El Arte de la Historia

16 diciembre 2012

Charla sobre Leganés en la Edad Moderna dentro del ciclo de Los Jueves de EL ZOCO


El pasado mes de octubre tuve el honor y la satisfacción de participar en el ciclo de conferencias que bajo el título “Leganés y su Historia” ha organizado la Asociación Cultural EL ZOCO dentro de su actividad “Los Jueves de EL ZOCO”.

En mi caso analizamos el periodo histórico de la Edad Moderna, en el cual vimos la evolución de la localidad durante los siglos XVII y XVIII, años en lo cuales la aldea pasó a ser villa cabecera de señorío y en los que, además,  se acometieron importantes edificios monumentales como son la iglesia de San Salvador, la ermita de San Nicasio o el cuartel de las guardias valonas, con una charla titulada:

Leganés: Edad Moderna: huertas, marqueses, curas y soldados

Quiero agradecer a los compañeros y amigos de EL ZOCO su invitación a participar y en especial a todos aquellos amigos que pudieron acompañarme ese día.

A continuación os dejo el vídeo de la presentación que realicé y que amablemente la AC EL ZOCO ha publicado en su perfil de youtube:

Web de EL ZOCO

31 mayo 2011

Leganés según las respuestas del Catastro de Ensenada


Extracto del trabajo del libro El catastro de Ensenada en Leganés (1751-1754), de Carlos José López de la Cruz y Francisco Arroyo Martín.

En 1749, Fernando VI ordenó a su ministro de Hacienda, el marques de la Ensenada, la elaboración de un catastro que pretendía conocer la riqueza de las poblaciones de la Coronade Castilla que permitiera el establecimiento de un único impuesto, la Única Contribución, con lo se quería hacer más justo el sistema tributario de entonces. Este trabajo administrativo conel paso del tiempo se convirtió en un documento histórico de primer orden paras conocer cómo eran las ciudades y aldeas castellanas del siglo XVIII.

Las Respuestas Generales que en 1751 ofreció Leganés a las 40 preguntas del Interrogatorio del Catastro y las Notas de comprobación realizadas tres años después por el contador provincial Martín de Abarrategui, que verifican o corrigen los datos aportados por los vecinos y autoridades locales, son una fuente historiográfica fundamental para el estudio de la localidad en el siglo XVIII. Pues, como dice la introducción del cuestionario, su objeto es la evaluación de sus frutos y demás comercios, granjerías, ocupaciones y utilidades que se usan en el pueblo; a través de estas informaciones se pueden reconstruir importantes aspectos de la vida económica y política de Leganés, así como del quehacer cotidiano de las gentes que lo habitaron en ese tiempo. Las conclusiones que se desprenden de estos dos documentos por su extensión e importancia histórica merecen un monográfico en algún próximo número de esta revista, pero sirva este artículo como un pequeño avance.

Lo primero que destaca son las discrepancias que aparecen entre ambos documentos en relación al valor de las rentas y de los beneficios de oficios y propiedades –de un 30 %-; que demuestran el claro intento del vecindario y autoridades locales por ocultar parte de la riqueza de la localidad. Unas omisiones u ocultamientos que se comprueban en todos los sectores de la actividad económica local. Las autoridades de la villa de Leganés que participaron en la redacción del cuestionario fueron los dos alcaldes y los cuatro regidores del municipio, un procurador del Común y una serie de vecinos labradores y hortelanos de más edad en calidad de peritos inteligentes y prácticos en el suelo y tierras del término.

La población rondaría los 1.700 habitantes que se distribuían en unas 400 casas casi todas muy humildes. Cifras que nos hablan de un cierto estancamiento del crecimiento de la población en relación a datos de fuentes históricas anteriores y posteriores.

En cuanto a la configuración de la población existían pocos nobles; apenas una docena de hidalgos, aunque tres casas tituladas tenían una fuerte presencia en la villa: por un lado el marqués de Leganés que era el señor de la villa y cuyo mayorazgo estaba por entonces agregado a la casa de Altamira; y el marqués de San Vicente del Barco y el conde de Torrubia. También existía un importante grupo de población de dicado a actividades mercantiles y de servicios, si bien la mayoría eran agricultores y hortelanos. Resulta destacable que la principal actividad económica relacionada con la ganadería sea el elevado número de palomares que existían en Leganés.

Señalar que había pocos clérigos y que un 10 % de la población se declaraba como pobre, sin duda esta cifra elevada se debía a la existencia en la localidad de dos hospitales dedicados a la atención de los pobres enfermos de esta villa (y de Villaverde) y viandantes. El hospital más importante era el de la Santísima Trinidad fundado en 1623 de acuerdo a las disposiciones testamentarias de Juan Muñoz, miembro de una de las familias leganenses principales.

En resumen, Leganés en estos años del siglo XVIII se conforma como una villa señorial que basa su riqueza en el sector agrícola, y en concreto en el regadío, pues aunque sólo el ocho por ciento de la superficie cultivada es ocupada por huertas, éstas contribuyen en dos terceras partes del total de la producción agrícola con una significativa presencia de pequeños propietarios y una prosperidad que alcanza a diversos sectores y reduce el número de pobres; estos beneficios del campo posibilitan la existencia de otras actividades y oficios urbanos que generan un incipiente mercantilismo siempre vinculado a la demanda de productos de Madrid.

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 14, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2011

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Leganés según las respuestas del Catastro de Ensenada. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2011/05/31/leganes-segun-las-respuestas-del-catastro-de-ensenada/). 2010

22 abril 2011

Juan Calles, Leganés en blanco y negro

Archivado en: Costumbres,Cultura,El Zoco,Historia,Leganés,Personajes,Siglo XX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 10:40 am
Tags: , , , ,

En el año 2007, el Ayuntamiento de Leganés adquirió la colección de fotografías que Juan Calles fue acumulando tras casi cincuenta años de ejercer como fotógrafo en Leganés. Se trata de un patrimonio cultural de primer orden. Por un lado está el valor artístico indudable de alguna de las instantáneas que salieron del visor de Juan Calles, pero quizás el hecho de tratarse de una colección es lo que le otorga un valor que va más allá de lo meramente estético y lo transforma en fuente documental de primer orden para conocer la evolución histórica, social, cultural, etc. de nuestra ciudad en estos últimos años y en particular en los años previos a la democracia, en los cuales los testimonios gráficos son mucho más escasos, adquiriendo los existentes mayor relevancia.

Juan Calles, nació en Leganés allá por el 1927 y como casi todos los jóvenes de entonces era hortelano de profesión, pero frisando la treintena cambia de empleo y descubre un mundo nuevo que en su caso se convertirá en devoción y ocupación: la fotografía. A partir de entonces, la transformación de Leganés va a aparecer como el decorado vivo de sus retratos e instantáneas.

La colección depositada en el Archivo Municipal consta de más de 400 carretes con negativos en color y en blanco y negro y en ellos se pueden encontrar instantáneas sorprendentes, en las cuales aparecen las típicas imágenes de un pueblo labriego y agricultor junto a las grúas metálicas que comenzaban a levantar edificios de pisos por doquier. Hay edificios desaparecidos, calles irreconocibles, costumbres olvidadas, personajes y situaciones para olvidar…, junto a sugestivas transformaciones del espacio urbano, de las costumbres y de los usos culturales.

El año pasado se completó una interesante exposición con parte de estas fotografías de Juan Calles, que todos pudimos contemplar en la sala Antonio Machado. El catálogo de la exposición fue publicado por el Ayuntamiento de Leganés a través de Legacom con el título “Leganés se retrata con Juan Calles. 1960-1975”, obra de la cual tomamos las fotografías que acompañan esta reseña.

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 12, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Juan Calles, Leganés en blanco y negro. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2011/04/22/juan-calles-le…blanco-y-negro/). 2010

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Fotos tomadas de La Comunidad Digital  Barrio de la Fortuna Leganés

5 diciembre 2010

San Nicasio, obispo y mártir


San Nicasio en la catedral de Reims

En Leganés, con la llegada de octubre llegan las fiestas de San Nicasio que celebramos con regocijo y alborozo en honor de nuestro santo patrón, pero a buen seguro que muchos también lo celebramos con desconocimiento de quién era este buen hombre. Pues a pesar de tratarse del santo patrón de Leganés desde tiempos inmemoriales es muy poco conocido en general; y aunque cuenta con una Hermandad desde hace más de quinientos años y es venerado por muchos lugareños tiene un escaso arraigo popular, como demuestra que en España existan apenas 3.300 personas que porten ese nombre. Y todo ello, empero de tratarse de un santo muy milagrero, pues según un documento del archivo de la iglesia de Regnes nada más y nada menos que “cura la desintería, calenturas, romatismos, miembros rotos, da abla a mudos, postemas, fluxo de sangre, sangre lluvia y resucita muertos (el subrayado es mío).

Para empezar hay dos San Nicasio con vidas muy similares, los dos son venerados en Francia, los dos fueron obispos, uno, de Rouen (el de Leganés) y otro de Reims, ciudades, además, muy cercanas entre sí, los dos murieron decapitados, los dos hicieron “cosas inverosímiles” después de perder la cabeza, los dos fueron martirizados conjuntamente con fieles seguidores,… En definitiva, muchas coincidencias que hacen pensar en un mismo mito caído en desuso y revitalizado más tarde por la imaginería cristiana. Incluso san Dionisio (Saint Denis, patrón de París) tuvo una vida y muerte muy parecida a estos “San Nicasio”. Las grandes diferencias entre el San Nicasio de Rouen y el de Reims radican en el origen: el de Rouen era griego, ateniense para más señas, y el otro era galo; la época: el “nuestro” anduvo en este terrenal mundo por el siglo I, y el segundo en el V; y en sus verdugos: así, al primero lo mataron los romanos y al segundo los vándalos o los hunos (en esto, como en el año, hay discrepancia). Pero la diferencia más clara es que el San Nicasio de Rouen se celebra el 11 de octubre y el de Reims el 14 de diciembre.

Nicasio es un nombre griego derivado del nombre de la diosa helena de la victoria: Niké (Νίκη). Y su significado es “El Victorioso”, “El Triunfante”. Comparte etimología con Nicanores, Nicetos, Nicandros, Nicomedes y Nicolases y significado con Victores y Vicentes. Según algunos autores San Nicasio era discípulo de Dionisio de Areopagita convertido al cristianismo por San Pablo y que para muchos erróneamente era el mismo San Dionisio obispo de París y que antes lo fue de Atenas y que murió decapitado en Montmartre junto con sus discípulos San Rústico y San Eleuterio, lo que no parece que sea lo más acertado.

Todo indica que Nicasio era un seguidor de los areopagitas atenienses pero que no conoció a San Pablo y que viajara a Roma a finales del siglo I y desde allí el papa San Clemente le enviara a predicar la buena nueva a la Galia como obispo de Rouan, entonces unas de las ciudades más prósperas de esa provincia romana. La tradición católica le hace peregrinar por gran parte de Francia en dirección a Rouan, adonde, por cierto, nunca llegará. En el camino es incontable el número de conversos que va haciendo a su paso y de los grandes milagros que obra. Entre estos destaca la victoria sobre un dragón (como haría después, en el siglo IV, San Jorge; que también murió decapitado, por cierto) que tenía aterrorizados y subyugados a los habitantes de la región de Pontoise, al norte de la actual París, o la expulsión de una caterva de demonios que moraban en una caverna en esa misma zona normanda.

El caso fue que las andanzas de Nicasio y de sus fieles discípulos Escubículo y Quirino, dieron que hablar y el gobernador romano de Lutecia los mandó apresar. Después de negarse los santos varones a venerar a Marte fueron martirizados hasta que finalmente se ordenó su muerte por decapitación en la ciudad de Écos. Lo más curiosos de la historia y lo verdaderamente inusual se produjo tras este suceso, pues cuenta la tradición católica que Nicasio una vez que perdió la cabeza se agachó, la cogió con sus propias manos y se lanzó a la carrera como si fuera el zaguero de la selección francesa de rugby. Atravesó sembrados, ascendió colinas y cruzó ríos, hasta que llegó a Gasny situada a una decena de kilómetros, donde, no sabemos si como fruto de la pérdida de la cabeza, por puro agotamiento o porque creyó llegar a la línea de ensayo, cayó al suelo y exhausto depositó su cabeza en el lugar donde después se alzaría un templo en su honor y memoria.

Iglesia de San Nicasio de Rouem

Evidentemente existe otra versión más racional pero menos lírica. Con toda seguridad los restos de los santos decapitados fueron arrojados como alimentos de fieras y alimañas para mayor escarnio y advertencia para los que negaran la religión oficial de Roma. Parece ser que algunos cristianos capitaneados por una joven llamada Pience y por un sacerdote pagano convertido al cristianismo llamado Clair de Beauvais, robaron los despojos y los enterraron en lugar seguro, donde con el paso del tiempo se construyó un templo y el priorato benedictino de San Nicasio que alcanzó un gran apogeo económico fruto de la tradición que nos dice que San Nicasio siguió obrando milagros después de su muerte. Así, en siglo XI aparecieron los que algunos decían que eran restos del santo, para comprobar su santidad se decidió quemarlos, y milagrosamente no sólo no ardieron las reliquias,… ni tan siquiera se chamuscó el paño que las envolvía. En el siglo siguiente el santo se las ingenió para poner en evidencia al noble del lugar que había suspendido el derecho que la iglesia de San Nicasio en Gasny tenía en el mercado local y además no había cumplido varias promesas con la parroquia, y, así, impidió que sus restos se sacasen en rogativa a pesar de utilizar para ello las fuerza de veinte hombre y otras tantas bestias, hasta que el conde del lugar pidió perdón y subsanó sus tropelías con la iglesia del santo.

A partir de aquí fue un no parar: curó de calenturas cuartanas (paludismo) a un joven belga; a otra mujer la curo de una hemiplejía con tan sólo el roce de las reliquias; un anciano ciego recuperó la vista; a otro joven le sanó los huesos rotos de brazos y piernas; llegó incluso a curar a un niño que había nacido ciego, sordo y mudo. Pero el milagro más sonado fue el que realizó con una joven llamada Elena que cayó muerta de repente en la iglesia, allí quedó su cuerpo para recibir sepultura y el párroco dirigió una oración pidiendo auxilio a los santos mártires; cuando volvieron a enterrar el cuerpo de la joven asombrados descubrieron que estaba vivita y coleando y dando gracias a San Nicasio que se le había aparecido y “después de mostrado el lugar lleno de delicias, le mandó que se bolbiesse a la casa de sus padres”. De todas formas el santo no estaba para bromas, pues se cuenta el caso de que después de curar a una niña de una inflamación en los pies que le impedía andar, sus padres no cumplieron con la ofrenda anual que le prometieron al santo y este no se cortó y la inflamación volvió a los pies de la niña en el doble de su tamaño, tras el arrepentimiento de los padres el santo repitió el milagro; parece que ya nunca se les olvidó el voto.

Se trata de un caso evidente de propaganda milagrera que busca que los fieles depositen sus esperanzas y sus ofrendas en el santo local y contribuyan así al engrandecimiento de la parroquia. No les debió de ir mal a los benedictinos si la fama de este santo llegó a Leganés, entonces una pequeña aldea castellana de labriegos y hortelanos que pusieron su fe en este santo con la confianza de que les protegería de las fiebres e infecciones tan frecuentes en un lugar tan legamoso. No sabemos a ciencia cierta el momento de la advocación a este santo si bien la primera referencia documental aparece en las Relaciones de Lorenzana, en 1580, donde se dice que el lugar “tiene voto de guardar el día de señor San Nicasio que votaron los antiguos de él por la pestilencia que un tiempo dicen haber habido”, lo que si está confirmado que desde inicios del siglo XVII existe una Cofradía en el lugar encargada de mantener el voto al santo.

La imagen del santo que se pasea en procesión por Leganés tiene poco que ver con la iconografía tradicional que nos presenta a este santo decapitado y sujetando su propia cabeza, representación que se repite con varios santos lo que seguramente ha llevado a algunos a confundir al Sant Denis representado en al catedral de París con nuestro San Nicasio. De todas formas, el santo, de alguna manera se sale con la suya, al esconder la cabeza cuando pasa por debajo de la vía, en el “puente de Simago”, en su anual paseo por las calles de Leganés.

Pero en esto de estatuas,… ¿Qué decir Sobre la que realizó Miguel Zapata en honor de San Nicasio y que está situada en la cercanía de la iglesia? Está más cerca de la imagen de un fiero guerrero de la antigüedad que de un benévolo obispo; la capa magna parece una pesada adarga, el báculo obispal una amenazadora pica, y la mitra… ¿es o no es clavadita a un casco de guerra griego? Yo la llamo “Nicasiator”.

 

San Nicasio de Miguel Zapata ("Nicasiator")

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 11, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2010

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. San Nicasio, obispo y mártir. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/12/05/san-nicasio-obispo-y-martir//). 2010

24 mayo 2010

Los primeros años de la Casa de Locos de Leganés.

Archivado en: Historia,Leganés,Siglo XIX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 4:46 pm
Tags: , , , ,

La Casa de Dementes de Santa Isabel se inauguró en el mes de diciembre de 1851 al amparo de la Ley de Beneficencia de 1849. Con esta institución sanitaria se pretendía dotar a la capital de España de un centro de acogida de locos, del cual carecía, y formaba parte de un ambicioso proyecto que contemplaba la construcción de seis centros hospitalarios en todo el reino que atendieran convenientemente a este grupo marginal de enfermos. Lo cierto es que tan sólo se llevó a cabo el de Leganés y su realidad se alejó mucho de los objetivos iniciales.

El centro debe su nombre a la reina Isabel II, y esto no es baladí pues nació con la pretensión de convertirse en un centro modélico para todo el país; pero lo cierto es que la elección de Leganés y de las antiguas casas que pertenecieron a los duques de Medinacelli tenían un marcado carácter de provisionalidad, pues lo planeado en origen era un hospital de nueva planta.

Las casas fueron compradas en noviembre de 1850 por la Junta Provincial de Madrid a Juan Gómez por 85.000 pesetas, y tras varias reformas para conformar dos pabellones diferenciados para hombres y mujeres, abrieron sus puertas a sus 44 primeros enfermos (22 de cada sexo) en el mes de abril de 1852. Durante estos primeros años la gestión y dirección del centro estuvo en manos de personal religioso: la asistencia a los enfermos por religiosas de las Hijas de la Caridad, y la dirección del centro en manos de un presbítero denominado Rector; el personal sanitario tenían un papel secundario en la gestión, siendo el primer médico de la institución José María Miranda. Hasta 1856, no encontramos a un médico al frente de la institución. Evidentemente este condicionante marcó el carácter de asilo de la Casa de Dementes de Leganés.

Pronto se vieron las deficiencias del centro y en 1859 se abrió concurso para la realización de un nuevo manicomio modelo para Madrid dadas las claras deficiencias del de Leganés (localidad pequeña, carencia de suministro de agua potable, comunicaciones deficientes, etc.); pero nunca pudo llevarse a cabo. En 1871, cuando su población residente triplicaba las previsiones y cuando ya había dejado de ser manicomio modelo de carácter nacional, se encargó un proyecto de reforma general del centro para que pudiera acoger de forma adecuada a 300 enfermos. Las dificultades económicas relegaron la reforma general al olvido.

Así, las condiciones continuaron degradándose a ojos vistas y el centro psiquiátrico de Leganés se convirtió en el foco de las más duras críticas que llegaban desde reconocidos profesionales de la psiquiatría hasta literatos como Benito Pérez Galdós. La Casa de Dementes de Leganés que nació con la pretensión de ser un centro hospitalario de referencia llegó al siglo XX más como una institución benéfica que como un centro sanitario. Sus condiciones higiénicas (el abastecimiento de agua potable no llegaría hasta 1912) y sus deficiencias estructurales hicieron inviable cualquier intento de mejora, pues como dijo Eduardo Viota, que fue administrador del centro desde 1884 hasta 1896:

Si los locos mismos lo trazaran y lo construyeran a su antojo, no lo concibieran en tan abigarrada deformidad

La bibliografía existente sobre el Hospital Psiquiátrico de Leganés es abundante, pero para todo aquel que quiera profundizar en su historia quiero recomendar los dos artículos que han servido de guía para esta reseña, ambos de la psiquiatra Olga Villasante, que ejerce su profesión en los dos hospitales de Leganés:

VILLASANTE, Olga. El manicomio de Leganés. Debates científicos y administrativos en torno a un proyecto frustrado. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 1999, vol. XIX, nº 71, pp. 469-479

VILLASANTE, Olga. Dossier: El manicomio nacional de Leganés: una aproximación histórica a partir de su archivo clínico. FRENIA, 2008, vol. VIII, pp. 33-68

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 9, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Los primeros años de la Casa de Locos de Leganés. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/05/24/los-primeros-anos-de-la-casa-de-locos-de-leganes/). 2010

23 mayo 2010

Anita. Bordadora de Sueños


Ana, Anita, junto con Ángel, llegaron a Leganés en 1975 como tantos y tantos, pero a diferencia de la gran mayoría de los que acudieron por entonces no se trataba de una pareja de jóvenes ilusionados ante un futuro sin duda amenazador pero igualmente prometedor; en este caso ambos sobrepasaban ya la edad de los sesenta años y su vida en muchos caso parecía de novela.

