El Arte de la Historia

2 Enero 2009

El coleccionismo de arte en el siglo XVII

La Vista de Jan Breughel y Rubens

La Vista de Jan Breughel y Rubens

En el siglo XVII hubo una verdadera fiebre por el coleccionismo; por cualquier serie de artilugios u objetos que alguien pueda imaginar: calaveras enanas, relojes, autómatas, fósiles, ídolos aztecas que se traían de América o los finos y delicados cristales de Murano, conchas marinas, estatuas romanas,…; cualquier cosa podía ser objeto de colección de los espíritus caprichosos y asombradizos de la nobleza de la época. Las colecciones se acumulaban en las lujosas cámaras de sus mansiones y ellos competían orgullosos por mostrarlas a todo el mundo. Tal fue su profusión que se llegaron dividir y clasificar de sugerentes maneras; así a las colecciones de artilugios originados por el ingenio humano las llamaban “artificialias”, y “naturalias” a las que producía la naturaleza.

La nobleza no hacía con esta costumbre otra cosa que copiar a los reyes, que eran los primeros en acumular objetos y artefactos para su distracción, solaz y deleite. Y el arte pictórico (en todas sus manifestaciones: lienzo, tabla, tapiz, grabado, etc.) no podía ser menos. En la España del siglo XVII destaca la figura de Felipe IV, que atesoró una innumerable colección de pinturas. Tres razones influyeron en este afán real: el propio gusto personal del monarca, la presencia de Velázquez como primer pintor real y la ornamentación del palacio del Buen Retiro como obra arquitectónica más señalada de la época. Pero de todas formas, no hacía otra cosa que seguir el modelo de su abuelo, Felipe II, a quien, por su pasión por los libros y códices antiguos, debemos que España posea la más completa biblioteca medieval del mundo en El Escorial.

Las salas del palacio del Buen Retiro de Felipe IV albergaron la mejor y más completa pinacoteca de su época, con cuadros de todas las escuelas y géneros pictóricos, que además era uno de los primeros ejemplos de una colección organizada con algún criterio específico: sala de paisajes, sala de retratos, sala de bufones, sala de las batallas, etc.

En este ambiente no es raro que las colecciones se prodigarán entre la nobleza española del siglo XVII. Destacando las colecciones del duque de Monterrey, marqués de Leganés, conde de Benavente, marqués de la Torre, Jerónimo Villafuerte Zapata, Juan de Velasco, Juan de Lastosa, Jerónimo Funes Muñoz, Suero de Quiñones o Juan de Espina, entre otras muchas dignas de reconocimiento. La visita, admiración y elogio, en su caso, de las colecciones era actividad obligada en la sociedad de la época; muchos grandes literatos nos dejaron glosas de las mismas: entre otros, Gracián, Carducho o el mismo Quevedo.

Por referir algunas de las colecciones más curiosas, citaré la de Juan de Velasco que se componía de curiosidades de la naturaleza y de multitud de autómatas. O la de Juan de Lastosa, en Huesca, que reunía una serie de autómatas que representaban a los más diversos animales salvajes, reales o ficticios: dragones, leones, leopardos, grifos, elefantes, rinocerontes, camellos, panteras, tigres,… O la colección de primorosos instrumentos musicales que, entro otras muchas series singulares, poseía el enigmático madrileño Juan de Espina, quien ordenó en su testamento la destrucción de una colección de figuras humanas de damas y galanes que tenía dispuestas por los corredores de su casa en fingidas fiestas (¿y bacanales?).

El marqués de Leganés es un fiel exponente de esta costumbre, que en su caso casi se convirtió en una obsesión. Es asombroso el número de artilugios que atesoraba en sus casas según se desprende del inventario que se hizo de sus bienes tras su muerte: relojes [algunos con autómatas, como en la plaza Mayor de Leganés; ¡Cuántas vueltas da el mundo!], espadas, piezas de artillería, estatuas (entre ellas una veintena de bustos de bronce de emperadores romanos), espejos,… Vicente Carducho, en sus Diálogos de la pintura (Madrid, 1633), destaca de la colección del marqués de Leganés, además de sus cuadros, su “muchedumbre” de ricos muebles y sus “espejos singulares“, así como sus “relojes extraordinarios“. En verdad, un sin fin de objetos, pero lo verdaderamente asombroso era su colección de pinturas: ¡más de 1.300 pinturas poseía el buen señor! Tan sólo por el número ya sería extraordinaria [el palacio del Buen Retiro tenía unos 800 cuadros], pero lo verdaderamente importante era la calidad de gran parte de las obras que contenía. Pero no fue el único potentado enamorado del arte, también eran notables las colecciones de pinturas del conde de Monterrey, del marqués de Castel Rodrigo, del almirante de Castilla, del duque del infantado o la del protonotario Jerónimo de Villanueva; y no sólo los nobles acumulaban pinturas, sirva como ejemplo que Las Hilanderas de Velázquez pertenecía a la esplendida colección del “plebeyo” Juan de Arce.

