnífica colección de pinturas, que llegó a contar con 1.333 obras en el momento de su muerte, siendo una de las mayores colecciones privadas de arte de su época, no sólo de España sino de toda Europa.

La línea del marquesado quedó sin sucesión directa tras la muerte sin descendencia del nieto del primer marqués en 1711, así el título familiar pasó a engrosar la ya gruesa lista de títulos de la Casa de Altamira que llegó a tener acumuladas ¡14 Grandezas de España! Actualmente el título de marqués de Leganés (el XIV) lo posee Gonzalo Barón y Gavito (que es también duque de Sessa, de Atrisco y conde de Altamira entre otros títulos) y parece que vive en México D.F.

El coleccionismo de arte en el siglo XVII

La Vista de Jan Breughel y Rubens

En el siglo XVII hubo una verdadera fiebre por el coleccionismo; por cualquier serie de artilugios u objetos que alguien pueda imaginar: calaveras enanas, relojes, autómatas, fósiles, ídolos aztecas que se traían de América o los finos y delicados cristales de Murano, conchas marinas, estatuas romanas,…; cualquier cosa podía ser objeto de colección de los espíritus caprichosos y asombradizos de la nobleza de la época. Las colecciones se acumulaban en las lujosas cámaras de sus mansiones y ellos competían orgullosos por mostrarlas a todo el mundo. Tal fue su profusión que se llegaron dividir y clasificar de sugerentes maneras; así a las colecciones de artilugios originados por el ingenio humano las llamaban “artificialias”, y “naturalias” a las que producía la naturaleza.

La nobleza no hacía con esta costumbre otra cosa que copiar a los reyes, que eran los primeros en acumular objetos y artefactos para su distracción, solaz y deleite. Y el arte pictórico (en todas sus manifestaciones: lienzo, tabla, tapiz, grabado, etc.) no podía ser menos. En la España del siglo XVII destaca la figura de Felipe IV, que atesoró una innumerable colección de pinturas. Tres razones influyeron en este afán real: el propio gusto personal del monarca, la presencia de Velázquez como primer pintor real y la ornamentación del palacio del Buen Retiro como obra arquitectónica más señalada de la época. Pero de todas formas, no hacía otra cosa que seguir el modelo de su abuelo, Felipe II, a quien, por su pasión por los libros y códices antiguos, debemos que España posea la más completa biblioteca medieval del mundo en El Escorial.

Las salas del palacio del Buen Retiro de Felipe IV albergaron la mejor y más completa pinacoteca de su época, con cuadros de todas las escuelas y géneros pictóricos, que además era uno de los primeros ejemplos de una colección organizada con algún criterio específico: sala de paisajes, sala de retratos, sala de bufones, sala de las batallas, etc.

En este ambiente no es raro que las colecciones se prodigarán entre la nobleza española del siglo XVII. Destacando las colecciones del duque de Monterrey, marqués de Leganés, conde de Benavente, marqués de la Torre, Jerónimo Villafuerte Zapata, Juan de Velasco, Juan de Lastosa, Jerónimo Funes Muñoz, Suero de Quiñones o Juan de Espina, entre otras muchas dignas de reconocimiento. La visita, admiración y elogio, en su caso, de las colecciones era actividad obligada en la sociedad de la época; muchos grandes literatos nos dejaron glosas de las mismas: entre otros, Gracián, Carducho o el mismo Quevedo.

Por referir algunas de las colecciones más curiosas, citaré la de Juan de Velasco que se componía de curiosidades de la naturaleza y de multitud de autómatas. O la de Juan de Lastosa, en Huesca, que reunía una serie de autómatas que representaban a los más diversos animales salvajes, reales o ficticios: dragones, leones, leopardos, grifos, elefantes, rinocerontes, camellos, panteras, tigres,… O la colección de primorosos instrumentos musicales que, entro otras muchas series singulares, poseía el enigmático madrileño Juan de Espina, quien ordenó en su testamento la destrucción de una colección de figuras humanas de damas y galanes que tenía dispuestas por los corredores de su casa en fingidas fiestas (¿y bacanales?).

El marqués de Leganés es un fiel exponente de esta costumbre, que en su caso casi se convirtió en una obsesión. Es asombroso el número de artilugios que atesoraba en sus casas según se desprende del inventario que se hizo de sus bienes tras su muerte: relojes [algunos con autómatas, como en la plaza Mayor de Leganés; ¡Cuántas vueltas da el mundo!], espadas, piezas de artillería, estatuas (entre ellas una veintena de bustos de bronce de emperadores romanos), espejos,… Vicente Carducho, en sus Diálogos de la pintura (Madrid, 1633), destaca de la colección del marqués de Leganés, además de sus cuadros, su “muchedumbre” de ricos muebles y sus “espejos singulares“, así como sus “relojes extraordinarios“. En verdad, un sin fin de objetos, pero lo verdaderamente asombroso era su colección de pinturas: ¡más de 1.300 pinturas poseía el buen señor! Tan sólo por el número ya sería extraordinaria [el palacio del Buen Retiro tenía unos 800 cuadros], pero lo verdaderamente importante era la calidad de gran parte de las obras que contenía. Pero no fue el único potentado enamorado del arte, también eran notables las colecciones de pinturas del conde de Monterrey, del marqués de Castel Rodrigo, del almirante de Castilla, del duque del infantado o la del protonotario Jerónimo de Villanueva; y no sólo los nobles acumulaban pinturas, sirva como ejemplo que Las Hilanderas de Velázquez pertenecía a la esplendida colección del “plebeyo” Juan de Arce.

La colección de arte del marqués de Leganés. Inventario de la colección

El marqués de Leganés fue uno de los principales coleccionista de arte de la España del barroco, e incluso de toda Europa; poseyó obras de autores españoles, italianos y, sobre todo, flamencos. Aparte de su gusto por las obras pictóricas, Leganés contó con dos grandes ventajas para desarrollar su pasión por los cuadros, primero una fortuna personal que le permitió adquirir obras de los pintores de mayor renombre, y, en segundo lugar, una actividad diplomática, militar y política que le permitió viajar por Europa y acceder a los más prestigiosos artistas de su época, en particular debieron de ser muy fructíferas sus prolongadas estancias en los Países Bajos e Italia.