Anita, nacida en Bilbao en 1613 había conocido la República, la Guerra Civil, que se llevó a un hermano, los campos de refugiados, el exilio francés, la clandestinidad política e incluso la cárcel por defender la libertad y la democracia desde el Partido Comunista de España frente al régimen franquista. En Leganés vivirá la muerte del dictador y el renacer de la esperanza y de la democracia de los años de la transición. Fueron años apasionantes en los cuales Anita retomará su actividad política desde el partido, el sindicato o las entidades vecinales o ciudadanas de la que formó parte; fueron años en los que vivirá momentos muy felices junto a grandes desengaños.

En el Leganés de entonces no había casi de nada; era una ciudad por hacer: colegios, ambulatorios, alcantarillas, transporte,… Y a esa labor se pusieron muchos, y entre ellos Anita que en todos los años que vivió en Leganés siempre mantuvo un gran compromiso cívico, fruto de sus convicciones políticas, con la ciudad, lo que condujo a que años más tarde se le concediera la medalla de plata de la ciudad, el galardón ciudadano más importante que concede el Ayuntamiento de Leganés y que, de alguna manera, recogía la enorme gratitud que la teníamos de todos los que la conocimos y aprendimos de ella y con ella.

No sé qué faceta destacar más si su lado más familiar y humano, si su capacidad de entrega y de trabajo, si su valía intelectual, si su compromiso con los más necesitados, o su versatilidad y disposición. Seguro que todos los que compartieron algo con ella guardan en su memoria recuerdos amables y positivos, pues incluso en los momentos más difíciles, cuando sus decisiones no fueron entendidas por algunos, supo estar a la altura.

No he querido poner ningún nombre de persona en esta semblanza más allá de el de Ángel, pues sería infinito el número que por una u otra razón deberían aparecer; pues allá por donde pasó Anita dejó amigos y deudos, como tuvo la suerte de comprobar en el homenaje que un buen número de amigos compartimos con ella hace ya unos años.

Por último, destacar algo que debería ser más conocido y valorado, pues todos los leganenses somos poseedores de una obra original de Picasso merced a la donación que Anita hizo a la ciudad del libro de firmas de la Unión de Mujeres Españolas en el Congreso de Partidarios de la Paz de 1949 en París que cuenta entre sus páginas el dibujo original del pintor malagueño que reproducimos.

Algo es seguro, con más gente como Anita el mundo sería diferente y… mejor.

Al olivo le creció

una rama

más allá que las demás.

Sólo ella

con sus aceitunas nuevas

puede contemplar el valle.

Yo,

sólo a ella

Rafael Alberti

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 9, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Anita. Bordadora de Sueños. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/05/23/anita-bordadora-de-suenos/). 2010

24 enero 2010

Revistas y zarzuelas ambientadas en Leganés

Archivado en: Arte,Costumbres,Cultura,El Zoco,Historia,Leganés,Siglo XX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 6:06 pm
Tags: , , , , ,

En los años del final del siglo XIX y del inicio del XX, las obras menores del género lírico triunfaban en los escenarios españoles: años de gloria para zarzuelas, operetas, bufos madrileños, revistas, sainetes, cuadros cómicos-líricos,… Hoy todos podemos recordar unos cuantos títulos de zarzuelas famosas y de un alto valor musical, pero en esos años la producción era tan ingente que las obras que se estrenaba eran de muy diversa calidad. La estructura dramática solía ser muy simple y previsible y la partitura la constituían músicas sencillas y de fácil y rápido consumo. Pues bien, en algunas de estas producciones encontramos que tuvieron a Leganés, y en particular a su Casa de Locos, como unos de sus motivos. Esto ocurrió con el sainete Los novios de Leganés, estrenado en Madrid en 1869, y que trataba sobre los matrimonios forzados; o con la zarzuela En Leganés, estrenada también en Madrid en 1876, que presenta una clásica historia de amores y desamores. En ambos casos los jardines del manicomio y los habitantes del mismo: médicos y locos, son los elementos fundamentales de la trama.

Algún día las trataremos más en profundo, pero hoy quiero centrarme en un apropósito cómico-lírico titulado Leganés 15-3 T que fue estrenado el 14 de julio de 1989 en el teatro Maravillas de Madrid. La pieza teatral se desarrolla en un acto dividido en seis cuadros y es texto original de Felipe Pérez-Capo y la música de los maestros Mariano Hermoso y Manuel Chalons. Está publicada en Madrid por Florencio Fiscowich en la imprenta de R. Velasco. Se trata de una revista cómica que carece de hilo argumental y su trama consiste en un deambular de los más curiosos personajes por la puerta de un hotel; algo que se anuncia ya en el mismo inicio de la representación: así el portero del teatro le pregunta al celador de bastidores sobre la representación:

Portero:     ¿Tié belén?

Celador:                     Sí; como todas

las revistas que hoy se estilan.

Varios cuadros, muchos tipos,

baile, cante, pantorrillas,

chistes de todos los colores,

dos o tres puyas políticas,

mucha gente mucho ruido,

mucha luz, mucha alegría,..

Y en fin, ¿para qué cansarme

tontamente? Una revista

Portero:     ¿Y tié argumento?

Celador:                            Pero, hombre,

no preguntes tonterías.

Tiene tan sólo un pretexto; (…)

Portero:     Bueno y ¿qué tié que ver eso

con los demás?

Celador:                            Na. Lo explican

diciendo: pasa a la puerta

del hotel. Y en paz.

Tras esta declaración de intenciones, imagino que para advertir a los espectadores, llega un empleado de telégrafos con la intención de entregar un telegrama urgente al director de la obra. El portero, que ha recibido orden de no dejar pasar a nadie, inflexible retiene en la puerta al ordenanza hasta que acabe la función. A partir de ahí empieza el desfile descerebrado de personajes por el escenario: graciosos de Madrid; una gitana con un maestro de armas; un librero de viejo con una señora “instruida” y un cómico. Les sigue un coro de cocineras; una tiradora de florete y otra al blanco; una pareja de baile y cante “hondo”; un actor “fin de siglo” y otro de “saldos”; y una pareja de músicos extravagantes (Flik-Flak y Flik-Flok). Después un grupo compuesto por empleados del teatro, un cochero, un sereno, un mozo, un cartero y un pobre, que después de examinar la economía del momento se mutan en: la Fortuna, el Oro, La Plata, grupos de petimetres y petimetras, y varias monedas de distintos países.

Ya en la última escena, por fin, el portero le enseña al director del teatro el telegrama pendiente. Tras leerlo descubre que los autores, reunidos el día 15 a las tres de la tarde en Leganés, deciden suspender la revista al comprender que es un “ciempiés[1]. A lo que dice el director en el centro del escenario:

Director:    (…) ¡A buena hora!

¿Cómo la suspendo yo?

Portero:     Pero, ¿no ha acabado?

Director:                             No.

Ordenanza:        Bueno, ¿usted no contesta?

Tiene respuesta pagada.

Director:    Si a estos señores agrada Y

a te darán la respuesta.

(Música en la orquesta y telón)

FIN DEL APROPÓSITO

Evidentemente la justificación del disparate quedaba meridiana para el espectador de la época al identificar a los autores de la obra con “internos” en la Casa de Locos de Leganés. No he podido localizar la partitura, pero no debe ser tarea imposible, y quizás merezca la pena su búsqueda si desde alguna institución pudiera financiarse la puesta en escena esta obra. Estimo que sería un programa de interés artístico y también para el público, pues esta revista, Leganés 15-3 T, tiene en su seno un avance de ese teatro del absurdo que varios años más tarde triunfará en los escenarios españoles con Miguel Mihura como su principal valedor.

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 8, Ver revista

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Revistas y zarzuelas ambientadas en Leganés. (http://elartedelahistoria.wordpress.com/2010/01/24/revistas-y-zarzuelas-ambientadas-en-leganes/). 2010


[1] Obra o trabajo desatinado o incoherente

7 diciembre 2009

La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés


Reseña biográfica del marqués de Leganés

El Marqués de Leganés de Rubens

El I marqués de Leganés se llamaba Diego Messía y Guzmán y era el cuarto hijo del conde de Uceda [ojo no confundir con el duque del mismo nombre]. Este personaje tuvo la suerte de ser primo del conde duque de Olivares, todopoderoso valido de Felipe IV; y gracias a este parentesco, e imagino que alguna valía suya, pudo ascender en el escalafón militar, social y económico de su época. Llegó a ser general de los ejércitos del rey católico en Flandes, Portugal, Alemania y Cataluña; gobernador de Milán, presidente del Consejo de Flandes, y bastantes más cosas. Tuvo algunos éxitos sonados en su azarosa vida militar, destacando la victoria sobre los suecos en Nördlinguer (1634) o el victorioso socorro de Lérida de 1647; junto con otros sonoros fracasos: en Lérida en 1642 o en la toma de la fortaleza de Casale (1639).

Siendo apenas un adolescente viajó a la corte de Bruselas, en calidad de menino de la infanta Clara Isabel de Austria (hermana de Felipe III); con breves estancias en Madrid, pasaría veinte años en la capital belga, donde pudo medrar en esta corte y alcanzar una cierta notoriedad y riqueza. Fama y fortuna que se multiplicaron cuando su primo el conde duque de Olivares alcanzó la privanza del joven Felipe IV.

Este auge social le permitió la compra de los derechos señoriales de la entonces aldea de Leganés (que desde ese momento pasó a ser villa), allá por 1626, por unos 20.000 ducados [una verdadera fortuna] y convertirse así en señor de vasallos, requisito imprescindible para poder gozar de un título nobiliario. En estas, al año siguiente, el rey Felipe IV le otorgó el título de Marqués de Leganés, título con el que alcanzaría la Grandeza de España en 1641; en tan sólo catorce años pasó de ser un simple caballero de Santiago a Grande de España, algo no muy habitual en la época. Una vez titulado se cambió el nombre y pasó a llamarse Diego Felípez de Guzmán, en honor a sus benefactores.

En su vida se le acusó de aprovecharse de sus cargos y de enriquecerse ilícitamente; tras la muerte de su protector (Olivares, en 1643), sufrió un duro proceso judicial en que le acusaron de ladrón y de cobarde en el sitio de Lérida de 1642, pero de este juicio salió absuelto y volvió a dirigir los ejércitos de Felipe IV en la guerra franco-catalana y portuguesa en los años siguientes.

Murió en 1655 en su espléndido palacio que se situaba entre las actuales calles de San Bernardo, Flor Alta, Libreros y Marqués de Leganés de Madrid. Aparte de este palacio tuvo otra grandiosa casa en Morata de Tajuña (los herederos al marquesado de Leganés son marqueses de Morata) y en nuestra ciudad una casa de campo, a la que se referían como la “Huerta de Leganés” en la vega del arroyo de Butarque. En estas viviendas estaba diseminada su magnífica colección de pinturas, que llegó a contar con 1.333 obras en el momento de su muerte, siendo una de las mayores colecciones privadas de arte de su época, no sólo de España sino de toda Europa.

La línea del marquesado quedó sin sucesión directa tras la muerte sin descendencia del nieto del primer marqués en 1711, así el título familiar pasó a engrosar la ya gruesa lista de títulos de la Casa de Altamira que llegó a tener acumuladas ¡14 Grandezas de España! Actualmente el título de marqués de Leganés (el XIV) lo posee Gonzalo Barón y Gavito (que es también duque de Sessa, de Atrisco y conde de Altamira entre otros títulos) y parece que vive en México D.F.

El coleccionismo de arte en el siglo XVII

La Vista de Jan Breughel y Rubens

En el siglo XVII hubo una verdadera fiebre por el coleccionismo; por cualquier serie de artilugios u objetos que alguien pueda imaginar: calaveras enanas, relojes, autómatas, fósiles, ídolos aztecas que se traían de América o los finos y delicados cristales de Murano, conchas marinas, estatuas romanas,…; cualquier cosa podía ser objeto de colección de los espíritus caprichosos y asombradizos de la nobleza de la época. Las colecciones se acumulaban en las lujosas cámaras de sus mansiones y ellos competían orgullosos por mostrarlas a todo el mundo. Tal fue su profusión que se llegaron dividir y clasificar de sugerentes maneras; así a las colecciones de artilugios originados por el ingenio humano las llamaban “artificialias”, y “naturalias” a las que producía la naturaleza.

La nobleza no hacía con esta costumbre otra cosa que copiar a los reyes, que eran los primeros en acumular objetos y artefactos para su distracción, solaz y deleite. Y el arte pictórico (en todas sus manifestaciones: lienzo, tabla, tapiz, grabado, etc.) no podía ser menos. En la España del siglo XVII destaca la figura de Felipe IV, que atesoró una innumerable colección de pinturas. Tres razones influyeron en este afán real: el propio gusto personal del monarca, la presencia de Velázquez como primer pintor real y la ornamentación del palacio del Buen Retiro como obra arquitectónica más señalada de la época. Pero de todas formas, no hacía otra cosa que seguir el modelo de su abuelo, Felipe II, a quien, por su pasión por los libros y códices antiguos, debemos que España posea la más completa biblioteca medieval del mundo en El Escorial.

Las salas del palacio del Buen Retiro de Felipe IV albergaron la mejor y más completa pinacoteca de su época, con cuadros de todas las escuelas y géneros pictóricos, que además era uno de los primeros ejemplos de una colección organizada con algún criterio específico: sala de paisajes, sala de retratos, sala de bufones, sala de las batallas, etc.

En este ambiente no es raro que las colecciones se prodigarán entre la nobleza española del siglo XVII. Destacando las colecciones del duque de Monterrey, marqués de Leganés, conde de Benavente, marqués de la Torre, Jerónimo Villafuerte Zapata, Juan de Velasco, Juan de Lastosa, Jerónimo Funes Muñoz, Suero de Quiñones o Juan de Espina, entre otras muchas dignas de reconocimiento. La visita, admiración y elogio, en su caso, de las colecciones era actividad obligada en la sociedad de la época; muchos grandes literatos nos dejaron glosas de las mismas: entre otros, Gracián, Carducho o el mismo Quevedo.

Por referir algunas de las colecciones más curiosas, citaré la de Juan de Velasco que se componía de curiosidades de la naturaleza y de multitud de autómatas. O la de Juan de Lastosa, en Huesca, que reunía una serie de autómatas que representaban a los más diversos animales salvajes, reales o ficticios: dragones, leones, leopardos, grifos, elefantes, rinocerontes, camellos, panteras, tigres,… O la colección de primorosos instrumentos musicales que, entro otras muchas series singulares, poseía el enigmático madrileño Juan de Espina, quien ordenó en su testamento la destrucción de una colección de figuras humanas de damas y galanes que tenía dispuestas por los corredores de su casa en fingidas fiestas (¿y bacanales?).

El marqués de Leganés es un fiel exponente de esta costumbre, que en su caso casi se convirtió en una obsesión. Es asombroso el número de artilugios que atesoraba en sus casas según se desprende del inventario que se hizo de sus bienes tras su muerte: relojes [algunos con autómatas, como en la plaza Mayor de Leganés; ¡Cuántas vueltas da el mundo!], espadas, piezas de artillería, estatuas (entre ellas una veintena de bustos de bronce de emperadores romanos), espejos,… Vicente Carducho, en sus Diálogos de la pintura (Madrid, 1633), destaca de la colección del marqués de Leganés, además de sus cuadros, su “muchedumbre” de ricos muebles y sus “espejos singulares“, así como sus “relojes extraordinarios“. En verdad, un sin fin de objetos, pero lo verdaderamente asombroso era su colección de pinturas: ¡más de 1.300 pinturas poseía el buen señor! Tan sólo por el número ya sería extraordinaria [el palacio del Buen Retiro tenía unos 800 cuadros], pero lo verdaderamente importante era la calidad de gran parte de las obras que contenía. Pero no fue el único potentado enamorado del arte, también eran notables las colecciones de pinturas del conde de Monterrey, del marqués de Castel Rodrigo, del almirante de Castilla, del duque del infantado o la del protonotario Jerónimo de Villanueva; y no sólo los nobles acumulaban pinturas, sirva como ejemplo que Las Hilanderas de Velázquez pertenecía a la esplendida colección del “plebeyo” Juan de Arce.

La colección de arte del marqués de Leganés. Inventario de la colección

El marqués de Leganés fue uno de los principales coleccionista de arte de la España del barroco, e incluso de toda Europa; poseyó obras de autores españoles, italianos y, sobre todo, flamencos. Aparte de su gusto por las obras pictóricas, Leganés contó con dos grandes ventajas para desarrollar su pasión por los cuadros, primero una fortuna personal que le permitió adquirir obras de los pintores de mayor renombre, y, en segundo lugar, una actividad diplomática, militar y política que le permitió viajar por Europa y acceder a los más prestigiosos artistas de su época, en particular debieron de ser muy fructíferas sus prolongadas estancias en los Países Bajos e Italia.

El Marqués de Leganés. Antón van Dyck

El Marqués de Leganés de Antón van Dyck

La colección de don Diego Felípez de Guzmán, incluía en 1655, año en que muere el marqués, 1.333 obras, reunidas a lo largo de toda su vida, especialmente en los años en que tuvo mayor auge su carrera política y militar. La mayor parte de las obras eran de pintura flamenca de su época, con cuadros de Rubens, van Dyck, Jordaens, Snyders, Paul de Vos, Gaspar de Crayer, Daniel Seghers, Frans Zinder, Clara Peeters, Alexander van Adrianssen, Frans Ykens, Paul Bril, Jan Brueghel de Velours, Joost de Romper, Jan Wildens,…; con muchos de estos pintores mantuvo incluso un trató personal en diversas ocasiones. En particular debió ser muy cercana su relación con Rubens, a quien conoció en su estancia juvenil en Flandes; tanto, que cuando este pintor estuvo en Madrid en los años 1628 y 1629 (curiosamente para una misión diplomática: negociar, por orden de Felipe IV, un tratado de paz con Inglaterra) se hospedó en la casa del marqués, para quien realizó varios cuadros, entre los que destaca el de “Inmaculada Concepción” (museo del Prado); cuadro que el marqués regalaría a Felipe IV. Rubens alabó el juicio artístico del marqués de Leganés con estas palabras: Se puede contar entre los más grandes conocedores del arte de la pintura que hay en el mundo. La colección se completaba con un buen número de obras de los más afamados pintores flamencos de los siglos XV y XVI: Jan van Eyck, Roger van der Weyden, El Bosco, Patinar, Metsys, Mabuse, Antonio Moro y Quintin Massys.

También era muy importante la presencia de los artistas italianos en la colección, ya que contaba con obras de los principales pintores del Renacimiento, como Rafael, Veronés, Tiziano, Correggio, Palma el Viejo, Perugino, Andrea del Sarto, Giorgio di Castelfranco, Giorgione, los Bassano,… La serie de pintores italianos se completaba con un buen número de cuadros de autores pertenecientes al manierismo y al barroco italiano: Bronzino, Giovanni Battista Crespi, Lodovico Cigoli, Guido Reni, Francesco del Cairo, Gaudenzio Ferrari, Giovanna Garçoni, Paris Bordone, Rosso Florentino o Scipione Gaetano.

En comparación con la presencia de cuadros flamencos, las obras de la escuela española era mucho menos importante en el conjunto de la colección, pero de todas formas no faltaban cuadros de las mejores figuras de su época, incluyendo obras de Velázquez, José de Ribera, Juan van der Hamen, Francisco Collantes o Juan Fernández “el Labrador”. La serie española se completaba con cuadros de artistas de finales del siglo XVI, como Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Juan Fernández de Navarrete “el Mudo” o el Greco. Finalmente había un extenso complemento de retratos de familia, escudos de armas y paisajes de autores anónimos.