Imagen: La Vista. Jan Brueghel ‘el Viejo’ y Pedro Pablo Rubens, Pedro Pablo. 1617. Óleo sobre tabla. 65 cm x 109 cm. Museo del Prado. Madrid. Ver entrada del Museo del Prado

© Francisco Arroyo Martín. 2009

Extracto del artículo La Colección de Pinturas del I Marqués de Leganés, publicado por el autor en el número 2 de la Revista Cultural EL ZOCO. Pinchar aquí para leerlo completo

Para citar este artículo desde el blog: ARROYO MARTÍN, Francisco. El coleccionismo de arte en el siglo XVII. http://elartedelahistoria.wordpress.com/2009/01/02/el-coleccionismo-de-arte-en-el-siglo-xvii/. 2 de enero de 2009.

26 Agosto 2008

Sistemas de reclutamiento de tropas en el siglo XVII

Archivado en: Edad Moderna, Ejército, Historia, Marqués de Leganés, Siglo XVII, Sociedad — Francisco Arroyo Martín @ 6:36 pm
Tags: , , ,

Recluta de tropasUna de las características del estado moderno, frente a los reinos medievales (junto a la creación de una burocracia administrativa y una política hacendística) es el hecho de que el poder de los monarcas se basaba en un ejército eficiente y de carácter voluntario que no dependiera del contrato de vasallaje feudal.

En Castilla, la aparición del soldado pagado, que lucha por su rey en función de un contrato y a cambio de una compensación económica, aparece ya regulado desde las Cortes de 1338 en Burgos. Pero este sistema alcanzará su mayor eficacia durante el siglo XVI y se seguirá practicando durante todo el siglo siguiente. Pero en el siglo XVII hubo que acudir frecuentemente al reclutamiento forzoso de hombres a través de contribuciones fijas o “presidios” en las ciudades y a las milicias urbanas, al ser más rápida y barata que las reclutas voluntarias.

No existía un ejército estable con un número de hombres fijo para la defensa del estado, cada campaña el Consejo de Guerra hacía las previsiones de hombres y dinero necesarios para atender los distintos frentes abiertos en cada año, y en consecuencia se establecían el sistema y lugares para hacer el reclutamiento de los hombres que faltaren para completar esas previsiones, así como de la recaudación del dinero preciso. Las ventajas del reclutamiento voluntario son evidentes, ya que se trataba de un compromiso individual del soldado con su rey a través del capitán autorizado para la recluta. Además, los oficiales reales se reservaban el derecho de rechazar al recluta por considerar que no era apto para el servicio.

El sistema de reclutamiento se basaba en una autorización, la conducta, que el rey otorgaba a un capitán para levantar soldados en un determinado lugar en su nombre. El capitán y sus ayudantes arbolaban bandera y tocaban tambores para dar a conocer a la población la recluta. El capitán no podía elegir a cualquiera, tenía unos criterios preferenciales para seleccionar a los reclutas, la edad (entre 18 y 44 años), estado civil, la disponibilidad física, estar en posesión de armas, etc. Una vez reclutados se les pasaba revista y si estaban en condiciones se les abonaba 10 días de paga. La recluta debía durar como mucho tres o cuatro semanas, pues en las estancias más largas lo normal es que comenzaran a surgir conflictos entre la población y los soldados, y entre los oficiales y las autoridades municipales.

Una vez formada la compañía esta se dirigía a la plaza de armas destinada o al puerto de embarque. Como norma general las tropas bisoñas eran dirigidas a Italia donde se les sometía a un adiestramiento y con posterioridad se les enviaba a los frentes donde de forma paulatina se incorporaban a los combates, este sistema se recogía incluso en las ordenanzas militares de 1632.

Las levas voluntarias tenían unas ventajas indudables: aportaban buenos soldados al ejército y generaban aguerridas tropas veteranas, y, además, era un sistema que en general se aceptaba favorablemente por la población. Pero presentaba una dificultad evidente: con este sistema no se garantizaba el relevo de las licencias o bajas, y muchos menos las necesidades cada vez mayores y más apremiantes de la monarquía, en particular desde que Felipe IV tuvo que guerrear dentro de las fronteras peninsulares.