El Marqués de Leganés. Antón van Dyck

El Marqués de Leganés de Antón van Dyck

La colección de don Diego Felípez de Guzmán, incluía en 1655, año en que muere el marqués, 1.333 obras, reunidas a lo largo de toda su vida, especialmente en los años en que tuvo mayor auge su carrera política y militar. La mayor parte de las obras eran de pintura flamenca de su época, con cuadros de Rubens, van Dyck, Jordaens, Snyders, Paul de Vos, Gaspar de Crayer, Daniel Seghers, Frans Zinder, Clara Peeters, Alexander van Adrianssen, Frans Ykens, Paul Bril, Jan Brueghel de Velours, Joost de Romper, Jan Wildens,…; con muchos de estos pintores mantuvo incluso un trató personal en diversas ocasiones. En particular debió ser muy cercana su relación con Rubens, a quien conoció en su estancia juvenil en Flandes; tanto, que cuando este pintor estuvo en Madrid en los años 1628 y 1629 (curiosamente para una misión diplomática: negociar, por orden de Felipe IV, un tratado de paz con Inglaterra) se hospedó en la casa del marqués, para quien realizó varios cuadros, entre los que destaca el de “Inmaculada Concepción” (museo del Prado); cuadro que el marqués regalaría a Felipe IV. Rubens alabó el juicio artístico del marqués de Leganés con estas palabras: Se puede contar entre los más grandes conocedores del arte de la pintura que hay en el mundo. La colección se completaba con un buen número de obras de los más afamados pintores flamencos de los siglos XV y XVI: Jan van Eyck, Roger van der Weyden, El Bosco, Patinar, Metsys, Mabuse, Antonio Moro y Quintin Massys.

También era muy importante la presencia de los artistas italianos en la colección, ya que contaba con obras de los principales pintores del Renacimiento, como Rafael, Veronés, Tiziano, Correggio, Palma el Viejo, Perugino, Andrea del Sarto, Giorgio di Castelfranco, Giorgione, los Bassano,… La serie de pintores italianos se completaba con un buen número de cuadros de autores pertenecientes al manierismo y al barroco italiano: Bronzino, Giovanni Battista Crespi, Lodovico Cigoli, Guido Reni, Francesco del Cairo, Gaudenzio Ferrari, Giovanna Garçoni, Paris Bordone, Rosso Florentino o Scipione Gaetano.

En comparación con la presencia de cuadros flamencos, las obras de la escuela española era mucho menos importante en el conjunto de la colección, pero de todas formas no faltaban cuadros de las mejores figuras de su época, incluyendo obras de Velázquez, José de Ribera, Juan van der Hamen, Francisco Collantes o Juan Fernández “el Labrador”. La serie española se completaba con cuadros de artistas de finales del siglo XVI, como Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Juan Fernández de Navarrete “el Mudo” o el Greco. Finalmente había un extenso complemento de retratos de familia, escudos de armas y paisajes de autores anónimos.

Esta magnífica colección de obras de arte se mantuvo prácticamente intacta durante los siglos XVII y XVIII. En la propia Casa de Leganés hasta 1711, año en el que muere el III marqués de Leganés sin descendencia directa. Tras esta muerte, el mayorazgo, el título y la colección de pinturas del marqués de Leganés pasaron a engrosar los bienes de la Casa de Altamira, donde la colección permaneció prácticamente indivisa hasta que la ruina económica de esta Casa nobiliaria a principios del siglo XIX, llevó a que gran parte de esta colección se subastara públicamente el almoneda en 1833; uno de los principales compradores fue el marqués de Salamanca, quien a su vez se vio obligado a subastar al menos otros cuarenta cuadros en París en 1867. De esta forma se produjo la dispersión absoluta de la colección ante la indiferencia de un estado español que entonces no alcanzó a comprender el expolio cultural que se estaba produciendo. Hoy sus cuadros identificados (ni de lejos lo están todos) aparecen diseminados por todo el mundo en los más importantes museos y en las mejores colecciones privadas de arte (Prado, Rubenshuis, Palacio de Viana, National Galery of Washington, Cerralbo, Castres, Museum of Fine Arts, Kaiser Friedrich, Royaux des Beaux-Arts de Belgique, Graphische Sammlung Albertina, Paul Getty, Várez-Fisa, Naseiro, marqueses de Ayamonte, Banco Central,…)

Algunas de las pinturas de la colección del marqués de Leganés que pueden verse en el museo del Prado

Son numerosas las obras pertenecientes al museo del Prado que en su momento formaron parte de la colección de pinturas del marqués de Leganés, muchas de las cuales no se encuentran en la exposición permanente del museo y esperan en sus depósitos una oportunidad para que puedan ser admiradas.

Como un pequeño botón de muestra en este artículo quiero presentar media docena de estos cuadros que integran la exposición permanente del museo y otro más que inexplicablemente se oculta ordinariamente a los visitantes. Me refiero a La Inmaculada Concepción de Rubens; sirva también este artículo como instancia a quien corresponda y pueda para que se incluya a ser posible en la exposición permanente del prado.

Vieja mesándose los cabellos de Quintin Massys

Vieja mesándose los cabellos de Quintin Massys (¤ Lovaina, 1465; † Amberes, 1530), después de 1501, óleo, 55 cm x 40 cm [cat. Prado 3074; inventario marqués Leganés nº 33]

Se trata de la representación de una figura femenina de medio cuerpo que sobre un fondo negro aparece en una posición muy forzada y mesándose los cabellos. Sobre el valor simbólico de la obra se ha pensado que pueda tratarse de una alegoría sobre la Envidia o la Ira, que solían representarse con gestos grotescos y estrambóticos. Los estudios pictóricos que trataba de representar los gestos exagerados con escorzos casi imposibles fueron muy habituales en los pintores renacentistas.

Quintín Massys es el máximo exponente de la escuela de Amberes y fue un pintor que conoció y trató con Erasmo y Tomás Moro y puso el arte pictórico al servicio del humanismo.