Esta magnífica colección de obras de arte se mantuvo prácticamente intacta durante los siglos XVII y XVIII. En la propia Casa de Leganés hasta 1711, año en el que muere el III marqués de Leganés sin descendencia directa. Tras esta muerte, el mayorazgo, el título y la colección de pinturas del marqués de Leganés pasaron a engrosar los bienes de la Casa de Altamira, donde la colección permaneció prácticamente indivisa hasta que la ruina económica de esta Casa nobiliaria a principios del siglo XIX, llevó a que gran parte de esta colección se subastara públicamente el almoneda en 1833; uno de los principales compradores fue el marqués de Salamanca, quien a su vez se vio obligado a subastar al menos otros cuarenta cuadros en París en 1867. De esta forma se produjo la dispersión absoluta de la colección ante la indiferencia de un estado español que entonces no alcanzó a comprender el expolio cultural que se estaba produciendo. Hoy sus cuadros identificados (ni de lejos lo están todos) aparecen diseminados por todo el mundo en los más importantes museos y en las mejores colecciones privadas de arte (Prado, Rubenshuis, Palacio de Viana, National Galery of Washington, Cerralbo, Castres, Museum of Fine Arts, Kaiser Friedrich, Royaux des Beaux-Arts de Belgique, Graphische Sammlung Albertina, Paul Getty, Várez-Fisa, Naseiro, marqueses de Ayamonte, Banco Central,…)

Algunas de las pinturas de la colección del marqués de Leganés que pueden verse en el museo del Prado

Son numerosas las obras pertenecientes al museo del Prado que en su momento formaron parte de la colección de pinturas del marqués de Leganés, muchas de las cuales no se encuentran en la exposición permanente del museo y esperan en sus depósitos una oportunidad para que puedan ser admiradas.

Como un pequeño botón de muestra en este artículo quiero presentar media docena de estos cuadros que integran la exposición permanente del museo y otro más que inexplicablemente se oculta ordinariamente a los visitantes. Me refiero a La Inmaculada Concepción de Rubens; sirva también este artículo como instancia a quien corresponda y pueda para que se incluya a ser posible en la exposición permanente del prado.

Vieja mesándose los cabellos de Quintin Massys

Vieja mesándose los cabellos de Quintin Massys (¤ Lovaina, 1465; † Amberes, 1530), después de 1501, óleo, 55 cm x 40 cm [cat. Prado 3074; inventario marqués Leganés nº 33]

Se trata de la representación de una figura femenina de medio cuerpo que sobre un fondo negro aparece en una posición muy forzada y mesándose los cabellos. Sobre el valor simbólico de la obra se ha pensado que pueda tratarse de una alegoría sobre la Envidia o la Ira, que solían representarse con gestos grotescos y estrambóticos. Los estudios pictóricos que trataba de representar los gestos exagerados con escorzos casi imposibles fueron muy habituales en los pintores renacentistas.

Quintín Massys es el máximo exponente de la escuela de Amberes y fue un pintor que conoció y trató con Erasmo y Tomás Moro y puso el arte pictórico al servicio del humanismo.

-

-

Federico Gonzaga, duque de Mantua de Tiziano

Federico Gonzaga, duque de Mantua de Tiziano Vecellio (¤ Pieve di Cadore, h. 1485; † Venecia, 1576), 1529, óleo sobre tabla, 125 cm x 99 cm, [cat. Prado 408; inventario marqués Leganés nº 14]

Es el retrato de Federico Gonzaga (1500-1540), duque de Mantua. El príncipe italiano aparece vestido con un elegante jubón de seda azul, y se destaca en la composición el rosario que le cuelga del pecho y el perro maltés que acaricia con la mano derecha mientras con la izquierda sujeta la espada. Todos estos elementos no se deben al azar, sino que obedecen a una simbología muy concreta: se trata de un cuadro destinado a copiarse y distribuirse por las cortes europeas para buscar esposa; el perro significa la fidelidad conyugal y el rosario el arrepentimiento de la vida disoluta que había llevado. Toda una declaración de intenciones.

Tiziano es uno de los más versátiles pintores del renacimiento italiano y destacó por la maestría en el uso del color, siempre luminoso y radiante.

-

-

Acto de devoción de Rodolfo I de Habsburgo de Rubens

Acto de devoción de Rodolfo I de Habsburgo de Pedro Pablo Rubens (¤ Siegen, 1577; † Amberes, 1640) y Jan Wildens (¤ Amberes, 1586; † Amberes, 1653), antes de 1630, óleo, 198 cm x 283 cm, [cat. Prado 1645; inventario marqués Leganés nº 105]

La escena narra un episodio de la vida de Rodolfo I, fundador de la dinastía de los Habsburgo.

Según la tradición familiar Rodolfo estaba de caza con su escudero, Regulo de Kyburg, cuando se encontró con un sacerdote y un sacristán que llevaban la eucaristía a un moribundo. Ni corto ni perezoso, Rodolfo cedió sus cabalgaduras a los religiosos para que acudieran prestos a salvar el alma del moribundo, demostrando así su devoción por el sagrado sacramento. Es curioso que lo que no pasa de una anécdota, para los Austrias fuera un hecho clave para su bagaje familiar y dinástico. El paisaje es obra de Wildens y las figuras de Rubens.

Jan Wildens era un pintor flamenco que trabajó en el taller de Rubens, especializándose en la representación de coloridos y equilibrado paisajes, como el de esta obra.

-

-

La visión de San Huberto de Rubens y Jan Brueghel 'el Viejo

La visión de San Huberto de Rubens y Jan Brueghel ‘el Viejo’ (¤ Bruselas, 1568; † Amberes, 1625), entre 1615-1620, óleo sobre tabla, 63 cm x 100 cm, [cat. Prado 1411; inventario marqués Leganés nº 38]

La escena narra el momento de la conversión de san Huberto. El santo se encontró a un magnífico ejemplar de ciervo cuando participaba en una batida de caza. Justo cuando se disponía a asaetarle contempló la aparición de una cruz entre las astas del animal, momento en el que se produjo su conversión al cristianismo. Este santo vivió en Lieja, en los Países Bajos, y su conversión fue ampliamente representada por los pintores flamencos.

El cuadro es fruto de la colaboración entre Rubens y Brueghel; de la mano del primero son los personajes del santo y el magnífico caballo y del segundo el esplendió paisaje que enmarca la escena.

Jan Brueghel ‘el Viejo’ fue un prolífico pintor flamenco que se especializó en naturalezas muertas, paisajes y marcos de flores; género muy apreciado por el gusto de la época.

-

-

La muerte de Séneca de Rubens

La muerte de Séneca de Rubens, 1636, óleo, 184 cm x 155 cm, [cat. Prado 3048; inventario marqués Leganés nº 882]

El pintor nos presenta al anciano filósofo desnudo, introduciendo los pies en una bacía, donde parece esperar su muerte. Tras él vemos a un anciano abriéndose las venas (lo mismo que hará el filósofo por orden de Nerón) y un joven tomando nota de las últimas palabras del sabio, acompañado de dos soldados que contemplan la escena.

De este cuadro hay que significar que no existen referencias ambientales, pues las figuras ocupan todo el espacio compositivo, surgiendo a la luz de la absoluta oscuridad, lo que aporta una sensación de ahogo y de angustia que aumenta el dramatismo de la escena. Sensación que se agrava con los escorzos de los personajes, en particular el del mismo Séneca que parece agacharse para entrar en el cuadro. Muchos críticos han querido ver en este cuadro un homenaje de Rubens a Miguel Ángel en la figura del filósofo y a Caravaggio en el uso del contraluz.

Parece que se trata de una obra del taller de Rubens, si bien no existe consenso sobre las partes que fueron pintadas por el genial pintor; tan sólo hay acuerdo en atribuirle la cabeza del filósofo, mientras que el resto está en discusión

Rubens se considera como el representante más genuino y completo del estilo barroco en la pintura de Europa del Norte. Su influencia en la pintura europea fue muy grande gracias a su amplia producción y a la difusión que tuvo su obra por el uso del grabado.

-

-

Retrato de enano de Juan van der Hamen y León

Retrato de enano de Juan van der Hamen y León (¤ Madrid, 1596; † Madrid, 1631), hacia 1616, óleo, 122 cm x 87 cm, [cat. Prado 7065; inventario marqués Leganés nº 541]

El cuadro es de un enano ricamente vestido y armado, que sostiene un bastón de mando en la mano derecha. Este atributo de poder militar solo al alcance de los capitanes generales, no correspondía al retratado. Con seguridad se trata de uno de los bufones que pululaban por la Corte de Felipe IV, a quienes se les vestía con lujo y ostentación al modo de grandes personajes.

En el inventario del marqués de Leganés se le nombra como retrato del “enano del conde de Olivares”, denominación que posiblemente se debía al parecido con el valido del rey. El cuadro formaba parte de una serie de ocho retratos de bufones muy conocidos de la Corte (dos de ellos pintados por Velázquez, según el inventario) que se ubicaban en la casa de campo que el marqués tenía en Leganés. Se trata de un retrato de una factura extraordinaria en el que destaca el delicado detallismo con el que está tratado el terno y especialmente la fuerza expresiva del retratado.

Juan van der Hamen es un pintor español de origen flamenco que es conocido sobre todo como un excelente pintor de bodegones, aunque también realizó pintura religiosa y retratos, como este, de gran calidad.


La inmaculada Concepción de Rubens

La inmaculada Concepción de Rubens, entre 1628 y 1629, óleo, 198 cm x 134 cm, [cat. Prado 1627]

Se trata de uno de las mejores representaciones de la Virgen, que viste una túnica roja bajo un manto azul. Siguiendo la iconografía clásica de este tipo de representación católica, la Virgen se representa coronada de estrellas y pisando la serpiente que porta la manzana del Pecado, significando la victoria de la madre de Dios sobre le pecado original. Este triunfo también se representa en las palmas y laureles que portan los ángeles que la acompañan. El arrebato de los ropajes deja entrever una composición muy “escultórica” que resalta las formas y los volúmenes del cuerpo de la Virgen.

Este cuadro pintado durante la estancia del pintor en Madrid en 1628, refleja las características del más puro estilo de Rubens, combinando el dinamismo compositivo propio del barroco con el ideal de belleza sereno y clásico que refleja el rostro de la Virgen.

El cuadro está pintado para el marqués de Leganés, quien, a buen seguro que con dolor, se lo regala a Felipe IV, quien lo destinó al oratorio del monasterio de El Escorial. Debido a un añadido que se hizo al original que modificó sus dimensiones, durante muchos años la Inmaculada de Rubens estuvo “perdida”, mientras que en los inventarios de las colecciones reales el cuadro pasó por ser obra de Erasmus Quellinus. Fue Matías Díaz Padrón, en 1966, quien desentramó el equívoco y el cuadro recupero su autoría verdadera.

Sin ningún género de dudas, se trata de una obra de arte de primerísimo orden que merece formar parte de la colección permanente del Prado junto al resto de las obras maestras del autor.

-

Bibliografía

Fuentes primarias:

  • CARDUCHO, Vicente. Diálogos de la pintura: Su defensa, origen, esencia, definición, modos y diferencias. Madrid: [s.n.], 1633.
  • Collection de Documents sur les anciennes Assemblées Nationales de Belgique. Editado por GACHARD, Louis-Prospère, Vol. I y II. Bruselas: Deltombe, 1853.
  • LONCHAY, Henri, CUVELIER, Joseph, LEFEVRE, Joseph. Correspondence de la cour d’Espagne sur les affaires des Pays-Bas au XVIIº siècle. vol. I-V. Bruselas: Marcel Hayez, 1923-1937.
  • Inventario de los bienes del marqués de Leganés, Archivo Provincial de Protocolos de Madrid.
  • RUBENS, Peter Paul. Correspondance de P.P. Rubens. París: G. Grès & Cie, 1927.

Fuentes secundarias

  • AA.VV. La España del Conde Duque de Olivares. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1987.
  • AA.VV. Juan van der Hamen y León y la Corte de Madrid. Madrid: Patrimonio Nacional, 2006.
  • AA.VV. Velázquez. Madrid: Museo del Prado, 1990.
  • BENNASSAR, M.B. La España del siglo de oro. Barcelona: Crítica, 1983.
  • BROWN, Jonathan. Felipe IV, Carlos I y la cultura del coleccionismo en dos Cortes del siglo diecisiete. En: AA.VV. «La España del Conde Duque de Olivares». Valladolid: Universidad de Valladolid, 1990.
  • BROWN, Jonathan; ELLIOTT, John H. Un Palacio para el rey. El Buen Retiro y la corte de Felipe IV. Madrid: Revista de Occidente, 1981.
  • BURKE, Marcus B. Private Collections of Italian Art in 17th Century Spain. Tesis doctoral. Nueva Cork: New York University, 1984.
  • CALVO SERRALER, Francisco. Teoría de la pintura del Siglo de Oro. Madrid: Cátedra, 1981.
  • CRUZADA VILLAMIL, Gregorio. Rubens diplomático español: Sus viajes a España y noticias de sus cuadros. Madrid: Imprenta Biblioteca de Instrucción y Recreo, 1874.
  • DÍAZ PADRÓN, Matías. El siglo de Rubens en el Museo del Prado. Catálogo razonado de pintura flamenca del siglo XVII. Barcelona: Prensa Ibérica, 1996.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias. Madrid: Alianza Editorial, 1983.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio. La sociedad española en el siglo XVII. Granada: CSIC – Universidad de Granada, 1992.
  • ELLIOTT, John H. El Conde-Duque de Olivares. Barcelona: Crítica, 1991.
  • ELLIOTT, John H., PEÑA, José F. de la. Memoriales y cartas del conde duque de Olivares. tt. I y II. Madrid : Alfaguara, 1978.
  • LÓPEZ NAVÍO, José Luis. La gran colección de pinturas del marqués de Leganés. En Analecta Calsanctiana, Madrid, 1962.
  • LUCA DE TENA, Consuelo, MENA, Manuela. Guía del Prado. Madrid: Silex, 1988.
  • MARAÑÓN, Gregorio. El conde-duque de Olivares. La pasión de Mandar. Madrid: Espasa-Calpe, 1952.
  • POLERÓ, Vicente. Colección de pinturas que reunió en su palacio el marqués de Leganés don Diego Felipe de Guzmán (siglo XVII). En Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, VI, Madrid, 1898-1899.
  • SÁNCHEZ BELÉN, Juan Antonio. Los Austrias Menores. La Monarquía española en el siglo XVII. En Historia 16, serie Historia de España, nº 16, 1996.
  • TOMÁS y VALIENTE, Francisco. El poder político, validos y aristócratas, en Nobleza y Sociedad en la España Moderna. Oviedo: Nóbel, 1996.
  • Trésor de l’Art Belge en XVII.e siécle. Memorial de l’Exposition d’Art Ancien a Bruxelles en 1910. Bruselas: S.E. Buschmann, 1912-1913.
  • VOLK, Mary Crawford. New Light on a Seventeenth Century Collector: The Marquis of Leganés. En The Art Bulletin, Nueva York, 1980.

URL

Museo del Prado: http://www.museodelprado.es/bienvenido/

Biblioteca Nacional de Madrid: http://www.bne.es/

Ministerio de Cultura, museos: http://www.mcu.es/museos/index.html

La Ciudad de la Pintura: http://pintura.aut.org/

Wikipedia: http://www.wikipedia.org/

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Artículo publicado por el autor en el número 2 de la Revista Cultural EL ZOCO.

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés.http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/12/07/la-coleccion-de-pinturas-del-i-marques-de-leganes/. 2009.

21 noviembre 2009

Reunión del Estado Mayor franquista. Leganés a 23 de noviembre de 1936

Archivado en: Guerra Civil,Historia,Leganés,República,Siglo XX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 7:17 pm
Tags: , , , , ,

Evacuación

Evacuación de la población civil

La rebelión del 18 de julio de 1936 de buena parte de los militares durante la II República hundió a nuestro país en una larga guerra civil. Muchos historiadores, ensayistas, políticos, militares,… se han preguntado por las razones que llevaron a esta asonada militar a convertirse en una guerra tan larga y destructiva. Hoy por hoy no existe una explicación que satisfaga a la mayoría de los estudiosos de este periodo. Sería pretencioso por mi parte pretender encontrarla en este artículo, pero si quiero recordar que fue en Leganés donde se manifestó por primera vez la renuncia franquista a tomar Madrid como primer objetivo militar; lo que originó la extensión en el tiempo y en el espacio de la guerra.

Desde que las tropas rebeldes del ejército de África pisan tierra peninsular, comienza un acelerado avance en dirección a Madrid por la ruta extremeña, más segura que la andaluza al contar con el apoyo de Portugal. En su avance, las columnas de regulares y de la legión al mando del falangista Yagüe, apenas encuentran resistencia; y allí donde la hubo, en Badajoz, se saldó con una terrible y brutal represión. De esta forma, el 21 de septiembre Franco se encontraba en Maqueda, a 75 km de la Puerta del Sol. En ese momento Franco adopta una de las decisiones más controvertidas de toda la guerra: detener el avance hacía Madrid y acudir al socorro de los rebeldes sitiados en el Alcázar de Toledo. Hasta ese momento el golpe se regía por los principios “clásicos” de las asonadas militares: golpe militar, suma de adhesiones; conquista de Madrid; control político y administrativo del Estado; cambio de régimen.

¿Qué pasó para que Franco tomara esa decisión tan sorprendente? Incluso Yagüe, el general que había dirigido las tropas africanas y que siempre se destacó por su fidelidad a Franco, se muestra contrario a esa decisión, porque piensa que Madrid era un objetivo asequible en ese momento. Esto le costará perder el mando en la vanguardia de las columnas “africanas” del ejército rebelde, que pasara al general Varela, y verse relegado a funciones menores en retaguardia. Han sido muchas las explicaciones que se han dado a este cambio de rumbo, pero no hay que olvidar que el 21 de septiembre, en Salamanca, la Junta Militar rebelde decide a propuesta de Kinderlan y de Mola nombrar a Franco jefe de estado, jefe del gobierno y “generalísimo” de los ejércitos. Ahora bien esta propuesta no cuenta con el consenso de toda la cúpula militar rebelde, pues Cabanellas se opone. Además, en principio, el nombramiento tiene plazo de caducidad: hasta el final de la guerra.

Esta coletilla no gustó nada a Franco y exigió su eliminación. Y la mejor forma de presionar era jugar con la mejor carta con la que contaban las tropas rebeldes: las columnas “africanas” retrasarían el asalto a Madrid. Madrid estaba verde aún para los intereses personales de Franco y con el apoyo de Italia y Alemania, la capital acabaría madurando más tarde o más temprano.

El primero de octubre, Franco toma posesión de su cargo como jefe de estado de la España rebelde sin condicionantes y con el apoyo de Alemania e Italia. Inmediatamente, el 6 de octubre, anuncia la ofensiva contra Madrid y el 19 se ordena el ataque (a vísperas de la celebración del II Consejo Nacional de Falange). En este mes, las tropas leales y gubernamentales pudieron reorganizarse y presentar cara a las tropas rebeldes que no pudieron unir y coordinar las columnas “africanas” de Varela con las del “norte” de Varela.

Las columnas de Varela avanzaron rápidamente y el 4 de noviembre entran en Leganés, Getafe (con su aeródromo) y Alcorcón. La línea de fortificaciones y búnkeres que se extendía entre Fuenlabrada y Leganés no supusieron ningún obstáculo para los rebeldes. Para ese día muchos vecinos de Leganés se encontraban ya refugiados en Madrid huyendo del terror y el pánico que provocaba el avance de los soldados y mercenarios de Franco. Por el otro lado Mola está batallando en la Casa de Campo. Con las tropas instaladas en los alrededores de Madrid, el día 6, Franco lanza una proclama a los madrileños invitándoles a la rendición. Ese mismo día, el gobierno republicano se retira a Valencia y el general Miaja se hace cargo de la defensa de Madrid. Todo parecía perdido, pero la heroica defensa de la capital detiene la ofensiva rebelde a pesar de los bombardeos de la aviación alemana de la Legión Cóndor.

En esta situación, de nuevo un evento político se cruza en la ofensiva rebelde. El 21 de noviembre se celebra el III Consejo Nacional de la Falange, el de la unificación de todas las fuerzas políticas que apoyaron el alzamiento rebelde. El líder de la Falange había sido fusilado el día anterior: Franco era ya el indiscutido y único líder, tanto en su vertiente política como en la militar.

Evacuación de la población civil en Leganés

Así, el 23 de noviembre, una vez que todo estaba atado y bien atado para sus intereses políticos, Franco acudió al frente de Madrid por primera vez desde que fuera nombrado Jefe del Estado. Franco, acompañado de su jefe de estado mayor, Martín Moreno, viajó desde Salamanca a Leganés para mantener una reunión a la que asistieron los generales Mola, Saliquet, Varela y sus respectivos estados mayores, y que se celebró en el puesto de mando que Varela había instalado en Leganés, en una de las casas de la actual plaza de España. En esta reunión se decidió suspender la ofensiva de Madrid y centrarse en otros objetivos militares. Veintinueve meses más tarde los rebeldes lograron que Madrid se rindiera (nunca fue conquistada) por medio del engaño y la traición.

¿Fue el primer contrapié serio de Franco en la guerra?, o ¿se optó por otro modelo de guerra?

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, FRANCISCO. Reunión del Estado Mayor franquista. Leganés a 23 de noviembre de 1936. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/11/21/reunion-del-estado-mayor-franquista-leganes-a-23-de-noviembre-de-1936/. 2009

Artículo publicado en la Revista Cultural EL ZOCO, nº 7 Ver publicación

Fotografías del Fondo del Archivo Rojo del Ministerio de Cultura.