Por esta razón, hubo que recurrir a formas de reclutamiento forzosas, que normalmente se basaba en el número de pobladores; debiendo contribuir con un soldado por cada cinco hombres válidos (de aquí los antiguos “quintos”). El rey podía autorizar a la población a contribuir en especie, pagando el coste de un año de los soldados que le asignase a cambio de que no se levantara ningún hombre forzado, pero esta formula era de muy difícil aplicación cuando el problema era encontrar voluntarios, aparte de la ruina que representaba para los pobladores cuando las levas eran continuadas.

La valía de las tropas reclutadas en estas levas forzosas o sacadas de las milicias era muy inferior respecto a las tropas voluntarias; un gran porcentaje desertaba en el tránsito a los puertos, se llegó en algunos casos a trasladar a los reclutas encadenados como galeotes y a encarcelar a los familiares del fugado hasta que este apareciera, y la tropa que llegaba al frente era despreciada por los jefes militares dada la escasa operatividad y eficacia de los hombres que eran reclutados de esta forma.

“El reclutamiento de tropas”. La imagen pertenece a la serie de 18 aguafuertes de Jacques Callot (1592-1635), titulada “Les Miseres et les Mal-Heurs de la Guerre”, impreso por Isamel Henriet en París en 1633.

A la izquierda se observa a un oficial real, sentado en un tambor, reclutando a los voluntarios; a la derecha un grupo de oficiales discuten sobre dinero; en el centro, en primer plano, dos escuadrones de infantería con las picas detrás mientras delante la manga de arcabuceros hace una salva al aire; al fondo se vislumbran dos compañías de caballería; de fondo paisajístico vemos a la izquierda los muros de una población y a la derecha las tiendas de un campamento.

Los aguafuertes son impresionantes, para ver la serie pincha aquí

26 Agosto 2005

Seguimos con la biografía de mi marqués

Archivado en: Historia, Leganés, Marqués de Leganés, Siglo XVII — Francisco Arroyo Martín @ 9:41 am
Tags: , , ,
El I marqués de Leganés. Apuntes biográficos (I)
Por Francisco Arroyo Martín. Licenciado en Geografía e Historia

[Ahora estoy investigando cómo se realizó la adquisición de la aldea de Leganés por este señor. Muy interesante el proceso de enajenación de bienes de la Corona que se produjo en los primeros años del reinado de Felipe IV, en favor de particulares; todo parece que con la intención de favorecer el nacimiento y consolidación de una "nueva aristocracia" afín a los intereses de Olivares]