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Federico Gonzaga, duque de Mantua de Tiziano

Federico Gonzaga, duque de Mantua de Tiziano Vecellio (¤ Pieve di Cadore, h. 1485; † Venecia, 1576), 1529, óleo sobre tabla, 125 cm x 99 cm, [cat. Prado 408; inventario marqués Leganés nº 14]

Es el retrato de Federico Gonzaga (1500-1540), duque de Mantua. El príncipe italiano aparece vestido con un elegante jubón de seda azul, y se destaca en la composición el rosario que le cuelga del pecho y el perro maltés que acaricia con la mano derecha mientras con la izquierda sujeta la espada. Todos estos elementos no se deben al azar, sino que obedecen a una simbología muy concreta: se trata de un cuadro destinado a copiarse y distribuirse por las cortes europeas para buscar esposa; el perro significa la fidelidad conyugal y el rosario el arrepentimiento de la vida disoluta que había llevado. Toda una declaración de intenciones.

Tiziano es uno de los más versátiles pintores del renacimiento italiano y destacó por la maestría en el uso del color, siempre luminoso y radiante.

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Acto de devoción de Rodolfo I de Habsburgo de Rubens

Acto de devoción de Rodolfo I de Habsburgo de Pedro Pablo Rubens (¤ Siegen, 1577; † Amberes, 1640) y Jan Wildens (¤ Amberes, 1586; † Amberes, 1653), antes de 1630, óleo, 198 cm x 283 cm, [cat. Prado 1645; inventario marqués Leganés nº 105]

La escena narra un episodio de la vida de Rodolfo I, fundador de la dinastía de los Habsburgo.

Según la tradición familiar Rodolfo estaba de caza con su escudero, Regulo de Kyburg, cuando se encontró con un sacerdote y un sacristán que llevaban la eucaristía a un moribundo. Ni corto ni perezoso, Rodolfo cedió sus cabalgaduras a los religiosos para que acudieran prestos a salvar el alma del moribundo, demostrando así su devoción por el sagrado sacramento. Es curioso que lo que no pasa de una anécdota, para los Austrias fuera un hecho clave para su bagaje familiar y dinástico. El paisaje es obra de Wildens y las figuras de Rubens.

Jan Wildens era un pintor flamenco que trabajó en el taller de Rubens, especializándose en la representación de coloridos y equilibrado paisajes, como el de esta obra.

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La visión de San Huberto de Rubens y Jan Brueghel 'el Viejo

La visión de San Huberto de Rubens y Jan Brueghel ‘el Viejo’ (¤ Bruselas, 1568; † Amberes, 1625), entre 1615-1620, óleo sobre tabla, 63 cm x 100 cm, [cat. Prado 1411; inventario marqués Leganés nº 38]

La escena narra el momento de la conversión de san Huberto. El santo se encontró a un magnífico ejemplar de ciervo cuando participaba en una batida de caza. Justo cuando se disponía a asaetarle contempló la aparición de una cruz entre las astas del animal, momento en el que se produjo su conversión al cristianismo. Este santo vivió en Lieja, en los Países Bajos, y su conversión fue ampliamente representada por los pintores flamencos.

El cuadro es fruto de la colaboración entre Rubens y Brueghel; de la mano del primero son los personajes del santo y el magnífico caballo y del segundo el esplendió paisaje que enmarca la escena.

Jan Brueghel ‘el Viejo’ fue un prolífico pintor flamenco que se especializó en naturalezas muertas, paisajes y marcos de flores; género muy apreciado por el gusto de la época.

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La muerte de Séneca de Rubens

La muerte de Séneca de Rubens, 1636, óleo, 184 cm x 155 cm, [cat. Prado 3048; inventario marqués Leganés nº 882]

El pintor nos presenta al anciano filósofo desnudo, introduciendo los pies en una bacía, donde parece esperar su muerte. Tras él vemos a un anciano abriéndose las venas (lo mismo que hará el filósofo por orden de Nerón) y un joven tomando nota de las últimas palabras del sabio, acompañado de dos soldados que contemplan la escena.

De este cuadro hay que significar que no existen referencias ambientales, pues las figuras ocupan todo el espacio compositivo, surgiendo a la luz de la absoluta oscuridad, lo que aporta una sensación de ahogo y de angustia que aumenta el dramatismo de la escena. Sensación que se agrava con los escorzos de los personajes, en particular el del mismo Séneca que parece agacharse para entrar en el cuadro. Muchos críticos han querido ver en este cuadro un homenaje de Rubens a Miguel Ángel en la figura del filósofo y a Caravaggio en el uso del contraluz.

Parece que se trata de una obra del taller de Rubens, si bien no existe consenso sobre las partes que fueron pintadas por el genial pintor; tan sólo hay acuerdo en atribuirle la cabeza del filósofo, mientras que el resto está en discusión

Rubens se considera como el representante más genuino y completo del estilo barroco en la pintura de Europa del Norte. Su influencia en la pintura europea fue muy grande gracias a su amplia producción y a la difusión que tuvo su obra por el uso del grabado.

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Retrato de enano de Juan van der Hamen y León

Retrato de enano de Juan van der Hamen y León (¤ Madrid, 1596; † Madrid, 1631), hacia 1616, óleo, 122 cm x 87 cm, [cat. Prado 7065; inventario marqués Leganés nº 541]

El cuadro es de un enano ricamente vestido y armado, que sostiene un bastón de mando en la mano derecha. Este atributo de poder militar solo al alcance de los capitanes generales, no correspondía al retratado. Con seguridad se trata de uno de los bufones que pululaban por la Corte de Felipe IV, a quienes se les vestía con lujo y ostentación al modo de grandes personajes.

En el inventario del marqués de Leganés se le nombra como retrato del “enano del conde de Olivares”, denominación que posiblemente se debía al parecido con el valido del rey. El cuadro formaba parte de una serie de ocho retratos de bufones muy conocidos de la Corte (dos de ellos pintados por Velázquez, según el inventario) que se ubicaban en la casa de campo que el marqués tenía en Leganés. Se trata de un retrato de una factura extraordinaria en el que destaca el delicado detallismo con el que está tratado el terno y especialmente la fuerza expresiva del retratado.

Juan van der Hamen es un pintor español de origen flamenco que es conocido sobre todo como un excelente pintor de bodegones, aunque también realizó pintura religiosa y retratos, como este, de gran calidad.