10 junio 2009

El Tranvía de Leganés

Archivado en: El Zoco,Historia,Leganés,Siglo XX,Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 8:26 pm
Tags: , , , , ,

– ¡El tramway nos dejará en el mercado de la Cebada en poco más de media hora!
– ¡Y en la Plaza Mayor en una hora!
– ¡Y por sólo dos reales!

tranvialeganes1[1]Similares debieron ser las exclamaciones de los leganenses cuando comenzaron a llegar las noticias sobre el tranvía (tramway entonces) que se quería hacer para ir a Madrid. Desconozco si algún ingeniero de la Compañía General Española de Tranvías se desplazó a Leganés y en la antigua plaza de la Constitución (actual de España) expusiera fervoroso las ventajas de este novedoso sistema de transporte ante un deslumbrado y alucinado auditorio. Pero conociendo el natural que se gasta la gente de por aquí, estoy seguro de que antes de ser presentado el proyecto al Ministerio de Fomento ya habrían sido interrogados los topógrafos, agrimensores e ingenieros que pulularían en 1874 por las inmediaciones, y todos y cada uno de los leganenses habrían diseccionado el diseño, corregido el presupuesto, relacionado las innumerables fallas técnicas del trazado, corregido el cuadro de tarifas, horarios y frecuencias, desechado toda la cuadra de caballos, y cuestionado muy seriamente la habilidad de los cocheros y la oportunidad de gastarse el dinero en un tramway cuando el ómnibus funcionaba a la perfección; además, dirían muchos, muy bien lo del tramway, pero el ferrocarril sigue sin pasar por Leganés a pesar del tiempo que lleva hecha la estación. Eso sí, Getafe no tendría tramway por ahora; motivo más que sobrado para apoyar entusiastamente el proyecto.
En Leganés ya funcionaba, desde 1833, una línea regular de ómnibus que unía la localidad con la calle de Toledo en Madrid, tardando en su recorrido una hora y media, aproximadamente, y con una frecuencia de una hora. Se trataba del sistema habitual de transporte interurbano del momento y empezaba a declinar ante el apogeo del ferrocarril y sobre todo del entonces novedoso tranvía. En síntesis, los tranvías eran un híbrido entre el ómnibus y el ferrocarril, y en breves palabras consistía en la instalación de raíles metálicos en los pavimentos sobre los cuales se desplazaría el convoy de pasajeros tirado por caballos.
historia-386-01[1]Madrid fue la primera ciudad española en disponer de una línea de tranvía y fue el 31 de mayo de 1871, cuando se inauguró el tranvía que unía los barrios de Salamanca y de Pozas. Este dato resalta aún más la importancia de que la segunda línea de tranvías de la capital tuviera una de sus terminales precisamente en Leganés. Los principales atractivos para la instalación de una línea de este tipo hay que buscarlos en las fuertes relaciones comerciales entre Leganés y los mercados de abastos de Madrid, en particular con los productos hortícolas, y en la presencia del cuartel de las guardias valonas y de la Casa de Locos de Santa Isabel, abierta en 1851, que suponían un flujo constante de desplazamientos. Leganés se convirtió así en uno de los primeros lugares de España donde se utilizó el tranvía como medio de transporte; pero si añadimos el matiz de interurbano, ya que la línea unía cuatro poblaciones entre sí: Madrid, los dos Carabancheles y Leganés, entonces se convierte en pionero.
El proyecto de “ferro-carril (con motor de sangre) de Madrid a Leganés”, se presentó en 1875 al Ministerio de Fomento, por Juan Enrique O’Shea Hurtado de Corcuera, presidente de la Compañía General Española de Tranvías, que será la empresa que explotará la concesión. El proyecto comienza señalando la semejanza de los Carabancheles y de Leganés con los suburban-towns londinenses; ciudades periféricas a un centro metropolitano donde residían los obreros y empleados que diariamente se desplazan a la ciudad para trabajar en los centros industriales y comerciales. Y que en esos momentos esas localidades carecían de medios de transporte rápidos y confortables. Así, Leganés, a pesar de contar ya con las traviesas de la vía y con la estación de ferrocarril, no disponía del servicio; en consecuencia, la estación de ferrocarril más cercana estaba en Getafe, a unos tres kilómetros de la localidad. El viajero que quisiera ir a Madrid por este medio debía caminar esa distancia, coger el tren que venía de Alicante (con mucha posibilidad de retraso) y que le llevaría a la estación de Atocha, y caminar otros dos kilómetros hasta el centro de la capital. Cuando se inaugure la línea de Madrid a Malpartida de Plasencia, el 14 de febrero de 1876, Leganés dispondrá de un acceso ferroviario con Madrid, pero dado que la línea tenía su origen en la de Alicante, obligaba a hacer un empalme en Villaverde; tampoco sería este un medio de transporte útil para los leganenses.
Con estas condiciones Juan Enrique O’Shea llegaba a la siguiente conclusión: «sólo una vía especial puede satisfacer las necesidades, exigencias y aspiraciones de la circulación que se verifica entre Madrid, los Carabancheles y Leganés, y esa vía ha de ser forzosamente un tramway». Pero con el requisito de que esta vía especial penetre hasta el mismo centro de Madrid.
Además se pensaba que el tranvía conllevaría otras muchas ventajas, entre ellas la revalorización del suelo; en efecto, se calculaba que los solares podrían pasar de valer 2 pesetas el metro cuadrado a 25 en los Carabancheles. Además de esta ventaja económica, la instalación del tranvía tenía para sus promotores otras de marcado carácter social ¡y moral!, ya que permitiría que los obreros (principales usuarios de este servicio) no tendrían que amontonarse en los centros urbanos en viviendas decrépitas e insalubres, sino que podrán vivir en casas en las afueras, donde se mantendrán aunque mejore su condición social; ya que «despertar en el espíritu del proletario la afición a la propiedad es de una vez arrancarle a la taberna y de hecho moralizarle».
calle-de-toledo[1]La línea arrancaría en la Plaza Mayor de Madrid; el motivo de poner la cabecera en esta plaza y no en la Puerta del Sol, eje neurálgico de la capital, se debe a que la plaza cuenta con mayor espacio para las maniobras y el estacionamiento de los coches del tranvía, y porque las industrias y comercios de mayor interés para los pueblos a los que dará servicio se encuentran ubicados en calles aledañas a esa plaza. Además la amplitud de la plaza y la ausencia de tráfico permitirán que los convoyes den la vuelta a la glorieta ajardinada que entonces había en la plaza y, de esta forma, evitar el desenganche y enganche del tiro.
Los convoyes saldrían de la plaza por el arco de la calle Toledo, seguirían esta calle hasta la glorieta de la Puerta de Toledo; bajarían por el paseo de los Ocho Hilos, que se llamaba así por el número de hileras de árboles que tenía y que es la actual prolongación de la calle de Toledo que transcurre desde la glorieta de la Puerta de Toledo a la de Pirámides; cruzarían el Manzanares por el puente de Toledo; continuarían por la carretera de Carabanchel, que hoy es prácticamente en su totalidad la calle del General Ricardos; atravesarían Carabanchel Bajo por la actual calle de Eugenia de Montijo; y el Alto por la presente avenida de Carabanchel Alto; y proseguirían por la carretera de Leganés; tras salvar el puente del arroyo Butarque, llegarían hasta la entrada del pueblo por la vía que hoy conocemos como avenida de Fuenlabrada; finalmente, la estación terminus se ubicaría en el cruce con el camino que va al cuartel de las Guardias Valonas, actual Universidad. El total del recorrido sería de 11,227 km.

El tranvía de Leganés tenía un recorrido tan largo que obligó a que la puesta en funcionamiento se realizara por fases. La línea se inauguró el 10 de junio de 1877 y llegaba desde el origen hasta el puente de Toledo; unas semanas después llegó a Carabanchel Bajo; Carabanchel Alto tuvo que esperar casi un año; y, ¡por fin!, el tramway alcanzó Leganés el 7 de junio de 1879, siendo alcalde de la localidad José Fernández Cuervo de Grado. De todas formas la línea se volverá a modificar en 1892 trasladando la estación de origen a la Puerta del Sol
A pesar de que Juan Enrique O’Shea afirmaba que los tranvías de París eran capaces de arrastrar casi 3.600 kilogramos por caballo a 12 kilómetros a la hora, y vencer pendientes de hasta un 12 %, lo cierto es que la línea Plaza Mayor-Leganés tuvo que modificar muy pronto su sistema de tracción y arrastre. Así, en el 29 de junio de 1879, a los dos años de su instalación, las mulas se sustituyeron por máquinas de vapor en gran parte del recorrido del tranvía. Los coches tirados exclusivamente por animales, apenas duraron un mes para el caso de Leganés, y si bien durante un tiempo siguieron llegando convoyes tirados por mulas, pronto desaparecieron para dejar paso a las locomotoras. Hay que destacar que por esta circunstancia esta línea se convirtió en la primera de todo Madrid que utilizó el motor de vapor. Este sistema se mantuvo hasta 1906, año en que se terminaron las labores de electrificación de las líneas de tranvías.
La línea no contaba con paradas estables en el trayecto, ya que se consideraba más «cómodo para los viajeros el subir y bajar a la puerta de su casa», pero sí disponía de seis quioscos para uso de los empleados y para que los viajeros que lo deseasen pudieran refugiarse de las inclemencias del clima en la Plaza Mayor, Puerta de Toledo, puente de Toledo, en cada uno de los Carabancheles y en Leganés. Estos quioscos disponían de retretes «para la comodidad de los viajeros». Existían dos tipos de tarifas: una para el interior de la cabina, y la otra para los asientos de encima de la cabina, al aire libre, más económica. También existían tarifas reducidas para trayectos de ida y vuelta.
Se preveía que el uso potencial del servicio a pleno rendimiento sería de 13.300 viajeros diarios, para los cuales se debía prestar un servicio de 20.000 asientos; lo que significaba una flota de 400 coches con la frecuencia siguiente: desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche cada cinco minutos saldría un coche hasta el Puente de Toledo, cada diez a los Carabancheles y cada media hora a Leganés. Los kilómetros recorridos serán en consecuencia 2.136, considerando que la prestación por caballo se establece en 20 kilómetros, al situarse el límite de carga en 3.000 kg, se precisaría para dar el servicio una cuadra de 280 caballos, de los cuales se utilizarán de forma efectiva 214 al día, siendo el resto de reserva.
La construcción del tranvía estaba presupuestada en 1.500.000 de pesetas, proporcional a los costes de otros tranvías en Europa, lo que significaba más de 133.000 pesetas por kilómetro. Pero de este presupuesto se pensaba solicitar la devolución de todos los derechos de aduana que sobre las importaciones debía de cobrar el estado, cuya cantidad ascendía a 306.711,65 ptas.; con lo cual el presupuesto definitivo quedaría reducido a 1.200.000 ptas. Además se había incluido una partida de repuestos previstos para los diez primeros años de explotación.

_tranvc2a1a2[1]Las tarifas originarias eran:
Destino                                  Cabina              Arriba
A Leganés                             0,73 ptas.       0,54 ptas.
A Carabanchel Alto                 0,42 ptas.       0,38 ptas.
A Carabanchel Bajo                 0,30 ptas.       0,22 ptas.
Al puente de Toledo                0,12 ptas.       0,09 ptas.

En función de las tarifas y de los usuarios potenciales, se establece que los ingresos estimados se situarían en un millón de pesetas anuales. Y que los gastos alcanzarían el 70 % de los ingresos, ofreciendo una liquidez de 355.455 pesetas anuales. En función de estas previsiones, Juan Enrique O’Shea señala que el interés que generaría la inversión de 1.200.000 pesetas, considerando que la cuenta de ingresos y gastos dejaría un remanente de 175.000 pesetas, sería nada menos que del 12,83 %.
El tranvía Madrid-Leganés prestó servicio desde su inauguración hasta 1936, pero antes vivió interesantes transformaciones e innovaciones. Así, el 2 de diciembre de 1900 la línea se amplió hasta la Puerta del Sol merced a las presiones de los usuarios. Esta línea completó la electrificación de los tranvías madrileños el 15 de febrero de 1903, si bien el servicio de mulas a lo largo de la calle Toledo continuó hasta enero de 1906. Tras la electrificación, a la línea “Sol-Leganés” se le asignó el número 25. En 1909 se dobló la línea permitiendo una notable mejora en las frecuencias. En 1926 se abrió un ramal que llegaba al Hospital Militar de Gómez Ulla por el paseo de la actual calle de Muñoz Grandes.

letrerotranvia-250x160[1]
En los años de la II República Española, la línea de Leganés era una de las 47 líneas de tranvías existentes en Madrid, y funcionó hasta 1936, cuando Leganés fue ocupada por las tropas rebeldes de Franco. Su servicio no se restauró tras la finalización de la Guerra Civil, como ocurrió con otras 27 líneas de tranvías más, y el servicio a Leganés se prestaría desde entonces con autobuses.

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Extracto del artículo El tranvía de Leganés, publicado por el autor en las Actas del V Congreso del Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid “Jiménez de Gregorio”. Madrid: 2007. Páginas 67-84.

Artículo publicado por el autor en los números 3 y 4 de la Revista Cultural EL ZOCO. Pinchar aquí para leerlo en la revista

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. El Tranvía de Leganés. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/06/10/el-tranvia-de-leganes/. 10 de junio de 2009.

He publicado una versión extensa de este artículo en bubok.com. Te la puedes bajar gratis en PDF en esta dirección: http://www.bubok.es/libros/11788/El-Tranvia-de-Leganes. Te invito a bajártela, leerla y que me digas lo que te parece.

Portada Tranvía Leganés

Portada de “El tranvía de Leganés”

Ficha

Autor: Francisco Arroyo
Categoría: Ensayo
Subcategoría: Sociedad
N° de páginas: 38
Tamaño: 170×235
Estado: Público
Interior: Color

—-

—–

——-

26 abril 2009

Leganés, Ciudad Cervantina


Portada de "Legané, Ciudad Cervantina"

Portada de "Legané, Ciudad Cervantina"

He publicado en bubok.com una conferencia sobre los lugares de Leganés con relación con Miguel de Cervantes o con el Quijote.
Te la puedes bajar gratis en PDF en esta dirección: Leganés, Ciudad Cervantina. Te invito a bajártela, leerla y que me digas lo que te parece.

Sinopsis:
Se trata de un recorrido por Leganés por los lugares relacionados con Cervantes o con El Quijote.
Es sorprendente las cosas que podremos descubrir en esta ciduad que rememoran la figura de Cervantes o de su personaje más universal.

Ficha

Autor: Francisco Arroyo Martín
Categoría: Ensayo
Subcategoría: Humanidades
N° de páginas: 33
Tamaño: 170×235
Estado: Público
Interior: Color

25 mayo 2008

Presentación de El Zoco. La primera a la izquierda

Archivado en: Cultura,El Zoco,Leganés — Francisco Arroyo Martín @ 8:36 pm
Tags: , ,

Asociación Cultural El Zoco. La primera a la izquierda.
Correo Electrónico: elzoco.laprimeraalaizquierda@gmail.com
Dirección WEB: http://elzocolaprimeraalaizquierda.org/

El pasado día 21 de mayo tuvo lugar la presentación de la nueva asociación cultural El Zoco. La primera a izquierda. La presentación de la asociación tuvo lugar en el Salón de Grados de la Universidad Carlos III, en el campus de Leganés, que se llenó de público para la ocasión. En este mismo acto se presentó la revista cultural del mismo nombre y la página web de la asociación. Al acto asistió numeroso público e intervinieron Rafael Gómez Montoya, alcalde de Leganés, Emilio Olías Ruiz, director de la Escuela Politécnica de la Universidad Carlos III, José Castejón, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Leganés, y Alexandra Arroyo, presidenta de El Zoco, que manifestaron su satisfacción por el nacimiento de una entidad cultural que promueva la cultura y la creación en Leganés y en la zona sur madrileña.

La Revista Cultural El Zoco. La primera a la izquierda, presenta en su número 1 un monográfico dedicado al escritor canario Benito Pérez Galdós, que citó a Leganés en muchas de sus obras. La publicación destaca por su calidad, tanto en el continente, con un diseño innovador y de un alto valor gráfico, como por el contenido, con una serie de artículos de alta calidad literaria encuadrados en varias secciones: Historia, Ciencia, Medio Ambiente, Leganés nuestra ciudad, etc. Acentuar la entrevista a Emilio Olías, Director de la Escuela Politécnica de la Universidad Carlos III, en la que destacan sus palabras de compromiso con la ciudad cuando afirma «que la Universidad debe mucho a Leganés» y con la cultura cuando señala que «la cultura es una necesidad básica para los seres humanos». También hay un saludo del alcalde y se reproduce el manifiesto fundacional de la asociación, en el que destaca el valor que El Zoco otorga a la cultura como un derecho ciudadano y cívico.

En su intervención, Rafael Gómez Montoya, destacó lo importante que es para un alcalde asistir a la creación de una asociación en su ciudad «ya que significa que el espíritu cívico y ciudadano continúa creciendo». Terminó su alocución deseando el mayor de los éxitos a la asociación y manifestando el apoyo de la institución municipal a las iniciativas que puedan surgir. En la misma línea de apoyo a la iniciativa del El Zoco fueron las palabras del Concejal de Cultura José Castejón.
Por su parte Emilio Olías, en su intervención, destacó el compromiso que la Universidad tiene con la ciudad de Leganés y con el resto de localidades donde está ubicada, señalando además que la institución debe estar abierta al tejido social de las ciudades en las que se encuentra y que en la medida de sus posibilidades apoyarán a todas la iniciativas culturares que, como había sido el caso de El Zoco, se le presenten, «porque también queremos hacer cosas por la ciudadanía», recalcó.
La presidenta de la Asociación, Alexandra Arroyo, amen de los agradecimientos a los presentes y participantes en el acto, hizo una exposición en la que desveló el proceso de formación de El Zoco, y cuáles eran los objetivos y los modelos de la asociación: «nos gustaría llegar a ser como el Círculo de Bellas Artes, ¿y porqué no?». También destacó que el mayor capital con el que contaba la asociación era la valía de sus miembros y la ilusión con la que habían comenzado lo que la presidenta definió como una «aventura apasionante». Por último, invitó a todo aquel que quisiera a formar parte de esa aventura a que colaborara con la asociación en la manera que le fuera posible.

En la misma línea, también se presentó la página web, herramienta que la asociación quiere que se convierta en un instrumento de comunicación bidireccional entre la entidad y el resto del mundo asociativo, cultural y creativo de la zona.

El acto estuvo amenizado por la Orquesta — Ensemble de Guitarras de la Universidad Autónoma de Madrid, que interpretó varias obras musicales de varios géneros; y contó, además, con la participación de la actriz Isabel Arcos, que además es presidenta de la Asociación Yeguas, mujeres por el Arte

La presidenta de El Zoco. La primera a la izquierda, Alexandra Arroyo, destacó al finalizar el acto a los medios de comunicación presentes “la elevada afluencia de público que ha acudido a la presentación y el hecho de que hubieran sido tantas las asociaciones de Leganés las que han querido compartir con nosotros este momento. Esto va a representar un renovado impulso, más si cabe, para trabajar por la cultura y por nuestras ciudades” También declaró “que la revista cultural El Zoco, que hoy presentamos, tiene la intención de mantenerse en el tiempo y de convertirse en un referente de la vida cultural y social de Leganés y del resto de la zona sur de Madrid”.

6 diciembre 2007

El Rincón de Pumuki: Rotondas de Leganés: "El Dragón Alado" o "La Raspa"

Archivado en: Leganés — Francisco Arroyo Martín @ 9:18 am
Tags: ,

Rotondas de Leganés: “El Dragón Alado” o “La Raspa”

14 julio 2007

Leganés, ciudad cervantina.

Archivado en: Leganés,Literatura,Personajes — Francisco Arroyo Martín @ 5:17 am
Tags: , ,


Leganés, ciudad
cervantina
.

Por Francisco Arroyo Martín.

Aquella llamada me sorprendió en pecado mortal. Mi amigo me pedía un “articulillo” para una publicación sobre el aniversario del Quijote; pero no se quedó ahí, además el artículo debería tratar sobre el Quijote o Cervantes y su relación con Leganés, si bien amplió el límite geográfico a la zona sur de Madrid, en una clara muestra de magnanimidad ante mi titubeo inicial. De todas formas, con igual arrogancia y mismo arrojo que el cervantino Caballero del Lago, acepté el reto, sin pensar en los peligros que las negras aguas escondían, e incluso, y esto sí es de mérito, sin recordarle los honorarios que mi ilustre colegio profesional señala para estos casos.