INTRODUCCIÓN
Si se comparara los avatares del reinado de Felipe IV con una partida de ajedrez, podría decirse que la monarquía española jugó con blancas y perdió. En esa partida imaginaria, Francia, con negras, resultó claramente vencedor. La apertura de las blancas, que se situaría con la ruptura de la tregua con las provincias holandesas en 1621, parecía un movimiento gallardo y valeroso, paro a la postre se manifestó como torpe y temerario; como cualquier ajedrecista sabe la apertura por el flanco sin tener controlado el centro del tablero suele traer consecuencias funestas. La partida quedó resuelta con la firma de la Paz de los Pirineos en 1659, donde las negras dejaron al rey blanco en una posición tan desesperada en la cual, salvo error de principiante, el mate era irremediable. Siguiendo el símil de la partida, podemos decir que actualmente tenemos un elevado nivel de conocimiento histórico del resultado y de las principales jugadas, también es bien conocido el papel que desarrollaron sus principales figuras. Sobre el rey blanco, quizás se precise una revisión y síntesis del conocimiento que disponemos de su personalidad y papel histórico. Mayor es el conocimiento que tenemos de las figuras más trascendentales de la partida, tanto de la dama blanca, el conde duque de Olivares, como de la negra, el cardenal Richelieu. Cuando faltaron en la en la partida tan importantes figuras, Francia pudo coronar peón y conseguir una nueva dama de valor incuestionable como fue el cardenal Mazzarino, por contra la monarquía católica, desde que perdió su dama, se tuvo que limitar a jugar con figuras de segundo orden. Si bien, como se ha señalado arriba, conocemos con relativa certeza el contexto en el que se desarrolló la partida, las jugadas más trascendentes y cual fue el papel de sus principales piezas, no podemos decir lo mismo de las figuras menores. Fueron muchas las que participaron en la partida y en la mayoría de sus casos conocemos sus nombres y unos cuantos datos biográficos, se tratan de pinceladas que nos permiten vislumbrar la silueta del personaje, pero en muy pocos casos su trazo se nos presenta tan nítido y definido que permita conocer todas sus circunstancias y cuál fue su papel en los hechos históricos en los que intervinieron.
En el presente trabajo pretendo una aproximación a una de estas piezas, el I marqués de Leganés. Su posición de inicio era de peón, pero gracias al apoyo de la dama y de una torre poderosa como era Espínola coronó pronto y alcanzó un lugar en la fila de honor blanca. Una vez allí el marqués de Leganés fue utilizado por la monarquía católica en esta partida con varias funciones: algunas veces sus movimientos se desarrollaron como torre, al frente de poderosos ejércitos, en estos casos sus jugadas tuvieron resultados muy variados, con brillantes éxitos y también con sonados fracasos; en otras ocasiones, las menos, fue empleado como presuroso y hábil alfil, atravesando el tablero diagonalmente en misiones políticas y diplomáticas, en estos eventos tuvo casi siempre buenos resultados, pero primó en su actividad el lado guerrero y militar. Mientras las blancas contaron con la dama, jugó siempre en su flanco, contando con su protección, confianza y amistad; cuando faltó Olivares quedó durante algunos movimientos inutilizado en su escaque y con riesgo de desaparecer de la partida, pero, aunque con dificultades, pudo mantener la confianza delegada del rey y se mantuvo a su lado hasta los últimos movimientos.
La investigación y la documentación que va apareciendo en los distintos libros y referencias documentales sobre el primer marqués de Leganés, van esbozando la figura de un interesante personaje, que, con las singularidades propias de cada individuo, parece pueda ser representativo de la nobleza de parentesco que tan importante papel jugo en los reinados de Felipe III y IV. Como el marqués de Leganés, esta nobleza de parentesco, en general, sirvió fielmente a sus monarcas en las tareas que les fueron encomendadas, a cambio sus integrantes obtuvieron impresionantes recompensas, tanto económicas como sociales y políticas, para ellos y para su casa. A la vista de los objetivos que se lograron, parece que el premio que obtuvieron no estuvo en consonancia con la cuenta de resultados que presentaron.
La documentación referenciada relativa a la vida del I marqués de Leganés que he encontrado ha sido numerosa, variada y dispersa en distintos archivos europeos; pero todo hace pensar que la documentación existente sea mucho mayor. En el presente trabajo se apuntan los principales rasgos biográficos basados principalmente en dichas referencias, si bien se incorporan numerosas referencias documentales inéditas. Con seguridad el análisis e interpretación de las fuentes documentales citadas dará lugar a un estudio más amplio y completo.

Para ver el artículo completo y publicado en la revista Espacio, Tiempo y Forma, pincha aquí:

Artículo: Biografía I marqués de Leganés en revista”Espacio, Tiempo y Forma”

© Francisco Arroyo Martín. 2006 Para citar este artículo: ARROYO MARTÍN FRANCISCO. El I marqués de Leganés. Apuntes biográficos. http://franciscoarroyo.blogspot.com/. 14 junio de 2006.

19 Marzo 2005

Retrato del marqués de Leganés

Archivado en: Historia, Leganés, Marqués de Leganés, Siglo XVII — Francisco Arroyo Martín @ 7:55 pm
Tags: , , ,



Marqués de Leganés
Antonio van Dyck

13 Marzo 2005

Apuntes biográficos del I marqués de Leganés

Archivado en: Historia, Leganés, Marqués de Leganés, Siglo XVII — Francisco Arroyo Martín @ 12:20 pm
Tags: ,
Diego Felípez de Guzmán, I marqués de Leganés
Por Francisco Arroyo Martín

La primera publicación en este blog es un artículo mío publicado en la revista de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED “Espacio, Tiempo y Forma” (serie IV, nº 15, en el 2002).
En este artículo se pretende realizar una aproximación biográfica a esta figura histórica que se convirtió en un influyente personaje de la corte de Felipe IV, al que se podría considerar como representativo de la aristocracia de parentesco que floreció en la monarquía católica durante la primera mitad del siglo XVII, bajo los gobiernos de los validos Lerma y Olivares.

Abstrac: This article seeks to offer a biographical approach to the historic figure of Diego Messía de Guzmán, the first Marquis of Leganés. An influential member of the court of Felipe IV, he could be considered a representative of the kinship aristocracy that flourished within the Catholic monarchy during the first half of the 17th century under the governments of the “validos” – the favourite ministers – Lerma and Olivares.

Blog de WordPress.com.