La inmaculada Concepción de Rubens

La inmaculada Concepción de Rubens, entre 1628 y 1629, óleo, 198 cm x 134 cm, [cat. Prado 1627]

Se trata de uno de las mejores representaciones de la Virgen, que viste una túnica roja bajo un manto azul. Siguiendo la iconografía clásica de este tipo de representación católica, la Virgen se representa coronada de estrellas y pisando la serpiente que porta la manzana del Pecado, significando la victoria de la madre de Dios sobre le pecado original. Este triunfo también se representa en las palmas y laureles que portan los ángeles que la acompañan. El arrebato de los ropajes deja entrever una composición muy “escultórica” que resalta las formas y los volúmenes del cuerpo de la Virgen.

Este cuadro pintado durante la estancia del pintor en Madrid en 1628, refleja las características del más puro estilo de Rubens, combinando el dinamismo compositivo propio del barroco con el ideal de belleza sereno y clásico que refleja el rostro de la Virgen.

El cuadro está pintado para el marqués de Leganés, quien, a buen seguro que con dolor, se lo regala a Felipe IV, quien lo destinó al oratorio del monasterio de El Escorial. Debido a un añadido que se hizo al original que modificó sus dimensiones, durante muchos años la Inmaculada de Rubens estuvo “perdida”, mientras que en los inventarios de las colecciones reales el cuadro pasó por ser obra de Erasmus Quellinus. Fue Matías Díaz Padrón, en 1966, quien desentramó el equívoco y el cuadro recupero su autoría verdadera.

Sin ningún género de dudas, se trata de una obra de arte de primerísimo orden que merece formar parte de la colección permanente del Prado junto al resto de las obras maestras del autor.

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Bibliografía

Fuentes primarias:

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  • LONCHAY, Henri, CUVELIER, Joseph, LEFEVRE, Joseph. Correspondence de la cour d’Espagne sur les affaires des Pays-Bas au XVIIº siècle. vol. I-V. Bruselas: Marcel Hayez, 1923-1937.
  • Inventario de los bienes del marqués de Leganés, Archivo Provincial de Protocolos de Madrid.
  • RUBENS, Peter Paul. Correspondance de P.P. Rubens. París: G. Grès & Cie, 1927.

Fuentes secundarias

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  • AA.VV. Juan van der Hamen y León y la Corte de Madrid. Madrid: Patrimonio Nacional, 2006.
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  • BROWN, Jonathan. Felipe IV, Carlos I y la cultura del coleccionismo en dos Cortes del siglo diecisiete. En: AA.VV. «La España del Conde Duque de Olivares». Valladolid: Universidad de Valladolid, 1990.
  • BROWN, Jonathan; ELLIOTT, John H. Un Palacio para el rey. El Buen Retiro y la corte de Felipe IV. Madrid: Revista de Occidente, 1981.
  • BURKE, Marcus B. Private Collections of Italian Art in 17th Century Spain. Tesis doctoral. Nueva Cork: New York University, 1984.
  • CALVO SERRALER, Francisco. Teoría de la pintura del Siglo de Oro. Madrid: Cátedra, 1981.
  • CRUZADA VILLAMIL, Gregorio. Rubens diplomático español: Sus viajes a España y noticias de sus cuadros. Madrid: Imprenta Biblioteca de Instrucción y Recreo, 1874.
  • DÍAZ PADRÓN, Matías. El siglo de Rubens en el Museo del Prado. Catálogo razonado de pintura flamenca del siglo XVII. Barcelona: Prensa Ibérica, 1996.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias. Madrid: Alianza Editorial, 1983.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. La sociedad española en el siglo XVII. Granada: CSIC – Universidad de Granada, 1992.
  • ELLIOTT, John H. El Conde-Duque de Olivares. Barcelona: Crítica, 1991.
  • ELLIOTT, John H., PEÑA, José F. de la. Memoriales y cartas del conde duque de Olivares. tt. I y II. Madrid : Alfaguara, 1978.
  • LÓPEZ NAVÍO, José Luis. La gran colección de pinturas del marqués de Leganés. En Analecta Calsanctiana, Madrid, 1962.
  • LUCA DE TENA, Consuelo, MENA, Manuela. Guía del Prado. Madrid: Silex, 1988.
  • MARAÑÓN, Gregorio. El conde-duque de Olivares. La pasión de Mandar. Madrid: Espasa-Calpe, 1952.
  • POLERÓ, Vicente. Colección de pinturas que reunió en su palacio el marqués de Leganés don Diego Felipe de Guzmán (siglo XVII). En Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, VI, Madrid, 1898-1899.
  • SÁNCHEZ BELÉN, Juan Antonio. Los Austrias Menores. La Monarquía española en el siglo XVII. En Historia 16, serie Historia de España, nº 16, 1996.
  • TOMÁS y VALIENTE, Francisco. El poder político, validos y aristócratas, en Nobleza y Sociedad en la España Moderna. Oviedo: Nóbel, 1996.
  • Trésor de l’Art Belge en XVII.e siécle. Memorial de l’Exposition d’Art Ancien a Bruxelles en 1910. Bruselas: S.E. Buschmann, 1912-1913.
  • VOLK, Mary Crawford. New Light on a Seventeenth Century Collector: The Marquis of Leganés. En The Art Bulletin, Nueva York, 1980.

URL

Museo del Prado:
http://www.museodelprado.es/bienvenido/

Biblioteca Nacional de Madrid:
http://www.bne.es/

Ministerio de Cultura, museos:
http://www.mcu.es/museos/index.html

La Ciudad de la Pintura:
http://pintura.aut.org/

Wikipedia:
http://www.wikipedia.org/

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Artículo publicado por el autor en el número 2 de la Revista Cultural EL ZOCO.

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés.
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/12/07/la-coleccion-de-pinturas-del-i-marques-de-leganes/
. 2009.

21 noviembre 2009

Reunión del Estado Mayor franquista. Leganés a 23 de noviembre de 1936

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Evacuación

Evacuación de la población civil

La rebelión del 18 de julio de 1936 de buena parte de los militares durante la II República hundió a nuestro país en una larga guerra civil. Muchos historiadores, ensayistas, políticos, militares,… se han preguntado por las razones que llevaron a esta asonada militar a convertirse en una guerra tan larga y destructiva. Hoy por hoy no existe una explicación que satisfaga a la mayoría de los estudiosos de este periodo. Sería pretencioso por mi parte pretender encontrarla en este artículo, pero si quiero recordar que fue en Leganés donde se manifestó por primera vez la renuncia franquista a tomar Madrid como primer objetivo militar; lo que originó la extensión en el tiempo y en el espacio de la guerra.