Pero seguía en pecado mortal. A principio de año, casi todos los españoles (por no decir todos) hicimos alguna de estas dos solemnes promesas: “leer el Quijote”, en el caso de aquellos que no superaron la prueba pueril de su lectura; “releer el Quijote”, para aquellos que, con tremenda satisfacción, lo logramos. Inmediatamente, llegaron los Reyes y dejaron bajo el árbol la edición especial del Instituto Cervantes; y quedó su lectura para Semana Santa; acto seguido se pospuso para el puente de mayo; después decidimos que mejor en vacaciones (que hay más tiempo, tranquilidad y reposo y la labor lo requiere); luego fue para el puente del Pilar, ya en estos momentos con una firme reconvención: ¡De ahí no pasa! En este estadio se encontraba un servidor: una petición de un amigo, una relación imposible, una lectura pendiente, un tiempo inexistente y un prurito vanidoso que me impedía rechazar la oportunidad de participar, de alguna forma, en los fastuosos oropeles del centenario.

¡En fin! Lo primero era releer el Quijote; y con mirada atenta y pensamiento agudo buscar, y encontrar claro está, las posibles relaciones entre Leganés (sí, ya; o la zona sur de Madrid) y el mundo cervantino o quijotesco. Determiné que lo mejor era decirle al “jefe” que me diera unos días de asueto en el trabajo y que a cambio ya metería de rondón en el artículo un buen número de acertadas, sutiles y ajustadas referencias en honor y gloria de quien, hoy por hoy, nos da de comer, y, ¿cómo no?, de su augusta, ilustre y egregia persona.

Me armé de valor y al día siguiente, por la mañana tempranito, estaba un servidor haciendo antesala en el despacho principal; y en la espera, ¡él!, apareció ante mí y empezó a crecer desaforadamente y a transformarse grotescamente en aquel gigante usurpador del reino de la princesa Micomicona, aquel que era llamado Pandafilando de la Fosca Vista. Y yo, un pobre mortal falto del valor de don Quijote, quien le hizo frente en camisa de dormir, y además le venció, desangrándole y cortándole la cabeza en singular batalla, con la espada tan sólo como arma, en el castillo manchego que para algunos, víctimas de pérfidos encantadores, era venta; y yo, repito, al contrario de don Quijote, fui asaltado por escalofríos, tiritones y sudores, de los que salí por un brusco golpe de cabeza. Como un resorte me alcé del sofá, me atusé el pelo, me alisé la chaqueta y me compuse el nudo de la corbata; y no sé porqué razón pensé en los sótanos del edifico y los asimilé a la cueva de Montesinos, y también en el tiempo y en las dificultades que los moradores de la cueva tuvieron que pasar para poder salir de ella por las malas artes de Merlín, ese mago francés (no, si es que luego dicen) hijo del diablo, y por la flojera de carnes del buen Sancho.

En estas condiciones, la fortaleza de espíritu insuflada el día anterior se trasformó, en aquel angustioso trance, en flaqueza de ánimo; y de inexpugnable alcázar pasé a frágil empalizada. Y de la misma manera que don Quijote renunció a probar por segunda vez la consistencia, robustez y aguante de su artesanal media celada, yo también renuncié a mi justa pretensión; la ausencia de comprensión y la falta de sensibilidad podrían acarrear unas penosas consecuencias a las que no podía aventurarme.

En estas circunstancias tomé ejemplo de don Quijote y de turbio en turbio lo pasé trabajando y de claro en claro enfrascado en la relectura de la inmortal obra de Cervantes. Pero por más que me esforzaba no encontraba por ningún lado cómo enfocar y relacionar la obra de Cervantes con Leganés; y del poco dormir y del mucho leer al borde estuve de la enajenación y a un punto de renunciar y reconocer mi más absoluta incapacidad ¡El lugar más cercano a Leganés que aparece en el Quijote es Alcobendas! (que ni tan siquiera se encuentra en la socorrida zona sur de Madrid). Lugar de donde era el bachiller Alonso López, quien sufrió en sus carnes y en su pierna el coraje y el arrojo de don Quijote cuando acometió al tétrico y lúgubre desfile fúnebre que transportaba un cadáver desde Baeza a Segovia. Episodio cumbre de las aventuras de nuestro hidalgo en el cual Sancho Panza le dio el sobrenombre, digno del mayor ingenio, del “Caballero de la Triste Figura”.

En esto iban pasando los días y el “articulillo” seguía pendiente. El papel, y su horrible color blanco, me producía el mismo azoro y pánico que la oscuridad de la noche produjo a Sancho en la aventura de los batanes; y, sin llegar al mefítico apremio en el que se vio nuestro orondo escudero, el espantoso y reiterado golpeo de los batanes se reproducía en mi cabeza con la turbadora y repetida pregunta: ¿Qué pongo? ¿Qué pongo? ¿Qué pongo?… Una pesadilla de la cual era incapaz de salir. Así, ofuscado, consternado y a un punto de renunciar a mi bien merecida y mal reconocida gloria, decidí dar un paseo por esta ciudad. Paseo al que, desocupado lector, si no tienes algo mejor que hacer, te invito a que me acompañes.


Mi caminar errático y sin rumbo nos lleva… —¡Oh, destino insondable! ¡Oh, hado imprevisible! ¡Oh, albur inesperable! ¡Oh, azar impensable! ¡Cuán caprichosos os mostráis con el devenir de los humanos! ¡Cómo insignificantes esquifes, nos deriváis por el proceloso Océano y nos conducís a puertos ignotos!—… al “Parque de Miguel de Cervantes”. No dejó de alertar mi curiosidad que el primer homenaje que encontré hacia la figura cervantina en Leganés fuera un parque; además en una zona emblemática de la ciudad, a la puerta del Hospital Severo Ochoa y a lo largo de la avenida Orellana. Se trata de un parque diseñado por Antonio Ruiz Barbarín, y que enmarca con trazos y alineaciones oblicuas el barrio de los Descubridores (mejor rememorar esta faceta que la de la conquista), a los que don Quijote recuerda en la figura del cortesísimo Cortes cuando quema y barrena sus barcos para, movido por la Fama, iniciar un camino sin vuelta atrás. Se trata de un parque de gran originalidad y una fuerte idiosincrasia, que le aportan, principalmente, sus fuentes y la variedad de especies vegetales que existen, entre las cuales me permitirás, amable lector, destacar la decena de abedules que se esfuerzan por arraigar en condiciones tan inhóspitas para ellos; a buen seguro que añoran los fríos del septentrión como el morisco Ricote, tras ser expulsado de España, evocaba y lloraba por su patria.

El parque Miguel de Cervantes también sirve de pórtico al hospital Severo Ochoa, símbolo de la lucha ciudadana en Leganés, sin ninguna duda. Si recordamos el episodio en el cual Sancho se convierte en el gobernador de la ínsula Barataria, reconoceremos que los médicos parecen no salir bien parados en el Quijote. Pero: ¿Acaso no es médico también un tal Lamela? ¿Acaso no se parece este Lamela al infausto doctor Pedro Recio, médico del gobernador Panza? ¿Acaso no acabará Lamela, de seguir en su puesto, con el sistema de salud pública, como Pedro Recio hubiera acabado con Sancho Panza de seguir éste en el cargo? El mismo Sancho diferenciaba bien a los malos y buenos médicos, y así decía del doctor Recio: que quiere que muera de hambre, y afirma que esta muerte es vida, que así se la dé Dios a él y a todos los de su ralea, digo, a la de los malos médicos; que la de los buenos palmas y lauros merecen. Por suerte para los leganenses en “el Severo” contamos con un importante grupo de buenos médicos, enfermeros, celadores, etc.; y en señal de gratitud, bien merecen las palmeras y laureles que adornan algunas de nuestras calles más importantes; que a los médicos sabios, prudentes y discretos los pondré sobre mi cabeza y los honraré como a personas divinas, Sancho Panza “dixit”.

Frente a la entrada del hospital; abocado por una impresionante alineación de liquidambar; cercano a la parada de Metrosur; avecindado a los bustos de los poetas Rafael Alberti y Gabriel Celaya, obras ambas de Eduardo Carretero; ubicado en una pequeña y ornamentada rotonda; y flanqueado por varios ejemplares de thujas; me encontré con la cabeza —nada más y nada menos— del mismísimo Cervantes. Obra en bronce y acero cortén del Andrés Rábago (también conocido por OPS, Jonás, Ubú, El Roto,…) Es bien sabido que no hay constancia cierta de que Cervantes fuera retratado en su tiempo; si bien, existe una imagen de su rostro popularizada por un retrato atribuido a su persona del pintor barroco Juan de Jáuregui, pero del cual, incluso los entendidos, no se ponen del todo de acuerdo. Para conocer su rostro tenemos que recurrir al genial autorretrato que de sí mismo hizo Cervantes en el prólogo de sus “Novelas Ejemplares”:

Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies. Este digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha…

La fuente de inspiración de Andrés Rábago es palmaria: siguió fiel, puntual y cuidadosamente el autorretrato cervantino en la composición de su obra. De ahí la afirmación lapidaria que encontramos en la escultura: “Este es Cervantes”, para que al observador no le quepa ninguna duda de ante quién y ante qué se encuentra, frente al verdadero retrato de Cervantes. Y lo tenemos aquí, en Leganés.


Evidentemente, este encuentro con el busto de Cervantes me proporcionó un renovado impulso en la redacción del artículo: ¡Hay tema! ¡Hay tema! Comencé a vislumbrar luz donde, hasta entonces, sólo había tinieblas. De nuevo me identifiqué con Sancho Panza cuando, después de abandonar la gobernación de Barataria y de vuelta al palacio de los duques, cayó por una profunda y oscura sima; y tras sentirse muerto en vida la voz de don Quijote vino a devolvérsela. Así de grande fue mi alivio; si bien me dije: frena tu frenesí, apenas unas líneas tienes, mucho camino aún quedarte (hay que reconocer que los galácticos caballeros “jedáis”, al menos en el lenguaje, no les alcanzan a los “andantes” ni a la suela del zapato).

Como no podía ser de otra forma, asombrado lector, continué, espero que con tu compañía, mi deambular por Leganés. Mis pasos nos dirigieron a otro parque: al del Museo de Esculturas al Aire Libre. Llegué allí inconscientemente, ya que siempre que necesito un lugar apacible, sugestivo y tranquilo para reflexionar y poner en claro mis ideas, acabo en este hermoso vergel, donde se puede convertir una caótica y disonante algarabía en una sinfónica y armoniosa balada. Se trata de un bello jardín en donde la naturaleza y el arte se funden y los sentidos se confunden: el cromatismo de las flores se fusiona con la rotundez de las formas, los espacios, los volúmenes…; el olor del césped recién cortado se mezcla con la textura de la piedra, del bronce, del acero…; el crepitar de las hojas secas se une al sabor de aquel beso, de aquella sonrisa, de aquella lágrima…


En este museo se encuentra una estatua de bronce, obra del escultor catalán Apel.les Fenosa y propiedad del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, dedicada a “Orlando furioso”, en la cual aparece Orlando en el momento que, perdido y desesperado, carga con su caballo Brilladoro, al que no quería abandonar en el campo de batalla. El conde Roldán, que así se le conoce en las crónicas medievales castellanas, fue uno de los legendarios pares del rey Carlomagno, que según la leyenda sólo se le podía matar, como a un renacido Ulises, clavándole un alfiler en la planta del pie izquierdo. Finalmente murió, según los romanceros castellanos (los franceses lo cuentan de otra forma, ¿qué otra cosa se podría esperar?), en la batalla de Roncesvalles a manos de Bernardo de Carpio quien, como un nuevo Hércules cuando mató al gigante Anteón, le estranguló al ver que era imposible herirle con la espada.

Orlando (o Rotolando o Roland o Roldán) es descrito por nuestro caballero de la siguiente manera: de mediana estatura, ancho de espaldas, algo estevado, moreno de rostro y barbitaheño, velloso en el cuerpo y de vista amenazadora, corto de razones, pero muy comedido y bien criado. El motivo de la furia de Orlando fue el engaño de Angélica, su enamorada, con Medoro, un morillo de cabellos enrizados —al parecer durmieron juntos algo más de dos siestas—. Por la descripción de Roldán que hizo don Quijote, decía el cura entender porqué prefirió la bella Angélica al joven moro.

Es inevitable rememorar a don Quijote cuando se contempla esta escultura y acordarse de cuando nuestro caballero decidió volverse loco de amor en Sierra Morena, y mostrar así a doña Dulcinea, y al mundo, lo que era capaz de hacer sin motivo, para que pudiera hacerse una idea de lo que podría hacer en caso de tenerlo; si bien, en este episodio algunos quieren ver un puntito de temor de nuestro héroe hacia los cuadrilleros de la Santa Hermandad, tras la liberación de los galeotes. Para esta aventura optó don Quijote por imitar a Amadís de Gaula, el modelo de caballero andante, en sus sollozos, clamores y lamentos; y a Roldan, que arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró yeguas…, en sus desatinos, desafueros y locuras —aunque sólo en las más esenciales—.

Con esta reflexión concluí abandonar las napeas y dríadas del parque del Museo de Esculturas al Aire Libre para adentrarnos de nuevo en el laberinto urbano y, a diferencia de Perseo, vagar sin hilo. En estas llegamos a la avenida de La Mancha. ¡Qué decir de esta avenida! Permíteme, paciente lector, una escueta descripción que, aún a riesgo manifiesto de ser acusado de cursilería, a mí, que en el fondo no dejo de ser un espíritu simple, me gusta: esta avenida es, a vista de pájaro, como un tajo esmeralda entre dos conchas de rubís.

Se trata de un lugar de encuentro, que no de frontera, entre dos populosos barrios: Santos y Zarzaquemada. La similitud con la región a la que se rinde homenaje es meridiana: La Mancha es una encrucijada de caminos, un lugar de paso de allí a allá o a acullá. Y el continuo trasiego de personajes que don Quijote se encuentra en los caminos manchegos, así lo demuestra. De igual manera los parques que jalonan la avenida de La Mancha en nuestra ciudad, el parque de los Olivos y el parque Picasso, frutos ambos del diseño de Ricardo Arribas y Benigno Rodríguez, son un lugar de encuentro, un espacio de tránsito, de comunicación, de concurrencia.

Muchas razones se han querido buscar en el enigma con el cual empieza la novela, y por qué razón, o razones, Cervantes no quiso acordarse del lugar de donde era originario Alonso Quijano “el Bueno”. Unos dicen que es donde Cervantes estuvo preso; otros que “lugar” era una población tan despreciable que producía sonrojo (cuando “lugar” se refiere a una población menor que villa pero mayor que aldea); otros que es una alusión indirecta al origen judío de Cervantes (cosa que está por ver); incluso algunos han identificado al famoso “lugar de La Mancha” con: ¡Santander! La verdad es siempre más sencilla, y el propio Cervantes nos la cuenta: cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero. En fin, doctores tiene la literatura, y, como los de todas las ciencias y artes, han de comer.


No se me escapó que uno de los parques que se encuentra en la avenida de La Mancha está dedicado a Pablo Picasso, para mi gusto y mi pobre entendimiento, el artista que mejor ha reflejado a la pareja inmortal de Cervantes en un sencillo dibujo en blanco y negro pero en el que cualquiera, incluso sin necesidad de haber leído el Quijote, identificaría al Caballero de la Triste Figura.


Cómo dejar de señalar que en uno de los extremos de este parque se encuentra el que fue en su tiempo el “anfiteatro” Egáleo, y hoy, acertadamente, es sólo teatro con el mismo nombre. La comedia como actividad literaria, junto con la poesía, es una de las pasiones frustradas de Cervantes; pero en el caso del teatro, el hecho de que se viera absolutamente oscurecido por Lope de Vega, que era, conviene recordar, su más acérrimo enemigo, y por la revolución teatral que trajo consigo el éxito de las obras del “Fénix de los ingenios”, contra la que luchó denudada e infructuosamente Cervantes, le produjo una profunda desazón. Así hace decir al cura del pueblo de don Quijote, “alter ego” de los gustos literarios de Cervantes: porque habiendo de ser la comedia, según le parece a Tulio, espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres y imagen de la verdad, las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplos de necedades e imágenes de lascivia. Concédeme, benévolo lector, licencia para aprovechar este asunto del teatro para recomendar, a todo aquel que no las conozca, esas pequeñas obras maestras que son “los entremeses” cervantinos. Y prosigamos, que esto promete.

Continuamos nuestro paseo por Leganés por la avenida de Juan Carlos I, y topamos con el conjunto escultórico de Juan Bordes “Fuente de LE-GA-NÉS” (popularmente conocido como “Los Cabezones”). Obra de acero cortén y bronce que pretende aunar distintos elementos constructivos y figurativos para conformar un grupo escultórico conceptual, en el que destacan las tres enormes cabezas de bronce trabajadas con técnica e intención expresionista. Frente a estas figuras, inmediatamente mi memoria me trasladó a Barcelona, a la casa de don Antonio Moreno, quien hospedó a don Quijote y a Sancho cuando, por acreditar para siempre de falso y mentiroso al autor del ficticio Quijote del apócrifo Avellaneda, decidió nuestro caballero no acudir a las justas de Zaragoza y pasar directamente a Barcelona; y en concreto al episodio de la cabeza parlante, respondona y adivinadora. Maravillados dejaron a todos los asistentes las respuestas que del bronce salían; excepto a Sancho, quien, en su acusado pragmatismo, lejos de sorprenderse del prodigio de que una escultura hablara, se mostró absolutamente decepcionado por la obviedad de las respuestas. Y tanto se extendió el prodigio por la ciudad condal que el autor del artificio hubo de comparecer ante la todopoderosa Inquisición; cara le pudo salir a don Antonio la broma de la mágica y encantada cabeza polaca (“¡Tate, tate, folloncicos!” Qué nadie me acuse de irrespetuoso: era polaca porque fue hecha y fabricada por uno de los mayores encantadores y hechiceros que ha tenido el mundo, que creo era polaco de nación y discípulo del famoso Escotillo). Nuestras leganenses cabezas tan sólo ofrecen una respuesta, eso sí, sin truco ni artimaña. Y de forma mancomunada informan, a todo aquel que llega, del nombre de nuestra ciudad, por si algún viajero, despedido y despistado por la maraña indescifrable de letras y números que jalonan nuestros caminos asfaltados, acaba arribando en ella, acaso sin pretenderlo.

Pero, querido lector, sigamos el recorrido del cual me he convertido en tu cicerone. Tenemos en Leganés un barrio que recuerda batallas notorias de la historia de nuestro país; son hechos trágicos, dolorosos y dramáticos que los leganenses no queremos olvidar, para que con su recuerdo podamos evitar que se repitan, para que se queden tan sólo en las páginas de los libros y en las azules placas de las calles. Una de estas calles recuerda la celebérrima batalla naval de Lepanto. De sobra es conocida la definición que hizo Cervantes de esta batalla en el prólogo de la segunda parte del Quijote: la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Cervantes fue soldado a bordo de la nao “La Marquesa” en la batalla naval que se produjo el 7 de octubre de 1571 entre la flota turca y la católica de la Santa Alianza, allá en el golfo de Lepanto, en las lejanas aguas del Egeo. A pesar de estar enfermo, Cervantes pidió a su capitán que le destinara al esquife, puesto de los de mayor peligro, osadía rayana a la temeridad. En el Quijote aparece un personaje, el cautivo, que participó en esta batalla en la que, según sus palabras, se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar. De este trance, y con tan sólo veinticuatro añitos, salió Cervantes con una herida en el pecho y con su mano izquierda inutilizada, lo que ha servido para que sea común referirse a él como “el manco de Lepanto”. Pero sus desgracias no quedaron ahí, pues, además de sufrir los horrores de la guerra, Cervantes tuvo que probar la amargura de la falta de libertad, y hubo de pasar cinco años cautivo en Argel, tras que fuera apresada la galera “Sol”, en la cual regresaba a España después de varias andanzas por el Mediterráneo. De todas formas, nunca rememoró este episodio con rencor o aversión; muy al contrario siempre lo consideró un momento glorioso de su vida. Si bien el problema turco se arreglaría, según don Quijote, con que el rey católico juntara apenas media docena de los caballeros andantes que vagan por España.