Desde que las tropas rebeldes del ejército de África pisan tierra peninsular, comienza un acelerado avance en dirección a Madrid por la ruta extremeña, más segura que la andaluza al contar con el apoyo de Portugal. En su avance, las columnas de regulares y de la legión al mando del falangista Yagüe, apenas encuentran resistencia; y allí donde la hubo, en Badajoz, se saldó con una terrible y brutal represión. De esta forma, el 21 de septiembre Franco se encontraba en Maqueda, a 75 km de la Puerta del Sol. En ese momento Franco adopta una de las decisiones más controvertidas de toda la guerra: detener el avance hacía Madrid y acudir al socorro de los rebeldes sitiados en el Alcázar de Toledo. Hasta ese momento el golpe se regía por los principios “clásicos” de las asonadas militares: golpe militar, suma de adhesiones; conquista de Madrid; control político y administrativo del Estado; cambio de régimen.

¿Qué pasó para que Franco tomara esa decisión tan sorprendente? Incluso Yagüe, el general que había dirigido las tropas africanas y que siempre se destacó por su fidelidad a Franco, se muestra contrario a esa decisión, porque piensa que Madrid era un objetivo asequible en ese momento. Esto le costará perder el mando en la vanguardia de las columnas “africanas” del ejército rebelde, que pasara al general Varela, y verse relegado a funciones menores en retaguardia. Han sido muchas las explicaciones que se han dado a este cambio de rumbo, pero no hay que olvidar que el 21 de septiembre, en Salamanca, la Junta Militar rebelde decide a propuesta de Kinderlan y de Mola nombrar a Franco jefe de estado, jefe del gobierno y “generalísimo” de los ejércitos. Ahora bien esta propuesta no cuenta con el consenso de toda la cúpula militar rebelde, pues Cabanellas se opone. Además, en principio, el nombramiento tiene plazo de caducidad: hasta el final de la guerra.

Esta coletilla no gustó nada a Franco y exigió su eliminación. Y la mejor forma de presionar era jugar con la mejor carta con la que contaban las tropas rebeldes: las columnas “africanas” retrasarían el asalto a Madrid. Madrid estaba verde aún para los intereses personales de Franco y con el apoyo de Italia y Alemania, la capital acabaría madurando más tarde o más temprano.

El primero de octubre, Franco toma posesión de su cargo como jefe de estado de la España rebelde sin condicionantes y con el apoyo de Alemania e Italia. Inmediatamente, el 6 de octubre, anuncia la ofensiva contra Madrid y el 19 se ordena el ataque (a vísperas de la celebración del II Consejo Nacional de Falange). En este mes, las tropas leales y gubernamentales pudieron reorganizarse y presentar cara a las tropas rebeldes que no pudieron unir y coordinar las columnas “africanas” de Varela con las del “norte” de Varela.

Las columnas de Varela avanzaron rápidamente y el 4 de noviembre entran en Leganés, Getafe (con su aeródromo) y Alcorcón. La línea de fortificaciones y búnkeres que se extendía entre Fuenlabrada y Leganés no supusieron ningún obstáculo para los rebeldes. Para ese día muchos vecinos de Leganés se encontraban ya refugiados en Madrid huyendo del terror y el pánico que provocaba el avance de los soldados y mercenarios de Franco. Por el otro lado Mola está batallando en la Casa de Campo. Con las tropas instaladas en los alrededores de Madrid, el día 6, Franco lanza una proclama a los madrileños invitándoles a la rendición. Ese mismo día, el gobierno republicano se retira a Valencia y el general Miaja se hace cargo de la defensa de Madrid. Todo parecía perdido, pero la heroica defensa de la capital detiene la ofensiva rebelde a pesar de los bombardeos de la aviación alemana de la Legión Cóndor.

En esta situación, de nuevo un evento político se cruza en la ofensiva rebelde. El 21 de noviembre se celebra el III Consejo Nacional de la Falange, el de la unificación de todas las fuerzas políticas que apoyaron el alzamiento rebelde. El líder de la Falange había sido fusilado el día anterior: Franco era ya el indiscutido y único líder, tanto en su vertiente política como en la militar.

Evacuación de la población civil en Leganés

Así, el 23 de noviembre, una vez que todo estaba atado y bien atado para sus intereses políticos, Franco acudió al frente de Madrid por primera vez desde que fuera nombrado Jefe del Estado. Franco, acompañado de su jefe de estado mayor, Martín Moreno, viajó desde Salamanca a Leganés para mantener una reunión a la que asistieron los generales Mola, Saliquet, Varela y sus respectivos estados mayores, y que se celebró en el puesto de mando que Varela había instalado en Leganés, en una de las casas de la actual plaza de España. En esta reunión se decidió suspender la ofensiva de Madrid y centrarse en otros objetivos militares. Veintinueve meses más tarde los rebeldes lograron que Madrid se rindiera (nunca fue conquistada) por medio del engaño y la traición.

¿Fue el primer contrapié serio de Franco en la guerra?, o ¿se optó por otro modelo de guerra?

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Reunión del Estado Mayor franquista. Leganés a 23 de noviembre de 1936.
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/11/21/reunion-del-estado-mayor-franquista-leganes-a-23-de-noviembre-de-1936/
. 2009

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 7 Ver publicación

Fotografías del Fondo del Archivo Rojo del Ministerio de Cultura.

28 octubre 2009

Piramidología

Archivado en: Cultura,Edad Antigua,Egipto,Historia,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 7:22 pm
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Las trés pirámidesSobre las pirámides de Egipto se han escrito toneladas ingentes de tonterías y sandeces. De eso creo que todos somos plenamente conscientes; lo curioso, y bastante desconocido, es que este fenómeno tiene su origen en unas investigaciones de Charles Piazzi Smyth: astrónomo escocés (nacido en Nápoles, pero los escoceses ya se sabe… son como los de Bilbao y nacen donde les da la gana), científico del siglo XIX que llegó a ser Astrónomo Real de Escocia y profesor de Astronomía en la Universidad de Edimburgo.

Sus investigaciones las desarrolló en el observatorio de Calton Hill, con sede en la capital escocesa, y son destacables sus trabajos sobre la aurora polar, el espectro solar o la irradiación de la Luna. Pero quiero resaltar las observaciones astronómicas que hizo en las islas Canarias, siendo uno de los pioneros en señalar las ventajas de la observación directa en cielos con atmósferas libres. En gran parte los observatorios del Teide, en Tenerife, y el del Roque de los Muchachos, en La Palma, deben su importancia actual a las conclusiones de sus investigaciones -financiadas por el Almirantazgo Británico y la Sociedad Real para el Avance de la Ciencia Natural de Londres.

Las Pirámides en una foto del siglo XIXPues bien, este buen señor, que presenta un currículum vítae más que envidiable y que obtuvo importantes premios y reconocimientos científicos en su vida, la lió parda con el tema de las grandes pirámides de Egipto. Al calor de la obra de John Taylor La Gran Pirámide: ¿Por qué fue construida? ¿Quién la construyó?, Smyth viajó a Egipto con la intención de medir con precisión la grandes pirámides de la IV dinastía y en especial la Gran Pirámide de Keops. Su objetivo era fijar con exactitud las dimensiones de las pirámides: altura, orientación, inclinación, localización, etc., incluso realizó fotografías del interior de la misma con una novedosa técnica.

Sus investigaciones y conclusiones fueron publicadas en varios libros (entre otros: Nuestra herencia en la Gran Pirámide, publicado en 1864, y Vida y trabajo en la Gran Pirámide, en 1867) y en ellos se aprecia la fascinación que en su espíritu academicista debió producir que las medidas de la pirámide y sus interrelaciones derivaban en magnitudes planetarias e incluso astronómicas. Así, encontró que en esas relaciones y equivalencias se descubría el radio terrestre, la distancia entre la tierra y el Sol y la Luna, el número Л,… A partir de ahí pareció entrar en proceso febril y extrapolando toda la información llega a establecer patrones universales de medida: la pulgada piramidal, el sagrado codo, etc. Esto le lleva a concluir que la Gran Pirámide es obra inspirada directamente por Dios a los arquitectos y constructores, y en ella se encierran los principios básicos de la existencia y esconde en sus dimensiones un código divino que tras su correcta interpretación permitiría descubrir lo que nos tiene reservado el futuro. Evidentemente sólo el Dios de los cristianos (el único para él) pudo inspirar esa gran obra, esto le lleva a identificar a los hicsos con los hebreos y a afirmar que fueron ellos, con San Melquisedec como arquitecto, los constructores de la maravilla.

Arista de la pirámideLo cierto es que sus conclusiones pronto fueron puestas en evidencia y denostadas por los egiptólogos a partir de constatar la falta de rigor de las mismas; empezando por la identificación de los hicsos con los hebreos (algo absolutamente imposible) y terminando por los errores de bulto en las mediciones.

William Matthew Flinders Petrie, que llegó a ocupar la cátedra de Arqueología y Filología Egipcia de la Universidad College de Londres, era un admirador de Smyth, y fruto de esa devoción acudió a Egipto en 1880. Muy pronto se dio cuenta de que las conclusiones de Smyth eran totalmente desacertadas, debido, entre otras cosas, a que se basaban en mediciones erróneas. Tras una revisión exhaustiva, Petrie volvió a dimensionar “definitivamente” las pirámides poniendo en evidencia los yerros anteriores. Su meticuloso trabajo se publicó en 1883 en el libro Las pirámides y templos de Gizeh.

Las dimensiones de la Gran Pirámide según Petrie son:

  • Altura original: 146,61 m (actual: 136,86 m)
  • Pendiente media: 51º 50′ 35″
  • Longitud del lado N: 230,364 m
  • Longitud del lado E: 230,319 m
  • Longitud del lado S: 230,365 m
  • Longitud del lado O: 230,342 m
  • Longitud Media: 230,347 m
  • Desviaciones máximas sobre la media: ¡-0,028 m y +0,018!

barca solarA lo largo de la Historia todos los visitantes y viajeros se han preguntado por estas magníficas construcciones y todos han querido ver algo más que una tumba. Heródoto llega a afirmar que Keops estaba poseído por La Pirámide y que llegó a prostituir a su propia hija para recaudar fondos para la construcción; los árabes buscaron tesoros; en el siglo XVII osados exploradores se adentraron por sus angostos pasadizos; y así hasta nuestros días. Las pirámides ocultan todavía muchos secretos; sin ir muy lejos, se conoce la ubicación de otro barco solar aún por excavar y armar; lo mismo se puede decir de los canales de ventilación que se llaman así por ser esa su función actual, pero no la originaria, que se desconoce. Algo parecido pasa con la forma de su planta, que no es cuadrada contra lo que pueda pensarse, sino de estrella de cuatro puntas, merced a la ligerísima inclinación que hacia el interior presenta cada uno de sus lados; produciendo un interesante efecto lumínico en los amaneceres y en los ocasos de los equinoccios gracias a la orientación cardinal de cada una de sus aristas: durante unos minutos, una mitad de los lados Este y Oeste aparece en umbría, y la otra mitad en solana.

Su sistema de construcción sigue siendo un secreto, sin que las teorías presentadas convenzan plenamente a la comunidad científica. En el último trabajo sobre este tema (2007), el arquitecto francés Jean-Pierre Houdin lanza la teoría de que se utilizaron rampas frontales y externas hasta alcanzar la altura de 45 metros y para el resto se empleó un rampa en espiral por dentro de la propia pirámide, asegurando que los túneles interiores deben estar ahí todavía. El Consejo Superior de Antigüedades Egipcias no ha dado permiso para iniciar excavaciones en el interior de la pirámide, con lo cual una nueva hipótesis queda sin verificar; más leña al fuego.

Pirámide de Zoserpirámide romboidal DahshurDe las siete maravillas del Mundo Antiguo la pirámide de Keops es la única que queda y curiosamente es la primera que se realizó; pues el primer misterio es saber cómo una sociedad que hacía unos cinco siglos estaba aún en la edad de piedra pudo levantar este obra en 20 años allá por el2570 a. n. e., demostrando unos conocimientos matemáticos, astronómicos y técnicos en general verdaderamente asombrosos. Si bien, hasta llegar a la perfección de las pirámides de Gizeh, los egipcios hicieron varias pruebas, destacando la pirámide escalonada de Zoser y la romboidal de Dahshur.