Seguramente, leído lector, habrás caído en la cuenta de que el almirante de la armada católica en esta batalla no era otro que el más insigne, excelso y eximio vecino que jamás haya tenido Leganés. Nada más y nada menos que un hijo de Carlos primero de Castilla y quinto de Alemania; bastardo, eso sí, pero infante de Castilla e infante de Leganés también; conocido por la Historia como don Juan de Austria y por sus vecinos de Leganés como Jeromín. Y en la calle de ese nombre, en el distrito Centro, en lo que era el portalón de entrada al “Patio Callejo”, está la placa con la que recordamos su corta, pero seguro que intensa, estancia en nuestro terruño. Era Jeromín hijo natural del César y de Bárbara de Blomberg y nació en Ratisbona allá por el 1545. Con tan sólo cinco años llegó a Leganés un misterioso niño, del que sólo se sabía que “era hijo de persona principal”; acudió de la mano del ayuda de cámara del emperador Carlos, Adrian de Bois, quien lo alojó en la casa de Ana de Medina, natural del lugar, y de Francisco Massay, músico flamenco de la corte que tocaba la vihuela de arco; y lo puso a cargo del cura, don Bernabé Vela, persona de confianza de Luís Méndez de Quijada (¿pariente de don Quijote?, curioso el apellido para el tema que tratamos), quien, a su vez, era mayordomo del emperador. Parece ser que don Bernabé ponía interés, pero la educación del infante no era la más adecuada; Jeromín dedicaba más tiempo a tirar con ballestilla a los pájaros (quizás en lo que hoy es el patio del colegio que lleva su nombre) que al estudio y a su adecuada formación. Por esta razón se decidió, cuatro años más tarde, trasladarle a Villagarcía de Campos, donde, bajo la tutela de la mujer de Luís Méndez de Quijada, doña Magdalena de Ulloa, culminó su formación y preparación. A buen seguro que don Juan de Austria no olvidaría estos años en Leganés donde pudo disfrutar de un grado de libertad que, con toda probabilidad, le sería desconocido más tarde. Parece, además, que a pesar de estar destinado por su padre a hacer carrera eclesiástica, sus correrías por las huertas de Leganés y los desdichados pajarillos le predestinaron a la carrera de las armas. Haciendo uso de esta profesión y bajo el mandato de su hermano Felipe II, gobernó y condujo la armada católica que destruyó a la flota turca en Lepanto con tan sólo veintiséis años. No hay que olvidar, pues, que este paisano nuestro también dirigió en esa ocasión al mayor ingenio de la literatura castellana, y dichosamente con fortuna.

Pero dejemos atrás los vetustos y añejos recuerdos, nostálgico lector, y sigamos paseando por Leganés. Muy cerca de la calle Jeromín, en la plaza de España, surge una de las estatuas más queridas en Leganés: “Mujer en libertad”, obra en bronce de José Leal. Cuando pasé a su lado recordé uno de los pasajes más bellos del Quijote:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre. ¿Puede añadirse algo más? A buen seguro que no.

No lejos de allí, entre el sol y la luna, te podré decir, parafraseando a don Quijote: “con el manicomio hemos dado, amigo lector”. Espero que cuando leas este artículo los responsables regionales de la sanidad se hayan apiadado del edificio y lo hayan rescatado de su segura ruina, y en consecuencia todavía esté en pie su estupenda fachada neomudejar. El falso Quijote del apócrifo Avellaneda acaba sus días como un orate, encerrado en el frenopático de Toledo; pero el genuino, el verdadero, el auténtico muere cuando muere su locura, como dijo el cura: Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano. ¿A quién le interesa la vida de Alonso Quijano “el Bueno”? Pero volvamos a nuestro psiquiátrico: algunos locos ilustres han pasado por la puerta de la antigua Casa de Locos de Santa Isabel o del moderno Instituto Psiquiátrico José Germain; recuerdo, a bote pronto, al poeta Leopoldo Panero, morador del Instituto y vecino nuestro durante muchos años. Los leganenses compartimos con don Quijote ser un referente y un símbolo de la locura y de los locos. Es imposible olvidar las alusiones que sobre el manicomio de Leganés hacen varios literatos del siglo XIX, especialmente Galdós que lo cita varias veces en algunas de sus obras más importantes: “Fortunata y Jacinta”, “La desheredada”, “Misericordia”,… Como muestra un botón: allá por el 1898 se estrenó en el teatro Maravillas de Madrid un disparatado “apropósito cómico-lírico”, titulado “Leganés, 15—3 T”, texto de Felipe Pérez Capo y libreto de Mariano Hermoso y Manuel Chalons, en el cual se explican los dislates y desatinos de la revista representando la obra como creación “de tres de Leganés”; sin más, queda justificado el absurdo de la revista. No olvidemos que, como decía la copla:

Tres cosas tiene Leganés

que no las tiene Getafe:

casa de locos, cuartel

y el huerto del tío Tomate.


De las tres, la casa de locos es la única que queda (no sé por cuánto tiempo); así que digamos como el eclesiástico que reprendía sus locuras a don Quijote cuando el duque hizo gobernador a Sancho: mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras.

Pero prosigamos, curioso lector, con nuestro paseo. Me dirijo ahora al barrio del Carrascal y en el camino me tropiezo con el edificio Sabatini, antiguo cuartel saboyano y moderna universidad carolina, edificio del prestigioso arquitecto italiano Francisco Sabatini ¡Qué mejor motivo para recordar el memorable discurso de las armas y las letras que hizo don Quijote! En este discurso, acorde a la profesión que profesaba nuestro caballero, las armas ganan por goleada a las letras; éstas, según don Quijote, deben hacer buenas leyes y garantizar su cumplimiento para lograr una justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo; fin loable y excelso, pero que no alcanza a la finalidad de las armas, que no es otra que la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida. En esto, siento decirlo, los leganenses nos distanciamos de don Quijote, y hace algunos años ya que apostamos por las letras como primera opción para la paz. De todas formas, algunos queremos pensar que, en nuestros días, el bueno de don Quijote habría marchado, a pie o a caballo, a nuestro lado por la paz y en contra de la guerra.

Al cruzar Zarzaquemada en el paseo de La Solidaridad, nos encontraremos con la estatua ecuestre de “Orestes”, de José Seguiri. De la leyenda trágica de este héroe clásico (¡Oye!, de culebrón venezolano: a petición de su hermana, mató a su madre en venganza por el asesinato de su padre) no se acuerda Cervantes, pero sí de su ejemplar amistad con Pílades; a la que pone como comparativo de la que se tuvieron Rocinante y el rucio de Sancho, digo que, dice Cervantes, dicen que dejó el autor escrito.

En la marcha hacia el este por Zarzaquemada, a la altura de la Casa de los Niños (edificio del no menos prestigioso arquitecto José María Pérez “Perídis”), nos hallamos, de improviso, rodeados de los felinos de bronce de la “Plaza de los Gatos”, obra de Adrián Carra. En este lugar ¿cómo no evocar la burla de los gatos que los duques aragoneses le hicieron a don Quijote?, una de las más divertidas y a la vez dolorosa. La bella y cruel Altisidora suspiraba de amor por don Quijote, lo que obligaba a nuestro héroe a realizar ingentes esfuerzos por preservar su castidad y su amor por la entonces encantada Dulcinea; tarea difícil, dado el ardor y la pasión que la adolescente ponía en su quehacer. En esto, ya de noche, don Quijote se asomó al balcón de su aposento en un intento de desengañar a Altisidora; y sin decir agua va fue atacado por una jauría de diablos gatunos que, encencerrados por las colas y encerrados en un saco, atacaron despiadadamente a nuestro caballero; quien, ciego por la oscuridad y sordo por el estruendo, daba cuchilladas al aire en un vano e inútil empeño de defenderse de la legión de fieras endiabladas que miañaban por doquier. La aventura acabó con el rostro de nuestro héroe surcado de arañazos y con sus narices horadadas por los colmillos de un gato que no se arrendó a pesar de las amenazas que profería don Quijote: ¡No me le quite nadie, déjenme mano a mano con este demonio, con este hechicero, con este encantador; que yo le daré a entender, de mí a él, quién es don Quijote de la Mancha! Lo cierto es que nuestra canalla gatesca, es más queda, más sorda y mucho más pacífica.

Seguimos andando, y en el camino nos encontramos la fuente de La Noria, que nos evoca la aventura del barco encantado en el Ebro, en la cual, amo y escudero, estuvieron a punto de morir ahogados o destrozados por una aceña; y en la que no me entretengo ya que se va haciendo tarde y nos queda aún un buen trecho.

Tras atravesar el Carrascal llegamos, andante lector, a la avenida de la Lengua Española; impresionante avenida de amplios carriles, medianas arboladas y paseos ajardinados, que antes simplemente era la carretera de Villaverde. Qué mejor homenaje para la lengua española que el propio Quijote. No deja de sorprender la clarividencia de Cervantes, que, en el prólogo de la segunda parte de don Quijote, en la dedicatoria que hace a Pedro Fernández de Castro, VII conde de Lemos, le dice (¿en tono de sorna?) que ha recibido carta del emperador de China, en lengua chinesca, en la cual le informa que tiene intención de abrir un colegio en China donde se enseñe la lengua castellana y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Lo cierto es que el Quijote es una obra universal traducida a todas las lenguas cultas, y que ya en su época fue un éxito editorial importante; así, la primera edición en inglés fue en 1612 y en francés en 1614, las dos antes de que saliera de imprenta la segunda parte; los demás idiomas europeos siguieron la serie con celeridad. El vaticinio de don Quijote que de su historia se imprimirían treinta mil veces de millares, sin que el cielo lo haya remediado, se superó hace ya muchas décadas.

En esta avenida, en una de las rotondas de acceso a Parquesur, encontramos una escultura dedicada a “Rocinante”, obra en bronce patinado de Wenceslao Jiménez. Se trata de un Rocinante… ¿cómo decirlo?, sorprendente, portentoso, extraordinario, asombroso, prodigioso, admirable, grandioso, imponente,… A nadie se le escapa que la figura que se nos representa tiene poco que ver (por no decir nada en absoluto) con la idea que todos tenemos de Rocinante y de la descripción que de esta mítica cabalgadura se hace en la novela; Cervantes nos lo pinta flaco, muy flaco, flaquísimo, tanto que se convirtió en el nombre de todos los rocines flacos: estaba Rocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y flaco, con tanto espinazo, tan hético confirmado, que mostraba bien al descubierto con cuánta advertencia y propiedad se le había puesto el nombre de Rocinante. Por contra el autor parece que pretende mostrar la imagen idealizada que de Rocinante tenía don Quijote: fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que “tantum pellis et ossa fuit”, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. En fin, doctores tiene la escultura, y como los de todas las ciencias y artes han de comer.

Rocinante era, con diferencia, mucho más templado, sosegado y tranquilo que toda la caterva de caballos famosos: no se parecía a Bucéfalo ni a Babieca ni a Pegaso ni a Brilladoro ni a Bayarte ni a Frontino ni a Bootes ni a Peritoa ni a Orelio ni a Hipogrifo ni siquiera a Clavileño el Alígero. Tanto se diferenciaba de ellos que sólo en la batalla contra el Caballero de los Espejos se le conoce a Rocinante haber corrido algo; además, la única ocasión en que sabemos que Rocinante sintió picores y deseos poco castos fue en la aventura de los yangüeses y acabó apaleado, maltrecho y derrengado por los suelos, y con él su caballero y escudero. Pero, a pesar de ser tan diferente, puede encabezar la lista de caballos famosos; aunque se llevara la culpa de la derrota definitiva de don Quijote frente al Caballero de la Blanca Luna. Tan grave fue el cargo que a punto estuvo de ser ahorcado por este delito en el camino de vuelta a la anónima aldea de nuestros héroes; pero el espíritu agradecido de don Quijote no lo permitió: —Pues ni él [Rocinante] ni las armas —replicó don Quijote—, quiero que se ahorquen, porque no se diga que a buen servicio mal galardón.

Me despido de la rotonda, y de la estatua, recordando un trozo del diálogo que, en forma de soneto, mantuvieron Babieca y Rocinante:

Babieca: Metafísico estáis

Rocinante: Es que no como

La avenida de la Lengua Española nos lleva al monumento capital de Leganés relacionado con don Quijote y Cervantes: la escultura de acero corten y bronce titulada “Homenaje a la Lengua Española”, obra de Aurelio Teno. Este Quijote leganense conecta directamente con otros dos monumentos del mismo autor, dedicados al mismo personaje y ubicados en las capitales de los Estados Unidos y de Argentina: Washington, Buenos Aires y Leganés, los tres vértices del triángulo cervantino y atlántico de Aurelio Teno (verdad que da un “no sé qué” el codearse con los más grandes). Con un acusado modelado expresionista, el autor nos representa la figura de don Quijote alzando con sus brazos la cabeza, apenas esbozada, de Rocinante. Las figuras se erigen encima de un voluminoso libro de acero cortén; parece que don Quijote quiere sobrepasar los angostos cañones de la palabra y, con su cabalgadura, volar por las dilatadas llanuras del espíritu, de la misma forma que un idioma no sólo es un mecanismo, más o menos eficaz, de transmisión de información sino que es parte fundamental del acerbo cultural que define y conforma las sociedades de los hombres. El conjunto escultórico está rodeado de flores en un homenaje agradecido y sentido de todos los leganenses a nuestra lengua común, y por extensión a don Quijote y a toda la miríada de personajes literarios, reales o de ficción, que nos permiten vivir desde el sofá, desde el metro, desde la piscina, desde…cualquier lugar, las más remotas aventuras, las más entusiastas pasiones y las más excitantes vidas.

La gran novela de Cervantes, en sí, y los personajes que aparecen en ella, han sido objeto de innumerables estudios, ensayos, conferencias, reflexiones, tesis doctorales, artículos (en algunos casos “articulillos”), ediciones, etc.; y, en consecuencia, también han sido multitud los autores, literatos, filósofos, lingüistas, historiadores, pintores, escultores, intelectuales (en algunos casos “intelectualillos”), pensadores, etc. que de una u otra forma han abordado el tema. Por lo tanto es tarea imposible, y con seguridad ingenua, pretender recoger sumariamente una frase, una afirmación, una imagen, …, que pueda poner en común tantos y tan diversos puntos de vista, y en algunos casos tan discrepantes; por eso, me limitaré a reproducir la descripción que de la primera parte del Quijote hacía el bachiller Sansón Carrasco cuando le explicaba, al mismo don Quijote, el éxito de su historia: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran.

En fin, paciente lector, parece que nuestro recorrido se acerca poco a poco a su final, y dejando atrás la avenida de la Lengua Española ponemos rumbo al barrio de San Nicasio, en concreto a la avenida del Mar Mediterráneo. Como el mar al que está dedicado, que parece un patio de vecinos gigante, nuestra avenida es donde confluyen varios barrios del distrito de San Nicasio: Ríos, Campo de Tiro y V Centenario, y también el barrio de La Fortuna. La casualidad ha querido, por un lado, que en esta calle esté el colegio que Leganés dedica a la ya glosada batalla de Lepanto, para Cervantes su mayor momento de gloria; y juntarlo con el de mayor dolor para don Quijote, ya que fue en las playas de Barcelona, a orillas del Mediterráneo precisamente, donde nuestro Caballero de los Leones perdió su singular y último lance contra el Caballero de la Blanca Luna, lo que le obligó a retirarse durante un año a su aldea y renunciar al uso de las armas durante ese tiempo. Tremendas condiciones que don Quijote aceptó porque estaba obligado por las leyes de la caballería andante, pero a lo que no estuvo dispuesto fue a reconocer que existiera, ni tan siquiera que pudiera existir, otra más bella que Dulcinea; e incluso estando ya derribado, y el Caballero de la Blanca Luna intimándole con la punta de la lanza en su cuello, revindicó don Quijote su amor y su entrega a la princesa manchega. Se trata de uno de los momentos más tristes de la novela cervantina, donde hasta el más insensible corre riesgo de sentir humedad en los ojos. En cuanto a las emociones que genera, sólo son comparables a las que suscita el diálogo que mantienen amo y escudero cuando, derrotados y abatidos, regresan a su aldea, y Sancho, contagiado del mal de su amo, le anima para pasar el año de penitencia disfrazados de pastores en los montes, selvas y prados de la aldea; incluso don Quijote ya piensa en sus nombres: yo el pastor Quijótiz, y tú el pastor Pancino; pero no se quedó ahí, Sansón Carrasco sería Sansino o Carrascón; el barbero maese Nicolás, Miculoso; el cura, Curiambro; Teresa, Teresona; y Dulcinea, ¡ay!, Dulcinea sólo podía ser Dulcinea.

Para compensar estos sentimientos, quiero informarte, afligido lector, que al margen de esta avenida se erige, sugestivo, el nuevo centro cívico municipal, que está dedicado a José Saramago, un portugués que se ha convertido en una de las glorias de las letras castellanas. El edificio, obra de Manuel del Vals y que de alguna manera evoca la romana plaza de San Pedro, parece querer acoger en su seno diáfano y límpido al visitante e introducirlo, por un patio de agua y plantas, en el templo de la cultura que conforman su gran biblioteca y su magnífico teatro dedicado a José Monleón.

Cuando dejo la avenida del Mediterráneo, recuerdo las desconsoladas y amargas palabras con las que clamó don Quijote cuando salió de Barcelona:

—Aquí fue Troya; aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la Fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se oscurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse.

Nuestro periplo llega a su fin, estimado lector, atravieso el barrio de las Provincias, dirección Valdepelayo, y en el altozano de la calle Aragón diviso el colegio público dedicado a la memoria de Miguel de Cervantes. En este punto tan sólo me queda culminar el traslado de su autorretrato:

Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria.

En la aprobación de la segunda parte del Quijote, el licenciado Márquez Torres cuenta que cuando estuvo en Francia, con motivo de las negociaciones de las bodas entre príncipes e infantas de aquel reino y el de España, descubrió que Cervantes era conocido y alabado por los caballeros franceses, no sólo por el Quijote, sino también por “La Galatea” y por sus “Novelas Ejemplares”. El licenciado sigue su relato apenado porque, ante las insistentes preguntas de los franceses sobre la persona de Cervantes, tuvo que confesar que era viejo, soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: «Pues ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario publico?». Pues que se sepa, afecto lector, que Leganés si honra y ensalza como se merece la memoria de Cervantes y de sus creaciones.

Por todo esto digo que Leganés es, y así debe ser reconocida a partir de ahora, una de las ciudades cervantinas de mayor importancia en España, e incluso en el mundo. De todas formas, habrá ciegos que continuarán viendo una bacía donde reluce el dorado metal del yelmo de Mambrino; pues a esos les proclamo: ¡Leganés, ciudad cervantina!, y quien lo contrario dijere, le haré yo conocer que miente, si fuere caballero, y si escudero, que remiente mil veces.

Así, fiel lector, termino el “articulillo”, y hago mías las palabras de Cervantes en el prólogo de la segunda parte del Quijote: ¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro?

Vale.

© Francisco Arroyo Martín


Para citar este artículo desde el blog:

ARROYO MARTÍN, Francisco. Leganés, ciudad cervantina. http://franciscoarroyo.blogspot.com/. 14 julio de 2007. © Fotografías: José Luis Sampedro y archivo Ayto. Leganés


El artículo está publicado en:

  • ARROYO MARTÍN, Francisco. Leganés, ciudad cervantina; en: AA.VV. Jornadas Cervantinas: El Quijote IV Centenario. Leganés. Madrid. Instituto de Estudio Históricos del sur de Madrid «Jiménez de Gregorio» y Ayto de Leganés, 2005, págs. 11-25.ARROYO MARTÍN, Francisco. Leganés, ciudad cervantina; en: AA.VV. Memoria: El Quijote IV Centenario. Leganés, editado por Juan Alonso Resalt. Madrid. Instituto de Estudio Históricos del sur de Madrid «Jiménez de Gregorio» y Ayto de Leganés, 2006, págs. 95-111.


14 septiembre 2006

El PSOE desde la proclamación de la Segunda República hasta la aprobación de la Constitución de 1931

Archivado en: Historia,Leganés,PSOE,República,Siglo XX — Francisco Arroyo Martín @ 5:28 pm
Tags: , ,

El PSOE desde la proclamación de la Segunda República hasta la aprobación de la Constitución de 1931
Por Francisco Arroyo Martín
Agrupación Socialista de Leganés

[Conferencia impartida en la Agrupación Socialista de Leganés con motivo del 75º aniversario de la II República]

Leganés, 19 de abril de 2006

75º ANIVERSARIO DE LA PROCLAMACIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Presentación

Quiero empezar mi intervención agradeciendo a la compañera que ha decidido donar esta bandera, este símbolo de lucha, de compromiso y de fraternidad, a nuestro partido, y, en concreto, a la Agrupación Socialista de Leganés. Tenemos que felicitarnos por ello, y también tenemos que seguir trabajando de forma tenaz y constante para que colectivamente sepamos y podamos estar a la altura de todo lo que representa esta bandera; estoy seguro de que conjuntamente podemos conseguirlo.

Acto seguido, y siguiendo con el capítulo de agradecimientos, lo quiero expresar en este momento hacia nuestro Secretario General por la invitación que me hizo a participar en este acto, para el cual, además, me pidió que preparara una pequeña alocución relacionada con el hecho sustancial que hoy nos ha juntado aquí: la recuperación para el colectivo del Partido Socialista Obrero Español de un emblema de la historia del movimiento obrero de nuestro país y la conmemoración del 75 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española.

Yo he hablado numerosas veces en este foro; unas veces como cargo político, otras como cargo orgánico y otras como militante. Mis intervenciones han sido para dar gestión, presentar programas y propuestas, analizar diferentes situaciones y acontecimiento del devenir de la actualidad política, preguntar, contestar, apoyar unas veces, criticar otras, aportar ideas y sugerencias en programas, … En definitiva, nada más que lo que cualquier activo del partido hace habitualmente en nuestra agrupación. Pero en este acto voy a hablar de Historia; por primera vez hablo en esta casa, en mi casa, en la Casa del Pueblo de Leganés, de Historia; y para mí es una verdadera satisfacción. ¿Por qué? Puede que alguno de vosotros os lo preguntéis; y quiero contestaros que yo, con humildad y modestia, me considero ante todo un aprendiz de historiador, como saben aquellos que bien me conocen. Por eso reitero mis agradecimientos y mi satisfacción por haber tenido la oportunidad de participar en este acto.

Comentaba hace un momento que lo que hacemos en este acto es en sí la recuperación para el colectivo del PSOE de un emblema, de una insignia, de una divisa de una parte de la historia del movimiento obrero de nuestro país. Si este acto se sometiera al análisis frío y aséptico de un observador externo, posiblemente concluiría de esta forma:

“Estos socialistas de Leganés están un poco locos: si hay más de 500 banderas en el almacenillo, ¿Qué importa una más?”

Si de forma fría y aséptica el acto en sí mismo no tiene especial significación, ¿Por qué la tiene para todos nosotros? Además estoy seguro de que ninguno nos emocionaríamos porque el inventario de banderas de la agrupación aumente en una más; entonces ¿Por qué para todos los que estamos aquí hoy, este acto es importante?

La respuesta hay que buscarla en que lo que da sentido a la izquierda como pensamiento político no son los partidos, ni las propuestas más o menos acertadas, ni las personas que dirigen las organizaciones políticas; nada de eso por sí solo explica que nosotros nos sintamos herederos de un acerbo cultural y político que nos identifica, interna y externamente, como compañeros frente a otras concepciones políticas. La razón última es la pervivencia en el tiempo de unos valores que constituyen la esencia del pensamiento político de izquierdas; y que, a pesar de los cambios, transformaciones y novedades que se han producido en los hombres y mujeres y en las sociedades que forman, perviven en el intelectual colectivo y dan sentido a nuestra actividad por mucha mutación que se produzca.

Ante estas mudanzas, estos valores necesitan verse reflejados en símbolos, que, en algunos casos, pueden desembocar incluso en mitos que faciliten la identificación colectiva de los valores gregarios. Así, esta bandera que hoy recibimos ha dejado, en este acto, de tener exclusivamente un valor privado, emotivo y sentimental (¡ojo!, que no es poco), y adquiere, en este mismo acto, una trascendencia colectiva, evocativa y simbólica. La bandera pasa de ser una mera enseña de un grupo de trabajadoras más o menos organizado, a convertirse en un símbolo de cómo la lucha obrera se mantuvo con pulso, viva, aún en las peores circunstancias.

Pero para que los símbolos puedan cumplir el papel de aglutinante, se precisa que sean conocidos y valorados. Por eso, y dado que en el acto de hoy también conmemoramos el 75 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española, periodo histórico que es, igualmente, un símbolo de la izquierda y del movimiento obrero, he creído conveniente centrar el contenido de esta charla en el papel que jugó nuestro partido, el PSOE, en los primeros meses de esta apasionante etapa de la historia de España.

Introducción. La Segunda República: El PSOE entre la revolución o el reformismo

Para la izquierda política de nuestro país, la Segunda República representa uno de los momentos más trascendentales de su historia. Por primera vez los partidos obreros llegaban al poder en España, y, además, lo hacían por medios democráticos y con una revolución incruenta que produjo un cambio de régimen político.

Evidentemente este hecho marcará el devenir de los partidos de izquierda, y, en concreto, el del PSOE. Desde el origen del partido se aprecian dos líneas de actuación por parte de sus dirigentes, a las que podríamos resumir como vía revolucionaria y vía reformista. En el periodo que vamos a analizar encontraremos la expresión más genuina de esta dicotomía. Durante el bienio reformista (1931-1933) hallaremos que el partido socialista se posiciona dentro de un claro y decidido reformismo. Veremos que, lejos de forzar situaciones revolucionarias, el PSOE, principal partido obrero del momento, gobierna con partidos republicanos burgueses; y desde el gobierno tendrá que enfrentarse a la acción política del PCE, que en esos momentos era un partido de muy corta afiliación pero tremendamente organizado; y también tendrá enfrente a la entonces muy poderosa CNT; ni siquiera el apoyo incondicional de la UGT le sirvió para atemperar el desgaste de estos años.

Posteriormente, después de que la derecha conquistara el poder en las elecciones de 1933, el PSOE da un profundo giro en su política y se desvincula de las opciones moderadas, convirtiéndose en el principal impulsor de las Alianzas Obreras, que generarán el movimiento revolucionario de 1934.

Tras el fracaso de los movimientos de noviembre de 1934, y tras la dura represión que les siguió, el PSOE abandonó definitivamente las veleidades revolucionarias y apostó por el posibilismo político; a la unidad revolucionaria si bien, durante mucho tiempo y en muchas ocasiones, se escondía debajo de unos planteamientos cargados de radicalismo. Esto es algo que se puede apreciar en la formación del Frente Popular. La derecha reaccionaria se había aglutinado en torno a la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), y parecía que sólo la unidad del resto de fuerzas políticas (democristianas, progresistas, republicanas, nacionalistas, radicales y obreras) podía vencerla. Así se formó el Frente Popular: variopinta coalición política, en la que convivían desde el POUM, hasta partidos republicanos burgueses, pasando por el PSOE y el PCE, que dio lugar a una formación muy radicalizada en los mensajes, pero con un programa muy moderado de corte republicano, que, por desgracia, no pudo ni tan siquiera iniciarse por el golpe militar de Franco en 1936.

Desde la proclamación hasta la aprobación de la Constitución (1931)

El 13 de abril de 1931 se comienzan a conocer en toda España los resultados de las elecciones municipales del domingo 12; y ese mismo día por la tarde las gentes se lanzaron a la calle en el sentido exacto del término: todas las localidades se convirtieron en un hervidero de gente y noticias. En casi todas las ciudades y pueblos se produjeron actos de afirmación republicana, que, en la mayoría de los casos, consistían en concentraciones pacíficas; las acciones de mayor “violencia” consistieron en arrancar las placas de las calles con nombres monárquicos (del tipo: calle Real, avenida de Alfonso XIII, etc.).

Fue una localidad vasca, guipuzcoana a más señas, la primera en proclamar la República, concretamente a las seis de la mañana del día 14 lo realizan los concejales republicanos de Eibar; después le seguirían muchas más: Barcelona, Zaragoza, Sevilla,… El cambio de régimen culminaría con la precipitada salida del rey Alfonso XIII ese mismo día, y con el discurso de Alcalá Zamora en Madrid, a las nueve de la noche, anunciando a los españoles la Segunda República.

La proclamación

Pero vamos a ver cómo se sucedieron los acontecimientos políticos. En primer lugar hay que señalar que la monarquía entró en el año 1931 con una profunda crisis social y política, agudizada por el fracaso político de la dictadura de Primo de Ribera y por la crisis económica mundial de 1929. Aquí algunos de los temas candentes: en la modelo de Barcelona estaba encarcelado todo un “gobierno provisional de la república” que salió de la reunión que el autodenominado “comité revolucionario republicano” tuvo en San Sebastián a finales de 1930; el gobierno monárquico quería fusilar (como lo hizo al final) a los capitanes Galán y García Hernández por la sublevación de Jaca del 12 de diciembre de 1930, creando así los primeros mártires de la II República; los monárquicos exigían una elecciones para la formación de unas cortes constituyentes, las cuales rechazaban frontalmente los republicanos y los socialistas; el gobierno dimitirá en bloque el 14 de febrero de 1931, … Ante esta situación el gobierno del almirante Juan Bautista Aznar (último presidente de la monarquía) convocó unas elecciones municipales para el 12 de abril a las que seguirían una elecciones generales de carácter constituyente.

Señalar que el PSOE, y el resto de partidos republicanos, decidieron participar en las elecciones, aunque no pensaban reconocer a los ayuntamientos resultantes de las mismas, ya que consideraban que la manipulación electoral imposibilitaría el acceso a las ciudades importantes de los partidos obreros y republicanos.

Lo cierto es que el juicio de los sucesos de Jaca y el realizado al “comité revolucionario” (13 y 20 de marzo), se convirtieron en cajas de resonancia del programa republicano, mientras que los sectores monárquicos, con profundas diferencias entre sus principales dirigentes, no supieron reaccionar a tiempo.

Los resultados fueron sorprendentes para todos:

o 67 % de participación, lo que desmiente el abstencionismo monárquico.

o 50,83 % de concejales monárquicos; 49,17 de antimonárquicos (si bien los resultados estaban distorsionados por el artículo 29 de la Ley Electoral que favorecía a los candidatos oficialistas del gobierno).

o En 44 capitales de provincia vencen las candidaturas republicanas, frente a las sólo 8 en las que lo hacen las monárquicas (Lugo, Burgos, Soria, Ávila, Pamplona, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria y Palma de Mallorca).

Ante esta situación, la derecha se vio desbordada por los acontecimientos. Y tras la proclama de Eibar, se precipitan las promulgaciones republicanas en los balcones de ayuntamientos y diputaciones: la gente está en la calle, nadie parece trabajar ese día, se producen innumerables concentraciones y manifestaciones populares, espontáneas y pacíficas. Sin duda alguna, esta situación amedrenta al rey que, ese día 14, a las once de la mañana, ordena al conde de Romanones que prepare el traspaso de poderes y la salida de la familia real con Alcalá Zamora. Romanones pretendía conseguir unas semanas donde se pudiera buscar una solución definitiva. Alcalá Zamora, que en esos momentos contaba ya con el apoyo de la Guardia Civil dirigida por el general Sanjurjo, y en uno de sus escasos momentos de clarividencia política, se mostró inflexible: el plazo para la salida de Alfonso XIII será esa misma noche (en concreto antes de la salida del sol del día 15). Igualmente, Alcalá Zamora, en unos de sus abundantes momentos de acierto en la gestión, exigió legitimar el traspaso de poderes: el rey traspasaría todos los poderes al gobierno actual del almirante Aznar; y éste los traspasaría, al día siguiente, a los nuevos mandatarios.

Esta reunión acabó a las dos y media. A las seis se reunió el último Consejo de Ministros de la monarquía, que se celebró en el Palacio Real de Madrid[1]. Con tan sólo la oposición de De la Cierva se aprobó el traspaso de poderes con un discurso de Alfonso XIII que comenzaba así: “Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que hoy no tengo el amor de mi pueblo […]”. Inmediatamente partió hacía Cartagena, de donde saldría el barco con destino a Francia.

De todas formas, el traspaso de poderes no se produjo de la forma acordada. El Comité Revolucionario, presionado por las masas que inundaban todo el centro de Madrid, había decido hacerse formalmente con el poder sin esperar al traspaso acordado. Así, a las ocho de la tarde, el que ya se denominaba “gobierno provisional de la república”, llega al ministerio de gobernación en la Puerta del Sol. En la entrada, la Guardia Civil que protegía el edifico le presenta armas; después, Miguel Maura realiza la primera acción del gobierno provisional: la destitución telefónica de los gobernadores civiles de toda España.

A las nueve de la noche, en un discurso radiado, Alcalá Zamora anunciaba a los españoles el cambio de régimen; decía: “[…] la segunda república española se ha instaurado por un acto de soberanía popular, pacífico y ejemplar […]”

El PSOE fue un elemento determinante para que la proclamación de la república se hiciera como se hizo, pues siendo el partido obrero y de masas más importante del momento, y contando entonces con la UGT como la principal fuerza sindical, la presión popular pudo ser canalizada y sustentada. Los representantes del partido en el “comité revolucionario” defendieron que era preciso hacerse con el poder independientemente de las formalidades legitimadoras, pues era la voluntad popular quien lo legitimaba. Su participación en el “gobierno provisional” se realizó según los acuerdos de la declaración de San Sebastián.

El gobierno provisional

El gobierno provisional estaba formado según los acuerdos del Pacto de San Sebastián, y conformaba una amplia coalición de partidos republicanos que abarcaban todo el arco ideológico:

o Presidente: Niceto Alcalá Zamora (Derecha Liberal Republicana).

o Estado: Alejandro Lerroux (Partido Republicano Radical).

o Gobernación: Miguel Maura (DLR).

o Justicia: Fernando de los Ríos (Partido Socialista Obrero Español).

o Guerra: Manuel Azaña (Acción Republicana).

o Marina: Santiago Casares Quiroga (Organización Republicana Gallega Autonomista).

o Fomento: Álvarez de Albornoz (Partido Republicano Radical Socialista).

o Economía: Nicolau d’Olwer (Partit Catalanista Republicà).

o Hacienda: Indalecio Prieto: (PSOE).

o Trabajo: Francisco Largo Caballero (PSOE)[2].

o Instrucción Pública: Marcelino Domingo (PRRS).

o Comunicaciones: Diego Martínez Barrio (PRR).

Como se puede apreciar, el conglomerado de partidos era ya muy grande, en concreto de siete partidos; pero en algunos casos, estos partidos eran representantes de otras alianzas de partidos o de opciones políticas territoriales. Así, Acción Republicana representaba a una pequeña coalición de grupúsculos organizados en Alianza Republicana; los partidos autonomistas gallego y catalán, a su vez, representaban otras opciones federalistas y autonomistas. En conclusión, era un gobierno complejo que, además, no contaba con un programa de gobierno definido[3]. El PSOE, si bien renunció, en favor de la unidad republicana, a la presidencia del gobierno que le correspondía, asumió tres carteras de vital importancia: Trabajo, que debería acometer la reforma agraria, problema básico entonces; Justicia, que debería garantizar el ordenamiento jurídico y la aplicación de las reformas; y Hacienda que debería buscar los recursos necesarios para llevar a buen puerto las nuevas iniciativas legislativas.

El PSOE era el partido con más miembros en el gobierno, pero su papel como garante del proceso era mucho mayor. Se trataba de un partido muy regularmente implantado en todo el territorio del Estado; contaba con más de 25.000 afiliados, lo que implicaba ser el mayor partido de masas del momento. Además la Unión General de Trabajadores, con cerca de 300.000 afiliados al inicio del año 1931 que se convertirían en cerca de 1.000.000 a finales de año, en esos momentos participaba de una misma directriz política, lo que posibilitó que la naciente república pudiera soportar los duros ataques a que se vio sometida desde la derecha reaccionaria y desde la izquierda revolucionaria.

En este caso, el reformismo político y el posibilismo en la gestión, fueron las opciones que imperaron dentro del partido. De todas formas el debate dentro de la organización era muy fuerte y con posiciones muy extremas que obligaron, incluso, a la convocatoria de un congreso extraordinario.

Pero no adelantemos acontecimientos; veamos primero cómo era la España republicana.

La España del 15 de abril, los retos republicanos

La situación económica del país se encontraba en una fase de transición. El modelo de crecimiento económico de la dictadura de Primo de Ribera, basado en el proteccionismo y en fuertes medidas arancelarias, estaba agotado y con claros signos de recesión que imposibilitaban mantener la positiva balanza comercial con el exterior. Además, los efectos de la crisis mundial de 1929, comenzaban a sentirse en las economías internacionales. Parece que era imprescindible iniciar una política destinada a aumentar el mercado interno. Pero las raquíticas condiciones productivas de la industria, muy dependiente de la maquinaria y de elementos manufacturados externos; la falta de capitalización (a modo de ejemplo señalar que Telefónica, que era la sociedad anónima más importante del país, era controlada en su totalidad por una empresa extranjera, la ITT); las insuficientes redes de transporte y comunicaciones; la atomización industrial; la falta de una estructura financiera estable; la baja productividad laboral; etc., lo convertían poco menos que en una misión imposible.

Pero con todo, el principal problema lo constituía la estructura de propiedad agrícola. Sirva el dato: Galicia contaba con 14.500.000 fincas que ocupaban 2.000.000 de hectáreas; Andalucía occidental, 4.000 fincas para 2.500.000 de hectáreas. Las dos opciones eran nefastas: en el norte apenas se obtenía suficiente para mantener a los campesinos que trabajaban las fincas; y en los latifundios del sur el monocultivo, el absentismo de los propietarios y la desviación de los capitales, ofrecían cada vez menos posibilidades a los agricultores y trabajadores agrarios. Las condiciones de vida de gran parte de los jornaleros andaluces, extremeños y castellanos, se podrían calificar de miserables. Cerca de 4.000.000 de personas vivían de la actividad agraria[4], y para más de 3.000.000 de ellas, la modificación de las estructuras de producción y propiedad agrarias era vital.

Otra dificultad con que se encontró el gobierno de la república fue la conflictividad obrera. Se calcula que existían 2.500.000 de obreros industriales y 1.500.000 de pequeños empresarios, comerciantes, artesanos y funcionarios. Los trabajadores industriales, y buena parte de los agrícolas, se encuadraban dentro de las dos grandes centrales sindicales: UGT y CNT; esta última mantuvo durante este tiempo una gran beligerancia contra la república y sus gobiernos, a los que consideraba poco menos que sicarios del capitalismo. UGT, por el contrario, siempre se alineó con las distintas políticas que ejerció el PSOE, aunque presionó para que modificara el colaboracionismo inicial con los partidos burgueses por la unidad revolucionaria con los partidos y organizaciones obreras.

Otros problemas claves del momento eran la Iglesia y el Ejército. La jerarquía católica se mostró contraria al nuevo régimen y a sus órganos de gobierno, a los que consideraba como meros usurpadores del legítimo poder; aparte del anticlericismo tradicional del PSOE, había que añadir incluso el de los partidos republicanos más moderados. El principal problema estaba en que la práctica totalidad de la educación (muy deficitaria) estaba en manos de las órdenes religiosas. El ejército estaba fuera de control y totalmente desestructurado debido a las veleidades imperialistas de la década anterior en el norte de África; esta situación de guerra había generado un ejército con 200 generales, 17.000 oficiales y 100.000 soldados.

No hay que olvidar la situación de las nacionalidades. El nacionalismo catalán, vasco y gallego, por este orden, pugnaban entonces por conseguir estatutos de mancomunidades con autonomía política. En Cataluña existían varios partidos nacionalistas de todas las opciones ideológicas; no ocurría esto en el País Vasco, donde el Partido Nacionalista Vasco, de tendencia democristiana, era hegemónico si exceptuamos a los carlistas que en esos momentos defendían los tradicionales fueros; en Galicia los partidos nacionalistas eran mucho más moderados, y, en general, los podríamos definir como de centro-derecha.

Las primeras medidas de gobierno

En primer lugar, hay que señalar la ausencia de un programa de gobierno común; ni tan siquiera existía un programa definido ni un acuerdo de mínimos o de líneas básicas de acción. Nada. Hay que recordar que el pacto de San Sebastián era una declaración de unidad de acción para el derrocamiento de la monarquía; sólo había un acuerdo tácito: aplazar las cuestiones fundamentales hasta las elecciones constituyentes. Este acuerdo era lógico; además el primer (o único objetivo) del gobierno provisional era consolidar el nuevo régimen republicano antes que hincar reformas estructurales del Estado. Ahora bien, la presión popular, las expectativas que se generaron y los anhelos de los distintos sectores, forzaron que se adoptaran decisiones de gran calado que, si bien debían ser refrendados en las futuras cortes, constituían de por sí toda una declaración de principios.

Además, la coalición republicana estaba descompensada, pues los partidos burgueses eran claramente mayoritarios en la composición del gobierno; con lo cual, en el debate de los meses anteriores a las elecciones de junio se decantaron por una “república conservadora”, frente a la “república popular” que postulaban los sectores obreristas del PSOE y de los sindicatos. En general, en estos meses se produjo un difícil equilibrio entre la tendencia conservadora de la mayoría del gobierno y la necesidad de dar respuesta a las demandas sociales, que de forma inmediata se trasladaron al gobierno.

Tras la toma del poder y la destitución de los gobernadores civiles, y la información a los cuarteles de la nueva situación política, las primeras medidas decretadas, la misma noche del día 14, fueron:

o Aprobación del “Estatuto Jurídico” del gobierno provisional:

o Elecciones constituyentes para el mes de julio.

o Libertad de cultos y creencias.

o Respeto a la conciencia individual.

o Respeto a las libertades y derechos ciudadanos.

o Sometimiento de los decretos del gobierno a las futuras Cortes.

o Garantía de la propiedad privada; si bien se reservaba el derecho de expropiación por causa de utilidad pública.

o Amnistía para todos los delitos políticos, sociales y de imprenta.

o Declarar el día 15 de abril no laborable.

o Declarar fiesta nacional el 14 de abril.

o Decretos de nombramientos de altos cargos de la administración (gobernadores de Madrid y Barcelona; subsecretarios, etc.).