Pero la monumentalidad de la Gran Pirámide escapa a todo entendimiento; sirva, a modo de botón de muestra, que hasta que no se terminó la Iglesia de San Nicolás en Hamburgo en 1874 la tumba de Keops fue el edifico más alto del mundo. ¡Ojo al dato!: 4444 años después. ¡Cuatro cuatros!, ¡será por números cabalísticos! Y este dato no lo he visto por ahí publicado, como lo pille un “brujístico” saca un coleccionable.

Base de la pirámide

[Para Sandra, con mi deseo de que vuelvas a Egipto y de que yo te acompañe]

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Piramidalogía.
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/10/28/piramidologia
. 2009

Enlaces:

Para ver la explicación de la teoría de las rampas interiores de Pierre Houdin con un espectacular gráfico en 3D y en español [Para verlo hay que bajarse el programa 3dvia player]:

[
http://khufu.3ds.com/introduction/revealed/
]

Puedes encontrar este video con mucha menos calidad en you tube:

How the Khufu Eqyptian Pyramid Was Built 1: [

]

How the Khufu Eqyptian Pyramid Was Built 2: [

]

(OGH23H)

5 octubre 2009

¿Cuándo el hombre deja de ser un mono?

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La pregunta es falsa como Judas. Y en consecuencia es imposible encontrar respuesta cierta. Pero no deja de ser misterioso y atractivo intentar averiguarlo. Para empezar: ¿descendemos de un mono? ¡Pues sí! ¡¿Qué pasa?! Hay que dejarse de medias tintas y asumir lo que somos: monos,… un poco más listos que otros, pero monos. ¿Qué es eso de decir que no,.. que… lo que pasa es que… compartimos un antepasado común…; y fruslerías parecidas? ¡Al pan, pan; y al vino,… casera!

Hominización

Hominización

Vamos a recorrer el árbol familiar con las definiciones actuales (cada un cierto tiempo las cambian, por si fuera poco lioso de por sí para hacerlo más difícil). Comparándolo con una familia, los homo (los hombres) seríamos una especie de primos de los pan (los chimpancés) con un abuelo común, por eso ambos somos homininis. Con los gorillini (los gorilas) nuestro parentesco es de un grado más, teníamos en común con ellos un bisabuelo muy majete que nos hace a todos del clan de los homininae. Y con los ponginae (los orangutanes) el parentesco es ya más lejano, pero a pesar de todos tenemos un tatarabuelo muy simpático que se puso de pie sobre las patas traseras y nos hizo que todos seamos hominidae. Después están los hylobatidae (los gibones), unos primos tan lejanos que cuando nos cruzamos con ellos apenas nos reconoceríamos si no fuera porque compartimos un superabuelo que perdió la cola y nos hizo a todos de los hominoidea desrabados. Por último, estaría el gran patriarca común que nos hizo primates gracias entre cosas a su dedo pulgar oponible y que nos convierte en parientes, a modo de ejemplo, de los strepsirrhini (los lémures, entre otros muchos).

Bien, de este gran patriarca del que conocemos muy poco, ¿qué diríamos de él ante una súbita aparición? Seguro que algo así: «¡Tá bicho! ¡Jodio mono, lo feo que es!» Evidentemente el subrayado es mío y es la prueba irrefutable de lo que somos: unos jodidos monos que nos las damos de listos y por eso nos tenemos que diferenciar del resto de primos. Y para hacerlo en algún momento tuvimos que dejar de ser monos para ser otra cosa; vamos a intentar ver cuándo.

En la familia de los homos, nosotros, los sapiens, somos los más jovencitos. Antes tuvimos unos hermanos mayores, que a buen seguro Dios guarda en su Gloria y de los que fuimos aprendiendo poco a poco truquitos, trampillas, mañas y cosas así. Volveremos a ellos, pero no quiero olvidar a un medio hermano… medio primo que vivió con nuestra familia allá por África y al que le dio por coleccionar piedras rotas; le llamaron australopiteco (el mono del sur) y nunca se entendió muy bien su manía coleccionista. Coincidió algún tiempo con nuestro hermano mayor, el homo habilis. Este no andaba todo lo bien que la prestancia familiar exige, pero destacó por sus dotes observadoras y por una cierta indolencia. Así, viendo las colecciones pétreas de su primo, se dijo: «¿Para qué voy a ir a buscar piedras rotas si yo las puedo romper aquí, sentadito a la fresca de la cueva?» Y de esta forma comenzó la fabricación de herramientas, que para muchos es el punto determinante entre los estadios homo y piteco.

La familia empezó a crecer con el homo erectus, que heredo la habilidad de su hermano a la hora de romper piedras y fabricar cachivaches y trastos; y como era muy avispado mejoró mucho el tipo de objetos y herramientas, dando lugar a una especialización de los utensilios y de las tareas. Para otros pensadores esta división del trabajo y la socialización de la convivencia es el punto determinante. También muchos señalan la posibilidad de que poseyera algún tipo de lenguaje simbólico.

Este hermano nuestro, ya andaba erguido y le movía un espíritu aventurero envidiable; así el resto de los hermanos más próximos (rudolfensis, georgicus, antecessor, cepranensis, floresiensis, heidelbergensis, etc.) marcharon alegres y esperanzados a colonizar nuevas tierras. Al separarse cada hermano tuvo que buscarse la vida, y a unos le fue mejor y a otros peor. Algunos hicieron fortuna y vivieron largos años y otros apenas duraron unos cientos de miles de años; pero a todos la parca les segaría los pies. Estos familiares cercanos parece que adquirieron conciencia de sí mismos y de su existencia y en consecuencia de su muerte. Para otros muchos pensadores aquí está la madre del cordero.

Por último vinieron los mellizos (que no gemelos): el homo neanderthalensis y el homo sapiens. A primera vista, nuestro hermano era más fuerte, más alto y mucho más cabezón que nosotros. En una pelea nadie hubiera apostado ni un maldito euro por nosotros. Pero a falta de mejor cualidad desarrollamos una mayor destreza y astucia que unido a nuestro cuerpo menudo y ligereza de pies (vamos unos marrulleros cobardicas) nos permitió adaptarnos mejor a las frías y duras condiciones de entonces y salir triunfantes de la lucha fratricida. Aparte de pelearnos, nos comunicábamos con un lenguaje articulado, dominábamos el fuego y desarrollamos un pensamiento abstracto y unos valores estéticos (el arte). A partir de entonces es cuando nos convertimos en verdaderos hombres para otros muchos pensadores.

La hominización en La Historia según Milo Menara (detalle)

La hominización en La Historia según Milo Menara (detalle)

Una vez desparecido nuestro amantísimo hermanito, ya sin tener que andar peleando con nadie (ya sólo nos sacudimos entre nosotros mismos) pues éramos los únicos de la familia que quedábamos por aquí, nos calmamos un poco y nos quedamos quietos. Y aburridos, nos dio por criar cabras, sembrar trigo y hacer botijos. Y la tranquilidad nos permitió buscar formas de reflejar nuestro pensamiento en signos y así nació la escritura; para algunos el verdadero momento que marca la diferencia con el resto de los primos

En conclusión se puede decir que a cada diferenciación física y biológica le acompañó un diferente estadio cultural. Pero, además esta evolución no fue ni lineal ni progresiva ni en el tiempo ni en el espacio. Como se ve, es imposible afirmar con certeza cuándo dejamos de ser monos; lo más seguro porque, como decía al principio, aún lo sigamos siendo.

Perdónenme los eruditos y especialistas la simpleza en la exposición, pero este tema es tan complicado que si además se le añade culturas, periodos, años, técnicas, lugares, utensilios, edades geológicas, glaciaciones,… ¡Para cortarse las venas!

Homer Sapiens

Homer Sapiens

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. ¿Cuándo el hombre deja de ser un mono? (
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/10/05/¿Cuando-el-hombre-deja-de-ser-un-mono?
/). 2009

(OGH22H)

4 septiembre 2009

La Historia en el siglo XIX

Archivado en: Ciencia,Historia,Historiografía,Temas — Francisco Arroyo Martín @ 5:53 pm
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El joven estudiante Carlos Marx

El joven estudiante Carlos Marx

Hace un tiempo, para vendernos unos coleccionables de Historia el lema era algo parecido a esto: “Para comprender la Historia del siglo XX se necesita conocer a los historiadores del siglo XIX”.

Dejando a un lado que los libros tenían una edición horrorosa que convertían su lectura en un suplicio, si es cierto que las corrientes historiográficas del siglo pasado se forjaron y tuvieron sus orígenes en el XIX. Fue este un siglo que significó el triunfo social y económico de una clase social emergente y su sistema económico y político: la burguesía, el capitalismo y la democracia, respectivamente. Sus mayores exponentes los encontramos en la revolución francesa -como momento más trasgresor-, en el parlamentarismo inglés, -que a falta de una revolución que defender se dedicaron a conservan lo que había- y en la independencia norteamericana -que tomaron de allí y de allá. Este movimiento social y político, fructificó en la historiografía liberal que interpreta la historia desde la óptica de la burguesía triunfante. Guizot, Macaulay, Tocqueville o Thierry son algunos de los autores más importantes. La historia política, la de gobiernos y gobernantes, que gozó y goza de una amplísima difusión, bebe en las fuentes de este primer liberalismo. De alguna manera en estos momentos estamos viviendo un resurgir de esta corriente historiográfica con Francis Fukuyama -”El fin de la Historia”- y los neocon.

Pero frente a la revolución surgieron los contrarrevolucionarios que añoraban el Antiguo Régimen de reyes absolutistas que poco a poco derivaron en nacionalismos que se afanaban en buscar en el pasado elementos conformadores de una comunidad que les dotara de una identidad propia como pueblo y nación. Este movimiento político por momentos fue de la mano de otro movimiento mas estético e intelectual: el romanticismo; si bien este se ramificó en múltiples visiones y matices políticas. De esta gran corriente política surgieron dos historiografías. Por un lado el positivismo que pretendía una historia académica en la cual solo la recuperación de los hechos históricos y su ordenación explicarían el devenir de la Historia. Al positivismo, hoy totalmente desprestigiado, debemos las academias nacionales y la entrada de la historia en las universidades; siendo sin lugar a dudas los forjadores de la actual Historia como disciplina científica. En sus trabajos predomina una visión conservadora, pues con su pretendida objetividad dejaron en manos del poder la interpretación de los hechos históricos. Algunos nombres: Ranke, Niebuhr, Michelet, Taine,… La otra corriente historiográfica que surgió frente al liberalismo fue el idealismo histórico. Nace del pensamiento de Kant y Hegel y pretende hacer una historia del alma colectiva de los pueblos. El estado, la nación, se convierte en el objeto de la Historia. Herder, Fichte y el mismo Hegel son los mejores exponentes de esta corriente historiográfica que tendrá una amplia repercusión en la siguiente centuria con la historia del pensamiento y de las civilizaciones.

Pero frente a revolucionarios liberales y contrarrevolucionarios conservadores -que poco a poco se irán acomodando entre sí- surge el socialismo como un nuevo movimiento político que desarrollará y diversificará durante todo el siglo XIX, y que tiene en los pensamientos filosóficos de Marx y Engels a sus principales valedores intelectuales. Se trata de la expresión política y social de la nueva clase que surge con la revolución industrial: el proletariado. Como no podía ser de otra forma, este movimiento creará una nueva corriente historiográfica que tendrá larga trascendencia y que, de una u otra forma, perdura aún con fuerza: el materialismo histórico. Parte de la idea según la cual los hombres dependen de unas relaciones de producción independientes de su voluntad y que corresponden a un grado de desarrollo de las fuerzas productivas, que son las que determinan las estructuras políticas, sociales y económicas. Así las circunstancias materiales en las que se desenvuelve la vida de las sociedades humanas condicionan su organización política e intelectual y tienden a crear una conciencia social y una concepción del mundo coherentes. Existe una visión economicista del materialismo histórico, que derivará en la historia económica; otra más dogmática que se plasmará en la historia social; y otra más globalizadora e integradora que tendrá su mejor exponente en la corriente histórica que se representa en los «Annales».

En fin, que razón no le faltaba al slogan de los coleccionables.

[Por cierto, ¿se han fijado lo guaperas que era Carlitos Marx de joven?]

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. La Historia en el siglo XIX.
http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/09/04/
la-historia-en-el-siglo-xix
. 2009

Enlace de la imagen:
http://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:Marx2.jpg&limit=250#filehistory

(OGH21H)

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