En definitiva podía ser el “Estatuto Jurídico” un programa mínimo de gobierno, pero la falta de coordinación y de unidad política del gobierno derivó en una autonomía ministerial, en la cual cada ministro llevó a cabo el programa de su partido en esa área.

El primer problema con el que tuvo que enfrentarse el gobierno provisional lo había originado la declaración de Macià el mismo día 14, cuando proclamó la “República Catalana dentro de la República Federal Española”. En principio, no se trataba de una declaración unilateral de independencia, pero sí se trataba de una definición de modelo de república; lo que, aparte de incumplir el pacto de San Sebastián, generaba profundas diferencias entre los partidos que conformaban el gobierno provisional. En esta situación, tres ministros[5] se desplazaron a Barcelona para ratificar los acuerdos del pacto de San Sebastián: las Cortes Constituyentes aprobarían un estatuto de autonomía para Cataluña previamente aprobado por referéndum por los catalanes; además el modelo territorial del Estado debía establecerse en la futura Constitución. Macià aceptó la propuesta a cambio de que el gobierno central legalizara al gobierno de la “Generalitat”; este decreto se firmó el 26 de abril, en el viaje que en loor de multitudes realizó Alcalá Zamora a Barcelona.

En el País Vasco, a rebufo de Cataluña, se produjo una revitalización del sentimiento nacionalista, que culminaría el 14 de junio con una asamblea de alcaldes en Estella que aprobaron un estatuto que reconocía un “gobierno vasco vinculado a la República Federal Española”. La autonomía para el País Vasco no era bien vista por el gobierno central, ya que los partidos proponentes, PNV y tradicionalistas, no destacaban precisamente por su fervor republicano; además, en el PSOE se mostraban muy reticentes a este estatuto de Estella por el papel que se otorgaba a la Iglesia en la educación.

Pero, como hemos visto, el problema más acuciante era el agrario, tanto en relación a los sistemas de producción como al régimen de propiedad. El día 20 de abril se produce el primer debate en el seno del gobierno sobre este asunto, y se aprecian claramente dos posturas enfrentadas: los ministros socialistas exigen la adopción de medidas drásticas para poner todas las tierras de labor en producción, bien por parte de los dueños o de los trabajadores; por otro lado el resto del gobierno prefería contemporizar y realizar estudios técnicos que permitieran buscar soluciones efectivas. La controversia se resolvió con la decisión de actuar en temas concretos por decretos y dejar la reforma estructural para la futura Ley de Reforma Agraria. Así:

o El 28 de abril se aprobó el decreto de “términos municipales” por el que se obligaba a los propietarios a emplear trabajadores del municipio donde se ubicaran las fincas (decreto de difícil aplicación, sobre todo en épocas de recolección).

o El 29 de abril se aprobó otro decreto por el que se prohibía la rescisión de los contratos de arrendamiento (excepto por falta de pago).

o El 7 de mayo se aprobó el decreto del “laboreo forzoso” que obligaba a cultivar las tierras según el uso y costumbre del lugar; en caso contrario, el laboreo de las fincas se cedería a las organizaciones obreras de la localidad.

o En junio, por varios decretos, se estableció la jornada laboral de ocho horas; se fijaron salarios mínimos en las actividades agrarias; y se crearon los jurados mixtos del trabajo rural.

Como se puede apreciar, son medidas muy moderadas, pero fueron vistas por los propietarios agrarios con connotaciones revolucionarias, lo que generó una fuerte contestación por la oligarquía agraria. A esto se añadió una gran conflictividad social que se generó desde el momento en que la CNT no aceptó de ningún grado las medidas adoptadas, en especial la de los jurados mixtos, que en gran mayoría ocuparon militantes de la UGT (recordar que Largo Caballero era presidente de la UGT). Todos los decretos habrían de ser convalidados por la futuras Cortes de la república.

Como hemos visto Manuel Azaña tuvo la responsabilidad de acometer las necesarias y drásticas reformas que necesitaba el Ejército. El primer paso era reducirlo en tamaño; hacerle en verdad operativo para la defensa nacional, modernizar el armamento; mejorar las unidades, tanto en su estructura de mandos como en las técnicas militares;… A este fin se redactaron más de treinta decretos que serían ratificados en las cortes de septiembre. Destacar:

o El 22 de abril se exigía la promesa de fidelidad a todos los militares que quisieran seguir en activo. Aquellos que no prometieran fidelidad se les retiraría del servicio pero percibiendo el sueldo íntegro.

o El 25 de abril, se promulgó el decreto de Retiros, por este decreto 8.000 oficiales (cerca del 40%) optaron por la jubilación anticipada.

o Se redujo el número de divisiones, se suprimió el Consejo Supremo de Justicia Militar, lo mismo ocurrió con las capitanías generales y con la Academia General de Zaragoza[6], etc.

o Se creó el cuerpo de suboficiales, para los cuales se debía reservar un 60% de las plazas de oficiales de las academias (se buscaba descastar la oficialía).

Si bien se puede hablar que la mayoría de las medidas adoptadas fueron positivas, el éxito de la reforma del Ejército fue relativo, pues muchos jefes militares antirrepublicanos no tuvieron el menor reparo de jurar fidelidad a la República y seguir conspirando contra el Estado; y por el contrario mucho buenos y fieles oficiales se acogieron a los beneficios del decreto de Retiros. Pero quizás el mayor defecto estribó en que no se realizó ninguna reforma en el cuerpo militar encargado del orden público, en la Guardia Civil. Como veremos, en muchos casos las actuaciones de la Guardia Civil para sofocar la infinidad de conflictos sociales con los que tuvo que bregar la república, originaron más problemas de orden público que el conflicto en sí.

También es reseñable el esfuerzo que el gobierno provisional realizó en mejorar la muy deficiente educación del país. La educación pública era claramente insuficiente, se estimaba que se precisaban más de 27.000 nuevas escuelas para garantizar la escolarización. Así sí las primeras medidas se encaminaron a dotar al estado de recursos suficientes. Además si se quería romper el cuasi monopolio que sobre la educación tenían las órdenes religiosas había que dar salida a los escolares que estaban en estas instituciones. Las medidas más importantes fueron fueron:

o Declarar voluntaria la enseñanza religiosa (6 de mayo).

o Creación del Patronato de Misiones Pedagógicas (29 de mayo).

o Se crearon 7.000 plazas de maestro.

o Se aumentaron los sueldos de los maestros entre el 20 y el 40 por ciento (23 de junio).

o Se aprobó un plan para crear 6.570 escuelas entre 1632 y 1933 (16 de septiembre).

Forzosamente, estas medidas, y otras de similar calado, como eran la disolución de las órdenes religiosas y el cese de toda ayuda oficial del Estado a las instituciones religiosas, generaron un conflicto con la Iglesia Católica desde el mismo día de la proclamación. Esta situación generó un clima de inquietud que tuvo su mayor exponente en la “quema de conventos”. Lo cierto es que estos hechos se produjeron en una “jornada de lucha” convocada para el 11 de mayo en Madrid por la CNT y el PCE (fuerzas de poca influencia en la capital) ante los altercados que se produjeron el día anterior en un intento de asalto del edifico del “ABC” donde murieron dos personas (una de ellas un niño de 13 años). En esta “jornada de lucha”, sin saber cómo y sin que ninguna organización revindicara la autoría, a las diez de la mañana empezó a arder la residencia de los jesuitas de la calle de la Flor; acto seguido le siguieron varios edificios religiosos de Madrid. Al día siguiente los altercados se propagaron por varias ciudades; más de cien edificios fueron incendiados, si bien no hubo ninguna víctima. El gobierno de la república, después de varios titubeos, declaró el estado de guerra el día 12 por la tarde para sofocar este atropello. Nunca se repetirían hechos como estos en los años de la república.

Elecciones a Cortes Constituyentes

En medio de esta conflictividad social y política se produjeron las elecciones a Cortes el 28 de junio. Votó más del 70 % del censo, en el que se había rebajado la edad de voto a los 23 años pero en el que todavía no votaban las mujeres. Las candidaturas conjuntas de republicanos y socialistas obtuvieron una victoria casi total, sumando las formaciones afines y las situadas más a la izquierda alcanzaron el 90 % de la Cámara. Socialmente estos partidos representaban las clases medias burguesas (pequeños comerciantes, intelectuales, funcionarios, etc.), y las clases trabajadoras (obreros industriales y agrícolas). Se trataba de un éxito de los presupuestos republicanos, pero en su seno se escondían contradicciones que se manifestarían ineludibles a las pocas semanas. El partido socialista era la minoría más numerosa, si bien la agrupación de los partidos republicanos burgueses representaba la opción política mayoritaria.

El 14 de julio, en medio de una gran algarabía popular, Julián Besteiro fue elegido presidente de las Cortes. La composición de la Cámara quedó así:

El PSOE había convocado un congreso extraordinario, inmediatamente después de conocerse los resultados electorales, para debatir la participación en el nuevo gobierno. Gano la postura “colaboracionista”, defendida por Indalecio Prieto, por el 56 % de los delegados presentes en el Congreso. Besteiro, curiosamente, había defendido una posición mucho más crítica con la Alianza Republicana, ya que consideraba que algunos partidos que la conformaban, en concreto el radical de Lerroux, defendía los intereses de la oligarquía económica. En este congreso también se aprobó un programa mínimo para la nueva Constitución; si bien los apartados más comprometidos apenas fueron defendidos en los debates constitucionales.

Pero a pesar de la indiscutible victoria y del clima de euforia que se respiraba en estos días, la violencia iba a marcar los meses veraniegos. Sin apenas tiempo para ocupar los despachos, el nuevo gobierno se encontró con la huelga de telefónica promovida por la CNT. El apoyo del gobierno a la empresa alargó el conflicto todo el verano, lo que llevó en algunos momentos a que la central anarquista realizara numerosos actos de coacción y sabotaje, incluido la colocación de bombas en Madrid y Barcelona. En Sevilla, en el mes de julio, la conflictividad social originó varios enfrentamientos entre huelguistas y la Guardia Civil en los que se produjeron varias muertes entre los primeros. A partir de entonces la espiral de violencia no dejó de crecer: se aplicó “la ley de fugas” a cuatro presos comunistas; se tomó la ciudad por el Ejército y la Guardia Civil; se bombardeó con artillería varias casas; etc.

El debate de la Constitución republicana

En medio de este clima de violencia y crispación social, comenzaron los debates constitucionales. El 29 de julio se nombró una Comisión Parlamentaria de 21 miembros, que reflejaba la composición de la Cámara, cuyo presidente era el socialista Luís Jiménez de Asúa. Con sorprendente celeridad se elaboró una propuesta constitucional, que el propio Asúa la definió como “avanzada y de izquierda, pero no socialista”. La propuesta se presentó al plenario el 29 de agosto, apenas mes y medio después de constituirse las Cortes; el debate del articulado comenzó el 16 de septiembre.

Los puntos que generaron mayores dificultades y divisiones entre el bloque republicano fueron:

o Definición del Estado. Tras una votación muy ajustada (170 a 152) se recogió la propuesta socialista que definía al Estado como: España es una república democrática de trabajadores de todas clases que se organiza en régimen de libertad y justicia.

o Estructura del Estado. En el articulado se eludió la estructura federal por una ambigua formula que permitía los estatutos de autonomía: La república constituye un Estado integral compatible con la autonomía de municipios y regiones.

o Asignación de competencias y organización de las autonomías. Fuerte enfrentamiento entre los nacionalistas y radical-socialistas y el resto. El PSOE defendió, en general, que el Estado asumiera en exclusividad gran parte de las competencias, en especial aquellas que garantizaran derechos laborales.

o Voto de la mujer. En general la izquierda se mostró contraria a este derecho. Victoria Kent, de la formación radical-socialista, decía que las mujeres españolas eran incultas, retrógradas y conservadoras; fue otra mujer, Clara Campoamor, del partido radical, quien defendió la igualdad de derechos. El resultado de la votación fue de 160 a favor por 120 en contra.

o Propiedad privada. En este punto el partido socialista defendió el interés colectivo frente a la propiedad individual. El proyecto establecía la subordinación de la propiedad privada al interés de la economía nacional y reconocía la expropiación y nacionalización por interés social. Esto chocaba de frente con los intereses que representaban los partidos republicanos. Besteiro, en un discurso memorable, defendió el articulado diciendo que era la única vía que permitiría a los socialistas luchar por sus objetivos dentro de la constitución; de no ser así se les enviaba directamente al camino insurreccionad. Esta situación estuvo a punto de provocar la ruptura del gobierno debido a la intransigencia de Alcalá Zamora, pero por el momento pudo salvarse; lo peor estaba por venir.

o Iglesia. La aconfesionalidad del Estado fue aprobada sin problemas; pero no ocurrió lo mismo con el artículo (el 26) que se refería a la libertad de cultos. En este artículo se sometían todas las religiones a las leyes del estado, se prohibía la financiación pública de cualquier confesión, se establecía la disolución de las órdenes religiosas y la nacionalización de sus bienes. Alcalá Zamora se mostró totalmente contrario a este artículo, y con la derecha reaccionaria posibilitaron una nueva redacción del proyecto a la que se opusieron los socialistas y los radicales-socialistas. La ruptura del bloque republicano parecía irremediable; Azaña, en una brillante actuación e intervención parlamentaria, intentó infructuosamente salvar el bloque republicano con una propuesta intermedia: disolución de las órdenes que tuvieran un cuarto voto de obediencia a una autoridad distinta al estado (los jesuitas); para las demás una ley especial que prohibiría que ejercieran la enseñanza. El artículo se aprobó con un amplio margen: 178 a favor contra 59, pero no evitó la ruptura: el 15 de octubre, Alcalá Zamora dimitió como presidente del Consejo de Ministros y Maura le acompañó.

El debate constitucional produjo una profunda herida, de la cual la República no supo, o no pudo, curarse, y sus cicatrices perdurarían a lo largo de los años. Además la crisis abierta por la cuestión religiosa, conjuntamente con la pretendida defensa de la “unidad de España”, fueron los principales argumentos que utilizó la derecha para vertebrar un discurso ideológico que le permitieron recomponer la unidad política.

La dimisión de Alcalá Zamora; Azaña presidente del gobierno.

La cuestión religiosa fue el detonante de la dimisión de Alcalá Zamora, pero no fue su única causa. La ruptura del bloque republicano se manifestó como inevitable en la elaboración de la Ley de Reforma Agraria, en la cual se vieron que los intereses de los grupos republicanos burgueses eran absolutamente incompatibles con los de los partidos de izquierda, en particular con el PSOE y los radicales-socialistas. El proyecto de Ley preveía expropiaciones por interés social, que en el caso de propietarios absentistas la indemnización se reduciría a la mitad, incluso llegaba a eliminarse en las propiedades de “origen feudal” (las de la nobleza y en especial de los Grandes de España). Para la derecha política, tanto la moderada como la reaccionaria, esto constituía una verdadera revolución, lo que hizo imposible la unidad gubernamental. De todas formas, la aprobación o revisión del proyecto de Ley de Reforma Agraria se pospuso a la aprobación de la constitución.

La crisis de gobierno fue resuelta por Besteiro en unas horas: Azaña se hacía cargo de la presidencia del Consejo y del ministerio de Guerra, Casares pasaba a ocuparse del ministerio de Gobernación, y Giral entraba en el gobierno como ministro de Marina.

El nuevo gobierno fue ratificando en general todos los decretos del gobierno provisional. Las principales leyes promovidas por ministros socialistas fueron:

o Ley de Defensa de la República (Fernando de los Ríos).

o Ley de Jurados Mixtos (Largo Caballero).

o Ley de Colocación Obrera (Largo Caballero).

o Ley de Asociaciones Profesionales (Largo Caballero).

o Ley de Intervención Obrera en la Gestión Industrial (Largo Caballero).

o Ley de Contrato de Trabajo (Largo Caballero)

o Ley de Ordenación Bancaria (Prieto).

Se aprueba la Constitución de la República Española
Tras la dimisión de Alcalá Zamora, el 15 de octubre, el debate constitucional fue a buen ritmo y el primero de diciembre estaba votado todo el articulado. El global del texto se votó el 9 de diciembre con un resultado de 386 votos a favor y ninguno en contra, si bien con 89 ausencias. Al día siguiente se elegía a Alcalá Zamora como el primer presidente de la Segunda República Española, con 362 votos a favor, 35 papeletas en blanco y 13 votos a favor de otros candidatos. Esta elección se había decidido el 2 de noviembre por los principales líderes de la coalición gubernamental. En esta reunión también se decidió prolongar las Cortes constituyentes hasta que se aprobara la legislación adicional al texto constitucional.

El problema estribaba entonces en la propia continuidad del bloque gubernamental. Los radicales de Lerroux consideraban que muchas medidas de gobierno tenían un carácter socialista que perjudicaban a amplios sectores de las clases medias; apostando por la salida del gobierno de los socialistas. Parece que Azaña participaba de esta opinión; pero las dificultades que en las cortes traería una decisión de este tipo cuando tocara aprobar la legislación complementaria y los presupuestos, le hizo modificar su postura.

Azaña dimitió el 12 de diciembre; el día siguiente, el presidente de la república encargó le encargó la formación del nuevo gobierno. Los radicales manifestaron públicamente su negativa a gobernar con ministros del PSOE, y, en consecuencia, su negativa a participar en el nuevo gobierno, si bien afirmaron que mantendrían el apoyo parlamentario a la coalición gubernamental.

El gobierno de Azaña presentaba en general pocos cambios y quedo conformado de la siguiente forma:

o Presidencia y Guerra: Manuel Azaña (AR).

o Estado: Luís Zulueta (independiente).

o Gobernación: Santiago Casares Quiroga (ORGA).

o Justicia: Álvarez de Albornoz (PRRS).

o Hacienda: Jaume Carne (AC).

o Obras Públicas: Indalecio Prieto (PSOE).

o Agricultura, Industria y Comercio: Marcelino Domingo (PRRS).

o Instrucción Pública: Fernando de los Ríos (PSOE).

o Trabajo: Francisco Largo Caballero (PSOE)

o Marina: J. Giral (AR)

El 17 de diciembre se presentó el nuevo gobierno que obtuvo el apoyo de todas las formaciones del bloque republicano. Se iniciaba el conocido como “bienio progresista” o “bienio reformista”

Epílogo
Después vendría:

o Castilblanco, Arrendó, Alto Llobregat…

o El ninguneo de los propietarios de fincas…

o Las conspiraciones. El alzamiento del 10 de agosto…

o El estatuto de Cataluña…

o La aprobación de la Ley de Reforma Agraria…

o La crisis económica…

o Casas Viejas…

o La reorganización de la derecha…

o La CEDA…

o Los titubeos fascistas…

o Las crisis de gobierno (Azaña, Lerroux, Martínez Barrios)…

o Las elecciones de 1933…

o La victoria de la derecha. El “bienio conservador”…

o Las insurrecciones anarquistas…

o La ley de Amnistía…

o El giro del PSOE hacia la revolución…

o La huelga campesina de junio de 1934…

o Los conflictos nacionalistas…

o El movimiento revolucionario de octubre de 1934…

o La represión…

o La Ley de (contra)Reforma Agraria…

o La crisis de la derecha, el “straperlo”…

o El Frente Popular…

o Las elecciones de febrero de 1936…

o La victoria del Frente Popular…

o Nuevo gobierno de Azaña, sin las organizaciones obreras…

o Azaña presidente de la República…

o De nuevo la Reforma Agraria…

o La traición de los militares, la insurrección de Franco…

o El fin de un sueño. El inicio de una pesadilla.

Pero, son otros capítulos y alguien las contará.

© Francisco Arroyo Martín. 2006

Para citar este artículo:

ARROYO MARTÍN, Francisco. El PSOE desde la proclamación de la Segunda República hasta la aprobación de la Constitución de 1931. http://franciscoarroyo.blogspot.com/. 14 septiembre de 2006.

[1] ¡Ojo! A 700 metros de la glorieta de Cibeles, donde, desde las cuatro de la tarde ondeaba la bandera republicana en el Palacio de Comunicaciones.
[2] También era presidente de la UGT
[3] Recordar que las elecciones del 12 de abril eran de carácter local, y que los partidos republicanos no participaron en ellas como opción de gobierno.
[4] 2.000.000 jornaleros y asalariados; 900.000 aparceros o arrendatarios; 1.000.000 de pequeños propietarios; y unos 100.000 medianos y grandes propietarios, de los cuales 10.000 eran importantes latifundistas que controlaban el destino de miles de familias.
[5] Marcelino Domingo (PRRS), Nicolau O’lwer (PCR), Fernando de los Ríos (PSOE).
[6] Recordar que, el ya general, Franco era el director del centro.

Tema Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d bloggers like this: